• No se han encontrado resultados

Entre la patología y la compasión

La imagen de las mujeres sudasiáticas, pasivas y oprimidas, se replica en lo que cabe identificar como un segundo momento, en el que los Estudios Regionales se topan con la metrópolis. Es el momento en el que la antropo- logía vuelve a casa y observa a las personas de las ex colonias en los centros industriales metropolitanos, bajo la forma de una etnografía que va en busca de relatos. Frente a una tradición de investigación social que o (1) había ignorado la situación de los inmigrantes recién llegados o (2) documentaba algunos aspectos de su vida de cara a asimilar estas nuevas figuras a la forma de vida británica definida en términos normativos, surge un tipo de explicación «desde dentro», cuya influencia ha sido por desgracia duradera. Basada en prolijas categorizaciones de la diferencia étnica conforme a un esquema de gestión de activos, esta postura intentó tanto entender como ayudar a las mujeres sudasiáticas en las denominadas escisiones culturales a las que se enfrentaban. La obra de Verity Khan22constituye un ejemplo clá- sico de un estudio que está de por sí atrapado en el paradigma del «atrapa- miento entre dos culturas» tan frecuentemente utilizado para describir la situa- ción de las mujeres sudasiáticas que se encuentran divididas entre la libertad y la liberación de los valores occidentales y unas familias atrasadas y atadas a la tradición. Esta versión de la imagen misionera melodramática, que

19 Carole Pateman, The Sexual Contract, Cambridge, Polity, 1988 [ed. cast.: El contrato sexual, trad. de Maria Luisa Femerías, Rubí, Anthropos, 1995].

20 Charles W. Mills, The Racial Contract, Nueva York, Ithaca Press, 1997.

21 Sara Mills, «Postcolonial Feminist Theory», en Stevi Jackson y Jackie Jones (eds.),

Contemporary Feminist Theories, Edinburgo, Edinburgh University Press, 1998.

22 Verity Saifullah Khan, «The Pakistanis. Mirpuri Villagers at Home and in Bradford», en James L. Watson (ed.), Between Two Cultures. Migrants and Minorities in Britain, Oxford, Blackwell, 1977.

presenta a las mujeres de Otros lugares como víctimas de prácticas patriar- cales arcaicas, desesperadamente necesitadas de ayuda, existía en aquella época y se ha reproducido desde entonces a través de los discursos institu- cionales, incluido el del Estado, los colegios23y los medios de comunicación. Se trata de una pose particularmente proclive a reaparecer, cual horrible fan- tasma, en debates en torno a temas muy determinados, como el sati, que se convirtió en «un símbolo más allá de la realidad de la cultura «hindú» o «india», de un modo que trascendía los hechos concretos de esta prácti- ca restringida ».24 Las bodas concertadas a través de las familias de los novios y el uso del velo ocupan un lugar similar en la Gran Bretaña post- colonial. Por otro lado, este marco sigue siendo el medio principal a tra- vés del cual se anima a los estudiantes a dar sentido a las vidas de las mujeres sudasiáticas.

Trabajando a partir del feminismo negro en Gran Bretaña e influidos por las feministas negras de Estados Unidos, algunos artículos de The Empire Strikes Back [El Imperio contraataca], el número especial de la Feminist Reviewy la antología Charting the Journey [Trazar el viaje]25encabezaron la interrogación respecto a las modalidades bajo las cuales las mujeres sudasiá- ticas habían obtenido hasta entonces visibilidad en el mundo académico. Estas interpretaciones feministas negras pioneras prestaron particular aten- ción a la naturaleza imperial de las perspectivas feministas eurocéntricas sobre las familias, la sexualidad y el activismo político. Se pusieron en cues- tión las interpretaciones patológicas de las familias asiáticas y los estereoti- pos de las mujeres asiáticas pasivas necesitadas de «ayuda». Se criticó el «culturalismo de las obras antropológicas»26por sacar las prácticas y tradi- ciones culturales fuera de sus circunstancias sociales e históricas específicas e interpretarlas, tal y como se había hecho con la práctica del satien la India colonial,27como algo atemporal, estático y aplicable uniformemente a todos los asiáticos. El énfasis excesivo en los rasgos «étnicos» de las vidas de estas mujeres suponía pasar por alto el lugar ocupado por las estructuras del

23 Avtar Brah y Rehana Minhas, «Structural Racism or Cultural Difference. Schooling for Asian Girls», en Gaby Weiner (ed.), Just a Bunch of Girls, Milton Keynes, Open University Press, 1985. 24 Uma Narayan, Dislocating Cultures. Identities, Traditions and Third World Women Feminism, Londres, Routledge, 1997.

25 Centre for Contemporary Cultural Studies, The Empire Strikes Back. Race and Racism in 70s

Britain, Hutchinson, Londres, 1982; Feminist Review, «Many Voices, One Chant. Black

Feminist Perspectives», Feminist Reviewnúm. 17, 1984 y Shabnum Grewal, Jackie Kay, Lilianne Landor, Gail Lewis y Praktibhan Parmar (eds.), Charting the Journey. Writings by Black and Third

World Women, Londres, Sheba, 1988.

26Ibidem, p. 6.

racismo en favor de interpretaciones que encerraban a las familias asiáticas y a sus culturas en pequeños vacíos sociales étnicos. Al mismo tiempo, se dirigió una crítica similar a los estudios feministas de mujeres del «Tercer Mundo» a escala internacional, incluidos aquellos centrados en los núcleos urbanos de Occidente. En un artículo muy influyente, Chandra Mohanty señaló el «etnocentrismo latente» del feminismo occidental, que tenía una tendencia a: (1) producir/representar una categoría monolítica de la «mujer media del Tercer Mundo» y (2) evaluar y juzgar las vidas de estas Otras mujeres conforme a un patrón que tomaba las vidas de las mujeres de clase media de Occidente como norma, «como referente implícito».28

Al señalar los errores de un género académico que estaba adquiriendo cada vez más popularidad dentro del feminismo, así como en las historias de la clase obrera, porque se consideraba que abría la posibilidad de escu- char perspectivas y voces que habían sido ignoradas y silenciadas hasta la fecha, las feministas negras ponían en cuestión el uso de los métodos cuali- tativos en profundidad como un apaño rápido frente al pensamiento racista que se filtraba en los marcos epistémicos existentes. Se problematizó la supuesta «bondad» de las historias orales que pretendían dar voz a las mujeres negras, a la par que se sustituían los denominados malos estereoti- pos y la invisibilidad de éstas en los marcos feministas por imágenes reales y positivas, ya que este tipo de metodología participaba de un proceso de objetualización que negaba con demasiada facilidad las relaciones de poder. Carby afirmó: «Cuando sostenemos que el feminismo tiene que tener en cuenta las vidas, historiasby experiencias de las mujeres negras, no estamos propugnando que equipos de feministas blancas bajen a Brixton, Southall, Bristol o Liverpool a tomar a las mujeres negras como objetos de estudio en modalidades de resistencia. No necesitamos este tipo de intrusión [...]».29

Los textos que intentaban «dar voz» a las mujeres asiáticas estaban ali- mentando, tal vez de modo involuntario, la histórica «necesidad» occidental de sentir pena y una compasión intensa por esta figura. En relación con

Finding a Voice [Encontrar una voz], de Amrit Wilson, Pratibha Parmar observó que a este libro, a pesar de suponer un gran avance en la disolución

28 Chandra Mohanty, «Under Western eyes. Feminist Scholarship and Colonial Discourses»,

Feminist Review, núm. 30, 1988, pp. 60-88.

b La autora utiliza aquí el término «herstories» o historias de ella (her-stories), frente a la history, que sería la historia de él (his-story): del juego de palabras, la palabra herstoriesha acabado acu- ñándose como término para designar modos de narrar la(s) historia(s) desde una perspectiva feminista que pone en el centro las vidas de las mujeres [N. de la T.].

29 Hazel Carby, «White Women Listen! Black Feminism and the Boundaries of Sisterhood», en CCCS, The Empire Strikes Back. Race and Racism in 70s Britain, op. cit., p. 232.

de la idea de que las mujeres asiáticas son «criaturas indefensas», le faltaba un marco político y económico, lo cual favorecía que sus lectores, incluidos los estudiosos académicos y los trabajadores sociales y comunitarios, excla- masen «tuve que dejarlo a mitad de lectura porque me hacía llorar».30

Parmar insistía en la importancia de tener en cuenta cómo se entrelaza- ban los factores patriarcales, imperiales, sociales y político-económicos en las vidas de estas mujeres. Esta autora afirmaba, al igual que otras feminis- tas negras, que había que priorizar el análisis de las interacciones entre el capitalismo, el racismo y el patriarcado, tal y cómo las mujeres sudasiáticas los experimentaban, por encima de la obsesión por apresar la cultura de estas Otras étnicas en descripciones empaquetadas.

A pesar de la fuerza de los argumentos feministas negros, a día de hoy, son mayoritarias las ocasiones en las que se pide a los estudiantes, en espe- cial a las mujeres asiáticas que quieren estudiar la dinámica de género en las comunidades asiáticas, que empiecen por descripciones de lo que significa ser un musulmán o un sij, por ejemplo, sin duda con el único fin de satisfa- cer la curiosidad de sus tutores. De modo que la búsqueda de interpretacio- nes guía de Otras culturas, a modo de apaño rápido sigue, recibiendo el refrendo constante de las prácticas y regímenes académicos. Lo mismo puede decirse de la fascinación antropológica urbana por recopilar historias o leer historias de mujeres de color a escala internacional. Tal y como demos- traré más adelante, esta práctica académica está especialmente extendida en nuestro momento actual. La crítica de Carby parece haber caído en saco roto. Por más que los métodos para entrar en contacto con el Otro hayan cambiado, la búsqueda de un conocimiento del Otro no ha desaparecido; sencillamente, las herramientas tecnológicas son otras.

Ahora pasaré, por lo tanto, a un tercer momento, un momento que de algún modo se anticipa en el llamamiento de Parmar a entender la «opre- sión» de las mujeres sudasiáticas prestando atención a las estructuras racistas del capitalismo y el patriarcado. Sin embargo, tal y como veremos en el siguiente apartado, este énfasis relativamente radical no excluye las lágrimas, las poses de compasión o una política de la salvación. De hecho, hasta en la terca área de la economía política, la idealización marca el orden del día. A continuación, veremos algunos de los efectos latentes de estos estudios. Efectos que, pese a todo, han permanecido en gran medi- da sin explorar.