En los trabajos consultados se realizan variadas sugerencias de modificaciones para la mejora de los censos agropecuarios y de población. Si bien cada uno destaca aspectos de acuerdo al objetivo particular planteado, se rescatan algunos señalamientos considerados pertinentes y acordes al planteo de la presente investigación.
El planteo de modificaciones de mayor profundidad remite a la conformación de un sistema integrado de estadística que permita la complementación de datos obtenidos a partir de distintos relevamientos y fuentes censales. En este sentido, el documento de FAO (2006) señala como principales ventajas de un sistema integrado de estadísticas: a) la posibilidad de “planificar y desarrollar un programa estadístico amplio sin duplicar las actividades o difundir estadísticas
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Las trece provincias cercanas al resultado a nivel nacional (entre 1,8 y 2,1) son: San Juan y San Luis (1,8); Chubut y Mendoza (1,9); Buenos Aires, Córdoba y Santa Cruz (2,0); Entre Ríos, Santa Fe y Santiago del Estero (2,1); Misiones, Neuquén y Río Negro (2,1). El resto de las provincias tienen los siguientes valores: La Rioja (0,8); Catamarca (0,9); La Pampa (1,3); Jujuy (1,4); Chaco (2,2); Formosa (2,4); Corrientes y Salta (2,5); Tierra del Fuego (2,9) y Tucumán (4,7) Castro y Reboratti (2007: 15).
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Los autores señalan cuatro aspectos metodológicos que diferencian al CNP y al CNA: a) El CNP se realiza en un solo día y cubre todo el territorio nacional mientras que el operativo de campo del CNA dura entre dos y tres meses y su cobertura se limita a las áreas de producción agropecuaria; b) unidades de relevamiento distintas: hogares y EAPs; c) respondentes: el CNP indaga a cada una de las personas integrantes del hogar censal mientras que el CNA responde el productor o informante calificado; d) el CNA releva EAPs que comercializan su producción, “algunos campesinos y parte de la población indígena quedarían fuera del censo. Desde este puntote vista, la población rural definida por el CNP debería ser mayor que la definida por el CNA” (Castro y Reboratti, 2007: 13).
contradictorias, garantizando un uso eficaz y balanceado de los recursos disponibles”, b) “los conceptos, definiciones y clasificaciones usados en las diferentes actividades estadísticas pueden ser compatibles, facilitando la interpretación y el análisis de datos de fuentes diferentes”; c) “cualquier recolección estadística (como el censo agropecuario mismo) puede estar restringida a un grupo coherente y manejable de ítems, sabiendo que otros datos relacionados, de otras fuentes, están disponible en una forma comparable” (FAO, 2006: 4, punto 1.8).
La complementariedad de las fuentes censales, en este caso agropecuario y de población, requeriría la utilización de conceptos y definiciones operacionales comunes respecto a la actividad económica y ocupación (Novaro y Segre, 1997: 12). En caso de existir dificultades para homologar estos conceptos y definiciones la autoras sugieren incluir preguntas en cuestionarios de las encuesta por muestreo para establecer una comparación entre datos básicos. Por otra parte, en relación a los censos de población, se señala la conveniencia de incluir preguntas complementarias sobre las actividades desarrolladas en las viviendas, mientras que en los censos y encuestas agropecuarias la mejora de la captación de trabajo temporario -“por cuanto esta categoría es difícil diferenciar o captar por otras fuentes”- y producción para autoconsumo del hogar (Novaro y Segre, 1997: 13).
Por su parte, Castro y Reboratti, en su análisis y propuesta de definiciones estadísticas de área rural señalan la necesidad de “una revisión y mejoramiento de los instrumentos de recolección de información que acompañe el proceso de revisión y adecuación de los conceptos y definiciones” (Castro y Reboratti, 2007: 54). Los autores concluyen que “la temática de la medición de la población rural no es sólo un aspecto a profundizar y mejorar en los censos de población; es también parte de los problemas que enfrentan los censos agropecuarios frente a la cambiante realidad del medio rural y la presencia de nuevos actores en las actividades agropecuarias, por ejemplo, los servicios agropecuarios y las nuevas ocupaciones de lo que se da en llamar el ERNA (empleo rural no agrícola)” (Castro y Reboratti, 2007: 16).
En este sentido, se sugieren modificaciones respecto al CNPHyV y el CNA, respecto al primero señalan:
“pensando en futuros relevamientos poblacionales, las preguntas de ocupación deberían ampliarse, así como la estrategia de las entrevistas, de modo de captar mejor la descripción de las tareas realizadas y las características del establecimiento en el cual se desarrollan. Asimismo, parecería sumamente útil (…) indagar sobre los desplazamientos diarios de las personas en términos de tiempos de duración de los recorridos en horas. Sin duda, este dato daría mucha información sobre la problemática de la accesibilidad y flujos de la población y permitiría ajustar la conformación de las redes de centros poblados, tal como fueron planteadas”. Respecto a los censos agropecuarios señalan que: “el esfuerzo mayor debería centrarse en una mejor captación de toda la población residente en la EAP, lo cual tal vez debería significar la identificación previa de todas las viviendas y hogares existentes en cada EAP, agregando la georeferenciación con el simple uso de un GPS (global positional system), con vistas a un futuro desarrollo de sistemas de información geográfica no basados en las unidades administrativas” (Castro y Reboratti, 2007: 55-56).
Con la finalidad de identificar al sector de AF, Acosta y Rodríguez (2005) buscan establecer una definición operativa para América Latina y el Caribe en base a los censos de población. Respecto a las características de los censos en la región los autores señalan que: “La carencia de información detallada y homogénea se convierte en la principal barrera al momento de identificar operativamente a los diferentes grupos presentes en el agro latinoamericano, en especial a la Agricultura Familiar”. Señalando que los censos agropecuarios se presentan como la principal fuente de información estadística para realizar su identificación, destacan como
limitación la heterogeneidad de la información relevada entre los países, en cantidad y calidad.85
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Acosta y Rodríguez marcan la existencia de diferencias entre los países respecto a la selección de las variables censales y como ejemplo se cita el caso de la variable comercialización -considerada central por los autores para la
Finalmente, se señalan dificultades para la identificación de AF ante las diferencias entre
definiciones conceptuales, tipologías y variables efectivamente presentes en los censos.86 En este
sentido, se puede agregar que para el registro de la agricultura de subsistencia así como de la población vinculada a actividades agropecuarias “invisibles” para las estadísticas -mujeres, jóvenes y ancianos- sería conveniente revisar las definiciones, categorías y la forma de captar la información tanto en el censo agropecuario como en el de población.
A continuación se retoma el análisis de la posibilidad de identificar a la población rural y agraria, así como la decisión adoptada en la presente investigación.
3.5 Identificación de la población vinculada a actividades agropecuarias a partir del censo