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Primer caso: el modelo gonzaliano de «universidad distinta»

El carácter científico2 constituyó el eje vertebrador de todas las prácticas universitarias de la UNLP durante este período, comprendi- do entre 1905 y 1918. En el modelo de la «universidad nueva» y dis- tinta, pregonada por J. V. González, se podían encontrar las tres fun- ciones tradicionales de la universidad moderna con neta inspiración científica. Nos referimos a las tres áreas clásicas que abarcan tanto la producción de conocimiento como su reproducción y distribución: la docencia, la investigación y la extensión.

Considerado más ampliamente, en el período fundacional podemos reconocer dos etapas: la primera, correspondiente a la Universidad Provincial fundada por Rafael Hernández en 1889, y la segunda, a la creación de la Universidad Nacional en 1905, «la Universidad Nue- va» según la nominara J. V. González.

2. Preferimos usar el concepto de «carácter científico» en lugar del de «cientificismo» por las connotaciones negativas de este último término en nuestro medio.

En realidad, la provincia de Buenos Aires tuvo Universidad des- de el 9 de agosto de 1821, según el edicto de erección que suscribió el gobernador Martín Rodríguez y refrendó Bernardino Rivadavia. Sin embargo, al federalizarse Buenos Aires en 1880 (Ley N.º 1.029), perdió aquel status, para reasumir carácter local recién el 2 de ene- ro de 1890, es decir, cuando la Legislatura Bonaerense sancionó la Ley N.º 2.333, de creación de una «Universidad de Estudios Supe- riores» –conforme al proyecto del senador Rafael Hernández– di- vidida en cuatro Facultades: Derecho y Ciencias Sociales, Ciencias Médicas, Ciencias Físico-Matemáticas, Química y Farmacia. Cin- co años después, el gobernador Udaondo resolvió, en acuerdo de ministros, dar cumplimiento a la ley de 1890, por lo cual, el 14 de febrero de 1897, constituida la Asamblea de profesores, fue desig- nado rector el Dr. Dardo Rocha, quien propuso la alegoría del Sello Mayor de la Universidad: «la ciudad argentina de La Plata levantan- do la luz de la ciencia bajo la constelación de la Cruz del Sur y cobi- jando el escudo de la provincia en su centro y a su alrededor esta leyenda: ‘Por la ciencia y por la patria’».3 La Institución mantuvo una vida corta, en condiciones azarosas y con escaso presupuesto. En Ciencias Jurídicas y Sociales fue Decano el Dr. Dalmiro Alsina, des- empeñándose como profesores en Procedimientos civiles el Dr. Adolfo Eduardo Lascano,4 en primer lugar y, posteriormente, el magistrado judicial, Dr. Vicente Anzoátegui. Por esa época, ya integraba el cuer- po docente de la Universidad Provincial Salvador de la Colina, quien luego sería, sucesivamente, Consejero Académico (1908-1918), Con- sejero Superior (1913-1920) y Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (1919-1920), como así también Presidente del Colegio de Abogados (Morello, 1985: 10 y ss.).

3. El acta de erección de 1821 consta en el libro de Tulio Halperín Donghi (1962:16- 17). El acta de 1897 es transcripta en el discurso de Julio R. Castiñeiras (1935: 8). 4. Nació en La Plata en 1901 y se recibió de abogado en su Universidad. Actuó en la profesión ocupando cargos en el Colegio de Abogados local. Con David Lascano intervino en la redacción de un proyecto de reformas al código de procedimientos civil y comercial. Nombrado Procurador en 1958, juró con los jueces que pasaron a integrar la Corte. Ocupó el cargo hasta que cesó por decreto del gobierno militar de junio de 1966. Sus dictámenes resultan elaborados y equilibrados.

El convenio del 11 de noviembre de 1902, entre el gobernador Marcelino Ugarte y el ministro de Justicia e Instrucción Pública, doc- tor Juan R. Fernández, fue ratificado por la Legislatura Provincial (26 de diciembre de 1903) y, al aprobar el Congreso el presupuesto nacio- nal en 1904, avanzó hacia la futura nacionalización de la Universidad local ajustada a la ley de 1890. Se firmó entre la Nación y la Provin- cia el convenio ad referendum del 12 de agosto de 1905, al que Castiñeiras (1940) considera por tradición como «fundación de la Universidad». Lo cierto es que la Universidad de la provincia es na- cionalizada por la Ley N.º 4.699,5 bajo los influjos del pensamiento y de la acción de J. V. González, quien adoptó un nuevo modelo dentro del tipo universitario nacional. El carácter distintivo estuvo dado por su aspecto experimental, fundamentado no sólo en una cuestión ideo- lógico-paradigmática sino en la necesidad del conocimiento científico para el progreso social. Señalaba, así, el ministro González que

no había en el país mucho ambiente ni espacio bastante para una tercera universidad del tipo de las clásicas de Buenos Aires y Córdoba [y] una tercera universidad del tipo moderno y experimental, que se aparte de aquéllas por su organización, diferente carácter y método de sus estu- dios, sistema de gobierno interior y direcciones específicas y prácticas de sus diversas secciones, no sólo tendría cabi- da fácil, sino que respondería a una necesidad evidente de todas las clases sociales en la Nación y en particular de los que miran más a la prosperidad general, bajo su faz cientí- fica y económica. (González, J.V., 1940: 105)

Sus planes con respecto a la fundación de una universidad nacio- nal en La Plata avanzaban hacia la formación de un centro intelectual y científico, una ciudad según el modelo de Oxford. Propuso su crea- ción sobre la Universidad Provincial preexistente y sus Facultades, sumada a la histórica Facultad de Agronomía y Veterinaria y Escuela

5. Ver los antecedentes parlamentarios en: Diario de Sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Nación (Año 1905, tomo II, p. 833); ídem, Diario de Sesiones de la H. Cámara de Senadores de la Nación (Año 1905, tomo I, p. 851). El art.1º refiérese a la aprobación del convenio sobre establecimiento de «una Universidad Nacional en La Plata» (ADLA, 1889-1919, p. 656).

Práctica de Santa Catalina, y a la nacionalización del Museo y del Ob- servatorio, lo que fue complementado con las Secciones de Pedagogía y Filosofía y Letras en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, la Escuela de Artes y Oficios, la Biblioteca Universitaria, el Colegio Na- cional y la Escuela Graduada de Varones para la enseñanza primaria. Se agregaría además, en 1907, el Colegio Secundario de Señoritas cons- tituyendo un adelanto para la época. En términos de unidades académi- cas, la nueva Universidad quedó organizada, entonces, en cuatro Facul- tades: Agronomía y Veterinaria, Ciencias Físicas, Matemáticas y Astronómicas, Ciencias Naturales y Museo, y Ciencias Jurídicas y So- ciales (con sus secciones, ya nombradas).

Otro aspecto institucional importante fue su dimensión simbólica; de hecho, las instituciones son productoras de significados que hacen a su identidad y suscitan compromisos individuales y colectivos (Clark, 1993). En este caso, vemos a una universidad nueva trabajando con tal fin y, en ello, un punto importante residía en la adopción de ciertas creencias y valores. El poder de vinculación de los símbolos institucionales se relaciona en gran medida con la capacidad de gene- rar leyendas que signifiquen lazos para sus miembros, promeuevan lealtad por medio del sentido de pertenencia y sean la imagen diferenciadora que se brinda al exterior. Así, hubo intenciones y ac- ciones específicas para establecer una diferenciación institucional con respecto a las otras universidades nacionales, lo cual se hizo mani- fiesto en la gran apertura al exterior mediante el intercambio de pu- blicaciones, la participación en Congresos o la contratación de cientí- ficos eminentes. En el caso de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, se destacó particularmente la visita de invitados extranjeros relevantes, como Altamira, Posadas, Ferrero, Ferri y Rowe.

Finalmente, la idea de universidad nueva que Joaquín V. González instauró hacia 1905 en la actual Universidad Nacional de La Plata incluía también una clara alusión a su misión social, que se canaliza- ría por medio de la llamada «extensión». Esta Universidad, distinta de los modelos nacionales vigentes, se apoyaba en el ideario positivista de aquellos que Zimmermann (1995) llamó «liberales reformistas», constituidos por cierta parte de la elite política que aspiraba a una modernización con fe en el progreso por medio de la razón y de la

ciencia, combinada con la reforma social que amortiguara los conflic- tos sociales de la Argentina moderna.

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