A lo largo de la historia, los biólogos expertos en invasiones han estudiado las especies intentado identificar los rasgos que indican que, si esa especie es introducida en un nuevo entorno, probablemente se convertirá en invasora, ése es el santo grial de la biología de las invasiones: poder predecir qué especies introducidas se convertirán en un problema y cuáles serán siempre inocuas. Desde los años 50 a los 70, se realizaron esfuerzos basados en listas de rasgos que indicaban la alta probabilidad de que una especie se convirtiera en invasora, y uno de los rasgos cruciales era el número de semillas. No obstante, entre la década de los 80 y la de los 90 se abandonó casi completamente este enfoque porque no daba buenos resultados. Había demasiados falsos positivos y falsos negativos, plantas que deberían haberse convertido en malezas no lo habían hecho, y plantas que deberían haber sido inocuas se habían convertido en grandes invasoras. Por ejemplo, en cada grupo de especies del mismo género con rasgos muy similares, a menudo una de ellas se convierte fácilmente en maleza y las otras no, como es el caso de la Eichhornia crassipes (ver monografías sobre el “water hyacinth” [Eichornia crassipes] 5.1, 5.20 y 5.30). Durante la actual oleada de interés en invasiones biológicas, esta idea ha resurgido y ha dado lugar a la realización de nuevos estudios centrados en rasgos de los pinos y de las plantas leñosas. En el caso de los pinos, el tamaño de la semilla determina casi con total seguridad si la especie se va a convertir en invasora o no.
Tomar medidas y realizar grandes esfuerzos teniendo esto en cuenta podría ser contraproducente, y podría llevar a una sensación falsa de seguridad entre las autoridades y los responsables de formular la política relevante. De hecho, es muy difícil predecir con precisión qué especies se convertirán en invasoras. Eso no quiere decir que no sirva de nada estudiar las especies. El mejor indicador de qué especie se convertirá en un problema es si esa especie se ha convertido en invasora en otro sitio o no, especialmente en condiciones (climáticas y geográficas) similares y en ecosistemas relacionados.
La evaluación de riesgos según se aplica a especies individuales demuestra la dificultad que entraña predecir si una especie va a convertirse en invasora a juzgar por sus rasgos. Los métodos son todavía primitivos, están basados en modelos químicos que no tienen en cuenta características de los organismos vivos como la evolución y la dispersión autónoma, y las estimaciones de los riesgos están basadas principalmente en conjeturas de los expertos. Es necesario que se investiguen procedimientos de evaluación de los riesgos de las especies no autóctonas.
Lo que hay que recordar sobre la documentación referente a la biología de las invasiones es que, lamentablemente, no hay muchos atajos para predecir qué invasiones van a ser problemáticas. No hay sustituto para la investigación biológica intensiva de especies en sus entornos naturales y en los que han invadido, y de las comunidades objetivo.
Otra consecuencia de la dificultad de tal predicción es que las listas negras por sí solas probablemente no son una herramienta adecuada. Hay demasiadas especies que nunca serán incluidas en las listas negras pero que sin embargo se convertirán en invasoras. Por lo tanto, aunque probablemente las listas blancas sean una herramienta útil, los requisitos para incluir una especie en una lista blanca deben ser muy estrictos, y es necesario ser conscientes de que aun con requisitos estrictos, se cometerán errores (ver sección 3.3).
Fuente: Simberloff, D., "The ecology and evolution of invasive nonindigenous species", una ponencia presentada en el Taller sobre Gestión y Sistemas de Alerta Temprana celebrado como parte del Programa Mundial sobre Especies Invasoras (PMEI) en Kuala Lumpur entre el 22 y el 27 de marzo de 1999
MONOGRAFÍA 3.24 Base mundial de datos y Grupo
especializado en sistemas de alerta temprana del PMEI
La base de datos global del PMEI contiene información sobre especies, como su taxonomía y su ecología, su distribución nativa y como invasoras (incluido el hábitat y la ubicación), impactos, datos de contacto y referencias para obtener más información, así como informes sobre métodos de gestión. Para facilitar la prevención y alerta temprana de invasiones, durante el desarrollo de la base de datos global del PMEI se incorporó la posibilidad de predecir posibles invasores comparando el hábitat nativo con el hábitat en el que se ha introducido la especie. En el futuro será posible añadir factores como la idoneidad climática y las vías de entrada utilizadas, con el fin de mejorar la capacidad de predicción y de alerta temprana.
La base de datos tiene las siguientes características:
Se pueden hacer búsquedas (por ejemplo, por zona geográfica, por especie, y por género, como “enredadera”, “rata”, por contactos...) y tiene un componente de predicción (comparando el hábitat nativo con el invadido).
Pueden utilizarla usuarios que no sean expertos en la materia (es fácil de usar, se puede explorar, la información es fácil de leer), es rápida y fiable. Existen copias en papel. Es suficientemente especializada para los usuarios expertos en la materia (se pueden seleccionar y obtener datos detallados para crear informes especializados, etc.).
Está diseñada de manera que se pueda ampliar en el futuro (p. ej. se podrá generar una “lista de alerta” que incluya las especies recientemente introducidas que se estén propagando rápidamente por la región en cuestión).
El futuro desarrollo de la base de datos incluye una red de base de datos sobre especies exóticas invasoras, una contribución a un mecanismo de referencia y de intercambio de información sobre este tema, difusión de la base de datos y su adaptación a las circunstancias locales, y funciones mejoradas de predicción y alerta temprana.
Preparada por Mick Clout, Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, Universidad de Auckland, Nueva Zelanda; correo electrónico [email protected]; sitio Web
Resumen
La detección temprana de especies no autóctonas debería estar basada en un sistema de encuestas periódicas que permitan encontrar especies recientemente establecidas. No obstante, no todas las especies se establecerán, y solo un pequeño porcentaje de las que se establecen se convierten en invasoras y representan una amenaza para la biodiversidad y la economía. Por eso, algunas encuestas tendrán que centrarse en especies concretas de las que se sabe que se han convertido en invasoras en condiciones similares, o en especies que han sido erradicadas anteriormente. Los métodos para detectar especies varían de un grupo taxonómico a otro, y su éxito depende en gran parte de las dificultades taxonómicas y de lo conspicua que sea la especie. En este capítulo comentamos técnicas de muestreo para los principales grupos taxonómicos. También se pueden realizar encuestas específicas por sitios específicos con el fin de buscar especies exóticas en general. Deben realizarse en ubicaciones clave, por ejemplo en áreas de gran valor ecológico, dentro del ámbito de especies en peligro de extinción, y en puntos de alto riesgo de entrada, como aeropuertos y puertos de mar. El inconveniente de estas encuestas generales es que, en el caso de muchos grupos taxonómicos, solo personas con la suficiente formación serán capaces de identificar especies no autóctonas.
El personal responsable de las encuestas debe haber recibido antes la formación necesaria. La educación del público debe centrarse en grupos que usen o estén familiarizados con el entorno natural, como los granjeros, los operadores turísticos y el público que se pueda ver afectado. Esta campaña de educación puede basarse en publicidad en los medios de comunicación, en pósteres, carteleras e interacciones personales. La formación del personal que realizará las encuestas debe desarrollar sus conocimientos taxonómicos, enseñarles a usar bases de datos y servicios de identificación, y métodos de encuesta adecuados para los distintos grupos. La formación podría llevarse a cabo en cada país, con o sin expertos extranjeros, o bien mediante cursos organizados en el extranjero.
Una parte muy importante de la detección temprana es un plan de contingencia que determine qué medidas se van a tomar cuando se encuentre una especie exótica. Dada la diversidad de las posibles incursiones, el plan inicial será bastante general. Debe resumir quiénes son las partes interesadas y los expertos que deben ser informados para que preparen un plan de acción detallado. Los planes de contingencia centrados en especies concretas que corren gran riesgo, con una programación detallada de lo que se va a hacer, pueden ser muy eficientes. Para que un plan de contingencia funcione, el equipo necesario para ponerlo en práctica debe estar disponible en perfectas condiciones en el lugar adecuado. Los ministerios relevantes responsables de las invasiones biológicas deberían facilitar los fondos necesarios para implementar los planes de contingencia de manera que sea posible tomar inmediatamente medidas de erradicación o de control.