En una empresa que existe la corresponsabilidad de todos sus actores, el presupuesto, la financiación, los gastos, en definitiva, las cuentas de la compañía, ya no son un tabú a ocultar. Cualquier persona, corresponsable del valor de la empresa, debe tener acceso a información sobre cómo se gasta e invierte el dinero, todo de forma transparente. No es asumible que exista ocultismo al respecto, ni la posibilidad de que existan “fondos reservados” para actuaciones alejadas de la ética hacker. Casos como Enron, World-Comm o Parmalat, son indicativos de cómo terminan las malas prácticas financieras carentes de ética. “La reputación de Enron comenzó a decaer debido a los insistentes rumores de pago de sobornos y tráfico de influencias para obtener contratos en América Central, América del Sur, África, las Filipinas y la India. Simultáneamente, una serie de técnicas contables fraudulentas, avaladas por su empresa auditora, la entonces prestigiosa firma Arthur Andersen, permitieron crear el mayor fraude empresarial conocido hasta ese entonces.” [1] Las finanzas deben estar al servicio del valor, nunca de la especulación. Hoy nadie duda que la especulación financiera sea el origen de la crisis actual. La focalización de la empresa en el beneficio
rápido, genera una visión cortoplacista cuya meta es la obtención de rentabilidad inmediata. Los proyectos de muy largo plazo no se priorizan pues su impulsor seguramente no estará presente para cosechar los beneficios. Además, las entidades financieras no asumen riesgos crediticios sin contrapartida inmediata. El círculo vicioso se cierra con una carencia de grandes objetivos para la humanidad.
Los casos de corrupción empresarial anteriormente nombrados estaban producidos principalmente por dos causas. Por una parte, la avaricia de los gestores, que se autocolocaron bonus asociados al beneficio a corto plazo. Por otro lado, la dejación de responsabilidad del supervisor/auditor, que permitió los fraudes contables. La falta de escrúpulos propició lo que el profesor Jose Mª Gay nombra como “contabilidad creativa”, donde dominaba el principio contable del “depende”; depende de lo que se quiera ganar [2]. Así, se ocultaban gastos y contabilizan ingresos irreales. Muchas grandes corporaciones, dependientes de la opinión de los mercados, contabilizan teóricos ingresos futuros nada más suscriben un pedido. Todo ello lleva a una distorsión de la realidad y en pérdida de confianza.
Uno de los escándalos más recientes respecto a la interpretación de la contabilidad, ha sido la estimación del déficit de Bankia, que en pocos días
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pasó de 3.000 a más de 24.000 Millones de Euros. Es de notar que la contabilidad se concibió como la herramienta más objetiva para reflejar la realidad empresarial. La alteración de las cuentas, no solo escapa a la mínima ética profesional, sino que es un fraude que altera el valor real de la empresa, autoengañando a toda la comunidad empresarial. Estas situaciones es más difícil que se produzcan en una empresa hacker. Primeramente, porque la compañía se orienta al valor, y no existen bonus al beneficio a corto-plazo. Además, el principio de apertura y transparencia hace que toda la comunidad pueda conocer los detalles contables. La corresponsabilidad de toda la comunidad, provoca la implicación de todos los actores, y por tanto, es poco probable que una actuación se realice de forma “oscura” para beneficiar a unos pocos.
Felber propone, en su Economía del bien común [3], la total eliminación del beneficio a la inversión, y la financiación por particulares de la empresa. Suena utópico porque nadie arriesga sin contrapartidas. No obstante, surgen cada día más entidades financieras denominadas “banca democrática” con una clara orientación a la financiación de valor y la asunción de riesgos a largo plazo. En todo caso, también la evolución de los bancos hacia el paradigma hacker es un aspecto pendiente de esta revolución post- capitalista.
Las decisiones de gasto e inversión deben ser transparentes y decididas corresponsablemente. O sea, los presupuestos anuales y sus prioridades deben ser decididos en equidad entre todos los sistemas que forma la comunidad empresarial (capital, gestión, ejecución e innovación). De hecho, hasta la mínima unidad organizativa debería contar con su propio presupuesto, autónomo e integrado en la contabilidad general. La libertad de acción y el libre acceso a fondos permitiría y fomentaría una autonomía corresponsable con el interés general de la empresa. No estamos hablando de eliminar el Control de Gestión, que terminaría en abusos como los ya nombrados, sino que dicho control no debe ser fiscalizador bajo una ética hacker. Cada una de las unidades o proyectos de la empresa autogestiona su cuenta de resultados y tiene un cierto grado de libertad en la disposición de gasto. Esta estructura distribuida en red contribuye a la eficiencia, y la autonomía; es en definitiva más libre. Otro aspecto básico de la contabilidad empresarial es la corresponsabilidad con la comunidad en que desarrolla su actividad. Hoy día, las empresas devuelven a la sociedad, para aportar al bien común, una parte de sus beneficios en forma de impuestos y tasas. La globalización y la libre circulación de capitales han corrompido también este principio, desviando fondos a paraísos fiscales, o simplemente eludiendo impuestos mediante estructuras fiscales,
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cercanas al abuso fraudulento. Incluso empresas cercanas a la ética hacker, como Google, han caído en dichas prácticas [4]. La responsabilidad social de la empresa hacker, no solo se circunscribe a no dañar el medioambiente o patrocinar eventos sociales. También debe aportar valor a la comunidad en la cual desarrolla su actividad, y de la que obtiene sus beneficios.
NOTAS:
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Enron. Consultado 18-Enero- 2013
[2] Gay de Liébana y Saludas, José María. Artículo “Los principios del balance filosofal. De la contabilidad creativa a la agresiva”. Revista Partida Doble, Nº 170, Sección Artículos, 01 de Octubre de 2005. Ver también “Jordi Contasfoscas y su recetario de pócimas contables”. Partida Doble, núm 133. Páginas 6 a 17. Mayo 2002. En ambos artículos se detallan las malas prácticas contables en que incurren habitualmente las empresas, y que pueden ser constitutivos de fraude.
[3] Felber, Christian; “La economía del bien común”; Editorial Deusto; 2012. ISBN: 978-84-234-1280-8. Felber propone que el inversor particular no obtenga ningún dividendo o beneficio respecto al capital aportado, sino que pueda ser considerado un aporte a la sociedad, con la única garantía de devolución del capital inicial.
[4] Google es una empresa que defiende la apertura y un ambiente de trabajo en libertad, muy cercano a la cultura hacker. Sin embargo, recientes noticias han desvelado que aunque su negocio en España asciende a 880 millones de euros, presento en 2012 pérdidas por valor de 74.683 euros, pagando a Hacienda solamente 33.304,02 euros.
http://www.eleconomista.es/interstitial/volver/securitasjun13/tele comunicaciones-tecnologia/noticias/4973761/07/13/Google- Espana-tan-solo-paga-33000-euros-al-fisco-Como-es- posible.html
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