I. EL PATRIMONIO CULTURAL
2. La legislación del patrimonio cultural
2.1 Origen y evolución de la legislación hasta el siglo
La evolución de la historia y los nuevos movimientos intelectuales y culturales que van surgiendo con el pasar de los siglos son necesarios de conocer para hacernos una idea del momento en que se comienza a tener en cuenta las normas y leyes a favor de la conservación y tutela del patrimonio cultural. En apartados anteriores hemos visto surgir la idea de museo y como ha ido evolucionando hasta la actualidad. Con la legislación ocurre lo mismo, dependiendo del periodo determinado se suceden ampliaciones y mejoras con respecto a la protección del patrimonio cultural. La realización de las primeras normas de patrimonio cultural en Europa surgen en el siglo XV (Lourés, 2001), la llegada del humanismo y el renacimiento es el punto de inflexión que da paso al dictamen de normas que de modo comprensible se orientan a la protección de monumentos, hay que tener en cuenta que en estos momentos los valores clásicos son los que renacen con la intención de recuperar la importancia de la época Griega y Romana.
transformando hasta llegar a la actualidad, donde en muchos casos parte de estos elementos materiales, tradiciones o costumbres se realizan por practica de uso sin llegar a saber el por qué de la importancia de continuar con la protección de estos bienes. Desde época antigua la idea de salvaguardar elementos era considerada como un hecho de relevancia. La conservación de las obras de arte le ha correspondido a las clases predominantes de la sociedad de cada época como promotoras de las mismas, siendo la elección determinada por la moda y los gustos de cada periodo. En realidad el patrimonio cultural es solo una muestra del conjunto de bienes que cada sociedad seleccionaba como elementos importantes, llegando a perderse en muchos casos aquellos que no mantenían cierta importancia para las clases de poder.
2. La legislación del patrimonio cultural
La legislación es un aspecto necesario de conocer y valorar ya que marca parte de la historia y evolución de la conservación y difusión del patrimonio cultural. Gracias a estos avances en reglamentación se puede observar la importancia que va adquiriendo el patrimonio cultural en el seno de la sociedad occidental.
2.1 Origen y evolución de la legislación hasta el siglo XX
La evolución de la historia y los nuevos movimientos intelectuales y culturales que van surgiendo con el pasar de los siglos son necesarios de conocer para hacernos una idea del momento en que se comienza a tener en cuenta las normas y leyes a favor de la conservación y tutela del patrimonio cultural. En apartados anteriores hemos visto surgir la idea de museo y como ha ido evolucionando hasta la actualidad. Con la legislación ocurre lo mismo, dependiendo del periodo determinado se suceden ampliaciones y mejoras con respecto a la protección del patrimonio cultural. La realización de las primeras normas de patrimonio cultural en Europa surgen en el siglo XV (Lourés, 2001), la llegada del humanismo y el renacimiento es el punto de inflexión que da paso al dictamen de normas que de modo comprensible se orientan a la protección de monumentos, hay que tener en cuenta que en estos momentos los valores clásicos son los que renacen con la intención de recuperar la importancia de la época Griega y Romana.
Es ineludible concebir la idea de un distanciamiento para conseguir valorar un elemento como antiguo y conservarlo, así se toma como referente la llegada a Roma del Papa Martín V, en 1420. El Pontífice toma su cargo en un momento complicado, recordemos que el cisma de occidente había realizado una brecha en la iglesia católica, herida que Martín V tuvo que solventar (Choay, 2007). Como medidas de inicio para la finalización del cisma, entre otras, el pontífice confirmó la necesidad de realizar cada cinco años un concilio y en vistas de que Roma se encontraba muy castigada, se dedicó con el apoyo de su familia a restaurar aquellos bienes que se encontraban destruidos como: iglesias, palacios o estructuras públicas, en estos momentos se habla de un Renacimiento Romano. Desde la edad media la Iglesia ha sido la encargada de tutelar parte del patrimonio cultural y desde el siglo XV no hay que olvidar la función de diferentes Papas en la preservación del patrimonio eclesiástico, recordemos a Sixto IV (s. XV) con la creación del Museo del Capitolio, Julio II (s. XVI) con el inicio de la colección de los actuales museos Vaticanos, León X (s. XVI) que fue el encargado de crear el cargo de inspector general de Bellas Artes en la figura de Rafael Sanzio, Pío VII (s. XIX) firmó un edicto con el objeto de proteger las antigüedades y Bellas Artes, en el pontificado de Pío XI (s. XX) es cuando desde la Santa Sede se crea en 1924, la Pontificia Comisión de Arte Sacro para Italia (Moril, 2008: 57). La iglesia ha sido pilar fundamental en la recuperación, salvaguardia y puesta en valor del patrimonio cultural Europeo "Mediante la puesta en
funcionamiento de este tipo de organismos la Iglesia ha ido adoptando e imitando las iniciativas civiles de creación de Ministerios o instituciones con las mismas responsabilidades en los diferentes países europeos" (Moril, 2008: 65).
Llegado el siglo XVIII y con la industrialización de Inglaterra, aproximadamente cincuenta años antes que el resto de Europa, surge
un cambio importante en la conservación del patrimonio cultural (Lourés, 2001), las transformaciones territoriales supondrán oleadas de destrucción y construcción que
Ilustración 1. Turistas visitando las ruinas de Pompeya en 1895. Imagen: http://www.laaventuradelahistoria.es/2013/02/28/pom
generarán un cambio en la visión del entorno que hasta estos momentos había sido casi inalterable. Con estos cambios producidos en parte por las construcciones de las nuevas vías de comunicación ferroviarias, terrestres o fluviales surgen socialistas utópicos que promueven ciudades ordenadas o por el contrario como Pugin y Ruskin, quieren promulgar la necesidad de volver al pasado que va desapareciendo ante sus ojos (Lourés, 2001:3). En la capital francesa Haussmann realiza una renovación urbana donde crea una red de alcantarillado, grandes espacios públicos y abre amplios viales que atraviesan la primitiva ciudad derribando partes enteras de ésta. La comisión de monumentos históricos y el inspector de monumentos de los mismos, cargo creado en 1830 (Lourés, 2001), se encargó de conservar solo aquellos monumentos que estaban considerados como históricos, realizando las nuevas obras alrededor de los mismos (Benevolo, 1993).
En esta centuria es cuando se descubren los restos arqueológicos de Pompeya y Herculano, comenzando, "las excavaciones realizadas por Fiorelli en el siglo XIX y
otras en el XX sacaron a la luz una ciudad congelada en el tiempo, protegida por una potente capa de cenizas"(Prado, Louis, Huesca et al, 2007). Carlos III de España fue el
descubridor de estas ruinas y quien proyectó una recuperación de los restos sin precedentes tras llegar al trono de Nápoles, siendo "considerado el Rey Arqueólogo por
antonomasia, y no sólo porque supo organizar y difundir magistralmente las excavaciones y descubrimientos napolitanos, sino porque traspoló esta experiencia a otros lugares del reino hispano. Todo ello situó a la Corona de España en una posición privilegiada e indiscutible en el desarrollo de la arqueología en el siglo XVIII..."
(Maier, 2012: 333-360). En España las nuevas corrientes de cambio también se proyectan en el urbanismo de las ciudades pero es de destacar la importancia que mantiene el descubrimiento de estas dos urbes ya que el referente clásico que en el renacimiento recobra importancia ahora será elemento base para el gusto neoclásico, controlando las ruinas arqueológicas y favoreciendo su conservación (Maier, 2012: 334- 335). Siguiendo la misma línea de conservación que en España es en Reino Unido cuando se crea el National Trust en 1895, “se fundó con el objetivo de salvar la
herencia de nuestra nación y los espacios abiertos…” (www.nationaltrust.org). Pocos
años antes, en 1882, se crea una ley de protección de monumentos antiguos, el Ancient
Monuments Protection acts, donde se intenta salvaguardar el patrimonio cultural y
generarán un cambio en la visión del entorno que hasta estos momentos había sido casi inalterable. Con estos cambios producidos en parte por las construcciones de las nuevas vías de comunicación ferroviarias, terrestres o fluviales surgen socialistas utópicos que promueven ciudades ordenadas o por el contrario como Pugin y Ruskin, quieren promulgar la necesidad de volver al pasado que va desapareciendo ante sus ojos (Lourés, 2001:3). En la capital francesa Haussmann realiza una renovación urbana donde crea una red de alcantarillado, grandes espacios públicos y abre amplios viales que atraviesan la primitiva ciudad derribando partes enteras de ésta. La comisión de monumentos históricos y el inspector de monumentos de los mismos, cargo creado en 1830 (Lourés, 2001), se encargó de conservar solo aquellos monumentos que estaban considerados como históricos, realizando las nuevas obras alrededor de los mismos (Benevolo, 1993).
En esta centuria es cuando se descubren los restos arqueológicos de Pompeya y Herculano, comenzando, "las excavaciones realizadas por Fiorelli en el siglo XIX y
otras en el XX sacaron a la luz una ciudad congelada en el tiempo, protegida por una potente capa de cenizas"(Prado, Louis, Huesca et al, 2007). Carlos III de España fue el
descubridor de estas ruinas y quien proyectó una recuperación de los restos sin precedentes tras llegar al trono de Nápoles, siendo "considerado el Rey Arqueólogo por
antonomasia, y no sólo porque supo organizar y difundir magistralmente las excavaciones y descubrimientos napolitanos, sino porque traspoló esta experiencia a otros lugares del reino hispano. Todo ello situó a la Corona de España en una posición privilegiada e indiscutible en el desarrollo de la arqueología en el siglo XVIII..."
(Maier, 2012: 333-360). En España las nuevas corrientes de cambio también se proyectan en el urbanismo de las ciudades pero es de destacar la importancia que mantiene el descubrimiento de estas dos urbes ya que el referente clásico que en el renacimiento recobra importancia ahora será elemento base para el gusto neoclásico, controlando las ruinas arqueológicas y favoreciendo su conservación (Maier, 2012: 334- 335). Siguiendo la misma línea de conservación que en España es en Reino Unido cuando se crea el National Trust en 1895, “se fundó con el objetivo de salvar la
herencia de nuestra nación y los espacios abiertos…” (www.nationaltrust.org). Pocos
años antes, en 1882, se crea una ley de protección de monumentos antiguos, el Ancient
Monuments Protection acts, donde se intenta salvaguardar el patrimonio cultural y
protegerlo de las nuevas oleadas de cambios territoriales producidos por la
industrialización, como consecuencia también se crea la figura de inspector de monumentos antiguos. Esta ley es un referente en la conservación del patrimonio histórico por parte del estado.
Desde el siglo XVI, el avance de la humanidad conlleva el progreso en la construcción del territorio por lo que todo aquello que se conocía se estaba destruyendo, surgiendo leyes y reglas que preservarán de la total devastación de estos inmuebles. En un principio es la iglesia católica la encargada de concienciar sobre la necesidad de salvaguardia del patrimonio cultural, hasta llegar a un periodo en el siglo XIX donde el testigo lo recoge la administración civil, para prosperar con respecto a la tutela de estos bienes, no dejando la iglesia de permanecer activa en estos proyectos. Con los cambios y oleadas nacionalistas y liberales provocados en parte por la revolución industrial y las diferentes revoluciones Francesa y estadounidense, se llega al siglo XX, donde los nuevos valores adquiridos en épocas anteriores, se adaptan y compaginan con nuevos ideales. Como podemos observar hasta el siglo XIX quienes se encargaban de guardar el patrimonio cultural o histórico eran los estamentos privilegiados del antiguo régimen: nobleza, clero o la Corona.
Un ejemplo de ideas para fomentar la industrialización por parte del estamento civil en el siglo XIX fueron las desamortizaciones en donde la principal función eran "las
desamortizaciones eclesiásticas... supusieron la venta de unos bienes, por parte de unos estados, a unos particulares, en unos contextos precisos, que son los de la constitución de unos estados garantes de los derechos de propiedad particular" (Bodinier, Congost,
Luna, 2009: 10), con esta acción el estado creía que favorecería la conservación a nivel individual al igual que aumentaba las arcas del estado, pero la venta de este patrimonio solo generó su disgregación y empeoramiento de la salvaguardia ya que como hemos indicado la integridad del bien perdía su función al encontrarse separado de un todo, esta cuestión surge en " el contexto de la Revolución Francesa, en el caso de Francia, y
los de las revoluciones liberales, en los casos de España y los países de América latina...En Francia, los bienes eclesiásticos fueron puestos en venta sin ningún tipo de indemnización. En España, la Iglesia fue desposeída de sus bienes, pero el proceso contó con la firma de un concordato entre el gobierno de España y el Vaticano en 1851" (Bodinier, Congost, Luna, 2009: 10-11). Esta cuestión marcó parte de la
diferencia entre el sistema del antiguo régimen y el nuevo, que veía la solución, a los males acaecidos siglos atrás, en la proliferación de políticas económicas sociales.
En el siglo XX es competencia del estado el encargo de concienciar a la sociedad de la necesidad de conservación de los bienes culturales, de manera que se comienzan a emitir normas y crear organismos encargados de llevar a acabo esta función. Salvaguardar el patrimonio se pone de moda llegando a ocupar un lugar importante en la política. En 1931, tiene lugar la creación del primer documento esencial para la conservación de los bienes culturales "la Carta de Atenas", Se trata de un documento donde se hace referencia a la importancia de los bienes que nos han legado nuestros antepasados, e incluso indica la necesidad de una colaboración por parte de todos los Estados, pero sus bases quedaron vencidas por no poder solucionar los problemas de destrucción europea provocados por la guerra. En este siglo es cuando se crean instituciones encargadas de conocer, valorar y enseñar la importancia de los bienes materiales e inmateriales, instituidos para la conservación, difusión, gestión, restauración y estudio de los bienes muebles e inmuebles, tangibles e intangibles, surgen tras la segunda Guerra Mundial. Se tarta de un periodo donde se dan cuenta de la necesidad de protección en el ámbito patrimonial, por lo que desde el mismo momento se crean organizaciones internacionales con la idea de mantener y reconstruir los elementos destruidos tras la guerra, ahora nace, como hemos podido apreciar, la UNESCO y el ICOM.
En 1945 se celebra en Londres una conferencia de las Naciones Unidas con el fin de crear una organización educativa y cultural decaída tras la Segunda Guerra Mundial, donde se crea una institución que representará “una verdadera cultura de la paz” con el fin de evitar el comienzo de otra Guerra Mundial. Las Naciones Unidas son: “...una
organización internacional fundada en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial por 51 países que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar entre las naciones relaciones de amistad y promover el progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos” (www. unesco.org). Se forman así las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En este mismo año tiene lugar en los Países Bajos (la Haya) “La Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado”, se produce en un periodo donde el patrimonio cultural ha sido destruido masivamente durante la Segunda Guerra mundial,
diferencia entre el sistema del antiguo régimen y el nuevo, que veía la solución, a los males acaecidos siglos atrás, en la proliferación de políticas económicas sociales.
En el siglo XX es competencia del estado el encargo de concienciar a la sociedad de la necesidad de conservación de los bienes culturales, de manera que se comienzan a emitir normas y crear organismos encargados de llevar a acabo esta función. Salvaguardar el patrimonio se pone de moda llegando a ocupar un lugar importante en la política. En 1931, tiene lugar la creación del primer documento esencial para la conservación de los bienes culturales "la Carta de Atenas", Se trata de un documento donde se hace referencia a la importancia de los bienes que nos han legado nuestros antepasados, e incluso indica la necesidad de una colaboración por parte de todos los Estados, pero sus bases quedaron vencidas por no poder solucionar los problemas de destrucción europea provocados por la guerra. En este siglo es cuando se crean instituciones encargadas de conocer, valorar y enseñar la importancia de los bienes materiales e inmateriales, instituidos para la conservación, difusión, gestión, restauración y estudio de los bienes muebles e inmuebles, tangibles e intangibles, surgen tras la segunda Guerra Mundial. Se tarta de un periodo donde se dan cuenta de la necesidad de protección en el ámbito patrimonial, por lo que desde el mismo momento se crean organizaciones internacionales con la idea de mantener y reconstruir los elementos destruidos tras la guerra, ahora nace, como hemos podido apreciar, la UNESCO y el ICOM.
En 1945 se celebra en Londres una conferencia de las Naciones Unidas con el fin de crear una organización educativa y cultural decaída tras la Segunda Guerra Mundial, donde se crea una institución que representará “una verdadera cultura de la paz” con el fin de evitar el comienzo de otra Guerra Mundial. Las Naciones Unidas son: “...una
organización internacional fundada en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial por 51 países que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar entre las naciones relaciones de amistad y promover el progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos” (www. unesco.org). Se forman así las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En este mismo año tiene lugar en los Países Bajos (la Haya) “La Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado”, se produce en un periodo donde el patrimonio cultural ha sido destruido masivamente durante la Segunda Guerra mundial,
es el primer tratado internacional de alcance mundial centrado exclusivamente en la protección del patrimonio cultural en caso de conflicto armado que comprende bienes muebles e inmuebles cualquiera que sea su origen o propiedad. En esta convención, se indica: “La conservación, protección y tutela del patrimonio cultural es una
responsabilidad común de toda la Humanidad”. Esta afirmación es certificada en la
carta de Venecia de 1964, Carta internacional sobre la Conservación y la Restauración de Monumentos y de conjuntos Histórico-Artísticos, realizada en el II Congreso internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos. En esta carta se especifica que toda la civilización es la encargada de conservar el patrimonio de la humanidad, siendo estos restos históricos la representación de las tradiciones y costumbres de una sociedad.
Otra declaración destacada en este decenio es “la Carta de Ámsterdam” (1975), donde se habla por primera vez de integridad. Destaco un párrafo del segundo capítulo, en la Declaración que indica:“…Nuestra sociedad deberá, en breve plazo, renunciar al
patrimonio arquitectónico y a los sitios que constituyen su marco tradicional de vida, si no se pone en marcha con urgencia una nueva política de protección y conservación integrada de este patrimonio…”. Como podemos apreciar se introduce otro termino
necesario de conocer, hablamos de integridad, un nuevo concepto que genera un cambio en el pensamiento que hasta el momento imperaba. En el diccionario de la Real