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Diálogos como proceso y propuesta política pedagógica

patriarcal 12 como la propia noción de crisis, son hilos importantes con la

que manufacturamos el cuerpo teórico de los Diálogos. Aquí compartimos un repaso de los conceptos elaborados.

El capitalismo, proyecto de organización de la sociedad que promueve

la mercantilización de cada vez más espacios y dimensiones de la vida en búsqueda de la acumulación y concentración infinita de capital, para lo cual promueve la explotación de los bienes comunes y territorios, como también de los cuerpos y vidas de hombres y mujeres. Supone que a mayor riqueza material mayor bienestar social (mito del desarrollo y del progreso). Para ello se privatiza lo común y se producen dos tipos de jerarquías y relaciones de explotación, la del capital sobre la fuerza de trabajo y la del capital sobre la naturaleza, normalizando así el dominio del humano (generizado en la figura del “hombre”) sobre la naturaleza y de las clases pudientes (propietarios de los medios de producción) sobre las clases populares.

El patriarcado, proyecto de organización de la sociedad que consiste en el

control de la fuerza de trabajo, los cuerpos, los deseos, saberes e identidades de mujeres y disidentes sexuales através de la imposición de modelos asimétricos y heteronormados de las relaciones de género, donde al género “masculino” basado en el imaginario de la virilidad, la fuerza y la razón representado por la figura del padre, se le atribuye funciones públicas y productivas valoradas positivamente junto con el poder de dominio sobre las figuras representativas de “lo femenino”, seres comprendidos bajo este paradigma como naturales, instintivos, débiles irracionales y por lo tanto tutelables. Estos estereotipos

12 Un análisis más fino sobre ello se encuentra en: Mar Daza, Raphael Hoetmer y Gina Vargas.

Crisis y movimientos sociales en Nuestra América (Lima 2011, Programa Democracia y

y valoraciones que subaycen, fundamentan la división sexual del trabajo, por lo que asigna a las mujeres funciones no reconocidas ni sociales ni económicamente como el trabajo de reproducción y de cuidado, y se convierte a las personas que transgreden la heteronormatividad en sujetos de abyección.

La colonialidad organiza a la sociedad desde la construcción histórica de la

noción de raza a partir de la codificación de la diferencia entre el colonizador y el colonizado13. Implica no solamente la imposición de jerarquías entre

personas según sus fenotipos o culturas, también impone jerarquías de saberes, productos culturales, prácticas sociales y políticas, y formas de relacionarse con el desarrollo, desde la noción que lo producido por la razón occidental es superior a los demás pueblos y culturas consideradas subalternas.

Los sistemas de dominación aquí descritos tienen sus propias temporalidades y especificidades geohistóricas. Se han materializado a través de procesos históricos globales como la propia colonización, la evangelización cristiana, la industrialización, el comercio internacional, las guerras abiertas y otras disputas imperialistas, la revolución informática, etc. que han facilitado su penetración en cada vez más territorios y relaciones sociales alrededor del mundo, originando nuevas intersecciones. Aunque se reconocen patrones comunes de poder que configuran la organización de las sociedades actuales, estos procesos interactúan con las historias y contextos particulares generando sistemas propios y altamente complejos.

No obstante, los pueblos del Sur Global han aprendido desde la colonia a lidear con este sistema a través de dinámicas de resistencia y colaboración con el Estado y el mercado capitalista. Es por ello que para atender las necesidades fundamentales para sus vidas han mantenido o creado formas de autoorganización y autogobierno como la de algunos pueblos indígenas, las y los campesinos sin tierra, las mujeres urbano-populares, las y los piqueteros, para mencionar algunos, las cuales resultan en prácticas de resistencia y de autodeterminación con éticas que desafían los paradigmas hegemónicos. Dichas procesos van generando saberes “otros”, subjetividades “otras”, y prácticas de convivencia y transformación “otras” útiles hoy para delinear las salidas sistémicas a las crisis actuales.

Desde el primer diálogo, el diseño de un “marco” interpretativo anticapitalista, anticolonial, antipatriarcal y biocéntrico, fue hecho por los aportes de los diversos movimientos presentes:

“Los médicos que van a prestar servicio a las comunidades creen que la gente se enferma “por no saber español” cuando son ellos los que deberían aprender el quechua porque son ajenos al lugar... En el caso del sistema de justicia es lo mismo: te juzgan en un idioma que no entiendes y ni siquiera te ponen un abogado que te traduzca de que te acusan. En las zonas rurales algunos hombres aprenden español porque se educan pero mayormente las mujeres no y cuando son golpeadas, frente a la justicia ellas siempre son invisibilizadas. No tienen oportunidad de estudiar, trabajar, nada. Los principales alimentos del mundo nacieron en estas tierras, ¿Qué es lo que ha pasado para que ahora estemos así? El pueblo andino nunca ha sido pobre, ha sido rico. No era importante el dinero. A la mujer no sle educaron porque cuando llegaron los españoles dijeron que no valíamos y no nos educaron. Tomando una palabra prestada, nos vulneraron”. (Dirigenta indígena

andina. I Diálogos, 2009).

“Lo que siento que nos une es la lucha de poder político y económico. En este espacio podemos tener un punto en común. Cuando defendemos a la pachamama, defendemos la vida de todos, es ahí donde queremos entrar en entendimiento con ustedes. Y esto debemos devolver en reciprocidad con algunas agendas que reclamen apoyo”. (Dirigente

indígena, I Diálogos, 2009).

Con los Diálogos entendimos que este sistema de dominación fuertemente articulado y reforzado en la modernidad, nos fragmenta. Rompe vínculos, nos aisla y cosifica para mercantilizarlo todo. Crea fronteras identitarias y posiciones dicotómicas para ejercer mayor control sobre la vida de las personas. Nos jerarquiza. Elabora sistemas de conocimientos bajo estas mismas premisas que impide ver de manera integrada e histórica (cambiante) nuestras realidades, nuestra humanidad y a la naturaleza. Nos impide ver relaciones más allá de las utilitarias. Por ello el poder de construir vínculos y comunialidades son altamente revolucionarias. Los Diálogos también nos dejaron la certidumbre de que los movimientos sociales son sujetos políticos que tienen este potencial. Que desde sus diversos saberes y subjetividades abren disputas a los discursos y conceptos impuestos para entender nuestro mundo. Y que, en la medida que están más articulados, son capaces de transformaciones profundas.

“... en medio de tanta diversidad de género, de origen, de lenguajes, fuimos encontrando una pasión común entre muchas pasiones comunes que era la pasión por luchar, (...) y encontramos que una manera de

comunicarnos fuertemente era compartir nuestras diversas historias de luchas frente a un orden que todos sentíamos como opresor: capitalismo, y empezamos a contar nuestras luchas, las historias de nuestras luchas. Y para contar esas historias de esas luchas usamos por un lado mapas, (...) donde están nuestros afanes, contra qué y contra quiénes luchábamos, (...) también se hizo una línea de tiempo que adquirió la forma de una trenza y jugamos con la textura, con el color, con el tamaño, y fuimos haciendo también una línea de tiempo de hitos en la historia de luchas y los fuimos enredando y nos fuimos dando cuenta que no solamente enredábamos acontecimientos, nos enredábamos nosotros porque donde aparecía una lucha ahí veíamos que se conectaba con otra”. (Educador

popular. II Diálogos de Saberes y Movimientos, 2010).

Imagen 2. I Diálogos de Saberes y Movimientos. Dinámica de mapeo y reconstrucción histórica de las luchas populares. Mayo 2010

Fuente: Fotografía propia.