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En este momento las mujeres con respecto a sí mismas están tomando distancia en sus narrativas de su rol materno y de la dependencia de su pareja. Se ha considerado el nombre de esta fase como mujeres en el espejo, ya que superada la culpa por la manera como eran vistas por sus parejas, su familia de origen y familias extensas, ellas están mirándose con relación a sí mismas en el grupo, donde encuentran identificarse con las situaciones de las otras compañeras y expresar sentimientos de comprensión y solidaridad de género.
Al indagar en sentido hipotético acerca de, si los hombres contaran las mismas historias que ellas han narrado, cómo creen que ellos las señalarían; ellas consideran que las respuestas serían desfavorables y en su contra. “Las malas somos nosotras, eso sí.”
Una de las participantes narra su mirada sobre las otras, señalando que le falta fuerza y que aun predomina en ella el miedo, lo cual le impide emprender cosas diferentes.” Como ser mas fuertes cuando vaya a hacer uno algo con lo que de pronto le vaya a ir mejor, como que en vez de tener miedo ser más fuertes”.
Las mujeres aun las más jóvenes aconsejan a su compañera, no volver con ese hombre que la maltrata, “un hombre que toma es un hombre mal tratante” , consideran que si ella vuelve con él es porque es masoquista. En este sentido las narrativas sobre los hombres que
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maltratan muestran cómo se tienen algún tipo de jerarquía si el maltrato es más o menos si aporta económicamente o si no aporta nada.” bueno, pero toma que es igual o peor que si le pegaran a uno, porque al menos cuando le pegan a uno al menos le dan para que coma y coman sus hijos, pero ni la una ni la otra, entonces…” “Ellos tienen sus papá, que como le digo, cuando usted puede ir a la comisaría a demandarlo y por obligación tiene que pasarles, eso no es que si lo demanda le pega, no se le ocurra volver con ese señor, un buen consejo; ya si vuelve se vuelve masoquista” Es interesante hacer una lectura a los consejos que brinda una mujer a la otra, en cuanto es una expresión de solidaridad, de comprensión y consideración, pero también refleja la creencia de pensar que el hombre que pega y aporta económicamente se encuentra en una condición más aceptable. Se puede ver como cada quién se ve en el espejo de la situación de las otras, desde sus propias experiencias.
En el grupo alguien describe que ser mujer , no necesariamente tiene como referente la relación con un hombre, o ser perfectas, y mostrar excelencia, quizá lo importante es sentirse bien consigo misma.” Ser mujer sería., no solo ser mujer para nosotros sería que si no hubiera un hombre al lado de uno no puede ser una mujer, uno no tiene que ser tampoco excelente en todo para ser mujer, sería un poquito de cada cosa, no tendría que ser excelente, excelente para ser una gran mujer, de pronto un poquitico de todas las cosas” Se pueden considerar narrativas de cambio en cuanto son concepciones de poder existir como mujeres, sentirse seres humanos con errores y con capacidades y un poco alejadas de un deber ser, que es la manera como las quieren hacer ver los otros. Una mujer que se mira en el espejo y puede ver su realidad más allá de la imagen que proyectan las exigencias de un entorno sociocultural, religioso
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y desde una situación de imágenes idealizadas en el espejo de las interacciones, de cierta manera se podría hablar de que esta es una narrativa de cambio.
Las narrativas al final de esta , terminaron reafirmando su condición de ser mujeres en la experiencia del rol materno” Digamos, uno es niño, pero empieza esa etapa cuando uno empieza a crecer; De pronto el dolor al tener el hijo, la alegría de ver que uno ya es mamá; Si, de pronto cuando uno llega a esa etapa como que de pronto enamorarse, que ya tiene uno novio; A uno le llama la atención un niño; Se siente mujer cuando uno nace con ese don de cuidarlos; Claro que no a todas las mujeres nos pasa lo mismo.” Es decir se observó una sobre identificación del sentido de ser mujer en la experiencia del rol materno. En verdad la mayoría de las mujeres participantes en esta reflexión eran menores de 25 años y en su entorno lo más significativo como experiencia en su vida era el hecho de tener un hijo. De alguna manera se puede observar que la transformación en su auto percepción como mujeres es que al cimentar su sentido de vida en el rol materno, se ven con capacidades de afrontar y resolver problemas relacionados con todas las dificultades que les ha acarreado esta responsabilidad de la maternidad, así se consideran mujeres capaces, motivadas y en un espejo que las reta y las lleva al encuentro con las experiencias de otras mujeres en situaciones similares, lo cual les sirve para aprender y crecer.
Desde otro punto de vista en esta narrativa sobre sí mismas algunas de las participantes están viendo como este proceso las ayuda a autoevaluarse y a reconocer que tienen un lugar preponderante frente al
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papel que juegan los padres con sus hijos. “Así vamos abriendo espacios y autoevaluándose cada una que somos importantes, que cada una de nosotras tiene que crecer, que como así que nuestros maridos o nuestras parejas nos van a hacer como un chiquito ahí, cuando nosotras somos las que estamos arriba, a las que nos toca molernos”
Ellas se refieren a que las críticas provienen más de la misma familia y de sus parejas que de otras personas. “es dejación de usted que no le da de comer, uno se siente mal. Sobre todo yo creo que es mas por parte de la familia que la gente de afuera.” El espejo las lleva nuevamente a verse en las voces de sus familias quienes desconocen una parte de su vida y de su valor y las están enfocando en el problema del déficit nutricional de sus hijos.
Se observó también que para las mujeres participantes del proceso de terapia grupal, éste espacio de encuentro sirve para desahogarse, oír los problemas de las otras mujeres y comparar las problemáticas, lo cual les ayuda a no sentirse solas y a valorar a quienes presentan situaciones más difíciles que sus propias vivencias. “ a mi me da la impresión que escuchando los problemas de otra persona, no sé, yo lo he vivido así de esta manera: yo a veces estoy metida en un problema que a la larga es un lío chiquitito y voy y me siento con alguien a hablar y como que esa persona tiene otro problema más grande, siempre me ha sucedido lo mismo, entonces como que uno dice pero si esa persona tiene ese problema tan grande y puede esperar, porque yo no” El proceso de grupo se ve como una posibilidad de apoyo y reconocimiento mutuo.
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Se podría decir que este proceso funcionó como un sistema abierto donde se incorporaron nuevas participantes y se retiraron algunas de ellas, sin embargo; es pertinente destacar la generación de cuestionamientos, cambio de creencias y transformación de sus narrativas a nivel de las distintas categorías analizadas. “dedicarle más tiempo porque realmente uno lo deja con abuelita, con el papá y en el corre-corre del oficio, en mi caso, en diciembre que fue cuando el niño más se me bajó, de pronto me dediqué fue a la familia de ellos, que las visitas, pendiente del almuerzo y todo, el niño un yogur y su teterito, pero entrega mutua del niño conmigo no, muchas veces lo comparto y con vergüenza lo acepto así, uno es descuidado. De pronto aquí se nos dio un encuentro centro entre mi hijo y yo”.
Como gran conclusión de los resultados de esta modalidad se podría resumir que a este proceso de grupo llegan mujeres con una visión limitada de sí mismas y de sus circunstancias problemáticas que se reducen a tener un hijo en condición de desnutrición, desconociendo los múltiples problemas que van desde sus relaciones de pareja, la percepción desempoderada de sí mismas y la angustia u otros sentimientos asociados que les produce estar cumpliendo con un plan de recuperación nutricional de sus hijos, lo cual como condición nueva las confronta con su realidad de madre, de pareja y sus condiciones de precariedad y de pobreza.
En este orden de ideas, el tejido relacional de estas mujeres que llegan de manera independiente, se podría decir solas o con un vínculo compartimentado con las otras participantes, sus familias y la institución
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que las atiende, tienen fragmenta su mirada en cuanto a su mundo relacional, donde se cuenta una narrativa de victimización, de obligatoriedad, de abandono y de culpabilización a otros.
Se podría decir que se logró una apertura significativa para entrar a un nuevo nivel de reflexión, se ampliaron sus capacidades para fortalecer el alcance de una red de apoyo con otras mujeres a veces en condiciones similares, se identificaron y definieron diferentes problemas de pareja, se resignificó la relación con los hijos, fundamentada en el amor y el cuidado más allá del sacrificio en el rol materno, se reconoció que los procesos de recuperación de los hijos va más allá del alimento y del cumplimiento de los protocolos de exigencia de la institución; todo esto se podría definir como las transformaciones en las narrativas de mujeres madres de niños con déficit nutricional, con respecto a sí mismas, sus parejas y su rol materno.