RELIGIOSA AFROBRASILEÑA*
5. La sexualidad y los conceptos que expresan la identidad sexual
E n sus m uchos años de investigación en las casas de culto de R ecife, R ibeiro com probó que un gran porcentaje de los hom bres ex perim entan lo que descri b en de m anera valorativa com o “ d ificultad en la identidad sexual” (R ibeiro, 1969, p. 8) y que la h om osexualidad entre m ujeres del culto no es infrecuente (R ibeiro, 1970). Por m i parte, escuché reiteradas veces a m is inform antes opinar que la hom o sex u alid ad “ es u n a co stu m b re” en el “ pueblo del santo” , sobre todo entre las m ujeres. E sto se co n sid era a tal p unto un hecho cierto que, cuando dos m ujeres viven ju n ta s y se ayudan una a otra, se presum e autom á
9 A título de curiosidad, recuerdo aquí que Lévi-Strauss indica una oposición entre ritual y mito, en la cual el primero es visto como una reacción al modo como el hombre piensa el mundo. Con la salvedad de que en el texto de Lévi-Strauss, el rito, por su sintaxis, corresponde a la fluidez del vivir, mientras que el mito refleja las unidades discontinuas del pensar (Lévi-Strauss, 1983, p. 615). En los términos de Leacli:
“Ritual, according to Lévi-Strauss, is a procedure we adopt to overcome the anxieties which are generated by this lack o f fit between how things really are and how we would like to think about them. (1976, p. 13).” [El ritual, según Lévi-Strauss, es un procedimiento que adoptamos para superar las angustias generadas por esa falta de correspondencia entre las cosas tal como son en la realidad y el modo como nos gustaría pensarlas.]
Desde mi punto de vista, esta oposición existe en el xangó, pero invertida: en él. el ritual enfatiza la discontinuidad de ciertas categorías recortadas sobre la base de las discontinuidades del mundo de la naturaleza, mientras que el pensamiento mítico refleja la versatilidad de las combinaciones posibles en el mundo humano del pensamiento y la cultura.
ticam ente que tam b ién son com pañeras sexuales; así sucedía, al m enos, con todas las p arejas de am igas que conocí.
N o obstante, es hab itu al que estas m ism as personas declaren que la ho m o se x u alid ad es una co stum bre indecente y acusen a otras de p racticarla, h aciéndolas objeto de sus burlas. C om o y a dije, a lo largo de m uchos m eses, durante m i te rc er período de trab ajo de cam po, las afirm aciones de m is infor m antes parecieron ajustarse a la ideología dom inante de la sociedad b rasileña y estar en franca contradicción con su p ro p io estilo de vida. E sto m e enseñó a no lim itarm e nu n ca al nivel del discurso enunciado o suponer que éste rep resen ta de m anera lineal la ideología del grupo; aprendí tam bién la im portancia de dife ren ciar la co nciencia d iscu rsiv a de la con cien cia práctica (G iddens, 1979, pp. 5 y 208). L uego advertí que, sin conflicto aparente, las personas reconocen y aceptan los m éritos y v entajas de los valores im perantes pero, de algún m odo, no se consideran alcanzadas po r ellos. A sí, no surge culpa, aflicción o rese n ti m iento po r la certeza de “ estar errad o ” . H ay apenas la precau ció n y la p ru d en cia de aclarar que se conocen las reglas (aunque no se ju e g u e con ellas).
P or m uchas razones, en su m ayor parte concernientes a la asim etría de los roles fem eninos y m asculinos tal com o los concibe la ideología dom inante, la ho m osexualidad no es en h om bres y m ujeres un fenóm eno totalm ente eq u iv a lente. E sto se advierte con claridad, po r ejem plo, en el hecho de que para los hom bres existen algunos térm inos que reifican la preferencia sexual en una identidad, es decir, hay ciertos conceptos indicativos de la identidad en re la ción con la p referencia sexual, m ientras que en las m ujeres no se aplica ninguna noción de este tipo.
N o se utilizan las expresiones “ am or” o “ estar enam o rad o ” , y al describir sus relaciones am orosas, sean de co rta o larga duración, la gente h ab la de “gustar de alg u ien ” . L as m ujeres, sobre todo, cuando no m encionan el nom bre de la p ersona que les gusta o les gustó en otro tiem po, sustituyen ese nom bre por el térm in o “ cria tu ra” . A sí, p or ejem plo: “ en esa época m e gustaba una criatu ra de la casa de la m adre” , p ara señalar así, con una pizca de hum or, la irrelevancia del sexo de la p erso n a aludida. L a p alabra “ lesbiana” , aunque co nocida, no se em plea ja m á s y, de hecho, no existe térm ino alguno que denote una idea de oposición entre u n a m u je r que ten g a relaciones h om osexuales y otra que no las tenga, o que indique la p erten en cia de am bas a d istintas categ o rías. El siguiente ejem plo m u estra con claridad el punto de v ista del pueblo del santo: en una casa de santo que estudié, h ab ía una hija de santo cuya m adre había sido u n a fam osa h ija de X angó, conocida en todo R ecife. L a m adre m a n tuvo una relación con otra h ija de santo de la casa durante m uchos años y am bas criaron a una niñ a que, en la época de m i investigación, y a te n ía unos trein ta y cinco años y h ab ía sido iniciada dos décadas antes. E sta últim a m ujer
se h ab ía casado legalm ente p ero estaba separada y era m adre de un niño y de una h ija de crianza. L a gente so lía co m en tar que “n u n ca le gustó nin g u n a m ujer” y hacían brom as entre sí y delante de ella, en las cuales expresaban la convicción de que tarde o tem prano eso iba a suceder. Este caso es u n a buena ilustración de que, al m enos en lo concerniente a las m ujeres, la h o m o sex u ali dad no es considerada en sí m ism a com o una cuestión de identidad separada, sino en relació n con la gam a de experiencias su sceptibles de vivirse. A dem ás, la norm a p ara las m ujeres es m ás la b isex u alid ad que la h om osexualidad o la heterosexualidad exclusivas, y m uchas de ellas viven en co m pañía de un hom bre y u na m ujer sim ultáneam ente.
Existe, es cierto, la idea de que algunas m ujeres son m ás m asculinas que otras, pero esto surge de una evaluación global de su identidad de género y no de su m era sexualidad. Por ejem plo, conocí a una m adre de santo a quien algunas personas calificaban de “m ujer hom bre” , y argum entaban que su santo dueño de la cabeza, su ayuntó y un tercer orixá que tenía eran “ santos hom bres” ; agrega ban que nunca había tenido relaciones sexuales con hom bres y ya no m enstrua- ba. Pero tam bién existen m ujeres que declaran preferir las relaciones hom osexua
les, aunque sean consideradas m uy fem eninas en función de sus santos. El caso de los ho m b res es d iferente: en ellos, la p re fe re n c ia sexual se tra d u c e en té rm in o s que ex p resan identidad. Si bien no ex iste u n a p alab ra e q u iv ale n te al té rm in o inglés stra ig h t, en co n traste se u tiliza n apelativ o s com o “ m a riq u ita ” [“b ic h a ”\, “ p o llo ” , “a d é fe ro” o “a kuko a d i é estas dos ú ltim a s son p alab ras de la le n g u a y o ru b a .10 Los a d éfero s son ho m b res que tie n en p re fe re n c ia po r las rela cio n e s h o m o se x u ales y, en gen eral, expresan esa o rien tació n p o r m ed io de g esto s d ia crític o s de fácil rec o n o cim ien to . Sin em b arg o , esos gestos no se co n sid eran in d icad o res de la p erso n a lid a d sino
10 M i colega yoruba Yemi O laniyan me enseñó la ortografía y traducción de las palabras adéfero y akuko adié. O laniyan tam bién dice estar convencido de que entre los yorubas de N igeria no existe la hom osexualidad y jam ás conoció ningún caso. Más aún, dice no conocer término alguno en la lengua yoruba que sirva para designar ese tipo de com portam iento. Inform aciones recogidas por Ribeiro (1969, p. 118) parecen con firm ar esa afirm ación. Akuko adié significa “pollo” y es, por lo tanto, la traducción literal del térm ino vulgarm ente em pleado en R ecife para denom inar a los hom bres con preferencia por las relaciones hom osexuales. Adéfero tiene dos traducciones posibles, según la entonación original de la palabra, perdida con su paso al contexto portugués. Am bas traducciones son nombres personales. La palabra puede significar “ la corona se extiende hasta la corte” o “el hom bre que lleva la corona se convirtió en parte de la corte”, y en general indica que la persona así llam ada pertenece a una fam ilia cuya posición se elevó gracias a un m iem bro de la corte. Por otro lado, puede tratarse de la
de la p re fe re n c ia se x u al del h o m b re y, de h ech o , existen m u ch o s adéfero s
cuyo d ueño de la c a b ez a es un o rix á m a scu lin o . D el m ism o m odo, com o y a dije, los a d éfero s ofician en roles ritu ales m ascu lin o s y tie n en m ucho éxito en el papel an d ró g in o de líd e res de casas de santo. C on sus ex p lica cio n es, el p erso n a l del santo d eja en claro que los a d éfero s no son tran se x u ales. En rig o r de verdad, la tra n se x u a lid a d sólo pu ed e e x istir en el seno de u n a cosm o- visión en la cual los atrib u to s del g én e ro fem e n in o , así co m o los del género m ascu lin o , se co n cib en en b lo q u e ; vale decir, u n a visión del m undo en la cual la p erso n a lid a d , el rol so c ial y la se x u alid ad están in d iso lu b le m en te v in c u la dos a uno u otro género.
Si p ro fu n d iz a m o s u n p o co m ás, es im p o rtan te a c la ra r que, aun q u e la id e n tid a d del a d éfero se d e fin a p o r la p re fe re n c ia p o r las rela cio n e s h o m o sexuales, m uchos de ellos m antien en , p o r lo m enos, una relació n h etero sex u al d u ran te u n a etap a de su vida, y otros - e n tr e ellos, alg u n o s fam osos padres de santo de R e c ife - tie n e n m u je r e hijos. La m a y o r p arte tiene o pro cu ra te n er un okó (p a la b ra y o ru b a que sig n ific a “ m a rid o ”). Es p rec iso se ñ ala r que okó
no d e sig n a un estatu s sin o un tip o de rela ció n ; esto es, n ad ie es okó de por sí sino en re la c ió n co n otra p erso n a , sea ésta un a défero o una o b in rin (“ m u j e r ” en yo ru b a). P o r lo dem ás, p u e d e d ec irse que en estas ca te g o ría s ex iste un m a rg e n de m o v ilid ad ; co n o cí p o r lo m enos un ca so de un h o m b re que h ab ía sido un n o to rio adéfero y se c o n v irtió en okó de u n a m ujer, ab a n d o n an d o a q u e lla id en tid ad . D e hecho, en el tra n sc u rso de m i in v e stig a ció n lleg ó un m o m e n to en que tu v e la n ítid a im p re sió n de que la sex u alid ad , v ale decir, las p re fe re n c ia s se x u ale s de los m ie m b ro s del cu lto , no tie n en su fu n d am e n to en e! sexo b io ló g ico , ni en la p erso n a lid a d , ni en el rol so cial, y que la activ id ad sexual es, en ú ltim a in stan cia, un tip o e sp ec ífico de in te racc ió n esta b le c id a en tre dos in d iv id u o s, con p re sc in d e n c ia de sus atrib u to s g en érico s, b io ló g i cos, ca ractero ló g ic o s o so c io ló g ic o s. En el caso de las m u jeres, esta flu id e z en las o p cio n es sex u ales se e x p re sa con clarid ad en las o p in io n e s de los m iem b ro s del culto, p ero en lo co n cern ien te a los ho m b res, corno y a dije, está
contracción de la expresión “adefe oro ”, que significa “ la corona se extiende hasta el culto de Oró” o “el hombre que lleva la corona ama el culto de Oró”. El culto de Oró es un ritual de enmascarados consagrado al espíritu de los muertos, en el cual sólo parti cipan los hombres, quienes asustan a las mujeres utilizando una matraca. De hecho, es el único culto yoruba bajo la exclusiva responsabilidad de los hombres, ya que aun en el Egungun, también pon la presencia de enmascarados y dedicado a los muertos, las mujeres pueden tener alguna participación. En la época de mi investigación, ningún miembro sabía la traducción literal de estas palabras ni conocía el culto de Oró.
en c u b ie rta p o r la su p e rp o sició n de ca te g o ría s p ro c e d e n te s de la id e o lo g ía d o m in a n te que co n g elan la p re fe re n c ia se x u al en una id e n tid a d que p o d ría m o s c a lific a r de p se u d o so cia l, p o rq u e se tra d u c e en té rm in o s de u n a c a te g o ría social.
D e esta m anera, la co m p leja com posición de la identidad de un individuo resu lta de su desem peño en cuatro niveles o esferas que, aunque vinculados p o r equivalencias forzosas en la visión del m undo dom inante, se m uestran independientes en la experien cia de los m iem bros del xangó; se trata de los niveles biológico, psicológico, social y sexual. Con referencia a la identidad de género, el individuo se sitúa en algún p unto de un continuum que va de lo m asculino a lo fem enino, de con fo rm id ad con u n a com binación de rasgos que le es peculiar; alguien con una anatom ía m asculina, que tie n e dos santos h o m bres y sólo se relacio n a com o okó con sus com pañeros sexuales, estará cerca del polo m asculino, m ientras que otra persona con una anatom ía fem enina, dos santos fem eninos y que sólo “ g u sta” de hom bres, se enco n trará próxim a al polo fem enino. A dem ás, si la p rim e ra de estas personas tiene a O gum com o prim er santo, estará aún m ás cercan a al polo correspondiente, y si la segunda tiene a O xum com o dueña de la cabeza, quedará m ás próxim a al extrem o fem eni no. En el caso de las m ujeres tam bién se to m a en cuenta un cuarto factor: com o sucede en m uchas sociedades africanas, una m u jer que y a ha atravesado la m en o p au sia se sitúa en una p osición m ás cercan a al polo m asculino que otra que to d av ía m enstrúa.
L a relevancia de este sistem a com plejo de com posición de la identidad de género rad ic a en que u n a p ersona situ ad a en la parte central del espectro, com o puede ser el caso de quien com b in a un santo hom bre y un santo m ujer y tiene una o rientación hom osexual, p o d rá in v o car los com ponentes m asculinos y fem eninos de su identidad, de acuerdo con la situación y com o parte de estra tegias de acum ulación de roles sociales y rituales. E ste tipo de personas, por consiguiente, adem ás de ser m ás num erosas en el culto, tam b ién tienen más éxito com o líderes dentro del p arentesco religioso. Un buen ejem plo de ello es el caso antes m encionado de la m u je r con sid erad a por algunos com o “ m ujer h o m b re” : ella invocaba su p roxim idad al polo m asculino para legitim arse en la ejecución de algunos roles reservados a los hom bres en el ritual, aunque nunca lograra sustitu ir p or com pleto al varón en tareas m ás “ p esadas” , com o la m an i p u lació n de los espíritus de los m uertos o eguns.