1.2. La participación: cultura organizativa de la acción sociocultural. 2. Supuestos básicos para una participación.
2.1. Principios generales.
2.2. Supuestos operativos básicos. 3. Agentes y agencias de participación. 3.1. Agentes personales.
3.1.1. Agentes responsables del programa.
3.1.2. Agentes destinatarios del programa/proyecto. 3.2. Agentes institucionales o agencias.
3.3. Agentes indirectos del programa.
4. El problema de los métodos en la dinamización de la participación de sectores sociales. Resumen
Actividades
INTRODUCCIÓN
La participación social se encuentra con un problema derivado de una percepción incorrecta de la palabra participación en el lenguaje cotidiano. Con más frecuencia de lo deseado se utiliza la palabra participación para referirse a la asistencia a un acto público, a una conferencia, a la utilización de los servicios de una institución o asociación, etc.. Esta manera de percibir la participación social implica una actitud pasiva, que es necesario corregir, puesto que el verbo «participar» es un verbo activo, que significa intervenir, actuar, mediar, implicarse, en suma, «tomar parte en la acción».
Cuando participamos activamente en una acción, en un proyecto o en una simple actividad estamos más motivados que cuando se nos impone o nos limitamos simplemente a escuchar. Esta situación, que percibimos en la vida diaria como algo normal, la han contrastado la mayoría de las investigaciones sobre participación. Éstas muestran que existe una correlación positiva o una estrecha relación entre participación y motivación. Por lo tanto, la mejor manera de motivarse es participar.
El estudio de este tema debe abordarse desde un talante de participación. Ello obliga a vencer la clásica actitud del estudiante pasivo que se limita al aprendizaje de asimilar, por no decir memorizar, los conceptos sobre el tema con la pretensión de superar un examen. Aquí, es importante, no sólo realizar el esfuerzo de adentrarse en los mecanismos y procesos de búsqueda y diseño de situaciones y estrategias de participación, sino también ejercitarse en las mismas con el fin de adquirir un mínimo de entrenamiento. Investigar, debatir y practicar se sugieren como actividades de aprendizaje para este tema. Suele decirse que a nadar se aprende nadando. Esto ocurre con la participación: a participar se aprende participando.
1. LA PARTICIPACIÓN EN LA ACCIÓN SOCIOCULTURAL 1.1. Participación y Animación Sociocultural
Todos los autores consideran que la participación es un subproceso inherente a la naturaleza de la Animación Sociocultural. La Animación Sociocultural no puede concebirse sin la participación. La Animación es un proceso participativo de tal manera que sin participación no hay Animación Sociocultural.
Como se muestra en el libro «Programas de Animación Sociocultural. Tres instrumentos para su diseño y evaluación» (Merino Fernández, 2000), los programas de Animación Sociocultural se erigen sobre dos pilares principales:
a) Una concepción dinámica de la persona y una forma de vivir activa y transformadora. Las personas en y con su grupo han de ser las protagonistas de su propio destino, preservando, configurando y definiendo sus señas de identidad en todas las esferas de la vida social y cultural que les afectan.
b) La generación de grupos y procesos de grupo operativos para participar autónoma y responsablemente en la acción social y cultural.
Estos dos pilares implican en cualquier caso una participación real, libre y creativa, lejana de los procesos pseudoparticipativos que tanto abundan en la sociedad actual.
actitudinal y otro de acción. El actitudinal se caracteriza por una disposición o actitud positiva, esperanzada y no fatalista ante la existencia. Esta actitud, en el marco de las ideas de P. Freire en su libro «A la sombra de este árbol», se definiría por lo dialógico y no por lo impositivo. La acción incluye tanto los procesos de acción dirigidos a facilitar la intervención, incluidos el proceso de aprendizaje de la participación y las acciones de recogida y codificación de la información en orden a una participación eficaz, como la misma intervención en la acción, que, en el caso que nos ocupa, es la acción socio cultural.
1.2. La participación: cultura organizativa de la acción sociocultural
La propia experiencia, refrendada por muchos estudios referidos a la acción sociocultural, nos permite afirmar que una acción sin participación suele derivar, bien en programas impuestos por las diferentes instancias de poder, desconectados generalmente de la propia realidad social y por lo tanto inútiles, o bien en actividades asistenciales con el riesgo de confundir la acción social con ciertas actividades de tipo asistencial. En este mismo contexto, la acción sociocultural suele confundirse asimismo con oferta de actividades de ideologización, de formación o de ocio. Estas actividades pueden formar parte de la acción social, pero no siempre los son, por lo tanto, conviene estar en guardia para no confundir la parte con el todo.
Por otra parte, participación no es sinónimo de desorganización. Organización y participación no se oponen. Por el contrario la participación en la organización de la acción sociocultural redundará en una conexión de la misma con las necesidades y aspiraciones reales de la población y será consecuentemente más eficaz.
La práctica y la teoría de las organizaciones pone de manifiesto que la participación es un medio cada vez más presente en la organización y gestión de las instituciones, asociaciones y grupos de trabajo en la acción sociocultural. Tan es así que otras culturas organizativas de tipo vertical no participativo se consideran inadecuadas para esta tarea cultural y social. Cultura organizativa que está adquiriendo en la actualidad un impulso inusitado en el mundo de la organización empresarial, como nos muestra el libro de R. Gibson (1997), titulado Preparando el futuro, donde recoge las conferencias y experiencias de diferentes personas que trabajan en la organización de grandes multinacionales. En este contexto, no es extraño considerar como una de las funciones directivas en las organizaciones la capacidad para fomentar la participación de todos los sectores implicados en la toma de decisiones en la dirección y gestión de las organizaciones. Dentro de este contexto, es ya clásico en los manuales y textos sobre los estilos de dirección mencionar el esquema de Schmidt y Tannembaum, para reflejar los niveles de participación en los diferentes modelos de organización. M. Sánchez Alonso (1991) explica este modelo y niveles en el gráfico que se ve en la página siguiente. Sugiero la lectura de esta obra.
2. SUPUESTOS BÁSICOS PARA UNA PARTICIPACIÓN SOCIAL