2. El estado Romano como modelo político para el mundo occidental actual
2.3.2 Pilares del imperio romano
¿De qué forma Roma logró controlar tan vasto territorio durante tanto tiempo?
En esta sección intentaremos estudiar las claves o pilares que le permitieron al imperio romano desarrollar un dominio tan duradero sobre sus vastas conquistas.
a. el cosmopolistismo
El Imperio Romano abarcó regiones sumamente diversas: desde las colinas húmedas y de grandes bosques del norte de Britania y Germania, la región de altas montañas de Italia e Hispania, hasta los cálidos desiertos de África y Siria. En toda esta vasta extensión, habitaban más de cien millones de personas, bajo el dominio del emperador romano.
¿Cómo es posible que esta población no se sublevara en contra de roma?
Es cierto que la presencia del ejército romano, en gran parte de las provincias, podía limitar su capacidad de rebelarse. Sin embargo, un imperio tan extenso como el romano no se podía controlar exclusivamente con la fuerza. Los romanos fueron un pueblo pragmático: su imperio se sustentaba en un sistema que evitaba tensiones innecesarias con las poblaciones locales.
Una de las claves de este sistema fue la tolerancia romana a la diversidad de costumbres locales. Tolerancia que se apreció incluso en el plano del derecho. Los pretores peregrinos, al momento de aplicar sanciones, otorgaban a las comunidades nativas la posibilidad de elegir entre el derecho romano y el derecho local: sucedía a veces, que el derecho romano era más moderado que el de los demás pueblos, en la aplicación de sanciones para ciertos delitos, no considerados atentados en contra del Estado romano.
Los habitantes que poblaban el Imperio provenían de diversas civilizaciones. Algunos, eran herederos de antiguas civilizaciones, tales como los egipcios, los persas, los griegos o los babilonios. Sus costumbres estaban tan arraigadas, que era difícil que se vieran influenciadas por la cultura romana.
Más bien ocurrió lo contrario: Roma se vio influenciada por las costumbres, religiones, lenguas, etc., de las poblaciones vencidas. Ejemplos de ello fueron la helenización de las costumbres latinas, tras la conquista de Grecia; la popularidad alcanzada por el culto a Isis en Roma, tras la conquista de Egipto; el desarrollo de un estilo arquitectónico palacial y de prácticas políticas orientales (la sumisión y alabanza), tras la conquista de Mesopotamia. Esta tolerancia romana a las costumbres foráneas, este cosmopolitismo, no impidió que Roma intentara imponer sus costumbres ante tan vastos pueblos, como una forma de homogenizar, de igualar, la diversidad que existía dentro de él: el derecho romano, el uso oficial de la lengua latina, el sistema de numeración latino (I, II, V, X), la arquitectura (acueductos, coliseos), la difusión de la filosofía grecolatina en los segmentos cultos de los pueblos conquistados, etc., se podrían contar como parte de este esfuerzo de homogenización cultural llevado a cabo por los romanos, que permitió preservar en forma pacífica el Imperio.
b. La organización administrativa
La estructura administrativa romana era relativamente sencilla: el Imperio se había dividido en provincias, las que, durante los siglos I y II, llegaron a sumar entre 30 y 40, y que subdivisiones posteriores, provocaron que éstas sumaran 120 hacia fines del siglo IV.
El Senado figuraba como responsable de las provincias más antiguas y seguras, nombrando gobernadores que eran designados de entre los senadores con más experiencia. Por su parte, el emperador dirigía directamente las provincias exteriores, o inseguras, nombrando gobernadores imperiales que duraban entre cinco y seis años en sus puestos.
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No obstante esta distinción oficial entre provincias senatoriales e imperiales, era el emperador el que nombraba a todos los gobernadores, si las circunstancias así lo exigían.
El personal que se requería para administrar este conjunto de provincias era reducido. El secreto de este control radicaba en las unidades administrativas menores, las polis o civitas (ciudades), que eran comunidades dotadas de cierta autonomía, normalmente con base en un pueblo o ciudad, aunque incluían el territorio de sus alrededores.
Los administradores provinciales debían colaborar con las elites locales de cada una de las ciudades. Normalmente, estas elites tenían sus representantes en el consejo de la ciudad (los Municipios, creación romana), de modo que, para los gobernadores, era vital asegurarse la lealtad de los concejales hacia Roma. El primer paso consistía en delegarles toda la responsabilidad de mantener la ley y el orden en su zona, así como de organizar la vida urbana.
Los concejales competían unos contra otros en el embellecimiento de sus respectivas ciudades, para lo que construían edificios y monumentos, con lo que aumentaban su estatus local y la posibilidad de adquirir la ciudadanía romana. Otros, los que tuviesen suficiente riqueza, también alcanzaban el estatus ecuestre (mercaderes enriquecidos con el comercio), y la posibilidad de lograr un lugar en el Senado.
Una de las obligaciones delegadas en los concejales era la del cobro de los impuestos, que resultaban fundamentales para el financiamiento del Imperio.
Recaudación de impuestos.
el impuesto principal era el tributo, del que italia estaba exenta, y que se calculaba parcialmente sobre la propiedad, y en parte, según la ciudadanía.
Además, cada provincia debía censar a sus ciudadanos y declarar sus posesiones; sobre esta base, se calculaba el pago de los tributos. Una vez que el concejal cobraba lo debido, el dinero y las mercancías (algunos pagos se hacían en grano u otros productos), se entregaban al gobierno central de Roma, que se encargaba de distribuirlo en el Estado.
Las provincias más ricas, especialmente las de Oriente, que
suministraban un 60% de los impuestos del Imperio, subsidiaban los gastos de la defensa y administración de las provincias más pobres, como la de Britania.
c. La ciudadanía
La ciudadanía era vital para el imperio, ya que los ciudadanos eran los que pagaban impuestos. Por ello, no tardaron los emperadores en darse cuenta de que, mientras mayor fuera el número de ciudadanos, mayor sería la suma de los impuestos. Por ello, la cantidad total de ciudadanos que poseía el Imperio, fue variando de una época a otra: hacia el siglo I habían recibido carta de ciudadanía los galos, griegos y españoles; durante el siglo II, los británicos y los egipcios. En el 212 el emperador Caracalla determinó la ciudadanía universal, para todos los habitantes del Imperio. Más tarde, en el siglo IV, algunos pueblos germanos, como los visigodos, recibieron carta de ciudadanía.
A cambio de la obligación de pagar impuestos (de la que estaban excluidos los romanos y los italianos), los ciudadanos contaban con numerosos derechos. entre estos se deben considerar los siguientes: - derechos políticos: Solo los ciudadanos podían participar en la administración del Estado imperial. Sin
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derecho. Dentro de las posibilidades que otorgaba este derecho, se contaba participar en los Municipios, el primer escalón de la administración imperial; los ciudadanos más ricos, podían aspirar a formar parte del gobierno provincial, y de esta forma, hacer carrera política que los llevara al Senado e incluso, a ser Emperador: Trajano (98- 117), fue el primer emperador no romano, de origen español.
Otros derechos políticos importantes eran el de apelación al emperador de las sanciones establecidas por los pretores, y el derecho a elegir la propia muerte, en los juicios que involucraban la pena capital.
- derechos comerciales (ius comercii): Solo los ciudadanos podían comerciar los numerosos productos que se produjeron en el Imperio, lo que permitió que algunos de ellos pudieran amasar grandes fortunas. Además, solo los ciudadanos podían tener propiedades de bienes inmuebles (tierras, casas) y esclavos. - derechos religiosos: Los ciudadanos podían aspirar a que ellos, o sus descendientes, formaran parte de
la casta sacerdotal. En Roma, este derecho incluía el de entrar a los edificios públicos destinados al culto oficial: los templos, los oráculos y el Panteón.
Por cierto, al igual que en numerosas civilizaciones antiguas, la ciudadanía era un atributo reservado exclusivamente a los varones libres mayores de edad. Además, desde tiempos de Octavio Augusto, la ciudadanía se obtenía mediante el servicio en el ejército.
d. el ejército
Guardias pretorianos.
Así como el Senado fue el verdadero poder de la República, el ejército fue el verdadero poder del Imperio y este poderío no solo fue militar, sino también político: muchos emperadores fueron asesinados por la guardia destinada a protegerlos, la Guardia pretoriana; Vespasiano y Tito, en el siglo I, y numerosos emperadores del siglo III, provinieron del Ejército.
La base del ejército imperial estuvo en la reforma militar que realizó Augusto, quien ordenó al ejército estableciendo legiones, poco más de una en promedio a cargo de cada provincia, salvo la de Roma, que estaba bajo el cuidado de la Guardia Pretoriana. Augusto también estableció al ejército como mecanismo para la adquisición de la ciudadanía, lo que incentivó el reclutamiento de los habitantes de las provincias.
Formalmente, durante el Imperio, los emperadores tomaban posesión del cargo no cuando eran reconocidos por el Senado, sino cuando eran aclamados por el ejército. Solo el ejército otorgaba el “Imperator”, el mando de tropas. Por ello, la calidad de general se volvió, con el correr del tiempo, en consustancial a la calidad de emperador. Salvo por la dinastía Julio- Claudiana, los sucesores inmediatos de Augusto, prácticamente todas las dinastías tuvieron emperadores que habían sido generales del ejército.
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e. el sistema vial
Tan pronto se incorporaba una nueva región al Imperio, se iniciaba la construcción de carreteras, que, al principio, solamente constituían un instrumento de control: estaban reservadas para el paso del ejército, de los administradores y de los mensajeros oficiales.
Las carreteras conectaban a los centros urbanos, lo que era vital para el sistema administrativo romano.
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f. el derecho
Los romanos desarrollaron un sistema legal tan complejo como efectivo. La ley era suprema y todos, incluso el emperador, se encontraban sujetos a ella. Si bien fue el senado el organismo que elaboraba las leyes, con la decadencia del Imperio, el emperador se transformó en la fuente exclusiva de generación de leyes.
El sistema legal romano estaba basado en dos principios fundamentales:
- El principio de publicidad, según el cual la ley, apenas aprobada, se presumía conocida por todos los ciudadanos; lo que implicaba que la ley aprobada debía publicarse por todos los medios disponibles; - El principio de la precedencia legal: los argumentos racionales que servían de base para la elaboración de la
ley, debían sustentarse en leyes anteriores.
La aplicación de estos principios hizo que las leyes romanas aumentaran en tal número, y de modo tan desorganizado, que dos leyes vigentes podían contradecirse en algunos aspectos. En un intento por sistematizar el derecho existente, durante los siglos II y III, los juristas, como Cayo y Ulpiano, decidieron recopilar todas las leyes, con el objeto de que estas se hallaran en un mismo texto legal. Esta labor de recopilación continuó siglos más tarde, bajo el gobierno del emperador diocleciano y finalmente, bajo el gobierno del emperador romano de oriente, Justiniano, entre el 529 y el 533, se publicó la gran obra de Códigos y Clasificación.
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Aportes que heredó el sistema imperial romano al desarrollo de nuestras repúblicas actuales
La división administrativa: Provincias, Municipios.
La importancia administrativa de los centros urbanos.
La ciudadanía universal (aunque en la Antigüedad solo reservada a los varones)
Desarrollo de una burocracia encargada de administrar el Estado. El sistema legal, algunos principios jurídicos (como la primacía de la ley),y el derecho de apelación de los ciudadanos ante la máxima magistratura del Estado.