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2.5 LA INTERVENCION SISTEMICA
Los apartados anteriores están estrechamente relacionados y se retroalimentan entre sí, iniciando por la contextualización de la desnutrición como causa y a la vez efecto de poblaciones vulnerables de nuestros países, siguiendo por las descripciones que definen socialmente un género, entrelazando con ello la maternidad y la paternidad, pasando a la pareja y culminando en la familia. Y esta forma de estructurar el marco referencial teórico de esta investigación va de la mano con los fundamentos propios de la teoría de los sistemas y es a partir de ello que se ha focalizado la situación desde varios focos dentro de un sistema amplio.
Para entenderlo mejor, el pensamiento sistémico es una disciplina orientada a estudiar totalidades ó sistemas, reconocer interrelaciones,
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patrones, tendencias y sus causas. Busca comprender como estructurar las interacciones en el sistema estudiado para que éste sea más efectivo. Es estudiar al bosque como un todo más que a los árboles que lo conforman. (Pájaro, 2005)
El pensamiento sistémico es el resultado la mezcla de conceptos provenientes de: la Teoría general de los sistemas, dinámica de sistemas y Cibernética. Es por ello que en la actualidad es importante tener un pensamiento sistémico ya que observando el mundo actual, en el campo social la pobreza, desempleo, drogas, desnutrición, inseguridad, deterioro ambiental etc., son problemas que tienen una característica común, son altamente complejos y multicausales, además las causas son al mismo tiempo efectos o poseen una causalidad circular. (Pájaro, 2005)
Este pensamiento, brinda herramientas conceptuales que permiten abordar problemas complejos, permitiendo incluir más protagonistas, o varios focos para la formulación e intervención de éstos problemas, suministra unos lentes que “ven de lejos”, y que buscan la intervención de mayor impacto.
Para ilustrar un ejemplo de intervención con respecto al tema de la desnutrición, dentro de este marco paradigmático del pensamiento sistémico,Richarson (2008) muestra la implementación de un modelo de terapia breve en niños de aldeas de Vietnam, mediante el cual propone la ideación fuerza llamada “amplificación de la desviación positiva”, que consiste en no imponer una solución nutricional desde fuera(aportar vacunación y alimentos), sino que se basa en ayudar respetuosamente a la
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evolución de las comunidades desde dentro de las mismas, identificando a los niños que son los más nutricionalmente aptos (es decir, los positivamente “anómalos”) yextender a toda la comunidad una solución que ya está funcionando dentro de ella.
Tras elegir cuatro de las aldeas más pobres, el equipo de investigadores en el que también había vietnamitas, trabajaron junto con los habitantes de las aldeas para pesar a los niños y registrar su nivel nutricional para identificar así a los “desviados positivamente”, es decir, niños de familias muy pobres que, según la lógica económica, debían de estar desnutridos pero que no lo estaban. Con este diseño se pretendía descubrir aquello que ya estaba funcionando contra toda lógica en lugar de planear una solución basada en una fórmula externa.
Con este modelo aplicado en Vietnam, cada comunidad tomaba conciencia de su sabiduría latente sobre nutrición y el cuidado de los niños. De este modo la investigación ayudó a la comunidad a descubrir prácticas nutricionales “positivamente desviadas” (es decir, no convencionales o insólitas desde el punto de vista del promedio) que funcionaban bien para ponerlas a disposición de todos. Por supuesto las respuestas estaban dentrode las comunidades con “desviaciones positivas”.
El anterior ejemplo dio cuenta de una crítica muy fuerte a las acciones que se han tomado, en términos de la metodología de la intervención de casos de desnutrición en estos tipos de población, como se describe a continuación:
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“El problema de la desnutrición infantil en zonas castigadas por la guerra, la pobreza o los desastres naturales está ampliamente documentado en el ámbito de la cooperación internacional (ONU, UNICEF, etc.) usando la metodología convencional al uso, típicamente cartesiana, lineal, intervencionista, reduccionista amén de la mirada burocrática, de modo que con tal enfoque la desnutrición infantil se ha considerado históricamente un problema irresoluble”(P.1)
Como lo propone Hernández (2008) un paradigma es una matriz de significados, es decir un eje o un referente que organiza el sentido atribuido a los fenómenos que se abordan desde sus perspectivas, y para entender las comprensiones y las acciones que se emprenden en la vinculación humana es necesario tener en cuenta que el paradigma ecosistémico, basado en los principios de la epistemología constructivista, los cuales suponen, que la objetividad es un acuerdo constituido en subjetividades que a su vez se construyen en la interacción más allá de la lógica esencialista. Por lo que explica la autora, que el objeto de estudio en este paradigma, son justamente las interacciones entre los miembros de un sistema, los cuales se incluyen conforme a la decisión de los observadores de dicho sistema.
Según los anteriores planteamientos se puede decir que los sistemas y subsistemas relacionales son la base del construccionismo social el cual según Ibáñez (1979) se basa en la comprensión de la realidad como construcción social, esto es entender que lo “real” surge como expresión de la actividad humana. Lo sociocultural por tanto, analizará entonces los resultados, procesos de esta construcción social, entiéndase por ejemplo, elementos como la cultura, la política, las
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ideologías, y por supuesto el lenguaje. Ello partiendo de la premisa de que estos procesos deben ser mirados tanto en su carácter global, como local, es decir en contexto. Es importante, destacar, que la persona en definitiva no reacciona a la realidad “tal cual es”, sino más bien a como la construye y la interpreta (Ibáñez, 1979)
Pasando de la teoría a la intervención, el enfoque construccionista toma en cuenta principalmente el supuesto de que el uso inaceptable del lenguaje es el problema y necesita ser abordado en terapia. Pero también se toma en cuenta otras consideraciones como lo proponen Strong y Tomm (1991) quienes especifican que a pesar de las diferencias entre los enfoques sociales construccionistas como las terapias narrativas, centradas en las soluciones y colaborativas, tienen varios puntos en común a saber:
• La gente que participa de una relación requiere formas de continuar, o de coordinar su coexistencia y, para lograrlo, utiliza los significados que derivan de sus comunicaciones.
• Para que las acciones comunicativas se vuelvan compresibles en una relación, inicialmente requieren su uso deliberado y/o reconocimiento seguido del uso recurrente.
• A medida que las acciones comunicativas de las personas se vuelven cada vez más aceptables para servir a las coordinaciones de la relación, tienden a volverse menos deliberadas y/o son dadas por sentadas.
• Al coordinar sus relaciones, las personas desarrollan un repertorio de habilidades en acciones comunicativas que con el tiempo estas mismas personas y los demás tienden a pasar por alto.
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59 • Los problemas surgen cuando ciertas acciones comunicativas se
vuelven inadecuadas o inaceptables para promover coordinaciones relacionales aceptables.
• Los terapeutas y los consultantes entablan conversaciones para volver a deliberar acciones comunicativas y movilizar las posibilidades de acciones que se prefieren.
• Volver a deliberar selectivamente provee oportunidades para afirmar o modificar las acciones comunicativas y significados que se relacionan con coordinaciones relacionales más aceptables.
• El cambio terapéutico puede estabilizarse cuando las nuevas coordinaciones aceptables se cimentan en sus subsiguientes coordinaciones, por ejemplo, las nuevas coordinaciones se vuelven recurrentes.
Los anteriores supuestos consideran que las personas requieren que sus comunicaciones sean significativas para coordinar sus vidas en conjunto y para buscar “acciones en conjunto” (Shotter, 1993). Según el mismo autor, las comunicaciones adquieren esa significatividad a través de su uso deliberado, que más adelante puede ser repetido en formas reconocibles. Con el tiempo, esas comunicaciones adquieren un “sentido común” y una elocuencia compartida, de tal forma que las personas no siempre tienen que explicarse unas a otras lo que quieren decir.
Desde estos supuestos en donde se le da relevancia a los significados expresados a través del lenguaje y la importancia de que la intervención se focalice en ello se utilizan como lo afirma Ten Have (1999), técnicas terapéuticas las afirmaciones o preguntas que sustituyen significados o comunicaciones inadecuadas o inaceptables por otras más
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aceptables, en la misma línea de la que se viene describiendo, a partir de la cual se entiende que hablar, enfrenta desafíos, para desarrollar significados aceptables.
La conversación como lo indicaron los primeros construccionistas Berger y Luckmann (1967), es el medio primario de mantener lo que se quiere decir, sea inaceptable o aceptable. Es por ello que cuando los terapeutas comienzan a hablar con los consultantes en sesiones individuales, familiares y grupales, participan de ellas conversaciones e interpretaciones ya establecidas, lo que hace probable que influya en la forma en que se desarrollan las mismas. Un ejemplo de ello, es que al hacer preguntas el terapeuta puede cambiar el foco de la conversación familiar y ayudar a los consultantes miembros de la familia o de un grupo, den cuerpo mediante la conversación a significados y formas de vincularse diferentes y potencialmente útiles.
Continuando con la intervención sistémica y engranando la premisas construccionistas sociales con las de la terapia breve, como parte del sustento teórico de la intervención planteada para la investigación ,se entiende que desde esta última y en concordancia con el pensamiento sistémico, es importante la definición del problema y que la misma encamina un proceso terapéutico que queda fundamentado en la teoría de referencia del terapeuta quien de manera consciente o no, filtra la realidad a través de su propia interpretación. Es por ello que el desempeño del terapeuta debe estar sujeto a un constante auto monitoreo, ya que quien desea resolver un problema necesita tener como punto de partida conocimientos operativos que lo hagan capaz de orientar las
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acciones terapéuticas hacia una mayor eficacia y eficiencia. Nardone y Watzlawick (1999)
Desde la terapia breve y teniendo como punto de partida que en la observación de un sistema se puede tener una comprensión de la situación problema más allá de la que presenta el sistema consultante, se aplica como técnica la redefinición del problema que como lo explica Hernández (2004) es la formulación que el terapeuta pone a consideración de los consultantes acerca de cómo él comprende el problema; reformulación que implica: un sentido interaccional, una connotación positiva y una visión de más alternativas de solución.
Independientemente del motivo de consulta, se intenta que la redefinición del problema reúna primeramente, la contextualización de un motivo de consulta y darle sentido dentro de una lectura interaccional. Seguido de describir la dinámica generada por los intentos de solución y los efectos positivos y negativos sobre la evolución del problema o sobre los aspectos de la vida familiar, individual y en este caso grupal. En relación a este aspecto, un ejemplo a colación es el replantearle al grupo de intervención que el problema de la desnutrición no es el problema en sí, lo son los interacciones familiares que mantiene, las narrativas que las encadenan y las cierran a las posibilidades, muy ligadas a las creencias en relación a las funciones del rol de madre, lo que desenlaza como se mencionó en líneas anteriores a que el conseguir el alimento para sus hijos, colaboraría, pero no sería la solución al problema.
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Otra condición de la redefinición es destacar la función protectora que ha tenido el problema y la idea de que como comportamiento adaptativo ha sido hasta el momento la mejor opción que han tenido para afrontar una situación compleja. Y como última, hacer una conexión con el estado deseado y proponer los objetivos y el alcance de la intervención en función del cambio.
Es de resaltar que este cambio que se menciona, puede ser el más mínimo propiciado en terapia que traiga consigo grandes variaciones dentro del sistema consultante, que puede fluctuar a partir de una confrontación, con la misma redefinición del problema, con la connotación positiva, con una re significación, entre otras técnicas. Esta idea parte de la teoría de caos la cual se centra en los modelos ocultos y en las reglas sobre cómo lo impredecible conduce a lo nuevo. En la esta línea Briggs y Peat (1999) describen que cambios minúsculos en el estado inicial del sistema, conducirán con el tiempo a consecuencias en gran escala, fenómeno que dentro de la misma teoría se conoce como efecto mariposa.
Otra corriente que enmarcar la intervención propuesta para la investigación como lo es el construccionismo y la de la terapia breve, es la terapia narrativa y ésta como lo afirma Sued (2004) es una aproximación a la psicoterapia y al trabajo comunitario, que se centra en las personas considerándolas expertas en sus propias vidas y separadas de los problemas que les aquejan. Desde esta perspectiva se asume que las personas cuentan con un bagaje de habilidades, capacidades,
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creencias, valores, conocimientos y recursos que les pueden ayudar a reducir la influencia de los problemas en su vida personal.
Sued (2004) explica que la palabra “narrativa” hace referencia al énfasis puesto en las historias de vida de las personas y las posibilidades que pueden abrirse a través de formas particulares de relatar y volver a recrear dichas historias. La narrativa implica una invitación a comprender las historias de vida y la forma de recrearlas en un trabajo colaborativo entre el terapeuta o trabajador comunitario y el consultante. Es una forma de trabajo que se caracteriza por su profundo interés en la historia, el contexto circundante que está afectando la vida de las personas y la ética o política de la terapia, y que se enfoca en la influencia que tienen las realidades sociales en el significado que las personas dan a sus experiencias y el tejido de relaciones de poder en el que se insertan las personas tanto fuera como dentro del espacio terapéutico.
El modelo narrativo se sustenta de varios puntos presentados por White (2002). El primero de ellos que nuestras identidades no son fijas, siempre están en proceso de ser creadas; las historias que nos contamos dan forma a nuestra vida y nos viven y nos “viven”. Como segundo que nuestras identidades se construyen en relación con los demás, con las instituciones y a través de los discursos de poder. El tercer punto, que no hay objetividad. Lo que pensamos, lo que creemos y de dónde venimos le da forma a lo que buscamos y encontramos. Si no hay una realidad objetiva, no se puede ser único poseedor de la verdad. Continuando con que en vez de pensar en términos de superficie versus profundidad, se piensa en historias magras, tenues, escasas versus sólidas, densas,
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espesas. Lo que quiere decir que en lugar de buscar lo profundo en el otro, lo que hay de verdad detrás de sus actitudes, se busca engrosar las historias magras de los recursos. Y por ultimo pero de igual de importante en este modelo, es que el significado de las cosas no está dado, se construye a través de las interpretaciones. Los significados se negocian a través del lenguaje. White (2002)
De éste modelo se resaltan varios conceptos claves para esta investigación, el primero de ellos, la deconstrucción, término usado al obtener como resultado que se “desenmascare” la creencia que puede estar colaborando a que un problema se mantenga , y cuando se llega a un darse cuenta de las restricciones que la creencia impone. Cuando tales ideas son analizadas, se logra que la persona vea que el problema que aqueja, no se debe a problemas individuales o a estructuras dañadas o impedidas, que no es un déficit interno. Para hacer que esta deconstrucción exista se realizan unas preguntas en el transcurso de experiencias externalizantes, basadas en la historia que tiene la relación de la persona con estas prácticas, las influencias del contexto en ellas, en creencias, sentimientos o actitudes, los efectos o resultados, entre otras.
Las conversaciones externalizantes, parten de otro concepto básico para este enfoque como lo es la externalización, que parte de la idea posestructuralista de que la persona no “tiene” o “posee” ciertas características, sino que hay un aprendizaje y una internalización de ciertas ideas y formas de pensar. Por tanto las personas pueden adoptar o elegir ideas y respuestas ante situaciones existentes. Es por ello, que desde el Modelo Narrativo se considera externalizar, o separar de la persona tanto
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las cualidades negativas como los positivas, lo que trae consigo el empoderamiento de la persona sobre su situación y un nivel de observación de la situación que permite a la persona tener en cuenta más opciones para resolverla. White (2002)
En este orden de ideas en la intervención grupal, la cual da soporte a esta investigación se generaron interacciones y ejercicios de externalización que aportaron a las personas fortalecer sus capacidades para darse cuenta que no son las únicas en experimentar este tipo de problema En el trabajo en grupo se fomenta la motivación para el cambio a través de las experiencias exitosas de las demás, lo que fomenta la visualización de que el cambio es posible. Genera un ambiente de aprendizaje, ya que las personas asimilan formas de resolución de problemas a través del ejemplo de otras personas que han podido enfrentar el mismo tipo de dificultad. A su vez se propicia el desarrollo de habilidades sociales y aprendizaje de resolución de problemas y se genera una red de apoyo social.
Walker y otros (1977) definieron las redes sociales como “la serie de contactos personales a través de los cuales, el individuo mantiene su identidad social y recibe apoyo emocional, ayuda material, servicios e información”. Maguire (1980) se refirió a las redes como “fuerzas preventivas” que asisten a los individuos en caso de estrés, problemas físicos y emocionales. Gottlieb (1985) planteó que tales interacciones conllevaban beneficios emocionales y efectos en la conducta de los individuos.
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En América Latina se fue estableciendo también una fuerte tradición antropológica respecto de las redes sociales. Su énfasis se centró en la importancia de las redes sociales en las estrategias de reproducción social de aquellos que se encontraban en situación desventajosa (migrantes, sectores populares, mujeres jefas de hogar, desempleados y madres solteras, entre otros). En Argentina hace más de una década en un encuentro denominado “Redes, el lenguaje de los vínculos, Dabas y Najmanovich (1993) muestran un abanico de posibilidades de acción comunitaria y de organización de la sociedad civil por medio del trabajo de redes. A partir de ello las definiciones de redes sociales que se han propuesto son abundantes que sería imposible reseñarlas en este espacio. Sin embargo, un planteamiento valioso es justamente el que aboga por el estudio de las redes no desde la perspectiva del individuo o la familia, sino desde la misma comunidad. Sobre el particular Dabas (1993) hace referencia a movimientos sociales plasmados en redes comunitarias que dan solución a demandas sociales específicas.
3. METODOLOGÍA