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DE TIPHERETH A BINAH

Nos da la impresión de que combinar la carta de los Amantes con la letra hebrea zain, que significa espada, parece contraproducente. Pero éste es, probablemente, uno de los senderos más difíciles de entender. Es necesario señalar la estrecha conexión de algunos de los símbolos, pues tienden a confundirse en la mente. Binah, Yesod y Malkuth tienen mucho en común, con Netzach suspendido por detrás, por lo que su simbolismo y correspondencia inevitablemente se entremezclan.

En este sendero, Binah, como la gran madre, se vincula con el hijo de Tiphereth. Si profundizamos en la línea, llegamos a la anciana relacionada con el hombre fuerte desnudo de Yesod, y, por tanto, descendemos hasta el aspecto de novia de Malkuth. Esto basta por sí mismo para un año entero de meditación. Hay muchas interpretaciones de los senderos y sus símbolos, y al final sólo quedan opiniones personales.

Podemos entender aquí a los Amantes como la realidad que se encuentra en todos nosotros, el aspecto ánima/ánimus producido por el símbolo divisor de zain, la espada. En este sentido, somos todos Géminis, gemelos que tratan de encontrarse y absorberse el uno al otro para convertirse en una totalidad. Hay otras interpretaciones, pero aquí no tenemos espacio suficiente para analizarlas, por lo que basta con decir que pensando un poco en el tema lograremos encontrar la mayoría de ellas. La espada ha sido siempre un símbolo mágico y místico. Separa, mata y hiere; pero también defiende. Puede ser al mismo tiempo el medio de mantener a raya el mal y el arma utilizada por el propio mal, pues la realidad refleja muy bien el signo de Géminis. Una espada se hace con materia tomada de la tierra y purificada (fundida) mediante un gran fuego, después es formada y templada mediante golpes repetidos y recalentamientos en el fuego, alternados con enfriamientos

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en el agua. Es una descripción bastante precisa de un alma humana sometida al refinamiento necesario para la divinidad que llegará a ser en última instancia. La espada de Arturo, Excalibur, o más bien Exicaliburn, es el misterio extraído de la tierra y utilizado en defensa del débil. Pero si conoce el culto artúrico sabrá también que Arturo perdió la vaina de Ex-Caliburn, y por tanto, separó el símbolo masculino de la espada del símbolo femenino de la vaina. Dice la tradición que de no haber perdido la vaina nunca habría sido herido, es decir, no habría derramado sangre. Sólo este episodio contiene suficiente simbolismo para mantener feliz durante meses a cualquier investigador.

La sexualidad del sendero diecisiete es muy evidente, y en cierto modo es paralela a la del veintinueve; sin embargo, obtendrá más si sigue el sendero desde Malkuth hacia Yesod, gira a la derecha y sigue ascendiendo hasta Netzach, luego va a la izquierda y después a la derecha a través de la esfera de Venus y por el sendero de la muerte, para llegar a Binan. Pero con esto no estoy pidiéndole que practique un largo trabajo de sendero, sino simplemente que haga un ejercicio intelectual de alineamiento de correspondencias. Cualquiera que se atreva a realizar todos estos viajes en uno solo comprenderá pronto su error.

Una vez superada la separación de este sendero, las recompensas son grandes y los amantes son recibidos por la gran madre en sí misma; en cierto modo, es un regreso al paraíso. El texto le da el nombre de «la fundación de la excelencia»; recuerde que «la fundación» es también uno de los títulos de Yesod. Esta unión de los amantes con su regreso al paraíso es la «fundación» de todas las historias de amor que se han escrito. Como puede ver, no hay nada nuevo bajo el sol. El amor, en todos sus múltiples aspectos, ha mantenido el mundo en funcionamiento durante milenios, y ojalá pueda seguir haciéndolo. Pero el sendero del auténtico amor raras veces es fácil (y si lo fuera, alguna que otra editorial se arruinaría). Pero es un hecho que las

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grandes historias de amor del mundo emulan la carta de los Amantes y la historia de la separación del ánima/ánimus, mostrando que este símbolo es en sí mismo un arquetipo importante. Ha llegado el momento de que unamos los aspectos gemelos que hay en nosotros mismos; y esto es más fácil decirlo que hacerlo. La batalla de los sexos continuará en nuestro interior lo mismo que en el mundo cotidiano.

El sendero diecisiete

Entramos al templo y encontramos a Sandalphon y los Ashim alrededor de la ventana del muro septentrional; parecen estar en comunicación con la criatura sagrada allí representada. Cuando llegamos se dan la vuelta para darnos la bienvenida, como hacen siempre. Sandalphon nos promete una sorpresa cuando regresemos. Al abrir la puerta la traspasamos y ascendemos por el sendero neblinoso de color violeta. Nos acordamos de que la primera vez nos pareció muy largo y ahora, en cambio, alcanzamos la puerta de Yesod en pocos minutos. Al abrirse éstas y entrar, el Cherubim que guarda el templo viene hacia nosotros. La sensación de fuerza inmensa que surge de este ser es enorme, y las alas plegadas sobre el cuerpo desnudo mejoran la belleza de su forma. Tiene esa forma en nuestro beneficio, pues no podríamos imaginar o comprender su forma auténtica. El Cherubim abre la puerta que conduce a Tiphereth y partimos por el sendero del arco iris hasta el arco brillante. Esta vez quien nos saluda es Malachim.

Rafael sale de las sombras y nos da algunos consejos para este sendero. Nos dice que puede resultarnos difícil experimentar plenamente lo que suceda, pero que no tenemos de qué preocuparnos, pues será entendido y asimilado por el ser superior y por el subconsciente. Luego traza el sello y la cortina de los Amantes se convierte en realidad, podemos sentir el amor que sienten el uno por el otro como un grito de triunfo. Pasamos por ella y llegamos a

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una costa marina refrescada por la brisa veraniega, llena de vida por el canto de los pájaros y del aroma de las flores de los árboles y matorrales que tenemos detrás. Unos delfines juegan en el mar y las olas danzan y brillan atractivamente. Paseamos por la costa y vamos hacia el bosque que hay detrás. Parece otra parte del jardín del Edén del sendero treinta; da una gran sensación de paz. Uno de nuestro grupo pasea por el borde del agua. Hay una cierta niebla que parece inusual, y al observar más de cerca vemos emerger otra forma de la primavera. Es del sexo opuesto, es el ánimus de la joven que andaba por el agua. Sentimos una extraña sensación de atracción en la región del plexo solar y de pronto nos sucede lo mismo a todos nosotros. La forma nueva es siempre del sexo opuesto al nuestro.

Frente a esa figura del otro sexo, hay algo para lo que no estamos preparados, y retrocedemos tratando de apartarnos del otro ser, pero estamos unidos a él por un fino hilo de oro. Luego, a través de los árboles, viene Rafael y nos pide que nos reunamos a su alrededor en la arena. Nos sentamos en círculo alrededor de él cada uno con nuestro compañero. La sensación de extrañeza empieza a desaparecer y sentimos curiosidad por ese ser oculto, Rafael nos habla:

Dentro de cada hombre hay una mujer, y dentro de cada mujer un hombre, eres completo en tu interior. La leyenda de Narciso ha sufrido muchos malos entendidos. Si no puedes amarte a ti mismo no podrás amar a nadie más. Esta es la primera lección. Un niño se ama a sí mismo hasta que le enseñan que esa es una conducta antisocial. Supone que debe amar a los demás y no a sí mismo. Todo hombre o mujer busca su imagen interior en una forma externa. Cuando encuentra lo que más se aproxima a ella, se enamora. A veces, por el poder de la ilusión que ya conocéis del sendero veintiséis, hace una elección equivocada. La causa de esto es que tiene una imagen errónea de sí mismo. Cuando ocurre tal cosa no es equivocado buscar el remedio a la infelicidad, a menos

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que haciéndolo se provoque más infelicidad especialmente a otros. A veces se tiene ante esa persona una deuda que sólo puede pagarse abandonando al compañero ideal. Al aprender a amar vuestro ser interior tenéis muchas cosas adecuadas en la vida exterior, afectando incluso a algunas enfermedades que tienen una causa interna. Habéis aprendido mucho en estos senderos, habéis aprendido que vuestro destino es servir, y que no podréis hacer eso a menos que seáis una totalidad, del interior al exterior. Conocéis lo que es la ilusión y que el amor no es pecado, ni el físico ni el que no lo es. La capacidad de amar como ama la humanidad, con plena comprensión de su poder y su gloria, es un don que se ha hecho que parezca poco limpio y degradante. Sin embargo, considerad las antiguas leyendas de los amores de los dioses y los hombres y encontraréis muchos conocimientos ocultos. Uno que caminó con vosotros en la tierra dijo: «Amaos los unos a los otros.» Esto lo debéis aplicar primero a vosotros mismos. El sendero que tenéis que recorrer es demasiado estrecho para estropearlo con un amor egoísta, y por eso sólo a los que han recorrido los senderos hasta ahora se les puede hablar de la importancia de esta ley, pues es una ley. Basaos en todo lo que habéis aprendido hasta ahora para entender el significado más profundo de esto. Pero aprended también a tener fe, virtud que se encuentra en Binah, de donde ha surgido vuestra propia forma, y sabed que la costilla y la espada de la separación son una.

El gran ser se levanta y traza en la arena el símbolo de Géminis, las dos líneas rectas unidas por líneas de fuerza en la parte superior e inferior. Después pone a su lado la letra

zain. Entonces se va, desapareciendo entre los árboles.

Miramos a nuestro ser interior y sabemos que tiene razón, que hemos desestimado esa parte de nosotros. Es como ser joven y estar enamorado por primera vez, pero, sin embargo, sabemos también que al sentir esto no les

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quitamos nada a los que amamos en los niveles exteriores, pues les elegimos porque nos recordaron el «nosotros» interior. Paseamos y hablamos con nuestros amores recién encontrados, aprendiendo sobre ellos, lo que les gusta y lo que no, lo que desearían que no hiciéramos porque les hace daño. Tratamos de captar todos los rasgos para no olvidarlos, pero se nos dice que no es necesario, pues nunca podremos separarnos. Los abrazamos y sentimos que se funden con nosotros, pero ahora somos conscientes de ello y sabemos que siempre será así. No hay soledad, sólo una nueva capacidad de conocernos.

Miramos hacia el mar y allí, elevándose de las profundidades, hay una enorme ballena en cuyo lomo descansa un pequeño templo, muy antiguo y primitivo; de pie ante él hay una mujer de aspecto maduro con un rostro en el que se combinan la fuerza y la belleza. Está coronada de estrellas y sus ropajes fluyen hacia abajo introduciéndose en el agua, y haciéndose uno con ella.

Nos habla por encima de las olas:

Yo soy la que era, es y será, soy vuestra fe, vuestra agua fresca en el desierto, soy vuestro principio y vuestro final, soy la espada que os separa y el cinto que os une. Soy Binah.

La ballena se sumerge, llevándoselo todo con ella, y al volvernos encontramos la cortina entre dos árboles, y pasamos a través de ella llegando a Tiphereth. El templo está vacío, por lo que lo cruzamos y tomamos el sendero del arco iris para regresar a Yesod. Todo el tiempo estamos pensando en el misterio del que se nos ha hecho formar parte. El Cherubim espera para sellar la puerta a nuestras espaldas, y después, mirándonos con profunda comprensión, levanta sus grandes alas y las cierra sobre nosotros. Ya en otra ocasión fuimos llevados hasta Malkuth de este modo, y es agradable descansar un rato en esa fuerza y suavidad de las plumas. Nos deja con delicadeza en

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Malkuth y desaparece, pero pedimos en silencio una bendición para ese hermoso ser, conscientes de que es el mayor regalo que podemos ofrecerle.

Sandalphon viene hacia nosotros llevando en sus brazos un regalo, ropajes de suave seda blanca para cada uno. De ahora en adelante deberemos llevarlo. Está bordado con racimos de pequeñas uvas y hojas de parra por el dobladillo, todo perfilado en hilo de plata, por el cuello hay un borde de flores, y una atadura de cordón de plata. Completa la vestimenta un ceñidor de seda cosido también en ese material. Le damos las gracias a Sandalphon y tratamos de decirle cómo nos sentimos, pero nos encontramos cogidos en su aura y nos estrecha del mismo modo que hicimos nosotros con nuestro ser interior. Se nos ocurre que en algún sentido todas las cosas y seres que hay en este universo forman parte unos de otros, que nadie está solo. Formamos parte en la misma medida del mundo angélico que de la tierra. En el aura de los arcángeles, y con el ser interior, somos los Amantes delante del ángel del amor. El templo se desvanece, pero seguimos comprendiendo cosas.

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