El primer acto de Largo Caballero consistió en destituir al general Riquelme del mando de las fuerzas republicanas en el Centro y nombrar en su lugar a José Asensio Torrado[3]. Asensio era el coronel de Estado Mayor más antiguo de los jefes republicanos y además joven para su grado. Tenía cuarenta y cuatro años y era coronel desde 1927. Creía en la eficacia y la disciplina e insistía en la necesidad de manifestaciones exteriores de organización militar[4].
Asensio fue en gran medida responsable, tanto como jefe del Centro como, posteriormente, en su cargo de subsecretario de la Guerra, del eficiente impulso que se dio a la organización del ejército y, a ese respecto, la evidente confianza de Largo Caballero en él estuvo justificada. Su posterior caída sobrevino como
resultado de su incapacidad para controlar la situación en Málaga, que cayó sin defenderse en febrero de 1937, y a raíz de una campaña comunista de dos meses en contra suya, cuyas razones no son claras.
José Miaja Menant, el general que había tenido el mando de la I Brigada de la división orgánica de Madrid, fue otro de los nombramientos de Largo. Había actuado con muy poca fortuna en su intento de recuperar Córdoba a principios de agosto siendo relegado al cuartel general de Valencia[5]. Largo le requirió para que tomase el mando en Madrid el 22 de octubre.
Las razones de este nombramiento y del posterior ascenso de Miaja a la jefatura de la Junta de Defensa de Madrid son complicadas y poco claras. Su carrera militar no había sido especialmente distinguida desde su juventud. Había pasado largos períodos de tiempo en puestos burocráticos y cajas de reclutas. Resultó favorecido por la República, siendo nombrado general en 1932 y mandando diversas brigadas. Incluso estuvo temporalmente como ministro de la Guerra del gobierno del Frente Popular de febrero de 1936. Pero también se le había llamado para formar parte del efímero gabinete de Martínez Barrio la mañana del 19 de julio de ese año. Esto es significativo porque dicho gabinete se formó como último intento de llegar a un acuerdo con los sublevados. El general insurgente Mola, con quien Martínez Barrio trató de entrar en contacto, se había referido a Miaja en términos favorables[6].
Quizá fuese su conservadurismo lo que estimaban en él las autoridades. Era uno de los jefes de más antigüedad en Madrid y estaba en buenas relaciones con los oficiales profesionales que estaban siendo reincorporados al ejército, careciendo además de antecedentes como conspirador y habiéndose negado a la entrega de armas a las Milicias. También había protestado en varias ocasiones por las ejecuciones sumarias de militares rebeldes[7].
En octubre de 1936 se necesitaba un general con antigüedad y que no fuese conocido por ser un extremista de izquierdas. Informaciones posteriores de fuentes comunistas indican que se le utilizó como símbolo y este punto de vista puede resumirse en las claras palabras de Líster: «Se necesitaba un general y él era general … todos nos hemos esforzado por rodearle de un prestigio que maldito si se merecía…»[8].
Krivitski, agente de Stalin en España, escribe que los consejeros rusos, que llegaron en agosto y septiembre, fueron los que seleccionaron a Miaja[9].
Otro de los nombramientos de Largo Caballero fue el del general Sebastián Pozas como jefe de la División de Madrid[10] y, pocos días después, como jefe de la zona Centro relevando a Asensio que fue nombrado subsecretario de la Guerra[11]. Como director general de la Guardia Civil, Pozas había rechazado las sugerencias del general Franco para que tomase el control de la situación en la época de las elecciones de febrero de 1936[12]. En el gobierno Giral, desde el 19 de julio de 1936 al 4 de septiembre, había sido ministro de la Gobernación. Los comunistas apoyaron su nombramiento porque aprobaban toda medida que llevase la disciplina de la jerarquía militar a la anarquía miliciana. Milicia Popular proclamaba que el Quinto Regimiento pondría «… a su disposición todas nuestras fuerzas, nuestro entusiasmo, nuestras energías»[13].
Aguirre, el dirigente vasco, pidió repetidamente que Asensio o Pozas le fuesen enviados para organizar el poco firme Estado Mayor vasco[14]. En particular, Aguirre quería un sustituto del general enviado por Largo al frente vasco el 15 de noviembre de 1936. Se trataba de Francisco Llano de la Encomienda, que había ascendido a general en 1932 y tenía la suficiente confianza del gobierno frentepopulista como para ser nombrado en 1936 al frente de la División orgánica de Barcelona aunque sólo era general de Brigada. Su nombramiento para el Norte, sin embargo, había sido precipitado y Llano no había recibido órdenes claras[15].
Entre otros nombramientos hechos por Largo, probablemente aconsejado por Asensio, hubo el del general Bernal como jefe de la recién organizada División de Albacete[16], organización formada para administrar los distintos cuerpos militares que estaban siendo puestos en pie en aquella zona así como en la región de Málaga que previamente habían estado a cargo de la segunda región militar, entonces casi por entero en manos de los nacionales. Puede considerarse un puesto burocrático para un general cuya lealtad no era suficiente para confiarle un puesto activo, aunque posteriormente sería nombrado director general de Transportes[17] y después jefe de la base naval de Cartagena[18].
Fernando Martínez Monje, otro general de Brigada que ocupaba un puesto superior a su categoría, ayudó a conservar Valencia para el gobierno. Después de servir en la Junta delegada en Albacete (véase el capítulo 3), fue nombrado para mandar el Ejército del Sur, creado en noviembre de 1936, en el que permanecería hasta el escándalo de la caída de Málaga en febrero de 1937. Málaga arrojaría al olvido a él y a otros nombrados por Largo Caballero.