El hijo cuando es un niño pequeño El hijo cuando es postpubescente
Este es un diagrama muy simple -por no decir simplista-, que se basa en uno de Edward Edinger, que a muchos de ustedes les resultará familiar. Puede ser útil para comprender el nivel psicológico del ciclo de Saturno, así como su teleología en términos de la formación del individuo. A la izquierda se retrata la psique del niño pequeño -de quizás dos o tres años de edad-, que refleja la identidad inconsciente que existe entre el hijo y la madre. Hay bastante diferencia como para que exista un conflicto emocional, pero no la suficiente distancia como para que el niño
tenga una identidad diferenciada. El sentido del yo en el hijo todavía se encuentra casi fusionado con el de la madre, si bien se evidencia cierta separación. En los primeros años de la infancia, los dos círculos se su- perponen absolutamente. En el recién nacido no existe el sentido de “yo”. Este es el mundo neptuniano de la fusión psicológica, el estado pre- Saturno, pre-encarnación. Freud lo llamaba narcisismo primario: la identificación con la fuente de vida.
Se podría considerar el diagrama como un cuadro del estado psíquico antes de la primera cuadratura de Saturno. Por identidad inconsciente quiero decir que los sentimientos, pensamientos e imaginación del niño están fuertemente teñidos por los de la madre, hasta tal punto que el hijo -y a veces la madre también- no puede distinguir quién es quién. Mediante esta fusión inconsciente, los niños absorben gran parte de la vida no vivida de los padres, y todos los complejos “heredados" que se encuentran dentro de la psique familiar.
Es mediante la frustración corporal y emocional como, de manera gradual, vamos pasando de la fusión absoluta del recién nacido al diagrama de la izquierda, del niño de dos años, y al de la derecha, del adolescente. La privación nos enseña que estamos separados: la privación de alimentos o de afecto genera miedo, enojo y soledad, que se expresan en el llanto y las rabietas del niño. En el curso normal de los acontecimientos, con una “madre suficientemente buena" (para usar los términos de Winicott), estos sentimientos negativos cambian por algo más positivo y sustancial: gradualmente uno se va dando cuenta de que puede sobrevivir sin su madre, al menos por algún tiempo. Este es el principio de la confianza en uno mismo. A la derecha está retratado el adolescente, cerca de los quince años, justo después de la pubertad, o sea, después de la primera oposición de Saturno con su propio lugar. Si bien todavía queda algo de la identificación inconsciente compartida, hay un mayor sentido de separación y existe la conciencia de un yo independiente. Por cierto, este es un diagrama ideal, que describe un patrón de desarrollo también ideal. Naturalmente, no existe semejante cosa. En la vida real, estos círculos perfectos serían como papas, llenos de bultos, y el proceso de separación sería mucho más desprolijo, con pedacitos pegados por todas partes. Los mapas son útiles, pero nunca deberían ser tomados como una descripción literal del país por el que estamos viajando.
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El proceso de separación que he resumido con tanta brevedad es una experiencia humana arquetípica. Todos lo atravesamos, del mismo modo en que atravesamos los inevitables desarrollos psicológicos de la niñez. La frustración -la negación de nuestras necesidades instintivas- es inevitable aun con los “mejores” padres y, si está incorporada en una relación de amor, confianza y aceptación, es la herramienta formadora del desarrollo personal. Nos definimos por el descubrimiento de lo que no podemos tener y por la lucha contra límites que, al final, asimilamos. Este proceso nos da el sentido de dónde terminamos nosotros y dónde empiezan los demás y, de este modo, aprendemos a adaptarnos a la vida con un reconocimiento realista de nuestros límites, así como de nuestras capacidades.
El ciclo de Saturno nos hace personas separadas. Ese es su significado - su teleología, si prefieren-. El ciclo de Saturno construye, piedra sobre piedra y ladrillo sobre ladrillo, un ser encarnado definido. Estamos ante un patrón de crecimiento arquetípico, que se aplica a todas las cosas vivientes; y también estamos ante una definición de mortalidad, porque aquello que está separado de su fuente deberá morir algún día. Solo en el reino de la fusión atemporal con la fuente hay vida eterna. Desde el comienzo de la vida, la carga de Saturno nos lleva a aceptar y sacar lo mejor del camino espinoso de la encarnación mortal, y todos los aspectos que hace durante el curso de su ciclo van cristalizando gradualmente una identidad distintiva y separada.
Esto se ve fabuloso en el papel (las definiciones de la teleología de un planeta siempre se ven así), pero de inmediato debería resaltar como obvio que el proceso de la formación individual implica la separación de los demás a niveles muy profundos, incluyendo a menudo también el físico. No podemos convertirnos en algo distintivo y sólido si primero no nos separamos de todas esas ideas, sentimientos y objetos colectivos, externos e internos, de los que hemos dependido y con los cuales nos hemos identificado. Y esto inevitablemente nos causará dolor.
El Viejo Pies de Queso corta, castra, confina, separa, cristaliza y crea barreras que evitan u obstruyen la fusión. Por lo tanto, desde un punto de vista emocional, una de las expresiones características de las diversas coyunturas del ciclo de Saturno es la soledad. La soledad no es lo mismo que el "estar-solo”, dado que esto último es un reconocimiento interior más que un sentimiento: la conciencia "existencial" de nuestro
ser como entidad independiente. La soledad duele y puede generar desesperación, lo que hace que la gente se comporte a veces de manera muy destructiva. Y debido a esta cualidad cristalizadora, aislante y separativa que acompaña a los tránsitos de Saturno, la sensación de fracaso también es una de las expresiones características de este planeta en el plano emocional. La encarnación, por un lado, significa entrar a la vida. Por otro, significa oscuridad, aprisionamiento y separación de la fuente -ya sea que experimentemos esta fuente como materna, como cósmica o de ambas maneras-.
Si reflexionan un poco sobre este proceso de separación y si vuelven a pensar en las coyunturas críticas de su propia vida al momento en que estaba más enfatizada esta especie de autodefinición psicológica, verán con rapidez por qué es tan difícil asignar acontecimientos específicos a las etapas del ciclo de Saturno. La manera de manifestarse de este ciclo en gran parte está basada en el carácter de la persona -o, en otras palabras, en la carta en su conjunto y en todas las diversas configuraciones que hay en ella- y además (igualmente importante) en el nivel de conciencia que la persona pueda aportar para influir en lo que está sucediendo. Las circunstancias externas suelen jugar un papel relevante, en especial el entorno familiar, el medio social y laboral, los asuntos financieros, la salud física y las relaciones personales. Para poder entender el tipo de presión interior que simbolizan los tránsitos de Saturno, necesitamos tener una gran comprensión del cliente, de modo que podamos ver el tránsito en contexto. Todos somos distintos como individuos y, si bien el proceso de Saturno es arquetípico, se expresará de manera diferente en cada persona.
Respondemos a la negación y a la frustración de modos muy diferentes. El signo en el que Saturno está colocado nos dirá mucho acerca de nuestra manera de manejar los límites, y del tipo de defensas y estructuras que construimos para protegernos de ulteriores experiencias de negación, más tarde en la vida. Los medios por los que manejamos la separación cuando somos jóvenes son también los medios por los que manejamos las separaciones futuras, y forman la base de cómo nos defendemos cuando debemos enfrentar el miedo, la soledad, la ansiedad y la negación de nuestras necesidades. Una persona con Saturno en Tauro, por ejemplo, reaccionará ante la separación de un modo intensamente físico, porque es probable que la separación física sea lo que más
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le duele. Entonces, esa persona con Saturno en Tauro podrá reaccionar ante la amenaza mediante un apego defensivo a la seguridad material o el contacto físico con los demás.
Debemos considerar no solo la ubicación de Saturno por signo, Casa y aspecto al momento del nacimiento, sino también el mundo en el cual la persona está viviendo cuando tienen lugar las etapas críticas del ciclo de ese planeta. Existen condiciones "óptimas” para obtener lo mejor de los tránsitos de Saturno, aunque por lo general no reconocemos cuáles son hasta que, por las malas, aprendemos cuáles no lo son. Entonces, por ejemplo, si una persona joven, de veintiún años, vive en casa de sus padres y todavía no ha salido al mundo exterior a través de la universidad o de un trabajo, es probable que la cuadratura de Saturno que ocurre en ese período sea sumamente difícil. Las condiciones óptimas para esta cuadratura deben hacer lugar a horizontes mundanos más amplios y a la oportunidad de tomar decisiones. A esa edad parece parte natural del ímpetu de la psique querer explorar terrenos intelectuales y sociales más extensos. El período entre la primera oposición de Saturno, alrededor de los catorce años y medio, y esta segunda cuadratura de Saturno, alrededor de los veintidós, es una etapa de preparación que, con suerte, culmina en la constitución de límites del ego mucho más firmes y en un nuevo nivel de definición de uno mismo.
Pero mucho depende de si la persona joven puede o no realizar el cambio. Si la familia está demasiado "pegoteada” y las primeras etapas del ciclo de Saturno no contribuyeron con éxito a la formación de un ego sólido, la persona tal vez experimente un pánico terrible y una sensación de intensa ambivalencia. Desea y necesita desesperadamente salir al mundo, aunque una intensa fuerza regresiva la impulsa a volver a las tempranas etapas de su vida, cuando recibía protección de figuras parentales dominantes y no se vislumbraba en el horizonte ninguna decisión o responsabilidad personal. Esta ambivalencia y pánico pueden ocurrir aun si la persona joven ha logrado ingresaren la universidad o conseguir un trabajo. En parte, es por eso por lo que a esa edad se producen tantas crisis y es tan común la fiebre glandular, esa clásica rúbrica somatizada de conflictos internos e infelicidad.
Si existe la suficiente resistencia a los dictados internos que representan esos tránsitos de Saturno, entonces en el plano externo podrá parecer que Saturno trae dificultades materiales, desgracia, enfermedad,
restricción e infelicidad emocional. Creo que existe una relación directa entre nuestra disposición y capacidad para pasar por estas etapas inevitables de separación y nuestra tendencia inconsciente a atraer desastres que nos obligan a separarnos por medios que nunca elegiríamos voluntariamente. Cuando somos más jóvenes, tal vez no estamos en condiciones de captar totalmente el tema de la aceptación del “estar- solo". Pero sí podemos captarlo de manera instintiva si tuvimos el apoyo necesario a edad más temprana y si estamos preparados para sostenernos a nosotros mismos. En muchos individuos, la presión antiseparativa es vociferante y ahoga la posibilidad de reconocer las grandes oportunidades interiores que presenta Saturno. Hay demasiada identificación con los padres y con el pensamiento colectivo, y muy poca autoestima.
La persona puede sufrir una crisis y, no obstante, no aprender nada; y entonces, por supuesto, cuando llega la próxima coyuntura crítica del ciclo, vuelve a aparecer el mismo asunto, pero más grande y más insistente. Cuanto más pasa el tiempo, peor se pone. Pero la persona puede defenderse más y más, de modo que el tamaño del problema no se registra en la conciencia. Uno puede cristalizarse y parecer bien adaptado a la vida exterior. Ya sea que utilice el sistema de apoyo de las relaciones o que dependa de un caparazón fuerte y resistente, puede parecer que uno “zafa” y evita el problema profundo de la separación. Cuanto más se prolongue esto, más difíciles serán los últimos tránsitos de Saturno.
No vivimos en un mundo ideal y no se nos educa psicológicamente y, entonces, por lo general, después de toda la instrucción que recibimos en la escuela, no tenemos la menor idea sobre la naturaleza del ser humano. En consecuencia, ninguno de nosotros hace las cosas del todo bien ni maneja los desafíos de Saturno de un modo ideal. Siempre tenemos asuntos pendientes con Saturno y, generalmente, nuestros hijos deben solucionar algunos de ellos por nosotros. Esta parece ser la naturaleza de las cosas. Pero también conocí mucha gente que despliega tal cerrilidad voluntariosa con respecto a esos problemas que resulta bastante asombroso. En un determinado nivel saben muy bien lo que sucede, pero persisten en darle la espalda al desafío, ya sea por un profundo resentimiento hacia la vida o por una firme convicción de que, si sacan suficiente provecho de los demás, podrán “zafar”.
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