1 CONOCIMIENTO, INNOVACIÓN Y CREATIVIDAD
16 Traducción de Tuomi (2002) realizada por Finquelievich (2007)
lescencia programada-planificada.
En este paradigma, volviendo a Tuomi (2002), se asume entonces que el gen de la innovación es un grupo de personas que reproducen una práctica social específica. A su vez, la práctica social consiste en for- mas reproducidas de acción. Los artefactos tecnológicos cumplen una función importan- te en la formación de prácticas sociales en tanto que externalizan aspectos de la práctica y transforman partes de ellas trasladándolas desde la esfera mental al mundo material y concreto (Finquelievich, 2007). Las prácticas existen como redes complejas de herramien- tas, conceptos y expectativas (Tuomi, 2002). Las prácticas sociales estructuran y organi- zan la vida social, y proveen los cimientos para el procesamiento del sentido colectivo. El sentido, que se produce-reproduce en las comunidades específicas, determina el uso de las innovaciones y se origina en las activi- dades prácticas de carácter colaborativo. La comunidad es la que reproduce las prácticas relativas a ellos y, en consecuencia, los in- dividuos (quienes conjuntamente constituyen la base y los agentes portantes del sentido social) pueden ser llamados comunidades de práctica (Finquelievich, 2007). Dichas comu- nidades son definidas por algunos autores como grupos sociales constituidos con el fin de desarrollar un conocimiento especializa- do, compartiendo aprendizajes basados en la reflexión compartida sobre experiencias prácticas.
Ya en este punto, es necesario comenzar a cuestionar si es posible establecer quiénes producen la innovación, y principalmente, cómo se relacionan las áreas urbanas con los procesos de innovación y de gestión del conocimiento. En esta perspectiva, interesa
PRIMERA PARTE [ 1 ] Conocimiento, innovación y creatividad
también indagar sobre qué lugar tiene la in- novación en el campo urbano, en el contexto actual de las sociedades del conocimiento.
En esta trama se pueden clasificar las ciu- dades en el sistema urbano como centrales y periféricas, de acuerdo con su capacidad para convertirse en medios de innovación (Finque- lievich, 2007). El desarrollo de estos tipos de medios no es solo un factor decisivo para el desarrollo económico local, sino también una cuestión de prestigio social y político. Estas ciudades concentran interacciones de capita- les de riesgo, acciones estatales tendientes a convertirse en ciudades claves de la nueva economía, y la creación de conocimiento de alta calidad en establecimientos universita- rios y centros de excelencia de investigación y educación, además de nuevas formaciones sociales que emplean TIC como soporte y espacio de organización de una ciudadanía innovadora. Finquelievich (2007) afirma que el papel de las ciudades en estas sociedades es ser medios productores de innovación y de riqueza, capaces de integrar la tecnología, la sociedad y la calidad de vida en un sistema interactivo, que produzca un círculo virtuoso de mejora, no solo de la economía y de la tecnología, sino de la sociedad y de la cultu- ra. Las ciudades que lo logren ocuparían un lugar central en la nueva sociedad. Las que no puedan desarrollar medios sociales, eco- nómicos y tecnológicos innovadores, perma- necerían en los márgenes; centro y periferia.
Queda a la luz que hay evidencia en gran extensión respecto del concepto de innova- ción, en donde ya no se puede hacer refe- rencia exclusivamente solo a procesos que generan valor económico a partir de la crea- tividad. Al ampliar el foco hacia la generación de otro tipo de valores (social, estético, cog-
nitivo, político, etc.), la innovación puede ser apropiada no solo por unidades económicas, sino también por comunidades sociales. Es preciso, por lo tanto, en estas sociedades promover un tratamiento de la creatividad, no solo como motor económico sino también como motor de innovación social. Sin embar- go, hay que tener en cuenta que, como seña- la la Declaración de viena sobre innovación social (2011), la innovación social ganará en importancia no solo en lo que respecta a la integración social y a la igualdad de opor- tunidades sino también en lo que tiene que ver con la conservación y el aumento de la capacidad de innovación de las empresas y de la sociedad en su conjunto. Potts y Mo- rrison (2009) proponen que, si la innovación y la postura respecto de ella están cambian- do, el sector creativo reúne las capacidades para facilitar la adaptación de las empresas cambiando, también junto a ello, fallas de comportamiento económico como la aversión al riesgo y la resistencia al cambio. Los ser- vicios de las industrias creativas pueden, en este sentido, ayudar a las pymes a acoplarse a los procesos complejos y cada vez más rá- pidos que caracterizan a la innovación. Esta aproximación crea conexiones cercanas con los consumidores a través de comunidades e identidades mediatizadas, establece un uso de las dinámicas en las redes sociales y, en general, guía la falta o ausencia de imagina- ción (Potts, J. & Morrison, K. 2009).
La gran novedad del mundo contemporá- neo es la valorización sin precedentes con relación a todo lo que cambia y es novedoso. La transformación prevalece simbólicamente sobre la permanencia y la ruptura, sobre la continuidad, aunque esto a veces cree ines- tabilidad y una impresión de inseguridad. Hoy
PRIMERA PARTE [ 1 ] Conocimiento, innovación y creatividad
en día, el predominio de lo efímero va de la mano con la valorización de lo estético, afir- mando la noción de un nuevo capitalismo, un capitalismo transestético (Lipovetsky y Se- rroy, 2015). Cada vez hay más actividades humanas que no se conciben con una ópti- ca de reproducción y continuación, sino más bien desde un punto de vista estético y crea- tivo. Así como en el siglo xix se pasó de una
economía de la demanda basada en la ne- cesidad a una economía de la oferta basada en la ley de los mercados, hoy en día todo lo que es novedoso y sorprendente se ha con- vertido en una mercancía real que produce valor añadido (Unesco, 2005). “Con el triunfo del régimen artístico o creativo el capitalismo no deja de ser capitalista: por el contrario, lo es cada vez más y a una escala mucho ma- yor, y lo demuestran la creciente elevación de las inversiones financieras, la globalización de los mercados del consumo, la moda y el lujo, el ascenso de las multinacionales de la cultura, los grandes beneficios que se gene- ran” (Lipovetsky y Serroy, 2015:34). Tal como se manifiesta actualmente, esta valorización social de la innovación en sí misma suele pro- vocar inestabilidad, y una frivolidad un tanto vana atraviesa nuestras sociedades alimen- tadas por lo espectacular y la espectaculari- zación de casi todos los ámbitos.
La mirada hasta aquí expuesta deja cla- ro que la innovación, en cierto punto, está sobrevalorada. La adjetivación del término distrae los recursos y la atención sobre lo que necesitaría ser el foco: producir bienes y servicios de calidad y no precisamente nuevos, manteniendo además en buen es- tado la infraestructura. El exceso en el uso de la terminología puede llegar a producir un desencanto en cuanto no lleguen a materiali-
zarse o tarden demasiado en hacerlo en una economía glocal de bajo crecimiento. Innovar hoy es más que una tendencia, siendo ese su principal problema (Lezama17). La inno-
vación se asume como lo espectacular y la espectacularización, como una forma de salir en los medios, de ser famosos y no bajo la idea genuina de resolver problemas a través del conocimiento. Esto se traduce en que la intención pasa por convertirse en el trendy del marketing. Innovar es una actitud que no debería espectacularizarse o farandulizarse, entendiendo que (en palabras de Oscar Wil- de) la moda es lo único que pasa de moda; sería una lástima que pase de moda la idea de resolver problemas humanos con inteli- gencia, ingenio y tecnología.
Es real que el papel de las ciudades en la era de la información y el conocimiento es ser medios productores de innovación y de riqueza, pero debieran ser, además, medios capaces de integrar la tecnología, la sociedad y la calidad de vida en un sistema interactivo, en un sistema que debiera producir un círculo virtuoso de mejora, no solo de la economía y de la tecnología, sino de la sociedad y la cultura toda.
1.5 CREATIVIDAD
La creatividad es un rasgo pertinente del comportamiento humano, pero esto no im- plica que los otros niveles de los seres vivos no muten e innoven con el tiempo (Sarquis, 2007). Lo que ocurre es que el hombre, afir- ma Garroni (2007), lo busca para resolver un problema o un pseudo-problema, lo que no