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Morir querido

In document 100 Fichas Sobre La Muerte (página 40-43)

1 ¿De qué hablamos cuando hablamos de morir y de muerte?

4. Morir querido

En el extremo opuesto del miedo a morir está el morir querido, procurado, elegido y aceptado. El morir aceptado conlleva la admisión de la muerte como posibilidad ineludible: es el inevitable ritual del morir. Es un morir aceptado aquél que sobreviene como fin lógico de un proceso de enfermedad incurable, como resultado previsible de un comportamiento temerario, como paso siguiente a una ancianidad improrrogable, como consecuencia de nuestra condición de seres contingentes y finitos. El morir procurado presupone, al menos intencionalmente, un cierto control sobre el vivir, que, en algunos casos, se expresa en la intervención directa sobre el momento del propio morir (suicidio, entrega heroica y martirial) o del morir ajeno (asesinato, homicidio, eutanasia). El morir elegido es lo más opuesto a la trivialización, pues implica dar relieve e importancia al hecho de aceptar el morir como parte integrante del vivir: como su reverso; más aún, como el horizonte límite sobre el que, proyectada, rebota toda vida, la cual, en su momento, habrá de ser despedida, al menos, en su forma espacio-temporal. Y esta despedida nos gustaría que fuera elegida, preparada, determinada y que respondiera a nuestros proyectos (aunque sabemos muy bien que no será, con toda seguridad, así). Es posible que si pudiéramos elegir nuestro modo de morir éste tendría más que ver con el tránsito placentero que con el sufrimiento y la agonía, más con una preparación suficiente que con el deceso súbito, más con una actitud de reconciliación final con la vida que un portazo final, más con el progresivo desprendimiento de todo y de todos que con el inútil aferramos a lo imposible. No obstante, permanece la siguiente ambivalencia: "Mientras que muchos esperamos una muerte rápida o una muerte durante el sueño "para no sufrir", al mismo tiempo nos aferramos a una imagen de nuestros momentos finales que combina la elegancia con un sentido de conclusión: necesitamos creer en un proceso lúcido en el que tiene lugar la suma de toda una vida. O eso o un perfecto salto a la inconsciencia sin agonía" (Sherwin B. Nuland, Cómo morimos. Reflexiones sobre el último capítulo de la vida, Alianza, Madrid 1995, 25-27).

Quienes mejor han captado este sentido profundo del morir elegido han sido los poetas con su lenguaje alegórico y sus brillantes metáforas. Un buen ejemplo ilustrativo es la siguiente poesía de Manuel Gutiérrez Nájera, que se titula "Para entonces":

Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía y el alma un ave que remonta el vuelo. No escuchar en los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las olas. Morir cuando la luz retira

sus áureas redes de la onda verde, y ser como ese sol que lento expira; algo muy luminoso que se pierde. Morir, y joven; antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona, cuando la vida dice aún: «Soy tuya», aunque sepamos bien que nos traiciona

Hay también un morir querido que, además de las formas arriba señaladas, adquiere otro rostro: el del deseo de morir para alcanzar un vivir mejor, un vivir más pleno y definitivo, un vivir eterno. El querer morir para continuar viviendo de otro modo, en otra dimensión: la eternidad de Dios. Es el querer morir para llegar a la menta última que da sentido al temporal existir. Esta perspectiva del deseo de morir está muy lejos de aquella que considera el querer morir como la salida de una situación sin futuro, como la huida de una existencia hostil y adversa, como la respuesta radical a una solución que aboga por el sinsentido y la inutilidad del vivir desde un nihilismo existencial.

De nuevo los poetas y los místicos han sabido expresar de modo inigualable este deseo de una muerte querida como medio para lograr un bien más grande: el encuentro con Dios, el Amado que con su amor nos da la vida duradera, digna, plena y definitiva. Quizá una de las mejores expresiones de este querer morir, sea el verso "que muero porque no muero" del conocido poema "Vivo sin vivir en mf\ del que existen varias versiones. A continuación puede verse una doble versión del mismo, la de San Juan de la Cruz y la de Santa Teresa de Ávila. Los matices son importantes y sugerentes.

"Vivo sin vivir en mí"

San Juan de la Cruz (1542-1591) Santa Teresa de Ávila (1515-1582) Vivo sin vivir en mí, Vivo sin vivir en mí,

y de tal manera espero, y tan alta vida espero,

que muero, porque no muero. que muero, porque no muero.

En mí yo no vivo ya, Vivo ya fuera de mí

y sin Dios vivir no puedo, después que muero de amor; pues sin él, y sin mí quedo, porque vivo en el Señor, ¿este vivir qué será? que me quiso para sí; mil muertes se me hará, cuando el corazón le di pues mi misma vida espero, puse en él este letrero: muriendo, porque no muero. que muero porque no muero.

Esta vida, que yo vivo Esta divina prisión es privación de vivir, del amor con que yo vivo y así es continuo morir, ha hecho a Dios mi cautivo, hasta que viva contigo: y libre mi corazón;

oye mi Dios, lo que digo, y causa en mí tal pasión que esta vida no la quiero, ver a Dios mi prisionero, que muero, porque no muero. que muero porque no muero.

Estando ausente de ti, ¡Ay qué larga es esta vida! ¿qué vida puedo tener, ¡Qué duros estos destierros, sino muerte padecer, esta cárcel, estos hierros la mayor que nunca vi? en que el alma está metida! lástima tengo de mí, Sólo esperar la salida pues de fuerte persevero, me causa dolor tan fiero, que muero, porque no muero. que muero porque no muero.

El pez que del agua sale, ¡Ay, qué vida tan amarga Aún de alivio no carece, do no se goza el Señor! que la muerte que padece, Porque si es dulce el amor, al fin la muerte le vale; no lo es la esperanza larga. ¿qué muerte habrá que se iguale Quíteme Dios esta carga, a mi vivir lastimero, más pesada que el acero, pues si más vivo, más muero? que muero porque no muero.

Cuando me empiezo aliviar Sólo con la confianza de verte en el Sacramento, vivo de que he de morir, háceme más sentimiento, porque muriendo, el vivir el no te poder gozar: me asegura mi esperanza. todo es para más penar, Muerte do el vivir se alcanza, y mi mal es tan entero, no te tardes, que te espero, que muero, porque no muero. que muero porque no muero.

Y si me gozo, Señor, Mira que el amor es fuerte, con esperanza de verte, vida, no me seas molesta; en ver que puedo perderte, mira que sólo te resta, se me dobla mi dolor, para ganarte, perderte. viviendo en tanto pavor, Venga ya la dulce muerte, y esperando, como espero, el morir venga ligero,

me muero, porque no muero. que muero porque no muero.

Sácame de aquesta muerte, Aquella vida de arriba mi Dios, y dame la vida, es la vida verdadera; no me tengas impedida hasta que esta vida muera, en este lazo tan fuerte, no se goza estando viva. mira que muero por verte, Muerte, no me seas esquiva; y de tal manera espero, viva muriendo primero, que muero, porque no muero. que muero porque no muero.

Lloraré mi muerte ya, Vida, ¿qué puedo yo darle y lamentaré mi vida, a mi Dios, que vive en mí, en tanto, que detenida si no es el perderte a ti por mis pecados está: para mejor a Él gozarle? ¡oh mi Dios, cuándo será, Quiero muriendo alcanzarle, cuando yo diga de vero pues tanto a mi Amado quiero, vivo ya, porque no muero! que muero porque no muero.

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