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PRECURSORES DE LA GUITARRÍSTICA AMERICANA

Desde el siglo xix el empleo de la guitarra solista, ya sea clásica o folklórica, tuvo una obvia preponderancia en los países de Latinoamérica de mayor vinculación con Europa, y especialmente con la península ibérica, tanto por la continua recepción de inmigrantes, como por la frecuencia con que arribaban destacados intérpretes del instrumento, quienes frecuentemente se radicaban de manera

temporal o definitiva en el Nuevo Mundo.125

Hemos adelantado las semblanzas de María Luisa Anido y del genial Agustín Pio Barrios (Mangoré). Veamos a continuación los aportes de intérpretes y/o compositores que contribuyeron a dar un respaldo decisivo al movimiento guitarrístico del hemisferio, y por extensión, a su estatus universal.

México

Manuel María Ponce Cuéllar (Zacatecas, 1886 - México D. F., 1948)126 Pionero del nacionalismo musical mexicano y uno de los más

importantes compositores para guitarra de todos los tiempos, nació en la ciudad minera de Fresnillo, estado de Zacatecas. Sus padres, Felipe de Jesús Ponce, y María de Jesús Cuéllar, originarios de Aguascalientes, retornaron a esta ciudad cuando el infante Manuel María, el duodécimo de sus hijos, apenas contaba con algunos meses de edad.

La afición de ambos por la música influyó decididamente en el destino de cuatro de sus hijos, entre ellos, Manuel. Este inició sus estudios de piano muy pequeño, y a los diez años sus padres y hermanos mayores le situaron como pupilo con el licenciado Cipriano Ávila, abogado y maestro de piano. Prosiguió sus estudios de música hasta ingresar en 1902 en el Conservatorio Nacional de Música en la capital mexicana.

A finales de 1904, con carta de recomendación del maestro italiano Eduardo Gabrielle, viajó a Italia donde sostuvo encuentros con el pedagogo Marco Enrico Bossi (Lombardía, 1861 - Nueva York, 1925), director del Conservatorio de Música de Bologna, quien le recomienda estudiar en el prestigioso centro docente musical “Liceo Rossini” de aquella ciudad, donde perfeccionó sus estudios pianísticos con el musicólogo

Luigi Torchi (Italia, 1858-1920) y con el maestro Cesare Dall´Olio (Bologna, 1849-1906).

A finales de 1905 viaja a Berlín donde complementará sus estudios profesionales. Inicia sus estudios de piano con el maestro Martin Krauser, (Alemania, 1853-1918), pedagogo en el Conservatorio Stern, director de la Liszt Verein en Leipzig y antiguo discípulo de Franz Liszt.

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En 1907, Ponce retorna a Aguascalientes, y un año más tarde ocupa una cátedra de piano en el Conservatorio Nacional de Ciudad de México, cargo que alterna con numerosas presentaciones, tanto a solo como de cámara.

El 7 de julio de 1912, y con la Orquesta Beethoven bajo la dirección del compositor, teórico y director don Julián Carrillo Trujillo (San Luis Potosí, 1875 - México D. F., 1965), Ponce presenta en el Teatro Abreu su Concierto para piano y orquesta. Dos días después, estrena con la misma orquesta, y bajo la dirección del maestro Carrillo, Tres cuadros nocturnos, para orquesta de cuerdas; Trío, para piano, violín y cello; Preludio y fuga sobre un tema de Bach, Legende, Mazurcas No. 6, 7, 15 y 20, Dos nocturnos, Hacia la cima, Cuatro canciones mexicanas, Tema variado mexicano y Concierto para piano y orquesta.

Durante los difíciles años de revueltas sociales que sumieron a la nación mexicana en el caos, Ponce siguió briosamente con su incansable actividad docente. Instruyó y preparó a un selecto grupo de artistas que, con el correr de los tiempos, se transformarían en elementos de primer orden para la enseñanza musical en México. Entre estos destacan Carlos Antonio Chávez y Ramírez, (México, D. F., 1899-1978) y Antonio Gomezanda, (Jalisco, 1894 - México, D. F., 1961).

La revolución mexicana inspirada en el lema “Sufragio efectivo, no reelección” estremeció los cimientos del andamiaje político del mundo, como preámbulo a la gran hecatombe que estalló en 1914, en el Viejo Continente. Estos sucesos no pasaron inadvertidos para un hombre como Manuel Ponce, quien razona que es tiempo de que América muestre al mundo la frescura y originalidad que le es propia. Su talento le lleva a realizar la colosal tarea de reivindicar temas del folklore mexicano, en conjunción con contenidos extraídos del romanticismo europeo, pero predominando siempre un orden nacional que caracterizará toda su obra creativa. En este tiempo publica su repertorio de “Canciones Mexicanas”. De esta época también data su éxito universal Estrellita.

En 1915, se exilia voluntariamente en Cuba en compañía del violinista Pedro Valdés Fraga (1872- 1939) y del poeta y periodista Luis Gonzaga Urbina (1864-1934). En este país impartió clases de piano y colaboró en algunos diarios como “El Heraldo” y “La Reforma Social”, escribiendo sobre temas de actualidad musical. Expresa en ellos la necesidad de hacer un método que rescatara la música popular, se la considerara algo valioso y se pudiera difundir por el mundo. Por entonces concibe su obra Suite Cubana, integrada por los movimientos Plenilunio, Paz de Ocaso y Serenata Marina.

La labor integradora de Ponce es prontamente reconocida por la Sociedad de Artes y Letras de La Habana, entidad que le otorga como reconocimiento a su impresionante idoneidad, la insignia de esta institución y el diploma que registra este acontecimiento. Asimismo, ofrece recitales de poesía y música mexicana con sus compañeros de exilio.

Interesado en conocer el ambiente artístico neoyorquino viaja a esta metrópoli en marzo de 1916, para presentarse como concertista en la prestigiosa sala Aeolin Hall de New York.

El 4 de diciembre de 1916 vuelve a México. A finales de enero de 1917 está de nuevo en La Habana, y el 3 de junio de ese mismo año arriba al puerto de Veracruz para establecerse definitivamente en su país. Ocupa las funciones de profesor de Piano en el Conservatorio Nacional de Música y crea la “Academia Beethoven”. El 3 de septiembre contrae nupcias con su novia de siempre, la contralto Clementina Maurel, que lo acompañará toda su vida.

El gobierno nacional le designó director de la Orquesta Sinfónica Nacional, cargo que ocupará hasta 1920. Asimismo, dirige juntamente con el escritor y periodista Rubén M. Campos (México, 1876-1945), la Revista Musical de México.

El trabajo pedagógico de Ponce es intenso en esta etapa de difíciles sucesos político-sociales. La presencia en la recién creada Secretaría de Educación Pública del intelectual José Vasconcelos, en 1921, reanimó la actividad creativa y artística de México. En esta nueva etapa escribe su Sonata para violonchelo y piano, dedicada a Gustavo E. Campa (1863-1934), quien había sido director del Conservatorio Nacional de Música entre 1907 y 1913.

Ese mismo año, compone y publica su obra Chapultepec, un tríptico sinfónico. De 1925 a 1932 se radica en Paris, Francia, y matricula en la École Normale de Musique, institución fundada en 1919 por

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el pianista Alfred Cortot (Suiza, 1877 - París, 1962). Manuel tuvo la oportunidad de conocer y frecuentar a Joaquín Rodrigo (España, 1901-1999), José Paulino Rolón (México, 1883-1945), Lyubomir Pipkov (Bulgaria, 1904-1974) y Alfred Romeo Alexandrescu (Rumania, 1902). También se relaciona con el pianista, compositor y crítico Paul Dukas (París, 1865-1935) y con el guitarrista Andrés Segovia.

En 1928 publica La Gaceta Musical, revista en idioma español que congrega a las más sobresalientes figuras del pensamiento universal como Dukas, el historiador Salvador de Madariaga (España, 1886 - Suiza, 1978); el compositor Joaquín Turina (España, 1882-1949) y el compositor y musicólogo Joaquín Nin Castellanos (La Habana, 1879-1949).

Finalmente, el 11 de julio de 1932, obtiene la licenciatura en composición. De su época parisina son los lieder con letra de Rabindranath Tagore (India, 1861-1941), Mariano Brull Caballero (Cuba, 1891-1956) y Mijaíl Lérmontov (Rusia, 1814-1841); los Preludios para violoncelo, el Cuarteto para instrumentos de arco, la Sonata para violoncelo y la Sonata breve para piano.

Acrecentado en su fama de erudito musical, muchos críticos ensalzaron su obra. Otros, propagaron a través de sus ejecuciones artísticas su trascendencia. Dos insignes concertistas de la guitarra clásica española, Andrés Segovia y Narciso Yepes, le consideraban como el compositor invariable de sus repertorios.

Referente a la obra sinfónica de Ponce, el violinista y musicólogo francés Marc Pincherle (1888-1974) escribió: “folklorista intuitivo y paciente, Ponce fue el primero en recoger la música popular de su país, que ha estilizado con fidelidad”.

Los años subsiguientes hasta 1940, serán de una penetrante actividad creativa. Compone su Poema Elegíaco. Asimismo, el notable director Leopoldo Stokowski (Londres, 1882 - Estados Unidos, 1977) estrenó su tríptico sinfónico Chapultepec con la Philadelphia Orchestra.

Fundó, en esta época, la revista Cultura Musical, escribiendo innumerables artículos y ensayos, compilados posteriormente en el libro “Nuevos Escritos Musicales”.

Manuel Ponce fue un hombre de cultura ecuménica. Sus viajes, conocimiento de personalidades y estudios de especialización le otorgaron a su obra jerarquía universal, desenvolviéndose en ambientes marcados por cambios requeridos por la humanidad. Impresionista por influencia directa de sus maestros Claude Debussy y Maurice Ravel, fue a su vez un nacionalista por vocación, que se entregó a la tarea de entrelazar a través de la música una identidad de las corrientes populares con la música universal, revelando ante el mundo la policromía musical de su pueblo en una obra coherente.

En sus últimos años Ponce ocupó diversos cargos importantes: Miembro del Seminario de Cultura Mexicana, Catedrático de Pedagogía Musical en el Conservatorio de Música, Director de la Orquesta Sinfónica de México, Catedrático de Estética y Director de la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Manuel Ponce fue un adelantado a su época, legando para la posteridad una obra que abarca 250 partituras. Su muerte ocurrió el 24 de abril de 1948, y sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores, en México D. F.

Ponce y Andrés Segovia

Tan sincera como fructífera fue su amistad con Andrés Segovia, vínculo que aportó una importante serie de obras para la guitarra, consideradas hoy como clásicas del repertorio de este instrumento.

La madurez y probada calidad de compositor que Ponce tenía a sus cuarenta y tantos años cuando llegó a París, no impidieron que se siguiera considerando como aprendiz, para que se acercara con afán de aprender lo que cada quien podía enseñarle, y para entregar, cuando era requerido, lo que su talento y cultura musical podían dar. Así se explica en buena medida que siendo un músico formado y con gran éxito como pianista y compositor para instrumentos y para conjuntos de diversos formatos, incluyendo la gran orquesta, en aquellos años 20 dedicara mucho de su tiempo y de su gusto a la guitarra, animado por Andrés Segovia, el gran guitarrista, a quien había escuchado en México en 1923 y quien, motivado por su comentario de prensa y por la calidad de la música de Ponce, le pide a este que escriba algo para su instrumento. El Maestro respondió de inmediato con un Allegretto in tempo di serenata, que luego integró

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como el tercero de los movimientos de la Sonata Mexicana, primera de las seis sonatas que habría de componer para Segovia, entre muchas obras, y única de las cuales donde recoge temas y aires mexicanos.

Concierto del Sur

Entre agosto y diciembre de 1941, Manuel M. Ponce realizó una gira artística por Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. Presentó tres conferencias sobre música mexicana y cuatro conciertos con sus propias obras orquestales dirigidas por él mismo. Fue así el primero en llevar música sinfónica mexicana a esas capitales. El repertorio incluyó Estampas nocturnas (para orquesta de cuerdas, ca. 1910), Concierto para piano (1911), Chapultepec (1922, revisado 1934), Pequeña suite en estilo antiguo (versión orquestal estrenada en 1935), Poema elegíaco (1919, revisado en 1934 y 1937), y los recién concluidos Ferial (1940) y Concierto para guitarra (1941). Sostuvo, además, diversas actividades de intercambio cultural. La gira fue un éxito y constituyó una elevada cima dentro de la trayectoria del compositor. La cobertura periodística fue tan copiosa como positiva. El punto focal fue el estreno mundial del Concierto del sur para guitarra y orquesta con la participación del guitarrista español Andrés Segovia, a quien está dedicada la obra. Opus de prolongada gestación, el Concierto representa el pináculo del prolífico catálogo guitarrístico de Ponce, constituyendo una aportación ineludible a la literatura universal de la guitarra.

En este periplo Ponce triunfa como compositor, director y conferencista. Viaja en avión por primera vez. Vive emotivos encuentros con grandes personalidades: Francisco Curt Lange, Erich Kleiber, Aaron Copland, Nicolás Slonimsky y especialmente su viejo amigo Andrés Segovia, por mencionar sólo algunos. En México, sus amigos y colegas lo reciben con homenajes.

Desde que se conocieron en 1923, Ponce y Segovia iniciaron una gran amistad y colaboración, tal como se puede apreciar en las cartas de este al compositor. Segovia afirma que ya desde la primavera de 1926, Ponce gestaba los temas principales del Concierto para guitarra, y explica que los “azares” de su vida errante lo mantuvieron alejado del compositor por largos años, impidiendo la conclusión del proyecto. Comenta que en México tocó el Concierto de Castelnuovo-Tedesco con la participación de Ponce como director, y que este fue un factor importante para que el compositor finalmente concretara,

en 1941, su propio Concierto.127 Es probable que durante muchos años el autor no le diera prioridad

a esta obra debido a su pesada carga de trabajo.

Luego de un largo intercambio epistolar (usualmente Ponce enviaba las obras a Segovia, y este se las devolvía revisadas y a veces variadas), el Concierto se completó finalmente en 1941, y su estreno tuvo lugar en Montevideo el 4 de octubre del mismo año con inmenso éxito y aprobación general.

Las primeras reseñas fueron altamente favorables:

“El magnífico concierto ofrecido ayer en SODRE128 con la música del maestro Ponce, y el guitarrista

Andrés Segovia, ha dejado una profunda impresión. Hemos presenciado una velada de arte superior. La música del eminente compositor Manuel Ponce está magníficamente inspirada y es de extraordinaria

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calidad. El concierto para guitarra, su nuevo trabajo ofrecido en estreno absoluto, fue muy placentero y

mereció una larga ovación del público, de tal forma que el primer movimiento tuvo que ser repetido”.129

“Está demás mencionar la belleza el concierto interpretado por Andrés Segovia. Un trabajo de la más fina calidad, testimonio de un músico de verdadera nobleza, fácil y elegante inspiración, y un completo dominio de todas las formas de expresión. Una verdadera filigrana musical, magníficamente ejecutada, que permitió a

Segovia hacer brillar sus facultades sin un trazo de virtuosismo banal. Mereció la más entusiasta ovación…”130

Buenos Aires

Segovia y Ponce llegan a Buenos Aires el 13 de octubre, y comienzan los preparativos para el concierto que tendrá lugar el día 20 del mismo mes en el Teatro Nacional de Comedia con la participación de la orquesta de la Asociación del Profesorado Orquestal bajo la organización de la Asociación Wagneriana. Surgen problemas con el patrocinio de la orquesta. Ponce contribuye para franquear el contratiempo erogando fondos de su propia bolsa. En tres ensayos prepara el programa que contiene: Chapultepec, Concierto del sur, Poema elegíaco y Ferial.

El día del evento el compositor escribe en su diario:

“20 [de octubre.] Ensayo por la mañana en el Teatro N. de Comedia. Todo marchó bien, gracias a Dios. Por la noche, a pesar de que sopla un viento helado, el teatro está concurridísimo. Parece que todo lo que cuenta en Buenos Aires, en materia de arte está presente. A mi salida, aplausos. Después del Chapultepec, me llaman 3 veces. Hago que la orquesta se ponga en pie. Al terminar el primer tiempo del Concierto del Sur, estalla la ovación. Dejo que Andrés reciba todos los aplausos. Sigue el Andante. Podría haberse escuchado una mosca volando. Otra ovación. Andrés me obliga a dar las gracias. Allegro Final, entusiasmo delirante. Saludamos y Andrés sale 4 veces solo y 4 conmigo a dar las gracias. Tanto el Poema elegíaco como Ferial son muy aplaudidos. Salgo 3 veces, pero dando tiempo. Y comienza el desfile. Uno de los primeros que me felicitan es Kleiber. Lista interminable: López Buchardo, Mastroggiani, Talamón, Fontova, Juan José Castro, Copland, la hija del Mtro. Williams, en nombre de éste, y una multitud de pianistas, (Uninsky, Mailuzinski [?], Gil Marchex, Lía Cimaglia, las Sandoval, etc.) violinistas, cantantes (Conchita Badía) y muchísimas personas más…”

El alto nivel cultural de la capital argentina así como los contratiempos mencionados hacían de este concierto la más dura prueba de la gira. Afortunadamente, los viejos amigos salen victoriosos. Ponce recordaría este concierto

como uno de los momentos más felices de su vida, en el que más de doscientas personas vinieron a felicitarlo.131

Algunas reseñas bonaerenses:

“El Concierto del Sur [...] hispánico en su espíritu, moderno en su factura, y excepcionalmente fino y elegante en su estética [...] Insuperablemente interpretada su parte solista por Andrés Segovia, y llevada la orquesta con sumo tacto por el autor, manteniendo el equilibrio de los ingeniosos diálogos instrumentales,

gustó sin reservas a la sala”.132

“El Concierto del Sur [...] es, desde luego, la obra más interesante de la audición, de una calidad poco frecuente, tanto por la riqueza y variedad de los recursos sonoros como por la gracia y profundidad de la inspiración y la habilidad técnica de que hace gala el compositor [...] El conjunto orquestal no se limita al papel de simple acompañamiento, más o menos adornado, sino que dialoga activamente entre sí, o con el instrumento principal [.] [sobre Segovia] Fraseo diáfano y expresivo, extremada variedad de matices, virtuosismo técnico absoluto y, sobre todo, una madurez espiritual y perfecta identificación con el espíritu de la obra [...] Manuel M. Ponce, que se reveló como un director de orquesta sobrio y eficiente, fue muy

aplaudido por el auditorio que asistió a la audición”.133

El estreno del Concierto para guitarra da inicio a una serie de éxitos. En los siguientes años, Segovia lo interpreta en diversas ciudades de América: en 1944 y 1947 en el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México con Erich Kleiber y Carlos Chávez como directores, respectivamente; en 1946, en el Carnegie Hall de Nueva York. Sobre esta última audición, el compositor y crítico musical del New York Herald Tribune, Virgil Thomson, escribió:

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“El Concierto del Sur, de Ponce, fue una delicia. Escrito a la manera andaluza, es rico en variedad expresiva e interés musical. Además, el acompañamiento orquestal amplifica el de por sí extenso rango de timbres de la guitarra en la manera más atractiva imaginable [...] El concierto de Ponce tuvo hondura sin pérdida alguna de la distintiva intensidad expresiva de la guitarra. Su Concierto del Sur

es una obra completamente deliciosa y una contribución excepcional al repertorio”.134

Por su parte, Segovia declara sobre el aludido opus: “Es la joya más preciada de mi repertorio”. En otra publicación, señala que es “considerada hoy como una de las joyas representativas de la literatura

guitarrística contemporánea”.135

Obras para guitarra136

– Sonata Mexicana, 1923 (Peer International). – La Valentina (versión), 1924 (Schott).

– La Pajarera y Por ti mi Corazón, 1925 (versiones editadas como Tres canciones populares mexicanas) (Schott).

– Estrellita (arreglo), 1925 (Ricordi).

– Preludio, 1925. Escrita para ejecutarse con un capotasto en 2do. traste (se desconoce el por qué). (Schott).

– Preludio para guitarra y clavecín, 1926 (sin publicar). – Tema variado y final, 1926 (Schott).

– Alborada y Canción gallega, 1927 (sin publicar). – Sonata III, 1927 (Schott).

– Sonata Clásica (Homenaje a Sor), 1928 (Schott).

– Sonata Romántica (Homenaje a Schubert), 1928 (Schott).

– 24 Preludios, 1929 (12 publicados por Schott –versión de A. Segovia–, y los 24 por Tecla Editions –versión M. Alcázar–).

– Variaciones y fuga sobre las Folias de España, 1929 (Schott). – Suite en La (atribuida a Weiss), 1929 (Berben, Ricordi). – Estudio de trémolo, 1930 (Schott).

– Sonata “de Paganini”, 1930. Su último movimiento se publicó por separado: Andantino variado. – Sonata para guitarra y clavicémbalo, 1931 (Peer International).

– Giga melancólica (atribuida a Johann Jakob Froberguer), 1931. – Suite Antigua (atribuida a Scarlatti), 1931 (Peer International). – Preludio en Mi Mayor, 1931.

– Cuatro piezas: Mazurca, Vals, Trópico y Rumba, 1932. – Sonatina Meridional, 1932 (Schott).

– Sonatina, Homenaje a Tárrega, 1932. Sólo se conserva el último movimiento: Allegro moderato (Berben).

– Allegretto, 1933 (obra descubierta mucho después y estrenada por Juan Carlos Laguna en 2009). – Concierto del Sur (para guitarra y orquesta), 1941 (Peer International).

– Dos viñetas: Vespertina y Rondino, 1946 (Guitar Review). – Matinal, 1946.

– Seis preludios cortos, 1947 (Peer International).

– Variaciones sobre un tema de Antonio Cabezón, 1948 (Tecla Editions). – Tres variaciones sobre Cabezón, 1948.

– Cuarteto para guitarra y cuerdas, 1948 (incompleto y no publicado). – Balletto (atribuido a Weiss), 1948 (Berben).

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Francisco Salinas Villalva (Puebla, 1892 - México D. F., 1979)137 Salinas tuvo como maestro a Guillermo Gómez

Vernet (Málaga, 1880 - México, 1952), discípulo de Tárrega, quien había emigrado a México en 1900, dándose a conocer como concertista virtuoso y uno de