1 CONOCIMIENTO, INNOVACIÓN Y CREATIVIDAD
8 Es necesario remarcar que, entre las diversas cumbres llevadas a cabo por la ONU, realizadas desde inicios de
los años 90, fue esta la primera que llevó en su título el tér- mino sociedad. Las cumbres anteriores se refirieron a uno u otro de los grandes temas planetarios a tratar como el medio ambiente (Cumbre de la Tierra en Río), Las Mujeres (Beijing), La Demografía (El Cairo), Lo Social (Copenha- gue), etc. Que la CMSI no se haya llamado simplemente Cumbre Mundial de la Información no fue menor, consi- derando que se intentaba, a partir de la incorporación del término sociedad, mostrar que la cuestión de la informa- ción no era solamente un asunto de infraestructuras y de técnicas, sino que planteaba interrogantes a la sociedad.
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industria de la comunicación. A partir de ello, los mercados del norte comienzan a saturar- se por lo que se intensifican las presiones ha- cia los países en desarrollo para que dejen la vía libre a la inversión de las empresas de telecomunicaciones e informática, en busca de nuevos mercados para absorber sus ex- cedentes de ganancias. Es en este contexto que en 1998 se convoca la CMSI. No obs- tante, a partir de la realidad aludida y del rol clave que las tecnologías de la comunicación han desempeñado en la aceleración de la globalización económica, la imagen pública de las TIC está asociada a los aspectos más amigables de la globalización, como Internet, telefonía celular, TV por satélite, etc. Así, la sociedad de la información ha asumido la fun- ción de embajadora de buena voluntad de la globalización (Burch, 2005), cuyos beneficios podrían estar al alcance de todos.
Citado y reconocido en numerosos tra- bajos, Castells es uno de los investigadores referentes en cuestión, quien ha desarrollado en profundidad el tema. No obstante, frente a la definición de términos, Castells (1999) prefiere el de sociedad informacional antes que sociedad de la información y para ello remite a la comparación y diferenciación en- tre industria e industrial. Señala que si bien el conocimiento y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, el término informacional “(…)indica el atributo de una forma específica de organización so- cial en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la produc- tividad y el poder, debido a las nuevas con- diciones tecnológicas que surgen en este período histórico” (Castells, 1999:47). Sobre ello, luego jerarquiza que:
Lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesa- miento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos (…) La difusión de la tecnología amplifica infi- nitamente su poder cuando sus usuarios se la apropian y la redefinen. Las nuevas tecnologías de la informa- ción no son solo herramientas que aplicar, sino proce- sos que desarrollar. (...) Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no solo un elemento decisivo del sistema de producción.
Castells, 1999:58 Actualmente, el autor se refiere principal- mente a una sociedad de redes y de movi- mientos sociales en redes que se encuentra en la era de la información. Castells (2013) señala que, en esta era, la sociedad de re- des es una estructura social global que se manifiesta en diferentes contextos culturales e institucionales, al igual que la sociedad in- dustrial fue la estructura social de la era in- dustrial. Sostiene, además, que la transfor- mación espacial es una dimensión decisiva de esta nueva estructura social, en donde el proceso global de urbanización en los inicios del corriente siglo se caracteriza por la forma- ción de una nueva arquitectura espacial en nuestro planeta, constituida por redes globa- les que conectan tanto a las regiones metro- politanas más importantes como a sus zonas de influencia.
Con respecto a los documentos productos de la CMSI, Burch (2005) señala que se de- ben destacar debido a que surgieron de un proceso mundial con diversidad y pluralidad de voces y opiniones. La Declaración de Prin- cipios de Ginebra (CMSI, 2003), adoptada por los gobiernos, con significativos aportes de la sociedad civil, expresa en su primer artículo:
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Nosotros (...) declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al de- sarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan em- plear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando plenamen- te y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos.
A su vez, la Declaración de la Sociedad Ci- vil (CMSI, 2003) aporta:
Nos comprometemos a constituir sociedades de la in- formación y la comunicación centradas en la gente, in- cluyentes y equitativas. Sociedades en las que todas y todos puedan crear, utilizar, compartir y diseminar libre- mente la información y el conocimiento, así como acce- der a éstos, con el fin de que particulares, comunidades y pueblos sean habilitados y habilitadas para mejorar su calidad de vida y llevar a la práctica su pleno potencial. Esta declaración, además, añade los principios de justicia social, política y económica, y de la plena participación y habilitación de los pueblos; destaca los objetivos de desarrollo sostenible, democracia e igualdad de género; y evoca sociedades en donde el desarrollo se enmarque en los derechos humanos fundamentales y esté orientado a lograr una distribución más equitativa de los recursos.
Una de las metas de la convocatoria de la primera fase de la CMSI era justamente la de desarrollar una visión común respecto de la sociedad de la información. Aunque buena parte de las delegaciones gubernamentales y del sector privado le dieron poca importan- cia a este aspecto, para muchas organiza- ciones de la sociedad civil se trataba de un aspecto clave, debido a que en él tenía lugar
la disputa de sentidos y, por lo tanto, ponía en evidencia la confrontación de proyectos de sociedad. Burch (2005) señala desde esta mirada que todo el proceso estuvo cruzado por dos enfoques distintos.
Para el primer enfoque, la autora señala que hablar de sociedad de la información se refiere a un nuevo paradigma de desarrollo que asigna a la tecnología un rol causal en el ordenamiento social, ubicándola como motor del desarrollo económico. Para los países en desarrollo, este discurso implica que la tran- sición hacia la sociedad de la información es esencialmente una cuestión de tiempo y de decisión política para crear las condiciones habilitadoras adecuadas. Algo parecido su- cedería con relación a los sectores sociales afectados por la brecha digital, a los cuales indica que habría que incluir mediante progra- mas de acceso universal. Al colocar a la tec- nología en el centro de este modelo, la indus- tria de telecomunicaciones aparece como la llamada a liderar su desarrollo, mientras que la industria productora de servicios y conte- nidos digitales asume una influencia inédita.
El segundo enfoque, que impugnó a este primero en el proceso de la Cumbre, sostie- ne que la nueva etapa del desarrollo humano en la cual estamos entrando se caracteriza por el predominio que han alcanzado la in- formación, la comunicación y el conocimiento en la economía y en el conjunto de las ac- tividades humanas. Según este enfoque, la tecnología es el soporte que ha desencade- nado una aceleración de este proceso, pero no es un factor neutro, ni su rumbo es inexo- rable, puesto que el propio desarrollo tecno- lógico es orientado por juegos de intereses. Siguiendo esta perspectiva, las políticas para el desarrollo de la sociedad de la información
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debieran centrarse en los seres humanos, debieran concebirse en función de sus nece- sidades y dentro de un marco de derechos humanos y justicia social. Los países en de- sarrollo y los actores sociales deberían tener un rol clave en la orientación de dicho pro- ceso y de las decisiones. En otras palabras, para este segundo enfoque, lo fundamental en el concepto no es el vocablo información sino sociedad. Mientras el primero hace refe- rencia a datos, canales de transmisión y es- pacios de almacenamiento, el segundo habla de seres humanos, de culturas, de formas de organización y comunicación. La información se determina en función de la sociedad y no a la inversa.
En cuanto al desglosamiento del término, dado el predominio adquirido por la sociedad de la información, las formulaciones alterna- tivas tienden a tomarla como referente para demarcarse. Una primera objeción tiene que ver con la palabra sociedad en singular, como si se tratara de una sociedad mundial unifor- me y universal. Se propone como alternati- va hablar de sociedades de la información o del conocimiento. Varios son los documentos publicados por Unesco donde se refiere a sociedades del conocimiento9. Esta idea fue
recogida por actores de la sociedad civil que participaron en la Cumbre y que adoptaron el término sociedades en sus documentos de consenso.
En cuanto a información, el argumento que aportó Antonio Pasquali (2002) tuvo bas- tante eco en la sociedad civil en la Cumbre: “Informar connota por lo esencial mensajes unidireccionales causativos y ordenadores
9 Hacia las Sociedades del Conocimiento (2005), por ejem-