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RELECTURA DE MC 1,12-13 A LA LUZ DE LOS TEXTOS-FUENTE Y EN EL MACROTEXTO MARCANO

EL ESPÍRITU IMPULSA A JESÚS AL DESIERTO

IV. RELECTURA DE MC 1,12-13 A LA LUZ DE LOS TEXTOS-FUENTE Y EN EL MACROTEXTO MARCANO

La escena cierra la presentación de Jesús con la que Mc abre su obra. En el estilo muy propio de Mc, a primera vista parecería que se está representando la experiencia de Elías en el desierto (1 Re 19,1-18). Aunque ésta pudiera ser la idea original (véanse las siguientes representaciones de Elías y Eliseo), la escena está compuesta con múltiples evocaciones.17

El desierto evoca primeramente la experiencia del éxodo de Israel, sus tentaciones y la protección especial de Dios. De hecho, Mt y Lc interpretan la escena como un revivir la experiencia del éxodo y presentan a Jesús como el vencedor de las tentaciones que Israel no superó. El ayuno de Moisés durante 40 días sin probar ni beber agua antes de recibir la Ley (Ex 34,28; Dt 9,9) puede ser evocado; la nueva era tendría una introducción similar;18 pero en la escena marcana no se menciona que Jesús ayunara.

17 Sugiero una posible génesis del relato: en los evangelios, y singularmente en Mc,

abundan las representaciones de escenas de Elías/Eliseo (Mc 1,16-20; 1,21-28; 1,29-31; 5,21-24.35-43; 6,30-44; 7,24-30; 8,1-20; 8,34-38; 10,28-31; etc., además de numerosas alusiones), hasta el punto que hay que contar con una primera presentación muy popular de Jesús al estilo de aquellos profetas. Tales primeras representaciones serían después reelaboradas literariamente por los evangelistas de acuerdo con su comprensión más

completa de Jesús.

Los comentaristas modernos subrayan el contraste con el primer hombre tentado por la serpiente y expulsado del paraíso, donde vivía en armonía con la naturaleza y los animales: el mismo Dios que arrojó al hombre del paraíso (Gn 3,24, kai. evxe,balen to.n Adam), con su Espíritu saca (evkba,llei) a Jesús al desierto.19 Jesús, venciendo a Satanás, rehace la armonía del Edén entre toda la creación, armonía que el primer hombre perdió sucumbiendo a la tentación de la serpiente.20 Esa armonía de la creación estaba siempre en el horizonte de las promesas, repetidas por los profetas, de una paz universal (Os 2,20) que traerá el descendiente de David sobre el que se posa el Espíritu de Dios (Is 11,2.6-8; cf. 65,25), el pastor davídico (Ez 34,25). “El desierto es un espacio de recuerdos y de experiencias pasadas para el hombre de la Biblia”, ha escrito Gnilka; aunque ninguna referencia se excluye,21 la estatividad de toda la escena aparece como la imagen pictórica de la nueva creación.22 Resulta significativa la ausencia de toda referencia al ayuno, que sí se encuentran en las tradiciones del éxodo (Ex 34,28; Dt 9,9) y de Elías (1 Re 19,8), y que Mt y Lc han acentuado.

18 Cf. Bock, Jesus according to Scriptures, p. 89. 19 Cf. Moloney, p. 38.

20 Otra escena con personajes del paraíso y mostrando la derrota de Satanás es pintada

en Ap 20,1-3.10: Satanás, identificado con la serpiente primordial, atado por un ángel y arrojado al abismo. “Jesus emerged from the scene a victorous second Adam, succeding where the first Adam had failed” (Bock, p. 410). La contraposición entre el viejo Adán y el nuevo hombre, Jesús, es tema de la teología paulina (cf. Rom 5,12-21)..

21 Las diferentes interpretaciones de Mc, por una parte, y Mt y Lc, por otra, muestran

cómo una misma experiencia puede ser representada diversamente. En el macrotexto marcano, el desierto es el lugar por donde irrumpe la buena noticia y Juan bautizaba (1,3- 4), donde Jesús se refugia para orar (6,31-32), y también donde Jesús da de comer a la multitud hambrienta (6,35; 8,4), en clara representación del milagro de Eliseo (2 Re 4,42- 44) y del maná. Tales polivalencias deben abrir nuestro sistema hermenéutico. Con acierto Boismard nota las referencias al retorno a las condiciones de vida del pueblo de Dios peregrinando por el desierto y a la restauración de la armonía entre hombres y fieras en el paraíso.

22 Moloney (p. 39) advierte una inclusión en entre el avrch, (Mc 1,1) y el cuadro

paradisíaco de 1,12-13: “His [Jesus’] coming has repeated the experience of the original people of God in the desert, but above all, it has restored the original order of God’s creation. The promise of «the beginning» in v. 1 (see Gen 1:1) and the

El servicio de los ángeles tiene su más clara referencia en el ángel que procura a Elías el alimento en el desierto (1 Re 19,5-8). Pero el patetismo de la escena de Elías dista mucho de la serenidad del cuadro marcano.23

El narrador no dice que Jesús venciera la tentación de Satanás (en esta escena inmóvil el elemento narrativo desaparece), pero la victoria es claramente supuesta. En su

vida pública Jesús se enfrentó con Satanás y lo venció (Mc 3,23ss)24. Por tanto, ya la primera escena anuncia la victoria decisiva sobre el espíritu impuro que se escenifica en los exorcismos, sobre Satanás que está representado en las parábolas (4,15) y actúa hasta en el mismo Pedro (8,33).25 Tampoco al compositor del cuadro ha interesado visualizar la tentación o tentaciones; una vez más, han sido Mt y Lc quienes la han escenificado, e, influidos por ellos, los comentaristas suelen suponer que también en Mc era una tentación “mesiánica” o “cristológica”: cómo mostrarse como Mesías e Hijo de Dios.26 También se discute si se trataba de una inducción al pecado o un poner a prueba; tal distinción es sutil, pero, en todo caso, hay que decir que Jesús ha superado la prueba.27

coming of the creating presence of the Spirit of God in v. 10 (see Gen 1:3) indicate that the prologue to the Gospel of Mark is linked to the prologue to the human story, as it was told in Gen 1-11.”

23 Mc vuelve a nombrar a los ángeles como acompañantes del Hijo del Hombre en su

segunda venida: 8,38; 13,26-27.

24 Exorcismos de Jesús, en Mc 5,1-20 (el endemoniado geraseno) y 9,14-29 (el niño

Exorcismos de Jesús, en Mc 5,1-20 (el endemoniado geraseno) y 9,14-29 (el niño 28.

25 Los lectores pueden entender que ningún poder demoníaco dondequiera o en

quienquiera que se encarne triunfará sobre el Espíritu de Jesús.

26 Considerando el título de la obra marcana, “Evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios”,

y la escena anterior (bautismo) donde Jesús es proclamado desde el cielo “mi Hijo amado”, pudiera entenderse que la tentación fuera por este camino. Pero la naturaleza de la composición impide interpretaciones demasiado estrechas. Otras referencias, como hemos visto, están más de acuerdo con la escena representada.

27 La literatura rabínica da pie para especular sobre el tema. Un texto clásico es GnR

32,3, donde se explica con diversos textos y ejemplos que como el alfarero sólo golpea las vasijas bien hechas para comprobar su buena hechura, pues sabe que

La acción del Espíritu, por la fuerza del verbo evkba,llei, ha sido interpretada como un rapto o arrebato extático, al estilo de los de Ezequiel y sus visiones (Ez 3,12-15; 8,3ss; 11,1.5.24); nada, sin embargo, indica que se trate de una visión de Jesús (como fue, según Mc, en el bautismo), sino de un cuadro del narrador donde la acción del Espíritu es descrita con la fuerza irresistible con que aparece en la Biblia (supra, pp. 182ss). Habida cuenta del episodio anterior (bautismo), donde el Espíritu desciende sobre Jesús, puede sugerirse que Jesús es el brote del tronco de Jesé sobre el que se posará el Espíritu de Yhwh (Is 11,2) y en cuyos días reinará la armonía entre hombres y fieras (Is 11,5-8). Se puede decir que el Espíritu empuja a Jesús al desierto para enfrentarse a las fuerzas hostiles de una creación caída.28

J.P. Heil ha vuelto a poner en cuestión la interpretación del “nuevo Adán”, basándose en la estructura literaria que ya hemos expuesto en p. 180: Heil afirma que el que Jesús esté con las fieras salvajes en Mc 1,13 no significa que sea el nuevo Adán que restaura la convivencia con las fieras (“Jesus with the Wild Animals…”, p. 77). Siendo yo bien

consciente de la riqueza hermenéutica del texto, no me atrevería a rechazar sin más esta lectura de la experiencia de Jesús en el desierto: es la que han hecho Mt y Lc y ha influenciado los comentarios de todos los tiempos.29 A la estructura quiásmica propuesta por J.P. Heil propongo otra alternativa: se trata de un cuadro montado por el Espíritu, donde contemplamos a Jesús conviviendo con las fieras entre el tentador Satanás y los ángeles servidores. La estructura que yo propongo es:

las defectuosas, si se golpean pueden romperse, del mismo modo Dios sólo pone a prueba a los justos; se añaden otros ejemplos del fabricante de lino y del amo de bueyes. Pero ninguno de los ejemplos sirve, en mi opinión, para distinguir en nuestro caso claramente entre tentar y poner a prueba. Cf. infra, pp. 196ss.

28 Bock, p. 409.

29 El texto dice que él (Jesús) estaba con las fieras, lo que sugiere, según Heil, que Jesús

era objeto del ataque hostil de las fieras: “For a peaceful subjection of the wild animals to Jesus in a restored paradise, we would expect to hear that the wild animals are with Jesus” (p. 65). Sinceramente no aprecio la diferencia entre estar Jesús con las fieras o las fieras con Jesús.

La interpretación de J.P. Heil podía ser apoyada por Is 43,16-21 (texto que Heil parece no haber advertido) donde, en contraposición a las maravillas del primer éxodo, se promete algo absolutamente nuevo: abrir caminos en el desierto y ríos en el yermo y hacer que las fieras del campo, chacales y avestruces, glorifiquen a Dios (¿o al pueblo?). Ese paralelismo entre la experiencia del primer éxodo y el nuevo prometido, donde las fieras salvajes se tornan en glorificadoras, apoya mi tesis, pero deja abierta la interpretación a las evocaciones de la experiencia del primer éxodo.

I. Introducción narrativa:

—Presenteevkba,llei: el Espíritu empuja a Jesús al desierto II Escena en el desierto:

—Imperfectos durativos

A. Jesús estaba tentado por Satanás B. Jesús estaba con las fieras

A. Los ángeles le servían

Mi conclusión es que la oposición está entre Satanás que tienta y los ángeles que sirven; en el centro, Jesús convive con las fieras. En la narrativa marcana, el que ha salido de las aguas como el hijo amado, el primogénito de la nueva creación (cf. mi análisis de Mc 1,9-11), es ahora representado conforme a la “mitología” del nuevo Adán. Los textos que estudiaremos de la literatura extrabíblica confirman esta impresión que ya hemos obtenido de las fuentes bíblicas.

La pregunta sobre la historicidad30 sólo puede llegar a constatar la verosimilitud de que Jesús se retirara al desierto antes de empezar su misión. Tal retiro es psicológicamente explicable, y es la práctica de otros hombres que se tomaron y se toman un período de oración antes de tomar una decisión importante (por ejemplo., Pablo en Gal 1,7). Ese retiro al desierto pertenece a la ley de analogía biográfica que se

encuentra en los hombres de todos los tiempos. El desierto es, por otra parte, en la historia bíblica, lugar privilegiado para el encuentro con Dios (Dt 32,10; Os 2,16), y el desierto, o el lugar solitario, será en la vida de Jesús el lugar de aislamiento para su oración. Nada impide suponer que Jesús contara la experiencia de aquellos días a sus discípulos, o que estos la dedujeran e ilustraran midrásicamente (con referencias y evocaciones bíblicas) desde el conocimiento paulatino que del Maestro fueron adquiriendo antes y después de Pascua.31

30 Cf. Meier, II/1, pp. 333-4; Jeremias, Teología del NT, pp. 90-4.

31 Otra cuestión es la rica relectura que cristianos de todos los tiempos han podido hacer

de esta escena en situaciones más o menos análogas de su vida. Por ejemplo, Boring (p. 48) apunta que los cristianos arrojados por Nerón a las fieras po

V. TEXTOS DEL JUDAÍSMO EXTRABÍBLICO