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BAUTISMO DE JESÚS

V. RELECTURA FINAL DE MC 1,9-

1. En el macrotexto marcano y a la luz de los textos fuente y contextuales

Excursus II, El bautismo de fuego; Excursus III, El bautismo cristiano). En la escena del Bautismo de Jesús y en la visión apocalíptica se puede aplicar el dicho rabínico de que la Torah tiene setenta caras, tal es la cantidad de alusiones y su riqueza interpretativa. Aquí se deja ver el largo trecho recorrido por la exégesis desde el análisis de la historia de las formas (que veía sólo una leyenda cultual, o una forma epifánica, o una visión mística) al más complejo análisis redaccional y contextual en el que hoy nos movemos.

a) El hombre del Espíritu

Cualquiera que sea el origen y el Sitz im Leben original del relato, el bautismo de Jesús, en la redacción de Mc, aparece como la continuación y realización del anuncio del Bautista (1,7-8), y antecede a la acción del espíritu que empuja a Jesús al desierto (1,12- 13). En esas tres escenas iniciales, que son la presentación de Jesús, éste aparece casi pasivamente, como poseído por el Espíritu.69 Desde este momento Jesús actuará con la fuerza del Espíritu (2,8; 3,30; 8,12) frente a los espíritus inmundos (Mc 1,23ss; 3,29-30; 5,2ss; 7,26ss; 9,17ss.) y dará a sus discípulos la misión y el poder para expulsar a los espíritus (6,7).

68 Véanse los textos en Pérez Fernández, “La voz del Cielo y el vuelo de la Paloma”.

Sobre la polémica del TgCant con el cristianismo, cf. F. Manns, “Le Targum du Cantique des Cantiques,” pp. 234-51.

69 La incongruencia de que Jesús no aparezca bautizando, como lo anuncia el

Bautista, sino bautizado, no como donador del Espíritu sino como receptor, puede ser un indicio del origen independiente del relato.

Habida cuenta de la importancia que las figuras carismáticas de Elías y Eliseo han tenido en la configuración de numerosas escenas evangélicas, no se puede menos de notar un paralelismo con el inicio del ministerio de Eliseo mediante la transmisión del espíritu de Elías. Pero, en mi opinión, tal contacto no puede ir más allá de un paralelismo estructural en el conjunto de la obra marcana: se comienza con la transmisión del espíritu, el retiro al desierto, la llamada de los primeros discípulos, etc. Si existió una leyenda popular más afín a 2 Re 2,9-15, nos es hoy imposible rastrearla tras los textos evangélicos.

b) El hijo amado y el siervo sufriente

La escena tiene un paralelo singular con Mc 9,1-13, la transfiguración, donde una voz sale de la nube (símbolo de la Šekinah) con palabras muy semejantes a las de la visión bautismal: Éste es mi hijo, el amado, escuchadle –Ou-to,j evstin o` ui`o,j mou o` avgaphto,j( avkou,ete auvtou/–. Se trata claramente de una inclusión buscada por el narrador para enfatizar la condición de Jesús, esta vez avalado por la presencia de Moisés y Elías, en el momento en que Jesús está anunciando su muerte.70 Mc quiere resaltar que la condición de hijo es como la del siervo sufriente.71 La misma precisión ha hecho Mc a la confesión mesiánica de Pedro (8,29): el Hijo del Hombre tiene que padecer … (8,31). Los dos títulos con que se abrió el libro van desvelándose a lo largo de todo el relato, y precisándose.

c) Bautismo y muerte

El relato de la muerte de Jesús (15,37-39 | Mt 27,50-54) tiene tantos contactos léxicos y teológicos con el del bautismo que difícilmente pueden considerarse casuales: la gran voz que lanza Jesús para expirar y la entrega del Espíritu –Mc, evxe,pneusen; Mt, avfh/ken to. pneu/ma– producen el rasgarse –evsci,sqh– de la cortina del Templo y la proclamación del centurión: verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Todos los comentaristas han notado que la confesión del centurión, como la confesión de Pedro, remiten a los títulos del libro: Jesús Mesías e Hijo de Dios. Es necesario ir más allá, y ver en la muerte de Jesús el bautismo con el que Jesús decía tener que ser bautizado (Mc 10,38). En la muerte de Jesús están todos los elementos del bautismo inicial: la voz, el Espíritu, el rasgarse de la cortina del Templo (los cielos, el Sancta Sanctorum), la proclamación del Hijo de Dios.72 La misma escenificación del bautismo (Jesús viene desde Nazaret de Galilea hasta las orillas del Jordán en Judea) prefigura el viaje final a Jerusalén para su muerte y exaltación: Mc 10,33-34.38-39.73

70 Interesantísima es la interpretación de Mc 9,2-8 por B. Chilton y J. Neusner, Judaism in the New Testament. Practices and Beliefs, pp. 109-10. Benedicto XVI (p.

363): “Moisés y Elías se convierten ellos mismos en figuras y testimonios de la pasión.”

71 Heb 5,8: Y aún siendo hijo, aprendió de las cosas que padeció la obediencia.

d) El amado Isaac

También avgaphto,j resalta el sentido trágico de Isaac, el hijo amado destinado a la obediencia y al sacrificio. La conexión amado– sacrificado es con claridad expuesta por Mc en la parábola de los viñadores homicidas, donde el narrador dice provocativamente: Todavía tenía uno, su hijo amado –ui`o.n avgaphto,n– … (12,6).74 La tradición targúmica y midrasica había visto en Isaac no sólo el siervo de Dios que sufre voluntariamente sino también el que experimenta la muerte para resucitar. Debe notarse que, paralelamente, siempre que Jesús anuncia su muerte, anuncia su resurrección: Mc 9,9.12; 9,31; 10,33-34.

Precisamente este sacrificado, mediante su ‘Aqedah, se convierte en el liberador. En esa conexión que la tradición rabínica establece entre la fiesta de Pascua, la ‘aqedah de Isaac, y el Amado liberador del Cantar de los Cantares, tenemos una clave para penetrar la riqueza de posibilidades hermenéuticas de nuestro texto.

e) El nuevo Adán

Este Hijo amado de Dios es verdaderamente el hombre nuevo, primogénito de la nueva creación. El Espíritu descendiendo sobre el que sube de las aguas ofrece la imagen creacional de un nuevo comienzo: la paloma de la mística rabínica de la creación, y la paloma que anuncia el comienzo de una época nueva con Noé, representan al Espíritu creador.75 La escena siguiente (Mc 1,12-13) lo pone de manifiesto: Jesús es el nuevo Adán –contra el que Satanás no puede, como pudo con el primer Adán– que reabre el paraíso y reinstaura la armonía de la creación.76

72 Cf. Focant, pp. 68-69. Yo sugiero que la visión apocalíptica en Mc 1,9-11 se ha

(cf. mi comentario a Mc 1,2-8, Excursus II y III).

73 Cf. Boring, p. 44. Benedicto XVI (Jesús de Nazaret, pp. 38.41-42, esp.283s)

expresa bellamente las dos caras del simbolismo del agua: por una parte fuente de vida, por otra el descenso a la profundidad de la muerte. Los dos simbolismos se aúnan en el bautismo: sumergirse y salir renovado, muerte y resurrección.

74 El adejtivo avgaphto,j lo usa Mc sólo para Jesús en el bautismo, la transfiguración,

y en la parábola de los viñadores con clara referencia al destino de Jesús (para los comentaristas el adjetivo agapeton y quizás el hijo son añadidos de Mc; cf. Charlesworth, “Jesus as ‘Son’ and the Righteous Teacher as ‘Gardner’”, p. 155). La parábola de la viña recuerda el canto del amado a su viña (Is 5,1 LXX). Cf. el añadido de LXX en Sal 37,21 (TH, 38,21): me rechazaron a mí, el amado, como a un cadáver

abominable. En Jr 6,26; Am 8,10 y Zac 12,10 el duelo por el hijo único se dice en LXX

“duelo/llanto por el amado.”

2. El bautismo de Jesús ¿prototipo o transferencia del bautismo cristiano? ¿Fue el bautismo de Jesús la leyenda cultual que sirvió de base a la praxis cristiana del bautismo? En otras palabras, ¿se trata de una transferencia del bautismo cristiano al bautismo de Jesús? Puesto que nadie pone en duda el hecho de que Jesús se bautizara por Juan, la discusión sólo se puede establecer sobre la visión interpretativa. Y tal visión es antes que nada, una revelación del misterio de Jesús y una interpretación de toda su vida: es el hombre del espíritu, el hijo amado y sufriente, el nuevo hombre. Fue decisivo en la praxis de la Iglesia el entender la inmersión bautismal como dejarse llenar por el Espíritu y nacer a una vida nueva, como percibió en Jesús. En ese sentido puede decirse que el Bautismo de Jesús es el prototipo del Bautismo cristiano. Vale el principio general: no crea la Iglesia a Jesús, sino Jesús a la Iglesia.77

Cuestión aún más difícil, para algunos imposible, es discutir si la visión interpretativa es creación teológica-midrásica del Evangelista o procede de alguna manera del mismo Jesús. Puede servirnos como analogía la escena que analizaremos en el próximo estudio sobre Mc 1,12-13: Jesús en el desierto. El mismo episodio, indiscutible, es interpretado midrásicamente de dos formas diferentes: Mc por un lado, y Mt-Lc por otro (cf. mi análisis en el cap. siguiente); y ambas interpretaciones son certeras en dar la imagen de Jesús en el momento de la crisis. Por otra parte, ambas escenas, la del bautismo y la del desierto, comparten en la narración de Marcos una particularidad: ambas misteriosas (o místicas), esquemáticas, sin palabras de los protagonistas, con una enorme densidad evocadora. Son como piezas singulares en el conjunto narrativo de Mc, insinuaciones llenas de arte, cuadros llenos de sobriedad y profundidad teológica: penetración en el misterio de Jesús que los discípulos fueron descubriendo en el contacto con Él, en Su enseñanza y en la ratificación que recibieron en los acontecimientos pascuales.

75 Cf. Klausner, p. 245.

76 Cf. mi comentario a Mc 1,12-13.

77 Ello no impide constatar lo obvio: el bautismo de Jesús es contado por un narrador

cristiana de la inmersión bautismal: Hch 8,38-39; Epístola de Bernabé 11,8.10; Pastor de

Hermas, Parábolas 93 (IX,4.6). Pero hay que resaltar que en todos estos textos se trata

del cristiano que desciende al agua y sale del agua. En el relato de Mc, es Jesús quien sale del agua y el Espíritu quien desciende del cielo.

MC 1,12-13