LA INSTITUCIÓN MATRIMONIAL O EL EROS ENJAULADO
11.4. LOS MATRIMONIOS DE LA ELITE, FUNDAMENTO DEL PODER ECONÓMICO Y POLÍTICO
Desde los primeros tiempos de la conquista ya hubo en América mujeres encomenderas, que quedaban viudas tempranamente. Estas mujeres fueron muy codiciadas por los colonos españoles que veían en ellas la posibilidad de heredar una encomienda que resolvería sus problemas vitales por el resto de sus días. En otros casos, las familias encomenderas-obrajeras trataron de acrecentar sus propiedades ligando por los lazos del matrimonio a sus hijos e hijas. Posteriormente, muchas de estas familias se
Jenny Londoño López Página 137 vincularon también a funcionarios de la Audiencia y al clero, aunque esto estaba prohibido por cédula Real, con lo cual llegaron a monopolizar los más altos poderes económicos y políticos de la Audiencia.
Los primeros enlaces que juntaron a importantes familias encomenderas-obrajeras fueron los del maestre de campo, Juan de Londoño, hijo de don Francisco de Londoño6, uno de los primeros conquistadores, quien heredó las encomiendas de Alaquez y Latacunga (1573) y el repartimiento de Mulahaló con una renta de 4.000 pesos anuales, casó con una hija de Diego de Sandoval, llamada Juana Calderón y que pertenecía a otra destacada familia encomendera. Un hijo de Juan de Londoño, Juan de Londoño Montenegro se emparentó por vía matrimonial con María de Xaramillo, hija de Ana de Paz, rica encomendera de los Yumbos y de Pedro Luis de Acosta, abogado de la Audiencia.7
Martín Martínez de Aibar, regidor perpetuo de Quito y secretario de Cámara y gobernación se hace de la encomienda y el obraje de Yaruquí por enlace matrimonial con la quiteña Jerónima de Santisteban, hija del fundador del mencionado obraje, el capitán Juan de Santisteban.8
Otro caso, lo constituyó el matrimonio de Francisco Ramírez de Arellano, de la casa de los marqueses de Aguilar, con doña Beatriz de Ulloa. Don Francisco Ramírez se apoderó de las tierras de la comunidad de Chambo y logró por los méritos de su suegro, Lorenzo de Ulloa, Conquistador de Perú, que le fuese otorgada la licencia para fundar un obraje en el que se le concedió el uso de 160 indios para el trabajo obrajero.9
A su vez, una de las hijas de este matrimonio, Ana de Zúñiga contrajo nupcias con Rodrigo de Rivadeneira, heredando la encomienda de Chambo, de su suegro, y consiguiendo la de Chillo para su hijo. Otra de las hijas de Arellano se desposó con el oidor de la Audiencia, Matías Moreno de Mesa, quien en 1604, manejaba el obraje
6 Este conquistador aparece en la lista de fundadores de Quito que se exhibe sobre una de las paredes laterales de la Catedral de Quito, en la Plaza de la Independencia.
7 Ortiz De La Tabla, Ídem, p. 525. 8 Ortiz De La Tabla, Ídem, p. 527.
9 Ortiz De La Tabla, Javier: “ El Obraje colonial ecuatoriano”. Separata de Revista de Indias, Nos. 149-150, Madrid 1977, p.522.
Jenny Londoño López Página 138 mencionado junto con su cuñada Ana de Zúñiga, de tal modo que era la Audiencia misma, la que señalaba el salario que debía devengar. Las dos hijas de este matrimonio profesaron como religiosas en el convento de Santa Clara y sus tres hijos también optaron por el estado religioso.10
La señora María de Vega y Mendoza, casada en segundas nupcias con el general don Antonio López de Galarza Londoño, alguacil mayor de Quito, contribuye al matrimonio con las heredades de su familia quiteña, Galarza y Larraspuru, entre ellas las encomiendas de Pelileo y San Andrés.
El segundo obraje de propiedad de la familia Arellano fue heredado por la hija de Ana de Zúñiga, Isabel Díaz de Rivadeneira, quien se casó con el general Pedro Ponce de Castillejo, corregidor de Otavalo y fundador del obraje de Chambo y de otro, ubicado en la comunidad de San José de Buenavista, en 1622.
Otro enlace matrimonial importante fue el realizado por Martín Sáez de Galarza con la hija de don Pascual de Andagoya, logrando consolidar así las encomiendas de Guano, San Andrés, Mocha y Cubijíes, todas pertenecientes a Riobamba; Alausí en Cuenca, Alove en Chimbo, Cotocollao en Quito y Mira en San Miguel de Ibarra.11
La encomienda de San Andrés fue fundada por uno de los hijos de don Martín Sáez de Galarza, don Juan López de Galarza y Andagoya, quien ostentaba varios cargos importantes como el de ser alguacil mayor de Quito y comisario general de la Caballería, además de encomendero de Guano y quien ve aumentada su heredad por el matrimonio realizado con doña Mariana de Londoño Sandoval, heredera de otra importante familia encomendera-obrajera.12
Todas estas alianzas matrimoniales conllevaban el fortalecimiento de las economías familiares y la concentración en pocas manos, de la propiedad de la tierra, de los cargos políticos y religiosos y de la riqueza, concentración que tiene como herramienta
10 Ortiz De La Tabla, Ídem, p.523.
11 Memorial de doña Ana de Zúñiga, AGI, Quito, L-27.
Jenny Londoño López Página 139 fundamental la institución del mayorazgo que deja en manos del primogénito la herencia patrimonial, a la muerte de su titular.
Es importante añadir que hubo en España una forma de contrato matrimonial que no estaba garantizado por el sacramento religioso y que daba a las mujeres derecho a reclamar el cumplimiento de las obligaciones económicas con ella y con sus hijos y las obligaba a su vez, -sólo a las mujeres- a mantener una relación monogámica con su conviviente. Desde luego, este contrato de convivencia no llegó a implantarse legalmente en América, pero los conquistadores españoles (Cortés, Pizarro, Almagro) establecieron en el Nuevo Continente relaciones de barraganía clásica con mujeres de la nobleza indígena, como un medio adicional de asegurar su dominio sobre la población nativa. Sin embargo, la más generalizada forma de barraganía ejercitada en América fue el amancebamiento, practicado por el común de los conquistadores y colonizadores, en especial, por varios frailes, con todas las consecuencias sociales que ello traía consigo: un mestizaje creciente marcado por la ilegitimidad.