• No se han encontrado resultados

AGENTES SOCIALES URBANOS Pensar la ciudad desde la interrelación de los actores

30 Mumford, L (2014) La ciudad en la historia Logroño, Es paña: Pepitas de Calabaza pp

2.3 TÁCTICAS ASCENDENTES Y ECONO MÍAS CREATIVAS: HACIA ESPACIOS UR-

BANOS PÚBLICOS SENSIBLES

En la actualidad, el rol de la información, la comunicación y el conocimiento parece alcanzar todas las aristas de la vida social. El orden cotidiano de todas las personas es atravesado por estas nuevas dimensiones. Entre la diversidad y la virtualidad, adquiere relevancia la dimensión espacial. A su vez, se perfila también una búsqueda y aproxima- ción de entendimiento junto con la necesaria comprensión del vínculo entre espacio y mo- vimientos sociales, en el que la materialidad es componente imprescindible del espacio, que a su vez es condición para la acción, una estructura de control, un límite a la propia acción, una invitación a la acción (Castells, 2013).

En la actualidad no se hace nada que no sea a partir de los objetos que nos rodean (Santos, 2000). En el magma de objetos y es- pacios, el espacio urbano público es un espa- cio de flujos y de encuentros, como también de diálogos imprevistos. Algunos autores han insistido que cuando es sometido a ritmos indiferenciados sobre lo social colectivo o estructurado exclusivamente por los intere- ses del consumo, expone fragilidad y no duc- tilidad (De las Rivas, 2012; Koolhas, 1995). Mucho se abordó también en referirlo como espacio teatral en tanto escenario y actores. La analogía con el teatro y la propuesta de una reapropiación de los espacios urbanos establecen un marco diferente y alternativo

para la reflexión. El individuo, el grupo y lo público tejen una compleja y conflictiva trama de intereses. Aunque no quepan perfiles ab- solutamente abiertos, “(…) cuando el espacio público deja de ser un ‘teatro’ solvente para la vida cotidiana, cuando lo urbano se aleja de lo ‘humano’ y de sus dimensiones, solo cabe el refugio en lo privado” (De las Rivas, 2012:144). El individuo se presenta a sí mis- mo y presenta su actividad desarrollada ante otros, actúa su rol, en un contexto social con- creto, un escenario. En este, procura guiar y controlar la impresión que los otros forman de él y decidir lo que puede o no puede hacer ante ellos (Joseph, 2002). Se somete, así, a una interferencia entre lo individual y lo colec- tivo (Delgado, 2007). Produce también, pro- ducto de ello, un aislamiento, “(…) aislamiento directamente producido por la visibilidad que los demás tienen de uno” (Sennett, 2011:29). A esa primera condición del comportamiento, del individuo que se encuentra con su grupo y representa un rol ante él, podemos añadir su tensión por buscar pertenecer a su entorno de manera significativa.

En la espacialidad pública frente a lo cotidiano, Lefebvre (1984) plantea una irrupción al preguntarse sobre cómo va a ser la vida urbana en la sociedad que sucede a la sociedad industrial. Su crítica de la vida cotidiana se encuentra entramada con temas urbanísticos como el transporte, la vivienda y el trabajo. Expone que es necesario fomentar una apropiación por el ser humano de su ser urbano natural y social. Así, para irrumpir y transformar lo cotidiano, se necesita un lenguaje nuevo, hacia una sociedad más humana, que permita liberar lo creativo de la perspectiva de lo excepcional, en donde el conjunto de los ciudadanos pueda tener mejor acceso al complejo de interacciones

PRIMERA PARTE [ 2 ] Las prácticas de los agentes sociales urbanos

propias del espacio urbano. En el espacio urbano público, concebido como un teatro abierto de interacciones, una cotidianeidad reapropiada podría facilitar la modificación en la actual rigidez de los usos y ritmos urbanos. La recomposición y resignificación del espacio urbano público, no exige solo un espacio de aparición o manifestación, sino un espacio para la práctica, la acción, plural y diversa, polémica y tensa. “Modos diferentes de colaboración han de convivir más allá de, o precisamente entre, las dificultades en el espacio público, superando su confusión/ disolución hoy existente” (De las Rivas, 2012). En la actual discusión respecto de los es- tudios urbanos, la idealización de los concep- tos clásicos civitas y urbs es atravesada por la posible recomposición del ideario complejo para entender a la ciudad como una de ciu- dadanos, como un espacio plural en la que sus habitantes sean los que reactiven su res- ponsabilidad con el futuro de su sociedad. Esto trae aparejado comenzar a preguntarse entonces, hacia qué modelo de ciudadanía nos podríamos encaminar hoy teniendo en cuenta el actual modelo social masificado, fragmentado y a la vez indiferenciado, donde “(…) el pasado y el futuro hoy están activados por la hegemonía del urbanismo operacional, dirigido a acciones concretas y dirigido des- de arriba” (De las Rivas, 2012:00). Esto deja lugar para la exposición de un contraste me- diante una participación ciudadana capaz de interferir y de colaborar con el poder estable- cido, asignando a las ciudades y sus ciudada- nos el papel que les corresponde. Se dispara, entonces, una nueva indagación que deberá profundizar sobre cómo hacerlo posible y via- ble en ciudades como las actuales y además por parte de quién. Cuando se expone esto, la respuesta suele ser que claramente han de

participar todos aquellos que se manifiesten interesados. No obstante, esto se vuelve frá- gil a la hora de legitimar las decisiones (Borja 2003).

El espacio urbano público es un espacio de representación (Soja, 1996). Se puede leer en él la representación del poder, de sus instituciones y símbolos, la representa- ción social de los ciudadanos, de su historia común y de sus intereses ordinarios y, final- mente, la representación de la vida urbana, escenario de las actividades cotidianas y de sus interferencias e interacciones. La ciudad es un espacio de símbolos reconocidos y/o reconocibles día a día. Habitar la ciudad exi- ge leer estos símbolos, lo que conduce a su apropiación como espacio de vida, espacio doméstico y espacio de aprovisionamien- to, pero no solo de bienes, sino también de ideas (De Certeau, 2010). Comienza así a desentramarse el camino hacia una perspec- tiva de abordaje del espacio urbano público más adecuada para una sociedad compleja, cambiante y heterogénea como la actual. Un espacio urbano público más dinámico, fuera de control, casi líquido. Referirse a espacio simbólico es enfocar lo intensamente arraiga- do en lo cotidiano, pero sometido al azar, al juego de los que participan en la vida urbana (Lefebvre, 2013).

Una perspectiva útil para aproximarse al abordaje de estudio del espacio urbano públi- co, es la noción de tercer espacio (Lefebvre, 1984; Soja, 1996), no como espacio material que experimentamos con nuestros sentidos, ni como representación, proyección o gobier- no sobre él, sino como espacio relacional, donde se conjugan los anteriores y se mez- clan el imaginario personal y el colectivo. Es un espacio abierto a significados diversos, activado por la acción y la imaginación social,

PRIMERA PARTE [ 2 ] Las prácticas de los agentes sociales urbanos

variada y atractiva, que interactúa con el es- pacio de la vida cotidiana y con sus expec- tativas. Solo en el tercer espacio, profunda- mente social y antropológico, espacio de las mentalidades y de las motivaciones, encon- tramos una oportunidad de explicación de la forma urbana (De las Rivas, 2012), abierta a la vez al individuo y a los grupos sociales, ob- jeto de estudio de otras disciplinas diversas que reivindican la posibilidad de esclarecer sus lógicas configuradoras.

El espacio urbano organiza cotidianamen- te un orden social que es conformado por con- ductas cuasi-predecibles (Gonzalez, 2013). Son los sujetos los que hacen de la ciudad un lugar practicado y habitado de constan- te fluctuación y movimiento y donde el puro acontecimiento los conecta con la arquitec- tura circundante que transitan a diario como escenario espacial (Di Siena, 2009). El con- cepto de espacio liga por lo tanto lo mental y lo cultural, lo social y lo histórico. Si el espacio interviene en el modo de producción (efecto, causa y razón), cambia con dicho modo de producción y con las sociedades (Lefebvre, 2013). Las coaliciones peatonales (Delga- do, 2007) como fiestas, kermeses, proce- siones, manifestaciones, piquetes, reclamos sociales, o diversas intervenciones efímeras y transitorias, tienen lugar en el espacio ur- bano público utilizándolo como su escenario de acción y reacción. Estos acontecimientos no esperables, descolocados y dislocados, desacomodados, anacrónicos y hasta inade- cuados, una especie de arritmia en lo cotidia- no, alteran el anonimato de los sujetos y el sentido asumido y naturalizado que se tiene incorporado acerca de ese lugar intervenido (Gonzalez, 2013). Sobre estas acciones im- previstas para el ciudadano en su cotidianei- dad (particularmente aquellas promovidas

por agentes sociales urbanos pertenecien- tes al ámbito de las emergentes economías creativas) es sobre las que interesa investigar desde la posición asumida. Es decir, interesa indagar en torno de aquella actividad efíme- ra que aparece donde no se esperaba que apareciera, lo que permite focalizar y recortar la visión sobre un detalle especifico del espa- cio urbano público. Se despiertan a partir de ello algunos primeros y ligeros interrogantes: ¿De qué se valen estas tácticas-intervencio- nes-acciones? ¿Qué proponen? ¿Qué bus- can? ¿Qué producen, generan y qué queda? ¿Qué impacto ocasionan? ¿Qué desafíos y retos enfrentan?

Esta primera mirada plantea, en una pri- mera hipótesis inicial para esta investigación, que a partir de la irrupción de ciertas tácticas en el escenario del espacio urbano público, la teatralidad en tanto escenario y actores se hace presente de manera visible. Deja au- sente las reglas básicas de ese andar para, desde la excepcionalidad, instalar una dua- lidad espacio-temporal entre lo real y lo fic- cional momentáneo, en acción de reclamar la ciudad para redefinir los límites del espacio común habitado y promocionar la producción de un tipo de espacio diferente.

Las intervenciones, desde esta perspecti- va, varían según las ciudades, protagonistas y contextos socio-políticos atravesados. De- sarrollar esta modalidad responde a un orden hegemónico con el que se dialoga, se contra- pone, rechaza o bien, aplica sus resistencias. La acción de tomar la calle desde la táctica, con carácter ascendente desde una práctica creativa y artística, se vuelve eminentemen- te política, puesto además que nunca es in- voluntaria. Evidentemente, la coyuntura so- cio-política incide posibilitando o prohibiendo. Accionar en un gobierno dictatorial no es igual

PRIMERA PARTE [ 2 ] Las prácticas de los agentes sociales urbanos

que hacerlo dentro de circunstancias demo- cráticas, como así tampoco hacerlo en una ciudad cosmopolita o en una localidad interi- na, tendiente a lo rural o más conservadora, etc. A su vez, al interior de la misma ciudad, tampoco es lo mismo actuar en el centro que en la periferia, como así tampoco en la cen- tralidad histórica que en las nuevas centra- lidades. Esto significa que el contexto espa- cio-socio-cultural resulta determinante para la ideación, desarrollo, realización y recepción o rechazo de la táctica en el espacio urbano público. La intervención se inserta dentro de un ámbito regido por conductas y hábitos pre- determinados, como así también por agentes sociales predispuestos o no, por lo que su re- cepción variará según ese marco contextual y los modos de percepción puestos en relación. Es la ciudad la que permite la determina- ción de aquellas acciones esperables, pero, también, la que admite la posibilidad de lo accidental, aún cuando esto se intente sal- vaguardar (desde la apariencia) para con- servar la estructura social cotidiana (Joseph, 2002). La intención de la táctica es incidir di- rectamente sobre esa estructura social, para mostrar sus pliegues y para despertar la mi- rada acostumbrada o cotidiana. Lo relacional, entonces, es parte de lo estético-artístico y creativo de cada intervención, y además “(…) estamos en medio de un giro transdisciplina- rio, intermedial y globalizado que contribuye tanto a redefinir lo que entendíamos por arte en el Occidente moderno como en el Oriente preglobal. Al mismo tiempo, las artes partici- pan en la redefinición de las ciencias sociales que también dudan de su identidad y hallan en el arte no la solución, la salida, sino (…) un lugar donde uno va para aprender a pensar” (García Canclini, 2010:41). Por otra parte, lo relacional busca posibilitar un diálogo con su

ciudad. Lo público, por su parte, corresponde al espacio relacional (Santos, 1996). Allí con- vergen posiciones diferentes de proximidad o lejanía y donde la realidad social es un con- junto de relaciones invisibles que producen espacio social.

No obstante, en esta producción espacial también hay que ser atentos y saber detec- tar, encontrar y establecer las diferencias en la heterogeneidad, variedad y diversidad de prácticas desarrolladas. En el ámbito de las economías creativas, la práctica asumida en- gañosamente como táctica es la publicidad. Conlleva un marcado carácter de estrategia con relación a un claro rol económico: “(…) acciones simbólicamente eficaces y política- mente complejas, rigurosas, sin concesiones” (Bourdieu y Haacke, 1994:111). Se la utiliza como si fuese una búsqueda espontánea y sorpresiva (por lo menos en apariencia, aun- que la mayoría de las veces intensa y cuida- dosamente estudiada estratégicamente) que apunta a captar y poseer la captación sensi- ble del consumidor en el espacio público. Su aparente y maquillada intencionalidad táctica es marcada por el mercado junto con la bús- queda de insertar productos en el consumo cotidiano:

Las imágenes de los carteles publicitarios que forman, junto a los edificios, la arquitectura y los paisajes de nuestras ciudades, son la expresión de una naturaleza híbrida que se desplaza más allá de los márgenes que separan el sujeto del objeto, lo humano de lo inorgáni- co, el cuerpo de la comunicación.

Di Siena, 2012:158 En contraposición, como práctica genuinamente táctica y desarrollada con

PRIMERA PARTE [ 2 ] Las prácticas de los agentes sociales urbanos

intensidad en este último tiempo31 por

diversos y variados agentes sociales urbanos pertenecientes al ámbito de las emergentes economías creativas, se presenta el despliegue de la acción performática (artística, creativa, escénica y visual). Una vez más, lo relacional vuelve a cobrar fuerza y protagonismo en la indagación de generación de nociones. En la búsqueda de una definición para este tipo de prácticas tan variadas que actúan en la trama urbana y en diversos medios bajo diversas formas de sociabilidad, Bourriaud (2006) propuso también la noción relacional como arte relacional: como modo de intervenir en las interacciones humanas y su contexto social más que la afirmación de un espacio simbólico autónomo y privado. Estas tácticas son realizadas por diversos agentes sociales pertenecientes a las artes visuales, plásticas, la arquitectura, el diseño, la comunicación social, la gestión cultural, entre otros y suelen recibir variedad de denominaciones: acciones, obras, intervenciones, instalaciones, performances, site specific, esculturas, happening, acciones urbanas, entre otros posibles. Todos ellos son términos que tienen ciertas diferencias entre unos y otros pero que, en definitiva, se unifican, ya que son asumidos como prácticas con un marcado carácter creativo y desplegadas sobre el espacio urbano público en una actitud de acción y reacción. Ponen en diálogo la situación política, social y económica y buscan convertir a la creatividad y el arte en lugar de choque

31 Rocca (2010) expresa que, en el contexto latinoamerica-

Outline

Documento similar