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Racionalidad comunicativa y racionalidad discursiva

5. Los fundamentos teóricos de la mediación: razones, proposiciones y propósitos

1.2. Acción comunicativa

1.2.2. Racionalidad comunicativa y racionalidad discursiva

Acción comunicativa es, para Habermas, una acción orientada al entendimiento y al acuerdo. Más precisamente, una acción comunicativa implica la concurrencia de al menos dos sujetos que realizan un intercambio verbal orientado al entenderse y a alcanzar un consenso sobre algo en el mundo7.

En consecuencia, la interacción comunicativa es una situación en la que los actores coordinan sus planes de acción de forma dialógica, con el uso de la argumentación8.

Una acción de esta naturaleza es expresión de un tipo de racionalidad que el autor define “comunicativa”, distinguiéndola de la racionalidad técnico-científica que la tradición moderna occidental había designado como única fuente posible de saber9.

Habermas propone, en definitiva, un tipo de racionalidad que sirve de base para la interacción y el entendimiento entre actores sociales, y no simplemente para la

7 Como veremos, la acción comunicativa es distinta de la acción estratégica, esto es, la acción de un sujeto que persigue sus fines particulares en solitario, ejerciendo poder o manipulando la comunicación, a detrimento de los objetivos de los demás.

8 En palabras de Haberms, es una acción en la que tienen “… el propósito de llegar a un acuerdo

que sirva de base a una coordinación concertada de los planes de acción individual”. Cfr.

HABERMAS, Jürgen, Teoría de la Acción Comunicativa, Vol. I, Madrid: Ed. Taurus, 1987, p. 379 9 Como es notorio, se trata de un tema central de la teoría crítica. Ya Adorno y Horkheimer habían

señalado que la racionalidad técnico-cientifica, entendida como saber al servicio de la técnica y del dominio del hombre sobre el hombre y la naturaleza, estaba en la base de un saber manipulador y funcional al poder.

modificación causal de condiciones en el mundo objetivo.

En tal sentido, el autor define la racionalidad como la característica propia de sujetos “capaces de lenguaje y acción”, que se manifiesta “en formas de comportamiento

para las cuales existen en cada caso buenas razones”10. Esto significa que, en la

comunicación con el otro, cualquier hablante reclama, para cada una de sus manifestaciones verbales, una pretensión de validez susceptible de crítica, es decir, toda manifestación verbal está sujeta a la posibilidad de que el otro cuestione la pretensión de validez que el hablante plantea con ella. Tal es, por ejemplo, el caso del hablante que, al emitir un acto de habla constatativo, plantea una pretensión de “verdad” sobre algo en el mundo objetivo, y puede, frente a una crítica, defender con buenas razones la “verdad” de su emisión. Asimismo, es el caso del hablante que, con un acto de habla regulativo, plantea una pretensión de “corrección” o “rectitud” sobre algo en el mundo social o que, con un acto de habla expresivo, plantea una pretensión de “vericidad” acerca de una vivencia subjetiva.

Para Habermas, la racionalidad tiene un carácter intrínsecamente dialógico, es decir, no puede prescindir de la participación del otro. Incluso cuando un actor, para decidir su curso de acción, reflexiona individualmente sobre sus creencias, acciones y expresiones lingüísticas, lo hace gracias a que adopta la perspectiva de una segunda persona: “La reflexión se produce también gracias a una relación dialógica

previa y no se mueve en el vacío de una interioridad constituida al margen de toda comunicación.”11. En este sentido, según el autor, sería poco conveniente considerar

la racionalidad como una calidad propia de los individuos, independiente de la interacción dialógica.

La racionalidad comunicativa tiene además un contenido normativo, aunque no en el sentido de fuente de normas de acción, como pasa con la razón práctica. El contenido normativo de la razón comunicativa reside en que quién actúa comunicativamente está obligado, por una “coerción trascendental de tipo débil”, a asumir algunos presupuestos contrafácticos: “Tiene que emprender idealizaciones,

10 HABERMAS, Teoría de la Acción Comunicativa, Vol. I, cit., p. 42-43. La visión subyacente a la teoría de Habermas es la de un sujeto capaz de responder de sus actos, capacidad que adquiere anticipando la objeción que el otro podría avanzar con respecto a la pretensión de validez que él plantea con su propuesta comunicativa. Viéndose de tal manera con los ojos del otro, el sujeto adquiere una relación reflexiva consigo mismo, tornándose capaz de autocrítica. 11 HABERMAS, Jürgen, Verdad y justificación, Madrid: Ed. Trotta, 2002 (ed. or. 1999), p. 100

por ejemplo, atribuir a las expresiones significados idénticos, asociar a sus manifestaciones o elocuciones una pretensión de validez que trasciende el contexto, suponer a sus destinatarios capacidad de responder de sus actos, esto es, autonomía y veracidad, tanto frente a sí mismos como frente a los demás […] Una corona de presuposiciones inevitables constituye el fundamento contrafáctico del habla fáctica y del entendimiento intersubjetivo fáctico, una corona de idealizaciones, pues, que se enderezan críticamente contra los propios resultados de ese entendimiento, el cual puede, por tanto, trascenderse a sí mismo.”12.

Más tarde, en Verdad y justificación, Habermas propone distinguir entre racionalidad

epistémica, teleológica y comunicativa13. Las tres se encuentran entrelazadas en la

racionalidad discursiva y corresponden a los diferentes tipos de estructuras que la

constituyen.

En general, explica el autor, podemos decir que un sujeto es racional cuando puede justificar con razones su orientarse por pretensiones de validez. Cuando es capaz de dar cuenta de sus actos. Habermas denomina responsabilidad a este tipo de racionalidad. Gracias a ella, el sujeto asume una actitud reflexiva sobre lo que cree, hace o dice y, de esta forma, consigue distanciarse de sí mismo y de sus manifestaciones, lo que hace posible su libertad14.

La racionalidad epistémica, es decir, la racionalidad del saber, se manifiesta en el hecho de que, cuando sabemos algo, también sabemos por qué ese “algo” es verdadero. Esto es, cuando afirmamos saber algo, es porque podemos justificar nuestra afirmación. En ello va implícita la naturaleza discursiva de la racionalidad epistémica.

No se trata de que las ideas o las creencias “falsas” (esto es, no verdaderas) no sean racionales: lo irracional sería defenderlas dogmáticamente, sin aportar buenas

12 HABERMAS, Jürgen, Facticidad y validez, Madrid: Ed. Trotta, 1998 (ed. or. 1992-1994), p. 66 13 La racionalidad comunicativa ha ido perdiendo, en el desarrollo del pensamiento de Habermas,

la centralidad que tenía en su Teoría de la Acción Comunicativa. En los trabajos más recientes, la racionalidad comunicativa queda al mismo nivel de la epistémica y de la teleológica, las tres reunidas en la racionalidad discursiva, que adquiere ahora un lugar de preeminencia. Cfr. FABRA, Habermas: lenguaje, razón y verdad, cit.

14 Concretamente, el sujeto estará libre de expresarse en la medida en que consigue desvincularse de su perspectiva egocéntrica; podrá ejercer su libertad de arbitrio si será capaz de elegir racionalmente el curso de acción; y finalmente estará libre en cuanto a su voluntad en la medida en que ésta se auto-vincule por convicción moral. Cfr. HABERMAS, Verdad y justificación, cit.

razones que puedan fundamentarlas. En palabras de Habermas, “Para calificar una

creencia como racional es suficiente que pueda ser sostenida como verdadera, basándose en buenas razones, en el contexto dado de justificación, es decir, que pueda ser racionalmente aceptada.”15.

En el intercambio discursivo, en la medida en que nuestras razones sean refutadas, podemos revisar nuestras afirmaciones y nuestro saber.

En su expresión lingüística, la racionalidad epistémica se expresa a través de

oraciones asertivas.

La racionalidad teleológica es la que caracteriza la acción de un sujeto que consigue sus objetivos a través de medios seleccionados y empleados de manera intencionada. En otras palabras, un agente actúa de manera racional: a) cuando conoce (es consciente de) los motivos por los que su acción ha tenido el efecto esperado, y b) si su actuar se basa en esos motivos16.

En su expresión lingüística, la racionalidad teleológica se expresa a través de

oraciones de intención.

La racionalidad comunicativa, es decir, la racionalidad del uso del lenguaje orientado al entendimiento, se manifiesta en la comprensibilidad y en la aceptabilidad de los actos de habla, que hacen posible, para el hablante, conseguir sus objetivos ilocutivos (es decir, los objetivos ilocutivos del entendimiento, que son propios del lenguaje, como se verá más adelante). Existe pues racionalidad comunicativa cuando el hablante puede sostener:

a. que las condiciones que hacen válido un acto de habla se cumplen, y

b. que puede ofrecer una garantía creíble de que, llegado el caso, podrá sostener discursivamente sus pretensiones de validez17.

Se trata de un tipo de racionalidad que tiene que ver con el uso de las expresiones lingüísticas, más que con el lenguaje en sí mismo, y sirve tanto para expresar las intenciones del hablante, como para representar estados de cosas, como para instaurar relaciones con otros.

Tanto la racionalidad epistémica como la racionalidad teleológica no implican

15 HABERMAS, Verdad y justificación, cit., p. 104 16 HABERMAS, Verdad y justificación, cit. 17 HABERMAS, Verdad y justificación, cit.

necesariamente, per se, un uso ilocutivo del lenguaje. Una oración enunciativa utilizada epistémicamente sirve para representar un estado de cosas. El aspecto ilocutivo se hace evidente cuando el hablante utiliza su emisión para afirmar un estado de cosas, buscando de esta forma no solamente que el otro entienda que está hablando de algo (o que lo considera verdadero): también está pretendiendo que el otro reconozca que el estado de cosas que afirma es verdadero18.

Asimismo, una oración de intención no acarrea fines ilocutivos, a menos que el hablante no anuncie sus intenciones con el objetivo de que el oyente las tome en serio y sepa que el hablante las realizará.

Con ello, el autor está diferenciando un uso comunicativo del lenguaje, de uno no

comunicativo, distinción que examinaremos más adelante.

1.2.3. Tipos y componentes estructurales de los actos de habla y pretensiones

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