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LA ORGANIZACIÓN MILITAR POSTERIOR

Resulta difícil afirmar si los creadores de las Brigadas Mixtas pretendían que fuesen utilizadas como unidades independientes agrupadas como fuese preciso para acciones determinadas, o bien como primera fase de un ejército articulado sobre el modelo tradicional de divisiones y cuerpos de Ejército. Lo más probable es que los burócratas impulsaran la creación de la siguiente fase de la estructura. En noviembre de 1936, las autoridades decidieron formar divisiones sobre el modelo clásico de tres brigadas por división.

Las tres primeras divisiones se establecieron el 27 de noviembre de 1936, compuestas por brigadas acantonadas al norte y oeste de Madrid. Como jefes, el ministerio nombró al teniente coronel Domingo Moriones, del regimiento de Ferrocarriles, al comandante Enrique Fernández Heredia, del cuerpo de Artillería, y a Adolfo Prada, oficial retirado. Estos tres oficiales ejemplifican de algún modo el problema de los mandos del ejército republicano. Uno estaba retirado; los otros dos procedían de las Armas técnicas. Ninguno de ellos había mandado una gran unidad en el campo de batalla y, sin embargo, tanto Moriones como Prada llegaron a ser jefes de Ejército.

Otras cinco divisiones se formaron en el frente madrileño antes de acabar el año 1936, a cargo todas ellas de oficiales profesionales, menos la IV, mandada por Modesto que ya había emprendido su meteórica carrera.

Estas divisiones resultaban heterogéneas por su formación, número de hombres y armamento. Para ilustrar este hecho puede servirnos la VI División[62].

Su jefe, el coronel Mena, un conocido jefe retirado de izquierdas, y sus tres jefes de Brigada, el teniente coronel Romero, el comandante de Carabineros Rovira y el teniente coronel Arce, habían desempeñado un papel significativo en la defensa de Madrid a primeros de noviembre[63]. Los puestos de mando de la división y las brigadas estaban en diversos lugares de la ciudad. Las tres brigadas estaban formadas por ocho, seis y seis batallones respectivamente, aunque el número de sus soldados era de sólo 4015, 4031 y 3025. Había sido preciso incorporar veinte batallones de Milicias a la división, pero aún no se habían

conseguido reunir los doce batallones del tamaño reglamentario. En un informe del 19 de enero de 1937[64], está anotado que cada brigada iba armada con cinco o seis calibres distintos de fusil, problema que acosaría incluso a unidades menores del ejército republicano durante largo tiempo y que indica el grado de caos que había en la Administración. Es cierto que se carecía de fusiles, pero con una mejor organización se podía haber logrado que al menos en un batallón se tuviesen armas de igual calibre, con lo que el suministro de cartuchos hubiera sido mucho más fácil[65].

Por la documentación existente, parece que en esa época no había una organización de divisiones completa. Estas primeras divisiones de Madrid eran simplemente aglomeraciones de batallones y no se podía decir que en número de hombres, armamento o estructura tuviesen la potencia de una división en el sentido usual del término.

El siguiente paso organizativo fue la estructura por cuerpos, cuya puesta en marcha se anunció con la creación del cuerpo de Ejército de Madrid el último día de 1936. Este sería el I Cuerpo de Ejército para cuyo mando fue nombrado el teniente coronel Moriones, incluyendo la 1.ª, 2.ª y 3.ª Divisiones. Las otras divisiones existentes formaron el II Cuerpo de Ejército[66].

Rápidamente se establecieron más unidades. En junio de 1937, un mes antes de la primera prueba del nuevo ejército en Brunete, había sesenta y dos divisiones en el ejército republicano, articuladas en diecisiete cuerpos de ejército.

En lo que se refiere a la organización superior del ejército, algunos documentos de fines de 1936 mencionan el «primer» y «segundo» ejércitos, que se formarían a partir de las distintas brigadas del frente madrileño[67]. Pero estas fuerzas eran demasiado escasas y desorganizadas como para utilizar el término de «Ejército» para referirse a ellas, y luego no vuelve a aparecer.

Los comienzos de una forma de organización de Ejército pueden hallarse en las instrucciones del Ministerio de la Guerra de la noche del 6 al 7 de noviembre de 1936, cuando los nacionales, según se pensaba, iban a entrar en Madrid y el gobierno fue evacuado a Valencia[68]. Se le ordenó al general Miaja hacerse cargo de la defensa de la ciudad, con un mando separado confiado al general Pozas. El mando de Pozas fue el núcleo del Ejército del Centro.

Dio la coincidencia de que ese mismo día la Generalitat formó las divisiones catalanas en un intento, de breve vida, de formar un ejército catalán (véase más

adelante). El 14 de noviembre de 1936, el general Llano de la Encomienda recibió órdenes para encargarse de las fuerzas del norte de España y formar el Ejército del Norte. El 15 de diciembre de ese mismo año, la organización por brigadas y divisiones en las provincias de Córdoba y Granada se había desarrollado lo bastante como para que se ordenase al general Martínez Monje, que había estado instruyendo las brigadas en Albacete, tomar el mando del recién creado Ejército del Sur. Más adelante en 1937, se formarían tres nuevos ejércitos: del Este, de Extremadura y de Levante. El Ejército del Sur se denominaría ejército de Andalucía y se crearía un nuevo ejército de Operaciones. Para la batalla del Ebro, el Estado Mayor Central pondría en pie el ejército del Ebro y, tras la división de la España republicana en dos mitades, en abril de 1938, habría dos grupos de Ejército.