PROPIEDAD PRIVADA Y APROPIACIÓN DE LAS MUJERES
2.2. LAS SOCIEDADES PATRIARCALES Y EL CONTROL DE LA DESCENDENCIA.
A medida que se desarrollan las fuerzas productivas la sociedad requería regular las uniones sexuales y cuando se estableció la propiedad de la tierra a manos de un grupo de individuos, que lo imponen por su mayor desarrollo de la fuerza y de la técnica, el control
1 Ver Morali-Daninos, André, o.c. pp. 20-25.
2 Aunque en Egipto se abolió en 1959, esta es una práctica que todavía se realiza en comunidades árabes o de influencia musulmana.
Jenny Londoño López Página 34 de la mujer será fundamental para garantizar la paternidad sobre la descendencia. Este período es conocido en la historiografía tradicional como Edad del Bronce:
"En la Edad de Bronce, durante casi tres mil años (4.000 a.c.) la mujer se vio gradualmente marginada de las actividades económicas principales para dedicarse exclusivamente a la generación, que llegó a ser intensa, a la crianza de los hijos y al tratamiento artesanal de los productos animales, secundarios y vegetales (producción de quesos, alimentos, hilados y tejidos, etc.). Los roles sociales se diferenciaron cada vez más hasta que en el siglo VII a. de C, en la llamada Edad del Hierro, el proceso de instauración de una sociedad firmemente patriarcal puede considerarse no sólo concluido sino culturalmente arraigado."3
La apropiación de las mujeres conlleva un proceso sostenido de violencia, que será desarrollada a lo largo de siglos, con el objeto de interiorizar en ellas su condición de dependencia y sumisión al varón. Las sociedades patriarcales se van a caracterizar porque los núcleos familiares o clanes van a desarrollarse en torno al poder de un hombre o patriarca. Se instituye así el poder del padre. En esta sociedad, las guerras entre pueblos dan origen a la práctica de la esclavitud, que se establece sobre los pueblos vencidos.
Las sociedades patriarcales por excelencia tienen el ejemplo más representativo en el pueblo hebreo. Esta sociedad tenía una estructura teocrática, que segregaba y excluía de la vida económica, política y religiosa a la mujer, pues estaba alineada en la trilogía: mujeres- esclavos-niños. En los templos judíos de la época de Jesús no se admitían mujeres. Ellas debían estar afuera, en el atrio. Las sinagogas recogerán también esta separación de los sexos. Por otro lado, las mujeres no podían leer la Ley.4
En la Biblia cristiana, en el antiguo testamento, podemos encontrar las prohibiciones específicas de la sociedad judeo-cristiana sobre la relación con las mujeres menstruantes, descargando sobre ellas una serie de limitaciones, que se constituirán en uno de los fundamentos de los prejuicios milenarios contra la mujer. Más tarde, los prejuicios y el tabú se extenderán también a otra función biológica femenina: la procreación.
3 Giulio Martino y Marina Bruzzese, o.c. p. 10.
4 Aguirre, Janet Sor y otras autoras: "Transgresión, resistencia y esperanza. Mujeres en la Biblia", Editorial Tierra Nueva, Quito, 2000, p.26.
Jenny Londoño López Página 35 El embarazo y el parto también se rodearán de mitos y leyendas. La magia envolverá con sus rituales y pócimas a las mujeres grávidas y tratará de ayudarlas en aquel maravilloso, pero profundamente misterioso proceso del alumbramiento. En muchas culturas, el parto de las mujeres se realizará dentro de un río, quebrada o lago y en posición vertical, lo que facilitaba la expulsión del bebé. En otras, se hará de pie o en cuclillas, pero dentro de cavernas tibias, para proteger el parto en climas muy fríos. Otras mujeres de la tribu o el clan ayudarán a la parturienta y esta, por lo general, se incorporaba a sus actividades normales pasadas 24 o 48 horas después del parto y sus actividades continuaban de manera normal, pero incluían la atención del o la nuevo miembro de la familia.
Muchas mujeres desplegarán sus conocimientos y su gran capacidad de observación de la naturaleza, y su gran sensibilidad para cuidar a los demás miembros del clan familiar y se convertirán en obstetrices y parteras, ayudando en el difícil y hasta hace poco misterioso proceso de la procreación y alumbramiento y lo harán en todo el orbe terrestre, y aún a pesar de las exclusiones sufridas con el desarrollo de las ciencias médicas, como lo siguen haciendo hoy día, en los sectores indígenas, afrodescendientes, campesinos y marginales, en los mal llamados: “países del Tercer Mundo”.
Posteriormente, se instituye el matrimonio monogámico, convenio económico y social y, en ocasiones político, de convivencia y pertenencia de la mujer y los hijos al padre de familia. Con este matrimonio se da origen a la sociedad clasista. Antes, los hijos eran pertenencia y responsabilidad de todo el clan. Desde que se instituye el matrimonio monogámico con sus cerradas normativas, los hijos serán particular propiedad del padre y la madre.
Más tarde, el apellido paterno será la marca de pertenencia de los hijos y también la constatación de su derecho a la herencia patrimonial. El acercamiento entre hombres y mujeres será regulado por estrictas normas sociales que establecerán la propiedad privada de los hombres sobre las mujeres que desposan, como una forma de establecer una delimitación de su territorio y sus pertenencias frente a otros hombres que pudieran sentirse atraídos hacia su compañera.
Jenny Londoño López Página 36 Los hombres exigirán fidelidad dentro de un complejo proceso de apropiación del cuerpo femenino, que incluirá prácticas de violencia cotidiana sobre la mujer, que llegaron a hacer parte del imaginario cultural de las sociedades patriarcales y con el tiempo terminarán estableciendo normas jurídicas que castigaban y sancionaban institucionalmente a las mujeres que quebrantaran la obligación de la fidelidad al esposo, pero también a las que pretendieran renunciar a los vínculos matrimoniales. Al mismo tiempo, los varones, tendrán muchos y variados privilegios de género, que les permitirá establecer relaciones paralelas de corta o larga duración con otras mujeres, que no serán sancionadas, o revestirán menor rigor, pero se les cargará con la obligación económica de procurar la subsistencia de la prole. (En realidad esto funcionaba más en las élites, pues en las capas sociales pobres siempre las mujeres debieron inventarse mil y una actividades para contribuir a la manutención de la familia).
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