1. Evangelio
Sobre el sentido del Evangelio en Mc, cf. las observaciones iniciales (I). La palabra Evangelio sólo se usa en Mc 8 veces. Con la sola excepción de nuestro título y 1,14, donde el narrador dice que Jesús proclamaba el Evangelio de Dios, en los demás casos el término se pone en boca del mismo Jesús: Mc 1,15, Convertíos y creed en el Evangelio; 8,35, Quien perdiere su vida por mí y por el Evangelio, la salvará; 10,29, Nadie que dejó casa o hermanos (…) por Mí y por el Evangelio; 13,10, Primero tiene que ser proclamado el Evangelio a todas la gentes; 14,9, Donde quiera que fuere proclamado el Evangelio por todo el mundo …; 16,15, Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.78
76 El templo de Augusto en Roma fue dedicado por Calígula. En Palestina, Herodes
el Grande edificó en la antigua Torre de Estratón (en la costa meditarrénea) la gran ciudad de Cesarea en honor del César Augusto, y renovó la antigua Samaría cambiando su nombre por Sebaste (Augusta) donde edificó un Templo al Dios Augusto. En ambas ciudades celebró juegos en honor de Augusto. Cf. González Echegaray, Los Herodes, pp. 77-81
77 Cf, Everett Ferguson, Background of Early Christianity, pp. 186-99; Leipoldt –
Grundmann I, pp. 154-58; M. Hengel, El Hijo de Dios, pp. 48s.
78 Mc 16,15 pertenece al añadido posterior con que se completó el texto primitivo de
Mc.
Jesús se presenta ante los lectores judíos encarnando la figura del heraldo de las buenas noticias que anunciaban los profetas: Is 40,9-11; 41,27; 52,7-10; 61,1; Nah 2,1. En Is 52,7-10, todo el mensaje de salvación se sintetiza en la aclamación ¡Tu Dios reina!, que es la síntesis de la buena nueva de Jesús: Está cerca el Reino de Dios… Creed en el Evangelio (cf. Mc 1,14-15 y mi comentario ad loc.). La identificación del heraldo con el Mesías es conocida de la literatura rabínica (cf. GnR 63,8; LvR 9,9; PRK 5,9).
El texto evangélico, escrito en griego, debía tener otras evocaciones para los lectores del Imperio. Considerada la literatura helenísticoromana de la época, el Evangelio de Jesús podía entenderse por los lectores del imperio como una alternativa a las buenas noticias que anunciaban el nacimiento y la proclamación de un nuevo Emperador. El uso del término Evangelio en la misión cristiana no podía ser inocente ante la propaganda
imperial (cf. Benedicto XVI, pp. 73-74). 2. Cristo
Cristo,j es usado por Mc en 1,1; 8,29; 9,41; 12,35; 13,21; 14,61; 15,32. En 8,29 es Pedro quien le identifica diciendo: Tú eres el Mesías, pero Jesús les ordenó no decirlo a nadie. En 9,41, un logion de Jesús afirma que los discípulos son del Mesías, esto es, parece que Jesús se identifica con el Mesías. En 12,35, Jesús plantea una cuestión exegética embarazosa: ¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es Hijo de David? En 13,21, en el discurso escatológico, Jesús avisa: Si alguno os dijere: «Mira, aquí está el Mesías» o «allí está», no lo creáis. En el proceso, el Sumo Sacerdote le pregunta: ¿Tú eres el Mesías, el Hijo del Bendito? Jesús respondió: «Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder y viniendo entre las nubes del Cielo (14,61- 63). En 15,31-32, la burla de los sumos sacerdotes y los escribas: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse; el Mesías, el Rey de Israel, baje ahora de la cruz para que le veamos y creamos. Para Marcos Jesús es el Mesías.
Repetidamente se ha discutido si Jesús efectivamente se entendió a sí mismo como el Mesías de Israel. En ninguna parte del Evangelio de Mc Jesús lo niega; incluso hace signos que muestran que él es el que ha de venir.
El proceso de Jesús forma curiosamente una inclusión con el título de la obra: “Jesús Cristo, Hijo de Dios”. Es la confesión que demanda el Sumo Sacerdote: ¿Tú eres el Mesías, el Hijo del Bendito? Considerando la legislación misnaica sobre los procesos de pena capital y su ejecución (mSanh 4,2.5; 5,1-4; 6,1; 7,5), en el relato evangélico, háyase tratado o no de un proceso formal, es evidente la intención de mostrar que estamos ante un proceso por blasfemia a un reo al que se le pide la confesión de su delito para que expíe así por su muerte. Se trata del intento tan característico de la literatura evangélica de interpretar los hechos y palabras de la autoridad judía como profecías (cf. Jn 11,49-52 y el mismo título de la cruz). Si esto es así, sólo podemos considerar la pregunta del Sumo Sacerdote: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Dios Bendito?, como la pregunta ritual hecha al reo para que confiese su pecado y obtenga la expiación por la muerte. Es absurdo suponer que se le preguntaba por algo que no era delito.79 Tendríamos, pues, que el juez usa para su acusación los títulos cristológicos cristianos en la comprensión cristiana, que ciertamente es blasfema para la autoridad judía. La respuesta de Jesús, lejos de negar, reafirma con mayor claridad recurriendo al título de Hijo del Hombre a la derecha de Dios. Estaríamos, a mi parecer, ante una construcción teológica cristiana, de la que históricamente sólo podemos decir que se trató de un proceso o interrogatorio por blasfemia.80
Pero considerando los textos qumránicos y apócrifos, tampoco debe considerarse la comprensión cristiana como exclusiva. Con los nombres de Hijo del Altísimo, el Elegido, el Hijo del Hombre, el Mesías era incluido en los personajes celestes, la familia Dei, por los hombres de Qumrán y círculos judíos apocalípticos. Sin que estos términos llegaran aún a definirse en la terminología precisa y filosófica de Nicea, no dejaban de reflejar la comprensión de círculos judíos considerados por la oficialidad del templo como blasfemos. Una vez más comprobamos que ni Jesús ni la comprensión cristiana del
mismo surgieron de la nada.
79 El Mesías no se entendía como personaje divino, y el término Hijo de Dios podía
aplicarse a los justos, a Israel y al Rey.
80 Cf. Pérez Fernández, “Jesús de Galilea”, esp. pp. 110-13. Benedicto XVI puntualiza
(p. 350) “Esta pregunta [la del Sumo Sacerdote en Mc 14,61] supone que tales interpretaciones de la figura de Jesús se habían hecho de dominio público a través de los grupos de discípulos. El poner en relación los títulos de Cristo (Mesías) e Hijo procedía de la tradición bíblica (cf. Sal 2,7; 110).”
3. Hijo de Dios
No sólo en Mc 1,1, sino también en 14,61,81 Hijo de Dios se une en aposición a Mesías. Aunque los dos títulos pueden converger en la misma persona no tienen necesariamente el mismo alcance. En 1,1182 y 9,783 es la Voz del Cielo la que le señala como Hijo, usando textos de la Escritura; en 3,1184 y 5,785 son los demonios los que identifican a Jesús como Hijo de Dios; en 13,2286 la gradación ángeles, Hijo, Padre sitúa al Hijo en la esfera más cercana a Dios. Hijo de Dios es en Mc el término que con más profundidad expresa el misterio de Jesús.87 A la hora de su muerte, la confesión del centurión (15,39) es: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
En Hch 13,32-33 se formula así la predicación de Pablo: La promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el Salmo segundo (v. 7): «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy». Benedicto XVI (p. 391) contempla en este texto “una tercera fase de la transformación de la teología política del Antiguo Oriente: si en Israel y en el reinado de David ésta se había mezclado con la teología de la elección de la Antigua Alianza, y a medida que se desarrollaba el reinado davídico se había convertido cada vez más en expresión de la esperanza en el rey futuro, ahora se cree que la resurrección de Jesús es ese mismo «hoy» que esperaba el Salmo. Ahora Dios ha constituido a su rey, al que de hecho le da en herencia los pueblos.”
Hijo de Dios tenía para los lectores del Imperio evocaciones especiales, pues era designación oficial del Emperador (cf. supra, pp. 64-65). Puede ser discutible la tesis recientemente propuesta por Evans: 88 el Evangelio de Mc fue compuesto cuando Vespasiano ascendió al trono,89 con la intención de mostrar que la Buena Nueva vino con Jesús, el Hijo de Dios, como tal reconocido por la voz divina en el bautismo y la transfiguración, y por los demonios; sólo Él es el Salvador que puede curar: “Considerando el rumor ampliamente extendido –promovido por el mismo Josefo y ciertamente animado por Vespasiano y sus partidarios– de que las Escrituras judías predecían el ascenso de Vespasiano al trono imperial,90no resultaría sorprendente que cristianos como el evangelista Marcos, sintieran necesario montar un desafío (…) En otras palabras, el evangelista Marcos desafía el culto imperial al emperador divinizado” (Evans, The Beginning of the Good News, pp. 92-93).91 En todo caso, es evidente que un lector del Imperio podía ver en el librito que los grupos cristianos empezaban a
difundir un desafío a la divinización del Emperador; tampoco el autor de aquella obra podía ser tan inocente como para desconocer la repercusión que, con un título tan desafiante, el libro podía tener.
81 El sumo sacerdote le interrogaba y le dice: «¿Tú eres el Mesías, el Hijo del Bendito?»
82 Una voz de los cielos: Tú eres mi hijo amado, en ti me agradé. 83 Y vino una voz de la nube: Éste es mi Hijo querido, escuchadle.
84 Y los espíritus inmundos, en cuanto le veían, caían a sus pies y gritaban diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Y les mandaba severamente que no le diesen a conocer. 85 ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios, que no me atormentes
86 Lo que toca a aquel día y aquella hora nadie lo sabe, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
87 Sobre la teología del NT en torno al término “Hijo de Dios” o “el Hijo”, cf. Benedicto
XVI, pp. 388-98.
88 Evans, “The Beginning of the Good News and the Fulfilment of Scripture in the
Gospel of Mark”, pp. 83-103. Evans recorre ciertos paralelismos y contrastes sig
Tal repercusión la ha desarrollado y actualizado magistralmente Benedicto XVI: “En este momento de la historia se encuentran por un lado la pretensión de la realeza divina del emperador romano y, por otro, la convicción cristiana de que Cristo resucitado es el verdadero Hijo de Dios, al que pertenecen los pueblos de la tierra y el único al que, en la unidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo, le corresponde la adoración debida a Dios. La fe de por sí apolítica de los cristianos, que no pretende poder político alguno, sino que reconoce a la autoridad legítima (cf. Rom 13,1-7), en el título de «Hijo de Dios» choca inevitablemente con la exigencia totalitaria del poder político imperial, y chocará siempre con los poderes políticos totalitarios, viéndose forzada a ir al encuentro del martirio, en comunión con el crucificado, que sólo reina «desde el madero»” (pp. 392-93; cf. también pp. 33-34).
nificativos entre las vidas Jesús y Vespasiano (y otros Emperadores), de donde su conclusión: el Evangelio de Jesús Cristo Hijo de Dios viene a invalidar la leyenda de que el personaje de Oriente que viene como salvador es el nuevo Emperador. Cf. G. Theissen, La redacción de los Evangelios y la política eclesial, pp. 25-39.
89 “In all Probability the Gospel of Mark was published the same year as Vespasian’s
ascension and may also have been published in Rome itself” (ibid, 95).
90 Sobre las “profecías” acerca de Vespasiano, cf. ibid, 87-92. 91 La traducción es mía.
Mc 1,2-8