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Las empresas forman, pues, parte de una trama industrial local. A pesar de la globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación, la proximidad geográfica y las fuentes

locales de competitividad siguen siendo importantes. Las ventajas locales de la sinergia han sido bien documentadas en recientes estudios de casos sobre aglomeraciones indus- triales. Esos estudios muestran los beneficios pasivos y activos que las aglomeraciones pueden generar para las empresas. Los beneficios pasivos se derivan de las economías de concentración; los activos, de la cooperación entre empresas. El éxito o el fracaso de las aglomeraciones depende de que se llegue a alcanzar una sinergia dinámica dentro de la aglomeración y de la agilidad para interactuar con el mundo exterior.

A los países en desarrollo les resulta difícil alcanzar los bene- ficios de las aglomeraciones. Es ya difícil iniciar una empresa, y es todavía más difícil iniciar aglomeraciones, o conseguir que las empresas cooperen localmente, como clientes y pro- veedoras unas de otras, más bien que como enconados com- petidores. A la larga, las aglomeraciones de los países en desa- rrollo tendrán que insertarse en un conglomerado más amplio, en una cadena mundial de valor, si desean sobrevivir ante la continua competencia mundial.

Notas

Para más detalles sobre fuentes, información y literatura sobre los temas aquí abarcados, véanse los documentos de antecedentes. 1. Schmitz (1999b).

2. Modelos similares de innovación han sido presentados por espe- cialistas de antiguos países en desarrollo, como Corea (Kim 1998, 1999).

3. Esta sección se basa en Mathews (2001, documento de antece- dentes).

4. Gereffi (1999b).

5. Esta sección se basa en el sitio web del Centro de Comercio Internacional UNCTAD/OMC: http://www.intracen.org y en Kaplinski (2001, documento de antecedentes).

L

AS INSTITUCIONES DE APOYO DETERMINAN LA POSIBILIDAD DE QUE las empresas satisfagan necesidades de información, conocimientos prácticos, recursos financieros y de otra índole que es difícil satisfacer en los mercados libres y la forma en que lo hacen. La infraestructura determina los gastos de explotación y los que entraña vincularse con el mundo exte- rior. Se requiere un contexto comercial favorable que dina- mice el desarrollo industrial; es más, el velar por que haya acceso a servicios indispensables para emprender procesos de innovación y aprendizaje es un aspecto decisivo de la creación de ese contexto. En los países avanzados muchos de esos ser- vicios se prestan por conducto del mercado, si bien incluso en esos países se considera necesario aumentar la oferta del mer- cado con servicios subvencionados. Pueden esgrimirse varios argumentos en favor de la prestación subvencionada de esos servicios en apoyo a los procesos de innovación y aprendizaje, más aún en los países en desarrollo. Es importantísimo consi- derar que lo que se entrega, en mayor o en menor medida según el tipo de servicio, es un bien de dominio público, o sea, distintas formas de conocimientos (o de información). Se reconoce en general que los conocimientos son efectiva- mente bienes de dominio público a los que se debe acceder por un precio que no ha de superar el costo marginal de difun- dirlos. No obstante, no son nada desdeñables los gastos que entraña buscar y transformar, incluso la información de domi- nio público, en material de utilidad para las empresas nacio- nales. Además, es posible hacer grandes economías si se cen- tralizan esas actividades en organizaciones con capacidad especial para asumirlas. Es indispensable que en aras de la buena administración se corra una sola vez con esos gastos, que se suman a los costos variables de difusión infinitamente inferiores. De otra forma, cada posible usuario de la misma información también tendría que sufragar los costos de bús- queda y de adaptación, cuando sería mucho más conveniente que de alguna forma se compartieran entre todos esos posi- bles usuarios como costos fijos.

Hay motivos fundados para no imponer a los usuarios la carga total, o incluso parcial, de compartir los costos fijos destina- dos a crear y sostener organizaciones de apoyo tecnológico.

Uno de ellos radica en las marcadas economías de escala pro- pias de su funcionamiento. Esas economías justifican amplia- mente la prestación de los servicios mucho antes de que surja un mercado suficientemente grande que la haga rentable para las entidades privadas. Otro motivo reside en los facto- res exógenos que empiezan a actuar cuando se utilizan esos servicios a fin de aumentar la productividad con los recursos disponibles. En muchos casos, los beneficios derivados de un incremento de la productividad no recaen del todo en las empresas que reciben los servicios. Algunos (con frecuencia la mayor parte) de esos beneficios se extienden a otros agen- tes económicos en forma de efectos exógenos1. Estos moti- vos tienen mayor peso en los países en desarrollo, en los que los mercados de servicios industriales están en formación y en los que son particularmente pronunciados los efectos exóge- nos derivados de la transferencia y la asimilación eficaz de tec- nología2.

Un argumento suplementario que suele esgrimirse en el caso de los países menos adelantados es la inoperancia de los mer- cados no relacionada directamente con la prestación de ser- vicios industriales. El ejemplo más claro es el hecho de que el sector financiero no otorgue préstamos para sufragar el desa- rrollo tecnológico. Las instituciones financieras de la mayor parte de los países en desarrollo no tienen suficientes ele- mentos para juzgar adecuadamente los proyectos que entrañan tipos de desarrollo tecnológico que no se han emprendido antes en sus países. Aun cuando sus evaluacio- nes sean correctas, suelen exigir ciertos tipos de bienes en garantía que encarecen considerablemente el crédito o impi- den obtenerlo. O sea que no se utilizarán servicios que debie- ran utilizarse, a menos que resulten menos onerosos para el usuario.

Por último, las restricciones de la política pública significan a menudo que la prestación de servicios industriales es el único mecanismo viable de subvencionar el desarrollo de tecnología que, según el principio de resultados óptimos, debería sub- vencionarse directamente. En rigor, esas restricciones consti- tuyen las razones mismas que justifican el hecho de que se protejan las industrias incipientes para promoverlas. Habida

Prestación de apoyo

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