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Retornando al vórtice

In document Fabian Sanabria - Tiempos Para Planchar (página 73-77)

Estuve tres días entre las casas de mi familia. Después retorné a mi casa verda- dera, solo y en Bogotá, donde recibí una llamada de mi tía Lucero mientras yo sufría un ataque de depresión prenavideña:

—Pipe, lo que pasa es que usted es tan neurótico que no le cabe en la cabeza la idea de perder el control de su vida.

¡Qué maravilla!, yo no quiero volverme tan loco; Lucero me estaba profeti- zando una vida como la de Charly García: por ahora me gustaban las canciones de amor, pero no tenía ganas de luchar por un mundo mejor; esas ilusiones en mí ya no tenían vigencia. Volviendo sobre nuestra lúgubre dama de ojos verdes (Jeanette), podría encajar muy bien en la tipología de personalidad que acaba- mos de mencionar, en su miedo a no poder controlar la vida que le rodea, pero únicamente en su primer momento. En el segundo, la diferencia es radical: lo bello de este momento es que con las ilusiones llegan otros acontecimientos que también pueden ser interesantes. Jeanette, de padre belga-congoleño y madre británica, creció en los Estados Unidos y adquirió la nacionalidad española; le dio la vuelta al mundo cantando inclusive en japonés: música acaso de inmigrantes, mejor aún, de viajeros con quienes todos se identifican. Se retorna a casa sin ser el mismo; la experiencia y el sentir de la rebeldía nos han cambiado, y ese es el legado que la canción de Jeanette nos vuelve a traer: Pastora Soler cuando hace una versión de pop latino contemporáneo con el más espantoso gusto, a lo Gloria Estéfan; Attaque 77 con una versión punk austral, acompañada de imágenes de Shaman King para su posible audiencia preadolescente; Fernando Caro, quien se jacta de Gipsy Kings con una seudorrumba catalana, y, finalmente, la francesa Nathalie Cardone que ha dejado el fusil del Ché de su anterior hit para despla- zarse a algo más tierno, quizá menos comercial que el idilio socialdemócrata.

Pese a mi manía de criticarlo todo, esas canciones gozan de popularidad; po- dría decirse que son actualizaciones sintomáticas, en el sentido de que todavía cierta juventud siente la necesidad de rebelarse, de uno u otro modo. Así, más acá de toda “revolución”, se justifica la rebelión del día a día: son necesarias las constantes y pequeñas rebeliones, de cuyos fracasos construimos una mentalidad más sublime, más incluyente, dónde la imaginación y la libertad son partícipes. “Porque te vas” es la banda sonora de la célebre película del director español Carlos Saura, Cría cuervos, dónde la rebelión de los niños se manifiesta cuando se disfrazan de adultos, pues al percatarse de todo, siendo aparentemente igno- rados, prefieren jugar a rechazar la aridez de lo serio (véase YouTube, 2006). La versión en francés de la canción evoca claramente el argumento de la película y el sentimiento de rebelión que se expresa en un cándido lenguaje infantil:

Tu es prisonnière de ta maison de tes parents

de cet adulte qui te dit qu’il a raison et qui te ment.

Toi, tu es né pour la folie, pour la lumière pour des pays

peuplés de rois.

Eres prisionera de tu casa de tus padres

de ese adulto que dice tener razón y que te miente.

Tú has nacido para la locura, para la luz para los países

poblados de reyes.

Los niños optan por travestir los símbolos como solución a nuestros dilemas existenciales, y cierta autonomía también proviene de las baladas que una vez fueron conservadoras. El mundo (o al menos la juventud) se entrega hoy a ese “amor líquido”, tan vaporoso a veces, pero aquel también tararea el eco de una vieja movida madrileña y de otras tantas expresiones de contracultura: Kaka de Luxe, Radio Futura, Las Chinas, Parálisis Permanente, Barón Rojo y, finalmente, Alaska (ahora vieja y sin Dinarama ni los Pegamoides, transmutada en Fangoria), de quienes es posible impostar la añorada salida del melodrama:

Y en plan travesti y radical,

le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza […]. Mientras tanto miro la vida pasar… (Fangoria, 2009)

Vórtices y torbellinos de los que no podemos escapar, pero tampoco logramos evitar puesto que debemos asumir como requisito de la vida contemporánea: vivir con, dejar fluir, dejar pasar. Miradas cóncavas, fugaces, frívolas, transfiguradas; espejos fragmentados que reflejan esperpentos a la Valle-Inclán de objetos que alguna vez tuvieron forma: la forma de la música para planchar. Alaska (Olvido o Fangoria) es consciente del mismo vórtice; sabe que se va a volver a enamo- rar; sin embargo, esto ya no le significa un sufrimiento; él o ella saben que la

gracia vivida está constituida de pequeñas situaciones y momentos efímeros, de edificios que deben ser demolidos. Es por ello que los “tiempos para planchar” vuelven, pero no de igual modo; ellos retornan alterados, son heterotopías que se viven intensamente pero deben diluirse. Aparecen repentinamente en escenarios otros, que se viven con Tuti o con Martha, con las personas amadas. Y es por eso que ahora, tras la escritura de este artículo, vuelvo a partir con mi madre, quien ante el inevitable fin de su herencia necesita inventarse nuevos espacios, otros sentimientos y nuevos rituales.

Bibliografía

Camus, A. ([1942] 2010). Le mythe de Sisyphe. Paris: Gallimard.

Gilligan, C. (1985). La moral y la teoría: psicología del desarrollo femenino. México: FCE.

Sitios web consultados

Fangoria. (2009). “Miro la vida pasar” [video]. Consultado el 8 de abril de 2011 en www.youtube.com/watch?v=UvuDHFyrhmU

Jeanette. (2006). “Porque te vas” [video]. Consultado el 8 de abril de 2011 en www. youtube.com/watch?v=SLxrrE6wC5I

Jeanette. (2007). “Soy rebelde” [video]. Consultado el 8 de abril de 2011 en www. youtube.com/watch?v=qemBa7LAftk

YouTube. (2006). Cría cuervos [escena del filme de Carlos Saura]. Consultado el 8 de abril de 2011 en www.youtube.com/watch?v=25ckdkg1xCw

¿Sin amantes, quién se puede consolar?

Una etnografía del desengaño tras

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