CAPÍTULO 2. POSICIONAMIENTO PERSONAL ANTE LA PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO
2. LA RELACIÓN ENTRE DESARROLLO Y CAMBIO
4.2 TRANSICIONES EVOLUTIVAS Y MOMENTOS DECISIVOS
Lo que caracteriza a una transición es el cambio progresivo de un estado X a un estado Y, generalmente vinculados a estados sociales bien definidos (soltero-casado; casado- divorciado; trabajador-jubilado; trabajador-parado) o definidos de manera más ambigua (niño- adolescente; adolescente-adulto; enfermo-sano). Desde la teoría del Curso Vital, las transiciones están vinculadas a sucesos vitales específicos, conllevando el tiempo de adaptación necesario tanto para anticipar el suceso vital (por ejemplo el embarazo ante el evento de ser padre), como para adaptarse a los cambios derivados por su advenimiento (las semanas posteriores al nacimiento). Si el suceso vital tiene lugar en un momento definido que podemos marcar en un calendario (el inicio de la escolarización, su conclusión, el comienzo de la vida laboral, la paternidad, casarse, una defunción) la transición tendría lugar durante un tiempo más largo e indefinido, pudiendo durar desde minutos, horas o meses, dependiendo de la naturaleza del suceso vivido e incluso del momento en el que suceda (dependiendo por ejemplo de lo inesperado que sea, de los recursos que se posea para afrontarlo, etc…).
Las transiciones forman parte de trayectorias vitales más amplias, en las que se encuentran integradas, y que les proporcionan su significado: por ejemplo la trayectoria de la escolarización tiene transiciones importantes como el inicio de la escolarización, pasar de primaria a secundaria, pasar a la universidad, finalizar la carrera y empezar a buscar un empleo, etc…
Una característica fundamental es el grado de coordinación o sincronización que guardan entre sí varias transiciones, en relación a su influencia con varias trayectorias, por ejemplo una persona podría estar afrontando el paso a la universidad (preparando la selectividad), mientras vive en paralelo el divorcio de los padres, y recibe una oferta laboral para empezar a trabajar en un negocio familiar, debido a la reestructuración económica resultante del divorcio. En este caso, la resolución de las transiciones influirá en qué trayectoria se sigue respecto los estudios y respecto el trabajo, lo podrá tener más consecuencias años después, en función de las opciones laborales disponibles. Como plantean Elder et al. (2006) “para afrontar trayectorias vinculadas de manera simultánea, la planificación de eventos y obligaciones se convierte en una tarea básica, a la hora de gestionar recursos y presiones” p. 685.
Un factor clave en el significado que tiene una transición es el momento temporal en el que tiene lugar (su timing o temporización). Por ejemplo, no es lo mismo un embarazo a los 16, que a los 30 o a los 48 años. Dos son los aspectos contemplados por este factor: el referido al principio de etapa vital, y el que tiene que ver con las normas de edad.
El principio de etapa vital (Elder, 1998) sostiene que las personas de diferente edad y aquellos que ocupan distintos roles, están expuestos diferencialmente a particulares transiciones vitales: por ejemplo, la niñez intermedia y la adolescencia temprana parecen ser períodos más vulnerables al divorcio que los primeros años de la niñez (Parke, 1988). Ciertos autores, (Stewart y Healy, 1989) han estudiado, en relación al principio de etapa vital, cuál sería el área de influencia de un suceso (o de la carencia de un suceso) vital determinado en función de los diferentes períodos temporales en los que tenga lugar. Así, según dichos autores, cada período temporal estaría relacionado con ciertos asuntos “evolutivos”, de ahí que el mismo suceso sería vivido de manera diferente por cuatro personas que se encontraran en cuatro períodos temporales diferentes. Un suceso vital como una guerra, influiría diferentemente según el período vital en la que se viviese. Si fuera durante la niñez, afectaría en los marcos de referencia a la hora de comprender y/o evaluar la realidad (por ejemplo entender la vida como algo seguro o inseguro). Durante la adolescencia tardía influiría a la hora de marcar la propia identidad personal (por ejemplo qué ideología tener, seguir o interrumpir los estudios, etc...), durante la
mediana edad supondría sobre todo un cambio conductual (alistarse o no, dejar de trabajar o no) pero no afectaría al tipo de comprensión o visión del mundo que se tuviera.
Tabla 4. Relación entre desarrollo individual y sucesos del contexto histórico según Stewart y Healy (1989, p.32), a partir de Zacarés, 1999.
Período temporal en que se experimenta el suceso
Foco de impacto del suceso
El concepto de Normas de Edad (Hagestad y Neugarten, 1985) implica que se puede situar a una persona en una estructura de edad, quedando su conducta parcialmente controlada por dicho sistema de edad del que forma parte. En definitiva coincidiría con el conjunto de expectativas sociales sobre lo que resulta “la-conducta-apropiada-en-cada-edad”. Neugarten habla de la existencia de un “reloj social” que fija y organiza el orden y momento de ocurrencia de los principales acontecimientos de la vida (por ej. cuál es el momento esperable para casarse, tener hijos, jubilarse e incluso enfermar y morir). Dichas normas de edad, por lo tanto, ejemplifican la función de socialización y de control social asociados al concepto de curso vital. Aquellas transiciones y acontecimientos asociados que se perciben “fuera del momento esperado” resultan más amenazantes, porque pueden implicar una pérdida del apoyo social, una disminución del grado de satisfacción experimentada o una falta de preparación para el mismo (Lazarus y Folkman, 1986).
Otro aspecto interesante a considerar respecto las transiciones consiste en tener en cuenta la sucesión de mini-transiciones que forman parte de ellas, mini-transiciones en forma, por ejemplo de momentos importantes de decisión. Casarse, divorciarse, tener un hijo, no suponen sólo un cambio de estado, sino que se caracterizan por muchas pequeñas decisiones que ir adoptando. Un embarazo adolescente pasa por una serie de decisiones (ejemplo de transiciones previas) tales como tener experiencias sexuales o no, usar métodos anticonceptivos o no, decidir si abortar en caso de producirse un embarazo, decidir si darlo en adopción, decidir si casarse o no (Hofferth, 1987). A la hora de planificar posibles intervenciones interesa conocer
Niñez y adolescencia temprana
Adolescencia tardía y juventud adulta
Mediana Edad
Adultez tardía
Valores y expectativas fundamentales (por ej. valores familiares, marcos de referencia) Oportunidades y elecciones vitales; identidad
(por ejemplo: identidad vocacional)
Conducta (por ej. insertarse en el mercado laboral)
Nuevas oportunidades y elecciones; revisión de la identidad
con el máximo detalle posible estas minitransiciones que dan lugar a fases importantes, al ser momentos clave donde sería más interesante una intervención.
El tercer concepto importante, complementario al de trayectoria y transición, es el de momento decisivo (turning point). Una transición puede ser un momento decisivo para una persona, siempre y cuando provoque una alteración duradera en una trayectoria evolutiva (Rutter, 1996), cierta reorientación en la priorización de actividades (Clausen, 1995). Pueden producir cambios en el estilo de vida, los roles y el autoconcepto de las personas (Elder, 1986) así como cambios en la perspectiva de otras personas (Rutter, 1996). El cambio experimentado tras la vivencia de un momento decisivo, supone una doble reorganización cualitativa: de la vida interna y de la conducta externa. Según Cowan (1991), pasar por un suceso marcador vital (por ejemplo, entrar en la Universidad) o asumir un nuevo rol (ser padre o marido) no significan en sí mismos que se haya completado una transición. La transición se definiría siempre a posteriori, una vez se haya identificado la reorganización interna a la que ha dado lugar.
Algunos ejemplos de momentos decisivos, citados comúnmente, son: establecer nuevas relaciones sociales de apoyo, nuevas oportunidades educativas y laborales, nuevas aficiones, nuevas relaciones íntimas y cambios de residencia (Rönkä, Oravala y Pulkkinen, 2002). Schiller (1999) da un interesante ejemplo en el contexto escolar. Aquellos estudiantes que tenían un rendimiento académico bajo en Primaria, al pasar a Secundaria lo aumentaban dependiendo de si establecían nuevas relaciones sociales en el instituto. Por el contrario, si las relaciones sociales eran las mismas, mantenían el mismo nivel en las notas. De manera inversa, si el rendimiento en primaria era alto y se mantenía el contexto social de compañeros, también se seguían obteniendo notas altas, pero no, si el contexto social cambiaba. Esto demuestra que al dispersarse por diferentes centros, al pasar de primaria a secundaria, surgían nuevas oportunidades sobre todo para las personas con bajo rendimiento, al desvincularse de sus antiguas redes sociales.
4.3 EL PRINCIPIO DE PROPOSITIVIDAD HUMANA EMERGENTE EN LAS