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Navidad con David

Una familia de Colorado, que realmente compartía su tiempo y se comunicaba con su joven hijo moribundo, también tuvo la suerte de contar con una generosa amiga terapeuta, que describió lo que fue

pasar las últimas Navidades y el último día de la vida de David con esa familia. Si lo comparamos con lo que compramos en cualquier tienda, eso son regalos navideños con verdadero significado. En su carta, comparte conmigo algunos de los especiales momentos que vivió, el intercambio de regalos y el buen humor del paciente.

«Creo haberte comentado que los últimos tres días de David estuve casi todo el tiempo con él, Jane y Norman. Alguien dijo que David murió "con elegancia", y no se me ocurre una forma mejor de describirlo.

»En la habitación de David coincidieron personas con una gran capacidad para cuidar y compartir, y se formó un grupo selecto, en el que cada uno hacía "lo suyo", con un profundo respeto hacia los demás. Era un considerable grupo formado por familia, amigos y profesionales, unidos por un objetivo común. La mañana del día de Nochebuena, Norman lloraba y decía que le gustaría que me quedase, pero que no me quería "estropear las Navidades". Le respondí que para mí la Navidad significaba dar, y creo que en eso estaban de acuerdo todos los que estuvieron esos tres días. Incluso a David le gustaba dar, no sólo cuando regalaba algo a sus padres, sino también cuando hacía bromas y jugaba con nosotros. Una vez me comentó alegremente lo bien que lo pasaba cuando "alguien te regala algo bonito y tú haces la broma de devolverle algo horrible".

»Incluso el día de Navidad hizo eso que tanto le gustaba cuando le di una gasa limpia para que se limpiase la boca porque había vomitado sangre. Así lo hizo y luego se rió picaramente cuando me devolvió la gasa ensangrentada.

»Cuando hablé con Jane el martes por la noche, me pidió que te mandara copias de algunas notas y cartas que me había escrito. Supongo que te comentó que me daría el león de felpa de David; está en mi estantería y a veces me sirve para asesorar a los niños que se enfrentan con la muerte. Más de un niño ha visto el muñeco, y su historia le ha servido de ayuda para vencer sus propios problemas.

»Jane se emocionó al escuchar tu charla, el lunes por la tarde, y al tener la oportunidad de hablar contigo el martes. Tus palabras le despertaron muchos recuerdos de David, cosa que ella aprecia especialmente. Me ha dicho más de una vez que nunca le han dado miedo los recuerdos, por punzantes y dolorosos que sean, sino que al contrario, teme olvidar. Por eso aprecia todo lo que le evoque a David. Esa noche hablé con ella un par de veces para ayudarla a ordenar materiales para ti, y estuvo llorando casi todo el tiempo. Pero creo que eso le hace bien. Se sentía muy bien después de hablar contigo y le gustaría volver a verte algún día.

»A instancias de Jane he hecho una copia de la cinta en la que David intercambia regalos con sus padres el día de Navidad. Al final de la cinta Jane dice: "Está bien". Luego siguió hablándole a David durante dos o tres horas, y, al ver que estaba a punto de morir, le repitió "Paz, David", una y otra vez, hasta que él dejó de respirar. Es uno de los momentos más hermosos que he vivido. Me parece curioso que muchos sientan pena por mí o me critiquen por "haber renunciado a mis Navidades" el año pasado. Yo, por el contrario, pienso que no renuncié a nada y que fue sin duda la Navidad que he vivido con más plenitud en mi vida.

»David está tan presente en mi mente que tengo que escribirte. Me desperté con ganas de llorar por él, pero generalmente pienso que no sirve de nada quedarme en la cama en ese estado mental, pues termino por perder la esencia de David y de la experiencia en sí. Así que me levanté y cogí un libro. A ratos leía y a ratos miraba la nieve que empezaba a caer, sabiendo perfectamente que en el fondo tenía el pensamiento centrado en David.

»Este libro es sobre Charles Williams, quien está tan entremezclado con mis sentimientos por David, que me permite llorar, recordar o sentir a David, sentir la vida, la muerte, la emoción, el amor, todo junto, como en una bolita de nieve, por decirlo así.

»Me preguntas qué siento cuando veo a otros seres que siguen llorando por David. Ni que decir tiene que me alegro de que la gente lo siga queriendo y sintiendo. Supongo que tendría que preguntarme por qué no lloro más, si otros lloran. Sólo se me ocurre responder con otra pregunta: ¿por qué se llora por la muerte?

»La respuesta depende de quién muere, cómo y cuándo; si uno se siente negligente o responsable ante su muerte, o si tiene la impresión de que quedaron cosas pendientes en la relación, como "hay cosas que podría haber hecho mejor", etcétera.

»En el caso de David —una persona joven que muere—, se llora ante lo que parece innecesario. Ahora ya ha pasado, ha ocurrido aquello contra lo que se luchó con todos los medios humanos. ¿Qué significado se le puede dar? Asimismo me asombra ver el modo en que algunos se enfrentan a muertes accidentales o violentas, pero éste no es el caso, gracias a Dios. Sólo tenemos el vivido recuerdo de que David murió tranquilo, rodeado del cuidado y amor de todos. Por eso no hay que reprocharse ningún sentimiento de negligencia ni de relación interrumpida. Podría llorar por su vida inacabada, si es esencial llegar a los setenta años, pero, si creo que Dios es personal y se preocupa por mí y por las personas a las que quiero más de lo que pueda imaginarme, no puedo entristecerme de que esté con Dios. Y, después de lo que he vivido en los últimos meses, no puedo dudar de ese Dios personal. ¿Lloro la pérdida de un hijo? Sería así si estuviese lejos de mí. Pero David está presente de un modo tan real para mí —no en sentido externo, sino internamente—, rodeado por todo lo que quiero y admiro, que vivo su realidad como algo presente, verdadero, lleno de sentido.

»Doy gracias a Dios por haberme concedido el privilegio de encontrar un significado en medio del caos.»

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