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Procedimientos intraliterarios

16. EL TIEMPO EN EL CUENTO 1 Introducción

16.7. Procedimientos intraliterarios

Habiendo dedicado tantas páginas a los procedimientos no literarios en la captación del tiempo se esperará que yo redoble mi atención al estudiar los procedimientos estrictamente literarios. No obstante, pese a su asunto, esta sección será la más mezquina y negligente. ¿Por qué? Porque estos procedimientos son estilísticos, y el estudio del estilo exige análisis textuales que no caben en un libro teórico como éste. Estilo es el modo personalísimo con que un narrador expresa sus intuiciones estéticas en cada uno de sus textos. El presente libro es una vivisección del género Cuento, no un análisis de cuentos individuales. Me ocupo de generalidades, y la Estilística es un método que consiste en analizar particularidades: una imagen, un sintagma, un ritmo, una figura, una personal correlación entre formas lingüísticas y formas mentales. Además, las observaciones generales sobre rasgos estilísticos, en la medida en que son posibles, ya están repartidas por otros capítulos. Me limitaré, pues, a indicar unos pocos puntos remitiéndolos a los capítulos donde los trato con más extensión.

Ante todo, recuérdese lo que dije sobre el principio de selectividad (9.2.). El narrador, para dar expresión artística al tiempo, selecciona de su experiencia (incluyendo la experiencia de la lengua) lo que más le conviene. Ya esta selección es un acto intensamente temporal. Su conciencia es un campo recorrido por recuerdos del pasado, impresiones del presente, presentimientos del futuro —todo esto en una libre y desordenada unidad dinámica—, y de las muchas opciones que allí encuentra elige unas pocas. La selección de lo que ha de entrar en su cuento es, pues, una actividad de su conciencia, programática, proyectada hacia fines. Que nada falte ni sobre, que todo cumpla un propósito y se desarrolle de acuerdo con un plan.

Sería falso dividir el proceso unitario de la creación de un cuento en «materia» y «forma» (12.2.), y aun más falso el tratar por separado el medium lingüístico en el que aquéllas se fusionan. No obstante, como por algún aspecto hay que empezar si quiero exponer la representación del tiempo en un cuento, seguiré el orden que va de lo que parece más externo, el tema, a lo que parece más interno, el estilo, pasando por lo que parece intermedio, la estructura.

16.7.1. TEMASTEMPORALES

El cuento ofrece una materia de la que abstraemos un tema (12.7.). Por tenue que sea, ese tema está vinculado con el mundo en que vivimos y que conocemos a través de nuestros sentidos. Es el tema de seres humanos que actúan, sienten y piensan en el

transcurso del tiempo. Todos los temas tienen algo que ver con el tiempo pero en algunos el énfasis temporal es más fuerte. Pensemos en un cuento cualquiera. Un personaje llega a un lugar a tal hora, recuerda, espera. Todo eso entraña una duración. Si el cuento es psicológico su tema será la caracterización de ese personaje, con finos análisis de sus procesos mentales más profundos (17). Si el cuento es de tema histórico el tiempo personal de ese personaje y el tiempo colectivo de la comunidad convergerán en una heroica historia o en una anónima intrahistoria. Y así el tema sacado de la acción de ese personaje variará según el cuento nos presente ciclos generacionales, vidas familiares, una edad, un instante, pero siempre será un tema bordado en el tiempo.

16.7.2. ESTRUCTURAS TEMPORALES

El más amorfo de los cuentos está moldeado por estructuras temporales. Son tantas que sería inútil intentar describirlas todas. Sólo apuntaré unas pocas.

El cuento está estructurado por el punto de vista del narrador, o sea, por una conciencia que, desde fuera o desde dentro de la acción, madura en el tiempo. La temporalidad de este narrador controla la temporalidad del lector: entre ambas temporalidades cada partícula lingüística se carga de dinamismo y el cuento, como ente animado, también vive en el tiempo. El carácter subjetivo del tiempo se manifiesta apenas el narrador (o uno de sus personajes) abre la boca: la descripción de cortos e intensos minutos se alarga y en cambio la descripción de largas y aburridas horas se acorta. Cualquiera que sea su materia —fluida o rígida— el cuento se desenvuelve en una sucesión de instantes. En un extremo tenemos el cuento del fluir psíquico: emociones, imágenes e ideas se asocian caóticamente, como en un delirio. Obsérvese que aun en ese cuento hay un cauce que ordena la corriente de emociones, imágenes e ideas: ese cauce es la forma del tiempo vivido por el narrador o por uno de sus personajes. En el otro extremo tenemos el cuento construido con rigidez, con rigor. Este cuento es tan claro, tan discursivo, tan congruente que no parece reflejar la irracionalidad de la vida. Obsérvese mejor. El narrador que lo quiere gobernar con principios lógicos no puede menos de imponer convenciones que proceden de la vida y traen su irracional marca: el tiempo de la historia, de la lengua, de la conciencia. El narrador planea su trama. Ese plan es un cañamazo de tiempo. Mirémoslo. Todos sus puntos son temporales. A saber. El ajuste de los acontecimientos a la cronología de los relojes o a las solicitaciones de la duración psicológica. La distribución de focos que iluminan los pasajes decisivos y muestran así la dirección cronológica del argumento. La edificación del momento culminante y, más arriba todavía, la sorpresiva torre final desde la cual se empuja al lector y se lo hace caer con un paracaídas de juguete. Las pistas, claras o borrosas, que mantienen despierta la atención de quien las va siguiendo, anhelante de saber cómo ha de terminar todo. Los conflictos —entre hombre y hombre, entre hombre y sociedad, entre hombre y naturaleza— que a través de un proceso de tensiones y distensiones van unificando la compleja realidad contada hasta aguzarla en un punto de extrema simplicidad. Otro aspecto de la estructura temporal de la trama es la secuencia narrativa. El modo de abrir y cerrar la retahíla de sucesos. El clímax al principio y después una retrospección que llega hasta la crisis o una exposición que termina en clímax. La distancia entre el tiempo en que vive el narrador y el tiempo de la acción que narra, y si la acción tiende hacia el pasado (cuentos históricos) o hacia el futuro (cuentos ucrónicos). La dirección del relato desde el pasado hacia adelante (cuentos en tercera persona) o desde el presente hacia atrás (cuentos en primera persona). La ilusión de que la acción está ocurriendo o de que ya ha ocurrido. Pero basta ya.

16.7.3. ESTILOSTEMPORALES

Percibimos inmediatamente un cuadro, una sonata. Sus colores y sonidos no significan nada lógico. No se refieren a ninguna realidad exterior. Las palabras, en cambio significan algo dentro de un sistema convencional de símbolos usado por una nación. Un cuadro en un museo florentino, una sonata en un auditorio vienés no nos hacen sentir extranjeros, a pesar de que somos argentinos. Por el contrario, un cuento que esté escrito en italiano o en alemán, si ignoramos estas lenguas, no existe para nosotros. El cuento es una habitación lingüística: sólo los lectores que entendemos sus palabras podemos habitarlo. Y al entrar en esa vivienda vivimos el tiempo de nuestra comunidad, el tiempo del narrador, el tiempo de la acción, nuestro propio tiempo.

Comprender un cuento es comprender el sistema total del idioma del narrador, esto es, el estilo estéticamente valioso con que el narrador usa su habla; habla que, a su vez, es el uso personal de la lengua en que escribe. Lengua, habla, estilo que hay que analizar en el vocabulario, sintaxis y fonología de la prosa de cada cuento. El mensaje del cuento es su estilo mismo. El medium lingüístico no es un medio sino un fin. Con su prosa — lograda con una hábil selección de palabras—, el narrador rinde su visión personal de la realidad. El lenguaje tiene un orden sintáctico: está constituido por unidades consecutivas que se mueven hacia delante, en una dirección única. Es una forma de expresión sometida a las tres características del Tiempo: trascendencia, secuencia e irreversibilidad. El narrador y el lector se ponen de acuerdo para jugar un juego de fingimientos: la literatura sólo nos da versiones verbales de la realidad pero fingimos creer en la realidad de esas irreales versiones. Gracias a tales convenios el narrador, trabajando con un lenguaje sucesivo, podrá dar la impresión de movimientos simultáneos, retrospectivos y prospectivos. El «qué se cuenta» y el «cómo se cuenta» están coloreados por el tiempo personal vivido por el narrador.