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149se haya producido cierta paralización del proceso.

La gestión de centros de enseñanza obligatoria en República Dominicana

149se haya producido cierta paralización del proceso.

Los otros dos pilares que ha enarbolado la Secretaría de Estado de Educación para el fortalecimiento institucional y, para de alguna forma acompañar la implantación del MGC, son la puesta en marcha del Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad de la Educación, a través de la creación del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE) y el Sistema Nacional de Supervisión Educativa (SNSE).

Para la puesta en marcha del Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad de la Educación, la Secretaría de Estado de Educación, crea, como se ha señalado, el IDEICE; aprobado por el Consejo Nacional de Educación, a través de la Ordenanza 03’2008, de 25 de junio.

Según se recoge en la Memoria de Gestión técnico-pedagógica 2004-2008 (p. 53), el IDEICE se establece como un organismo público, descentralizado, adscrito a la SEE, con la misión de fomentar, concertar e implementar políticas e iniciativas de evaluación e investigación de la calidad educativa, así como la provisión del soporte científico en que se sustentará el Sistema.

Un mecanismo regulador de estas características, aún en sus inicios, permitirá desarrollar por completo la aspiración del sistema educativo dominicano, recogida en el artículo 58 de la Ley Nº 66- 97, donde se asume a la calidad como su marco específico de referencia, “que tiene como función garantizar la eficiencia y la eficacia global del mismo. Comprende la evaluación de los procesos, del producto, de los insumos, y de los servicios que intervienen en la actividad educativa para satisfacer las necesidades de la sociedad”.

El otro pilar concebido para asegurar los niveles de una gestión educativa de calidad en la educación dominicana es el Sistema Nacional de Supervisión Educativa (SNSE), el nuevo paradigma sobre el cual se construye parte de la auto-evaluación del centro educativo, el acompañamiento al docente, director y centro, y la observación de la normativa vigente, con el único propósito de asegurar los estándares de calidad buscados. De acuerdo al documento resultado de la consultoría que estableció el SNSE, éste responde a un nuevo paradigma que concibe a la tarea del supervisor como “amigo crítico” del centro, y cuya función de contraloría se concentra en la articulación de los procesos y resultados del aprendizaje. Sin embargo, ello no implica renunciar a la observación del cumplimiento de la normativa vigente y de los compromisos y responsabilidades de cada uno de los actores involucrados. Pero ahora se formaliza desde una perspectiva diferente, se reduce el sentido fiscalizador y las vocaciones sancionatorias, para focalizarse en el desarrollo de procesos de reflexión e innovación, y la resolución de las dificultades atendiendo las particularidades y la dimensión humana de quienes son supervisados (Caraballo, 2008, p. 115).

El documento precisa también la descripción de los cargos clave para el SNSE y los indicadores institucionales y pedagógicos para cada una de las dimensiones de calidad, según las orientaciones del Modelo de Gestión de la Calidad. Igualmente, se plantean los principios que resumen el espíritu, la naturaleza y la filosofía del nuevo SNSE, y los ejes transversales de acción de cada una de sus instancias, definiéndose las principales lógicas funcionales de cada una de ellas. Partiendo del centro educativo, foco máximo de interés del sistema, y continuando con el resto de las instancias según su rango de jurisdicción (Distrito, Regional y Sede), la articulación se visualiza como sigue:

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Todos estos subsistemas y los diferentes proyectos piloto impulsados para generar posibilidades más certeras, han estado limitados por lógicas de intervención que continúan sacrificando dinámicas más procesuales, así como el reconocimiento en la práctica de la escuela como núcleo del sistema. Sin lugar a dudas, estos subsistemas representan respuestas pertinentes a la diafanización de los procesos técnico-pedagógicos y de fortalecimiento del sistema educativo nacional. Sin embargo, siguen enmarcados en respuestas que no trascienden lo meramente administrativo.

En el caso del Sistema de Supervisión Educativa, por ejemplo, si analizamos la lógica de funcionamiento graficada en la imagen anterior, se aprecia, aparentemente, una mezcla indistinta de supervisión tradicional y acompañamiento. Lo que se aprecia, en suma, es un vacío explícito de referentes teóricos que permitan establecer las implicaciones antropológicas y pedagógicas de los procesos de acompañamiento y su diferenciación política y estratégica con relación a la supervisión que siempre se ha llevado a cabo.

Es necesario contar con supuestos claros sobre las distintas implicaciones y necesidades de cada uno de estos dos procesos. La supervisión es una tarea de los técnicos de las Regionales y Distritos de Educación, para lo que fundamentalmente se necesita una acabada relación de indicadores e instrumentos de seguimiento y monitoreo. Mientras que, para el desarrollo de procesos de acompañamiento, además de ello, se necesitan fundamentalmente habilidades sociales y competencias pedagógicas de desarrollo curricular que permitan apoyar a los centros en el desarrollo de auténticas comunidades de aprendizaje, tal y como lo propone el Modelo de Gestión de la Calidad.

En tal sentido, no obstante saludar esta buena iniciativa, queremos alertar sobre el riesgo de caer en el reduccionismo conceptual, estructural y práctico, al insistir en esta integración, no obstante constituir resonancias y responsabilidades totalmente diferentes.

Por otra parte, la formulación y desarrollo de los subsistemas de apoyo a la gestión de la educación de calidad sigue siendo mayormente fruto de construcciones formales de consultores, pero la

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