2. Aspectos bíblicos de la communio
2.2. La según San Pablo
Como ya se dijo, San Pablo es que el mayor número de veces y mejor utiliza el término , y lo hace en tres sentidos: como acción de dar o de contribuir; como tener parte o participar y referido a la comunidad398.
393
Hch. 2, 42.
394
“In doctrina apostolorum et communicatione fractionis panis et in orationibus”.
395 “In doctrina apostolorum et in communione () in fractione panis et in orationibus”. 396
Cf. J.A. ROJAS,El Presbítero y la comunión. Algunos argumentos recurrentes, pág. 155.
397
Cf. M. GESTEIRA,Creo en la comunión de los santos, pág. 10. J. RATZINGER,Convocados en el camino de la fe, págs. 64-68.
398
En cuanto al primer sentido de contribución, lo vemos reflejado en los textos referidos a la colecta en favor de los pobres399. Communio como comunión de bienes en beneficio de los más necesitados.
Referida a tener parte o participar, está en relación especial con la Eucaristía, al beber la Sangre y al comer el Pan, el cristiano entra en comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo y genera la comunión con los otros que comparten del mismo Pan y del mismo Cáliz: la Iglesia Cuerpo de Cristo400.
El cristiano ha sido llamado a la comunión con Jesucristo; por la fe y el bautismo participa de la vida nueva401.
En Pablo la es comunitaria, la comunión con Cristo acaece por la incorporación a su cuerpo tanto eucarístico como eclesial. El término communio describe la vinculación entre Cristo y la multitud. La comunión del cuerpo de Cristo consiste en que muchos somos un solo cuerpo402.
En dos ocasiones el Apóstol habla de la comunión en el Espíritu403. El Espíritu es el consumador de la comunión, el que guía a la comunidad, convocada por el Padre y confirmada en el Hijo, hacia la unión y la comunión plena. Finalmente el Espíritu realiza la comunidad o la comunión viva, la comunión del Espíritu genera un solo corazón: el amor y la misericordia deben presidir la vida y la marcha de la comunidad. En este marco del Espíritu se sitúan las siguientes facetas: comunión en el Evangelio404; comunión en la fe405; comunión en los padecimientos y en la gloria de Cristo406.
Una catequesis de Juan Pablo II parece sintetizar la enseñanza del Apóstol de los gentiles que procuramos exponer. Reflexionando sobre las palabras de Pablo referidas a la Eucaristía: “Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan”407, el Pontífice afirma:
“Esta doctrina tradicional está intensamente arraigada en la Escritura. Pablo, en el pasaje antes citado de la Primera Carta a los Corintios, la desarrolla partiendo de un tema fundamental, el de la koinonía, es decir, la comunión que se instaura entre el fiel y Cristo en la Eucaristía: ´El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión (koinonía) con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión (koinonía) con el cuerpo de Cristo?´. Esta comunión 399 Cf. 2 Cor. 9, 13 y Rom. 15, 26. 400 Cf. 1 Cor. 10, 16. 401 Cf. 1 Cor. 1, 9; Ef. 2, 5 402 Cf. Rom. 12, 5 y 1 Cor. 12, 27. 403 Cf. 2 Cor. 13, 13 y Fil. 2, 1 404 Cf. Flp. 1, 5; 2 ,1 y 3, 10. 405 Cf. Flm. 6. 406 Cf. Flp. 3, 10-11. 407 1Cor. 10, 17.
es descrita más precisamente en el Evangelio de Juan como una relación extraordinaria de ´interioridad recíproca´: ´él en mí y yo en él´. Jesús, de hecho, declara en la sinagoga de Cafarnaúm: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él´. Es un tema que será subrayado también en los discursos de la Última Cena mediante el símbolo de la vid: el sarmiento retoña y da fruto sólo si está unido a la vid de la que recibe sabia y sostén. De lo contrario, no es más que una rama seca destinada al fuego: ´aut vitis aut ignis´, o la vid o el fuego, comenta de manera lapidaria san Agustín. Se delinea aquí una unidad, una comunión, que tiene lugar entre el fiel y Cristo presente en la Eucaristía, en virtud del principio que Pablo formula así: ´Los que comen de las víctimas ¿no están acaso en comunión con el altar?´. Esta comunión-´koinonía´ de carácter ´vertical´, pues nos une al misterio divino, genera al mismo tiempo una comunión-´koinonía´ que podemos llamar ´horizontal´, es decir, eclesial, fraterna, capaz de unir en un lazo de amor a todos los participantes en la misma mesa. ´Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan´. El discurso sobre la Eucaristía anticipa la gran reflexión eclesial que el apóstol desarrollará en el capítulo 12 de la misma Carta, cuando habla del cuerpo de Cristo en su unidad y multiplicidad. La famosa descripción de la Iglesia de Jerusalén, ofrecida por Lucas en los Hechos de los Apóstoles, delinea también esta unidad fraterna o ´koinonía´, poniéndola en relación con la fracción del pan, es decir, con la celebración eucarística. Es una comunión que se cumple en la historia. ´Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones [...] Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común’”408.