La Comandancia Militar de Milicias comprendía la España central, del Sur y el Levante. En Cataluña, la situación era distinta. Si las columnas de Aragón tenían comunicaciones con alguien, era con el Consejo de Defensa del gobierno autónomo de Cataluña, la Generalität, dirigida por el teniente coronel Díaz Sandino[29]. Los militares de Barcelona habían sido diezmados al fracasar su rebelión por lo cual resultó imposible mantener sobre las Milicias nada parecido a la autoridad de que Madrid, con su armazón gubernamental, podía disfrutar.
Lluís Companys, presidente de la Generalitat, habiendo reunido a los dirigentes de la CNT y la FAI después del aplastamiento de la sublevación, les sugirió que formasen un comité de Milicias y nombrasen como asesor militar a un militar de conocido separatismo y opiniones de izquierdas expulsado del Ejército tras la rebelión de octubre de 1934, Enrique Pérez Farrás. Los comités milicianos
fueron sustituidos por el Comité de Milicias Antifascistas que incluía a conocidos dirigentes cenetistas y faístas y delegados de los partidos catalanistas[30]. La composición del Comité varió incluyendo representaciones de grupos menores como el POUM, los comunistas y Estat Catalá[31].
Los cuarteles fueron ocupados por las Milicias y rebautizados Lenin, Marx,
Bakunin, Vorochilov, etc.
La formación de la primera columna surgió como resultado de la inesperada captura de Zaragoza por los nacionales y del peligro para Cataluña de un rápido avance de los mismos a través de Aragón. Se organizó una poderosa columna de voluntarios, opinando Companys que deberían mandarla dos hombres de reconocido prestigio militar y político[32], porque hombres prestigiosos tendrían más posibilidades de que se obedeciesen sus órdenes pues, si no, la columna resultaría anárquica además de anarquista. Se seleccionó a Pérez Farrás y Buenaventura Durruti, carismático dirigente de la CNT-FAI[33], siendo aceptados sin la menor vacilación, tras de lo cual se procedió a pedir voluntarios. Se presentaron tantos que hubo que hacer una selección para poder armar a todos.
Resulta difícil calcular el número de milicianos. Abad de Santillán[34] y Peirats[35] hablan de 150 000 en los primeros días y el primero se refiere a 30 000 en el frente para septiembre. Sanz afirma que 18 000 pasaron por el cuartel Bakunin en sólo un mes. Para llegar a alguna conclusión deberemos examinar individualmente cada columna, pero desafortunadamente carecemos de libros de contabilidad llevados con minuciosidad del tipo de los de la Comandancia de Milicias madrileña[36].
De norte a sur había trece columnas identificables a grandes rasgos:
La columna Pirenaica, al mando del comandante Mariano Bueno, avanzaba hacia Huesca con 1500 milicianos y dos baterías (seis u ocho cañones) de 105 mm.
La columna Villalba, compuesta posiblemente por un millar de milicianos al mando del coronel Villalba en Barbastro, avanzaba sobre Huesca, uniéndose a las dos columnas del POUM, la Lenin y la Maurín. La columna total debe haber tenido 4500 efectivos. Las columnas del POUM también tuvieron un exceso de voluntarios. Había algunas compañías internacionales reclutadas entre los atletas que habían acudido a Barcelona para las abortadas olimpiadas populares. No había militares profesionales entre ellos excepto posiblemente uno o dos suboficiales de la Guardia de Asalto. Ni José Rovira ni Jordi Arquer, los dirigentes
de las columnas, tenían instrucción militar, aunque la capacidad de Rovira pronto se hizo patente[37].
La columna Los Aguiluchos, dirigida por García Oliver, tenía unos 2000 efectivos. García Oliver regresó pronto a sus tareas administrativas en Barcelona, dejando el mando a Luis Escobar y Miguel García Vivancos, después jefe de la 25.ª División. Esta columna y la columna Roja y Negra se unieron a la columna Ascaso, mandada por Domingo Ascaso y Gregorio Jover, totalizando hacia primeros de septiembre posiblemente 7000 hombres.
La columna del PSUC contaba con 2000 efectivos y tres baterías de artillería. La mandaba José del Barrio, después jefe de Cuerpo.
La columna Durruti fue probablemente la mayor de todas. Las cifras que se han dado como totales varían de los 6000 milicianos de The Times del 24 de julio a los 1200 de Koltsov[38].
En noviembre, la columna Durruti fue lo bastante fuerte como para enviar unos 3000 hombres a Madrid[39].
Al sur del Ebro estaban la columna Hilario, con 1000 hombres, que contaba con algunos soldados de la guarnición de Tarragona; la columna Coronel Martínez Peñalver, con 600 soldados; la columna nacionalista catalana Maciá-Companys, y la columna Ortiz. Estas dos últimas tenían unos 4500 hombres.
Éstas eran las principales columnas en Aragón en 1936. Parece improbable que el total de hombres en el frente a un mismo tiempo pasase de 25 000. Se enfrentaban a un número menor de hombres en el lado sublevado, pero como las Milicias estaban en posición de atacantes, que tendrían que haber sido netamente superiores, resultaban extremadamente débiles, teniendo en cuenta, además, que luchaban contra tropas y Milicias adecuadamente militarizadas y dirigidas por oficiales de experiencia.
En la región valenciana había dos columnas que atraían el interés, la columna de Hierro[40] y la columna Uribarri[41].
No hay duda de que la columna de Hierro tuvo una existencia tormentosa. Uno de sus principales apologistas reconoce que regresó del frente a Valencia en septiembre y pidió la disolución de las fuerzas de policía y su reemplazamiento por vigilantes milicianos[42]. Asimismo, destruyó los archivos policíacos y judiciales.
Hasta qué punto se puede afirmar que aterrorizó a la región, es algo que depende del valor que se otorgue a las críticas de los oponentes a la columna de Hierro. Parece probable que la columna se convirtiese en el chivo expiatorio de los atropellos y depredaciones cometidos por otras Milicias[43]. De hecho, hay indicios que resultan favorables a la columna.
En una reunión celebrada en Valencia el 22 de marzo de 1937 se hizo público su presupuesto. El dinero, muy probablemente conseguido de modo irregular, se había gastado del siguiente modo:
100 000 pesetas en escuelas «racionalistas».
100 000 pesetas en hospitales bélicos dirigidos por la CNT. 100 000 pesetas en ayudar a anarquistas extranjeros.
200 000 pesetas en alimentos para Madrid.
1 000 000 de pesetas en publicaciones, una biblioteca y la prensa anarquista internacional[44].
Aunque gran parte de este dinero se gastó en cosas que de cualquier modo tendría que haber proporcionado el Estado, la columna no tenía ciertamente derecho a hacer expropiaciones por cuenta propia ni a decidir a qué debían dedicarse tales sumas. Pero si esta contabilidad era correcta, y la CNT tenía fama de una rectitud total en asuntos financieros, está claro que no se utilizó nada para construir un imperio ni para mantener a dirigentes de modo suntuoso. A ese respecto, puede defenderse la actividad de la columna de Hierro.
Los pocos números que han quedado del periódico de la columna, Línea de
Fuego[45], informan de que en octubre de 1936 se resolvió en una reunión expulsar a hombres que habían cometido «inmoralidades» citándose cinco nuevas leyes para la disciplina miliciana, tomadas de Frente Libertario, editado por el Comité de Defensa de la CNT para las Milicias:
1. Todos deben obedecer a los comités de batallón y a los dirigentes delegados.
2. El miliciano no puede hacer lo que quiera en asuntos militares y debe ir adonde le ordenen.
3. Quienes desobedezcan serán castigados.
4. Las faltas graves incluyen la deserción, el abandono de puesto, el pillaje y hacer observaciones desmoralizadoras.
5. Aunque el enrolamiento sea voluntario, los milicianos son soldados de la Revolución y deben obedecer.
El tono con que fue reproducido este pentálogo en Línea de Fuego indica al menos que los dirigentes de la columna buscaban la disciplina. Las propias palabras podrían haber procedido de cualquier manual miliciano, incluso comunista.
Finalmente, la columna de Hierro fue militarizada convirtiéndose en la 83.ª Brigada Mixta a finales de marzo de 1937 y ya no ocasionó más problemas. Pero muchos incontrolables habían sido encarcelados, como observó Azaña, advirtiendo el profundo cambio que había ocurrido en el frente de Teruel[46].
La columna Uribarri o Fantasma fue dirigida por Manuel Uribarri, oficial de la Guardia Civil de marcadas opiniones izquierdistas. Se trataba de un hombre alborotador y pendenciero que se peleó con el capitán Bayo cuando la expedición de Mallorca en agosto de 1936, y con Líster más adelante. Bayo se queja de su conducta y hay pruebas de que, al menos, era persona muy pagada de sí mismo[47].
Aunque la columna Fantasma tuvo sus problemas y publicó una lista de recomendaciones disciplinarias, su cronista la describe como una organización casi perfecta. Según él, las transmisiones funcionaban perfectamente, con líneas directas con Madrid, Valencia y todos los aeródromos (sic). En cuanto a la educación, había escuelas, proyecciones de películas, conferencias, una biblioteca circular y una pequeña orquesta. Tenía un sistema postal, a cargo de un funcionario de Correos, una sección que se encargaba de los sospechosos de fascismo en los pueblos por los que pasaban, dos almacenes de provisiones en Valencia, una fábrica de vestimenta que empleaba a cien mujeres, tres talleres de armamento y un quirófano completo[48].
La importancia de todo esto reside en que los defensores de las columnas no militarizadas consideraban primordial subrayar que se podía conseguir una excelente organización sin recurrir a la militarización. Desafortunadamente, esta columna no tuvo éxito en Mallorca y, además, las fuerzas enemigas le hicieron retroceder de forma continua hasta Madrid.