LAS MUJERES Y LAS LEYES EN HISPANOAMÉRICA COLONIAL
LA FAMILIA COLONIAL: NORMAS Y ROLES DE DOMESTICACIÓN
8.3. LAS MUJERES MESTIZAS Y DE CASTAS: UNA HONRA DIFÍCIL DE GUARDAR.
Mientras en las clases terratenientes y aristocráticas primaba la “familia patriarcal ampliada” que hemos analizado antes, en otros estratos de la población, tales como los blancos pobres, el sector mestizo y de castas, y los mulatos y negros libres, se daba una estructura que hemos denominado “familia patriarcal disminuida”, pues dado que no había patrimonio económico que cuidar y enriquecer, no tenía las mismas características que aquella. Por ejemplo, había una diferencia radical en sus funciones: más que preparar a sus hijos para el futuro, este sector los necesitaba para garantizar su propia supervivencia, llegando a explotar su fuerza de trabajo en beneficio de la unidad familiar.
Otro aspecto de diferenciación era el tratamiento de las mujeres, pues aquí el “código del honor”, perdía su fundamento básico, pues -por un lado- no existía dote para poder casar convenientemente a las hijas y las uniones consensuales que ellas establecían podían ser fuente de subsistencia para toda la familia, por lo que éste tipo de relación informal devenía en la condición económica más importante. Por otro, la misma Iglesia y la clase alta desconocían la “honra” de estas mujeres. Ambos bandos se usaban mutuamente, según sus necesidades.
Por ello, a pesar de la represiva y rígida ideología patriarcal reinante en la sociedad colonial, la situación de las mujeres de las familias mestizas y mulatas no era ni tan recogida ni tan virtuosa como lo exigían los usos sociales y las prédicas de los sacerdotes. De hecho, en este sector social, eran muchas las familias matrifocales que, por carecer de padre, tenían un comportamiento más libre y se regían en torno a prioridades de supervivencia.
Jenny Londoño López Página 96 Por otro lado, este tipo de familia, en la que no había un varón que representase la autoridad patriarcal, no merecía el respeto de los demás y caía en un ámbito de flexibilidad que contrariaba las normas sociales que regían la moralidad de la clase propietaria. En fin, estas familias tenían que garantizar su supervivencia con el trabajo de todos sus miembros, incluyendo a las mujeres; las mater-familias, por su parte, tenían que ganarse a pulso el respeto personal y un lugar en la sociedad y para ello, debieron utilizar la maña, la sagacidad y hasta las prácticas mágicas.
Si bien, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, señalan que no era común en estas tierras que existiese la prostitución, tal como se ejercía en los países europeos, la información existente revela que, en las familias pobres de la “república de los españoles” y entre las familias mestizas, tampoco existía un muy exagerado celo por cuidar del buen nombre y la virginidad de las solteras antes del matrimonio. Ellas aceptaban de buen grado establecer relaciones afectivas libres con el hombre que les ofreciera alguna garantía de permanencia y, una vez asegurado este factor, se entablaba la relación sobre las bases de una mutua aceptación. De la misma manera, estos lazos podían romperse a voluntad de ambos sujetos o de una de las partes.
Hay pruebas abundantes en los padrones, levantados por los alcaldes en los barrios de las ciudades, de que muchas mujeres establecían sucesivas uniones libres como forma de subsistencia. Otra prueba es el ya mencionado testimonio de Juan y Ulloa, que consignaron al respecto:
“Estas mestizas o mulatas, desde el segundo grado hasta el cuarto y quinto, se dan generalmente a la vida licenciosa, aunque entre ellas no (es) reputada por tal, mediante el que miran con indiferencia el estado de casarse con sujeto de su igual al de amancebarse; pero aún es tanta la corruptela de aquellos países, que tienen por más honorífico esto último cuando consiguen en ello las ventajas que no podrían lograr por medio del matrimonio. No son solo las mujeres comprendidas en las clases mestizas o mulatas las únicas que se mantienen en esta moda de vida, porque al mismo respecto entran en ellas, las que, habiendo salido enteramente de la raza de indios o de negros, ya se reputan y están tenidas por españolas.”11
Jenny Londoño López Página 97 Según parece, la única diferencia que en este ámbito había en la actitud de blancas pobres y mestizas era que las mujeres tenidas por españolas, pero acosadas por la pobreza, buscaban siempre mejores opciones, esto es, aspiraban a tener por amante a un funcionario de la administración, a un hombre graduado o a un eclesiástico de alto rango.
Obviamente, los españoles más solicitados como amantes, por su nivel cultural y porque no ofrecían las dificultades de un hombre casado, eran los religiosos y muchos de ellos no se hacían de rogar. Juan y Ulloa señalan que eran comunes las celebraciones de estos convenios -que bien podría llamárseles de barraganía- con asistencia de los amigos y sus respectivas compañeras. De la misma forma, cuando un canónigo obtenía un grado académico o era ascendido en sus funciones, era normal celebrarlo en el seno de esta comunidad de relaciones consensuales.
Juan y Ullloa añaden que era también costumbre que las hijas de estas uniones heredasen tales usos y formas de vida, en una suerte de espiral que se repetía, y que terminasen estableciendo uniones de iguales características, con la excepción de aquellas mujeres que eran reconocidas por padres que por su estatus social y económico podían “dotarlas sobresalientemente” y, por lo tanto, podían exigir que el candidato gozase de una buena situación social.
Estas uniones consensuales generaron una gran cantidad y variedad de hijos mestizos, realidad que causaba escozor a más de un español, lo que prueba que, aunque el término “racismo” sea de reciente aparición en las ciencias sociales, éste fenómeno mostró sus efectos en aquella sociedad estamental. Una buena muestra de ello son las crudas afirmaciones que hizo Juan de Solórzano y Pereyra, en su “Política Indiana”, reproduciendo un dilatado prejuicio español de la época, al señalar que los mestizos y mulatos de ordinario “...nacen de adulterio o de otros ilícitos, y punibles ayuntamientos, porque pocos Españoles de honra hay, que se casen con Indias ó, Negras, el qual defecto de los natales les hace infames... sobre su piél cae la mancha del color vario, y otros vicios que suelen ser como naturales, y mamados en la leche: en estos hombres hallo, que por otras muchas cédulas no se les permita entrada para oficios algunos autorizados, y de
Jenny Londoño López Página 98 República...”12
8.4. ¿NIÑOS EXPÓSITOS Y NIÑOS DE LA CALLE EN LA ÉPOCA