Según algunos historiadores, un fenómeno de orden psicológico fue el factor que alimentó los conflictos que se manifestaron en Europa desde el siglo xtv al xv, el sentimiento nacional. Otros historiadores han discutido que en esta época ya existiera tal sentimiento. Bernard Guenée considera la cuestión mal planteada y propone: «¿Qué entendía por “nación” un europeo a finales de la Edad Media en
¿O toño de la Edad M edia o prim avera de los nuevos tiempos? 153
un Estado determinado? ¿Sus habitantes se concebían a sí mismos como una na ción? ¿Cuál era la com posición e intensidad del “sentim iento nacional” que les animaba? ¿Qué fuerza y qué cohesión conseguía dicho Estado de este sentimien to nacional?». Guenée responde que la palabra «nación» no adquiere su sentido moderno hasta el siglo xvni. A finales de la Edad Media, raza, país y reino son sinónimos de nación. La conciencia nacional moderna adhirió el concepto de na ción, a finales de la Edad Media, a realidades con las que no tenía relaciones pro fundas. Así en Alemania, la idea de imperio no se confundía con la idea de Alema nia, como tampoco de germánico. En Francia se ligó estrechamente el nacimiento del sentimiento nacional a la guerra de los Cien Años. Pero Bemard Guenée afir ma que el lejano origen de este sentimiento se remonta al siglo xin. Tal vez haya sido en Inglaterra donde se afirmó antes, y en concreto en la historiografía, un fe nómeno que se parece más a lo que nosotros llamamos «sentimiento nacional». En un hermoso estudio reciente, Olivier de Laborderie ha mostrado que genealogías reales ilustradas a finales del siglo xm y a principios del xiv sólo se entendían dentro de la perspectiva de un sentimiento nacional inglés que se remontaba al siglo XII. Pudo ser decisivo el éxito de la Historia regum Britanniae (c. 1 1 3 6 ) de Godofredo de Montmouth, que popularizó a Brut (el rey Brutus, antepasado le gendario de los reyes bretones) y al semihistórico Arturo. La guerra de los Cien Años, si no fue el punto de arranque de un verdadero sentim iento nacional, sí aportó a los ingleses un cambio capital que iba a alimentar el desarrollo del sen timiento nacionalista. Fue el abandono del francés como lengua oficial, conver tido ahora en lengua del enemigo y sustituido por la lengua del pueblo, el inglés. Así, la coherencia lingüística aunque no siempre estuvo ligada al sentimiento
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nacional, en Inglaterra coh'Oibuyó a fortalecer su desarrollo. Shakespeare, a quien a principios del siglo xvn es frecuente encontrarlo como punto de llegada de la formación de este sentimiento nacional, dio en el famoso monólogo de Ricardo II una magnífica expresión precoz de nacionalismo inglés. Desde esta perspectiva, conviene subrayar asimismo la referencia a Francia en las obras compuestas en la abadía de Saint-Denis, y tituladas a partir de 1274 como Las grandes crónicas
de Francia. En todos los casos se ven los vínculos entre «sentimiento nacional»
y monarquía; encontramos de nuevo este vínculo entre país y monarquía en el caso de Juana de Arco. Si se trata, en este caso, de una actitud «popular», parece claro que la evolución hacia un sentimiento nacional era constitutivo de una élite minoritaria y estaba lejos de poseer un contenido tan rico como lo tendría más tarde. Posiblemente sea preferible hablar de espíritu «patriótico». Ernst Kanto- rowicz ha explicado la difusión que a finales de la Edad Media tuvo el adagio
Pro patria morí [Morir por la patria]. En todo caso, conviene que nos m ostre
mos prudentes en la concepción de los sentimientos nacionalistas en la Europa de los siglos xiv y X V , y las primeras fases de formación de una nación deben • ubicarse dentro de un contexto más amplio que el relativo al sentimiento y a la
psicología.
En cambio, y se trata de usos que han desempeñado cierto papel en la ela boración del sentido moderno de nación, en el siglo xv se hablaba de nación en algunas asambleas específicas: las universidades y los concilios. Para obtener un
buen funcionamiento de la institución, las naciones sirvieron [Mí a agrupar a los nu merosos estudiantes de orígenes diversos que poblaban las universidades. Las na ciones aparecieron hacia 1180 en Bolonia y organizaron la um \ . rsidad en dos con juntos. Según el origen geográfico de los estudiantes en relación a los Alpes, de un lado, los cismontanos estaban divididos en tres subnaciones (lombardos, toscanos, sicilianos); y los ultramontanos en trece, que correspondían mas o menos a los di versos reinos y conjuntos políticos de la cristiandad. En París, d sistema de las na ciones apareció en 1222 y se lim itó a la Facultad de Artes, dividida en cuatro naciones, Normandía, Picardía, Francia y Anglo-Alemania. Ya ad\ ertimos con este ejemplo que no se puede identificar absolutamente una nación universitaria me dieval según el origen nacional común de sus miembros. En París, la nación fran cesa englobaba a los maestros y estudiantes de los países mediten ancos. Y la nación anglo-alemana, muy importante en el siglo xv, nos aparece .con,o un verdadero híbrido, mientras que según las normas medievales funcionaba muy bien. Hemos visto, en cambio, que en Praga las naciones checa y alemana t > ieron una com posición étnica muy neta, hecho que engendró un violento co¡<: 11,d o que terminó con la eliminación de la nación alemana.
Los grandes concilios de principios del siglo xv, en panicular el de Cons tanza, utilizaron y difundieron la división en naciones; cada naca>¡i conciliar agru pó a varios países, más o menos emparentados por la geografía la historia o la lengua. La nación, según su acepción antigua, fue por lo tanto ¡nía forma de or ganización del espacio y de la sociedad europeas. Del mismo modo, en el marco de la expansión europea fuera de Europa, los comerciantes europeos en el ex tranjero, en las factorías o incluso en las ferias, agruparon en m, iones a los co merciantes de una misma ciudad o de una misma región y desempeñaron en ellos un papel de representación y de asistencia.