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2. Marco conceptual

2.3. Leer y escribir para aprender contenidos en materias del nivel secundario

2.3.3. Leer y escribir en Economía

De acuerdo con distintos investigadores, en la enseñanza de la Economía predomina el paradigma neoclásico por sobre otras corrientes de pensamiento económico, tales como la escuela keynesiana, la escuela marxista, el estructuralismo latinoamericano o la teoría de la dependencia (Aronskind, 2011; Cataño, 2001; Corredor, 2005; López Accotto y de Amézola, 2004; Rodas, 2011; Urquiza, Wainer y Martínez, 2011). Particularmente en nuestro país,

estudios empíricos corroboran dicha hegemonía en planificaciones docentes de escuelas secundarias bonaerenses (Urquiza, Wainer y Martínez, 2011) y en manuales de economía para el nivel (Rodas, 2011).

Sostenido por economistas como Willam Jevons, Leon Walrras y Lionel Robbins, el paradigma neoclásico se vincula con la ideología neoliberal y se asocia con las Ciencias Exactas. Por ello, este paradigma aborda los fenómenos económicos exclusivamente a partir de modelos matemáticos (Aronskind, 2011; Corredor, 2005; Rodas, 2011), sin considerar su determinación histórica (Dubrovsky, 2011; López Accotto y de Amézola, 2004; Urquiza, Wainer y Martínez, 2011). Desde este paradigma, el análisis económico que se propone en las escuelas, entonces, se reduce a la relación hombre-recursos que tiende a mostrar la necesidad del equilibrio entre estos dos factores (Corredor, 2005). Así, los conceptos clave sobre los que se basa una enseñanza orientada bajo ese paradigma son: microeconomía, macroeconomía, oferta y demanda y satisfacción de necesidades (Rodas, 2011; Tobío, 2011; Urquiza, Wainer y Martínez, 2011).

En contraposición con el paradigma neoclásico, los enfoques críticos proponen entender la realidad económica como producto de la actividad humana e incorporar en su análisis las relaciones sociales, los intereses económicos y la dominación de clases (Urquiza, Wainer y Martínez, 2011). Esta postura es sostenida, por ejemplo, por la revista Real-World

Economics Review, conformada por un grupo de estudiantes de escuelas de economía

francesas que, desde el año 2000, claman por un pluralismo en la enseñanza de la disciplina (Corredor, 2005).

Existen pocos estudios específicos sobre enseñanza de la lectura y la escritura para aprender en Economía. Dicha escasez puede relacionarse con dos factores. Por un lado, con el hecho de que los desarrollos en didáctica de la Economía son incipientes, tal como advierten López Accotto y de Amézola (2004) y, por el otro lado, con el papel secundario que adquiere la Economía en el currículum escolar de Ciencias Sociales, según sostienen Travé (1999) y Travé y Estepa (1997). En efecto, estos dos factores han sido corroborados por Travé y Pozuelos (2008) en una investigación con docentes de una escuela primaria española situada en un contexto socioeconómico desfavorecido. Dicho estudio identifica dificultades en los profesores a la hora de diseñar, desarrollar y reflexionar sobre una unidad didáctica cuyos contenidos centrales son nociones económicas. Los investigadores describen que estos docentes poseen escasa formación en didáctica de la Economía, ubican la disciplina dentro del campo de las Matemáticas –y no dentro del área de las Ciencias Sociales–, tienden a seleccionar actividades de los manuales sin cuestionar los objetivos y contenidos de

enseñanza, y creen que proponer tareas de investigación escolar se reduce a que los estudiantes busquen información bibliográfica por sí mismos.

Entre los escasos estudios respecto a leer y escribir para aprender en esta disciplina, hallamos uno que recomienda estrategias para promover la escritura de los alumnos. En dicha investigación, Stowers y Barker (2003) muestran que el entorno empresarial y las comunicaciones mediadas por la tecnología demandan que los profesionales escriban correctamente cartas, folletos, memos, reportes y propuestas. Al respecto, las estrategias de enseñanza en Economía que proponen son: establecer objetivos claros para la asignatura, invertir tiempo para discutir con los estudiantes sobre la tarea de escritura (dando lugar a borradores y sus revisiones), aclarar las expectativas respecto a ésta, establecer conexiones entre las tareas indicadas y los objetivos del curso, estimular a que los alumnos consideren la audiencia para la cual escriben y fomentar el feedback en la evaluación de los escritos a través de la revisión entre pares. No obstante, nuestra lectura crítica de este estudio advierte que estas estrategias no enfocan la especificidad disciplinar, ya que su generalidad hace que puedan emplearse también para otras áreas. Únicamente en relación con la última estrategia, fomentar el feedback, Stowers y Barker mencionan la importancia que adquiere con vistas a la vida profesional que desempeñarán los alumnos en tanto hombres y mujeres de negocios, dado que allí constantemente se les exigirá revisar escritos preparados por empleados o por superiores para su evaluación y/o sugerencias.

Otra serie de indagaciones que aborda la escritura para aprender Economía enfoca la utilidad de una estrategia de enseñanza denominada one-minute-paper para favorecer el aprendizaje en la disciplina y otras materias relacionadas (Almer, Jones y Moeckel, 1998; Chizmar y Ostrosky, 1998; McElroy y Coman, 2002; Stead, 2005). Tal estrategia consiste en dar a los estudiantes una consigna de escritura que pide responder dos preguntas en los últimos minutos de clase: a) ¿Qué es lo más importante que aprendiste hoy? y b) ¿Cuál es la principal pregunta que te quedó sin respuesta? Las investigaciones citadas concluyen que el uso de esta estrategia ofrece al docente un feedback detallado acerca de qué están aprendiendo los alumnos, incentiva que participen en clase y colabora con el aprendizaje de contenidos disciplinares.

Dentro del conjunto de estas investigaciones, Chizmar y Ostrosky (1998) realizan un estudio en cursos universitarios de Introducción a la Economía en los que implementan el

one-minute-paper. Mediante un pre-test, miden el conocimiento inicial de los alumnos sobre

principios económicos y, luego, a través de un post-test, su conocimiento al término del semestre. Así, estos investigadores determinan que esta estrategia ayuda a enriquecer el

conocimiento económico de los estudiantes. De modo similar, otros estudios muestran un incremento en los resultados de los post-test de estudiantes universitarios de contabilidad (Almer, Jones y Moeckel, 1998) y contabilidad de gestión (McElroy y Coman, 2002), cuyos profesores plantean el uso del one-minute-paper. Por su parte, el trabajo de Stead (2005) recaba opiniones de alumnos de una universidad del Reino Unido acerca del one-minute-

paper e identifica que la mayoría de los estudiantes de licenciatura en Ciencias Económicas

consideran valioso el uso en clase de esta estrategia. En especial, los alumnos señalan la oportunidad de expresar sus dudas al docente y recibir su feedback como los principales beneficios.

Pese a que los trabajos reseñados muestran al one-minute-paper como una manera posible de aprovechar la escritura para favorecer mejores aprendizajes, el estudio de Becker y Watts (2001) halla que docentes de Economía en la universidad recurren a las clases expositivas como principal método de enseñanza. Estos investigadores identifican, a través de encuestas, que los profesores no proponen a los alumnos tareas para realizar en pequeños grupos ni escrituras como el one-minute-paper. Para Becker y Watts, si se utilizaran otros métodos, podría promoverse en los estudiantes mayor interés por la asignatura y mejores rendimientos académicos. En la misma línea, Stead (2005) comprueba, mediante cuestionarios a profesores de Economía e Historia Económica de universidades del Reino Unido y de los Estados Unidos, que el one-minute-paper no se utiliza ampliamente debido a que se ignora su existencia o se cree que insume mucho tiempo analizar y contestar las respuestas de los estudiantes.

Reconociendo esta predominancia de las clases expositivas, Salemi, Siegfried, Sosin, Walstad y Watts (2001) sitúan al estudio de los métodos de enseñanza actuales como prioritario en la investigación sobre la enseñanza y el aprendizaje de la Economía. En su artículo, los autores también sostienen que es fundamental promover aprendizajes activos en los estudiantes, proponiendo tareas que los fuercen a pensar como economistas y en las que deban usar ideas económicas para contestar preguntas y resolver problemas.

En síntesis, las investigaciones descritas hasta aquí sobre formas de conocer en Economía y modos de aprovechar la lectura y la escritura como herramientas para aprender los contenidos de esta disciplina, evidencian que se trata del área con mayor vacancia de investigaciones respecto de esta temática. La mayoría de los estudios se centra en la descripción de estrategias generales (como el one-minute-paper) que no direccionan la especificidad del conocimiento disciplinar en juego.