Un conjunto separado de problemas concierne a las instituciones a través de las cuales los regímenes educativos se han transmitido de modo eficaz durante milenios. En este caso la historia de la educación proporciona una guía razonablemente constante, con una determinada secuencia aparentemente respetada en todo el mundo.
En las sociedades más sencillas y más tradicionales, la educación se enmarca ampliamente en el interior del medio familiar del niño. A menudo son familias numerosas, compuestas por diferentes parientes que se encuentran en cada una de las diferentes generaciones. En esos entornos tradicionales, se supone que los niños seguirán los pasos marcados por sus progenitores, que los hijos llevarán a cabo las mismas prácticas vocacionales que sus padres, y las hijas emularán las prácticas vocacionales, de crianza de los hijos y de amas de casa, de sus madres.
Desde una edad temprana, los niños son testigos de cómo sus mayores desempeñan estos papeles, a menudo según modelos aprovechados durante generaciones, desde los bisabuelos a los hermanos. La mayor parte del aprendizaje se produce a través de la observación directa, aunque ese aprender observando ciertamente se interrumpa de vez en cuando mediante instrucciones dadas en público, la invocación de reglas específicas o explícitas demostraciones de procedimientos que puede que no sean fácilmente observables o se hayan considerado incluso secretos. La sociedad puede señalar importantes transiciones hechas con ceremonias explícitas, como los ritos de iniciación a la madurez, pero todas ellas sirven como una afirmación simbólica de los aprendizajes y las comprensiones que ya se han asimilado o, por lo menos, preparado a fondo. Una sociedad que tuviera que empezar totalmente desde la base misma probablemente habría de confiar fuertemente en estos medios más firmemente establecidos —y posiblemente más naturales— de educar al niño.
Cuando las sociedades, al desarrollarse, se hacen más complejas, y las habilidades valoradas llegan a ser sumamente intrincadas, ya no es posible que los niños dominen los papeles requeridos simplemente «dando vueltas». Bajo tales circunstancias, en todo el mundo, nació la institución del aprendizaje a partir de aprendices. La idea central de un aprendizaje es que la persona joven va a trabajar (y a menudo vivir con él) para un adulto experto en un oficio o profesión[94]. Normalmente la persona joven no tiene parentesco biológico con el maestro, aunque bien puede ser que haya vínculos familiares informales, y habitualmente el acuerdo tiene un estatuto legal o casi legal. El propósito evidente del aprendizaje es aprender las habilidades de una profesión, pero se ha considerado durante mucho tiempo que el aprendizaje del aprendiz es una introducción al mundo del trabajo y una colocación transitoria en el camino que le lleva a convertirse en un miembro adulto de la sociedad.
Durante ese período de tiempo que a menudo se extiende durante algunos años, el principiante gana maestría en el oficio o profesión designado. La mayor parte del aprendizaje es observacional, tanto del maestro mismo como de otros trabajadores ya adiestrados que todavía están bajo la tutela del maestro, quien ocasionalmente señalará los errores o hará demostraciones especiales; y del aprendiz se espera que haga uso también de sus capacidades críticas emergentes para corregir y mejorar su ejecución. Puede haber un amplio número de labores y tareas no relacionadas con el tema explícito del aprendizaje, ya que el maestro utiliza al aprendiz para sus propios propósitos; a su vez, el maestro puede adquirir obligaciones secundarias, tales como dar al aprendiz cierta educación en las habilidades que constituyen la alfabetización (leer, escribir, contar) o enseñarle determinadas prácticas religiosas.
Más esencial para nuestros propósitos es el hecho de que el aprendizaje en la institución simbolizada por el aprendiz está fuertemente
contextualizado; es decir, que las razones para los diversos procedimientos
que se enseñan son generalmente evidentes, porque el maestro está en el proceso de producir bienes o servicios para los que existe una demanda explícita y un uso evidente. Además, puesto que el negocio es la fuente del sustento para la vida del maestro y de aquellos que están a su cargo, se
estimula la consecución de los objetivos de un modo eficiente y la transmisión de las habilidades deseadas de una manera eficaz. Tal como ha señalado Michael Polanyi:
El aprendiz inconscientemente recoge las reglas del oficio, incluyendo aquellas que el maestro mismo no conoce de un modo explícito. Estas reglas ocultas pueden ser asimiladas sólo por una persona que se abandona hasta ahí acríticamente a la imitación del otro[95].
Los aprendizajes de cualquier duración y complejidad representan normalmente puntos destacados del crecimiento. Se pueden plantear a diversos niveles de competencia problemas o labores explícitos, para asegurar que el aprendiz ha aprendido las habilidades requeridas y que está a punto para pasar al siguiente eslabón de la escalera. A menudo el aprendiz producirá un objeto individual cuyo valor puede ponerse a prueba en la plaza del mercado. Los aprendices ciertamente difieren entre sí por sus aptitudes y su grado de aplicación; de este modo el maestro tiene que controlar el progreso de cada uno de ellos. Comúnmente, habrá una lucha por el ascenso y por el volumen de ventas de los aprendices, aunque hay ciertamente casos en los que un aprendiz es retenido porque el maestro desea explotarlo a fondo. Finalmente, por supuesto, se espera del aprendiz que produzca una «obra maestra», un producto que demuestre al mundo que ha dominado las habilidades y ha conseguido las comprensiones que le permitirán en lo sucesivo proseguir por su cuenta.
La mayoría de los aprendizajes tradicionales —y especialmente aquellos con una condición legal— implican aprendices y maestros varones, pero procedimientos similares se han utilizado a menudo con las muchachas. Por ejemplo, entre los indios zinacanteco en Chiapas (México), las niñas se familiarizan primero con el arte de tejer viendo cómo sus madres tejen[96]. Después ayudan a hervir las hebras y tiñen la lana. A la edad más o menos de ocho años llevan a cabo sus primeros esfuerzos serios para aprender a tejer. Las madres en un comienzo las guían considerablemente, en una mezcla de habla y demostración. Pero a medida que la niña gana facilidad, su formación
pública disminuye hasta que, a la edad de once o doce años, la niña preadolescente es capaz de proceder casi completamente por sí misma.
Los aprendizajes de este tipo continúan vigentes hasta hoy en todo el mundo. Incluso en los países industrializados más avanzados ciertos oficios y profesiones se aprenden mejor trabajando al lado de un maestro, observado qué hace, y pasando por un conjunto graduado de desafíos y oportunidades. De hecho, en algunos países tecnológicamente avanzados como Alemania, ha habido una tendencia a volver al aprendizaje de tipo artesanal como parte de la formación de los estudiantes de secundaria; más de la mitad de los jóvenes alemanes participan en cierta clase de aprendizaje de tipo artesanal, en el cual las competencias escolares están vinculadas tan estrechamente como es posible a las necesidades y las demandas de un lugar de trabajo. Muchas vocaciones y distracciones, que van desde hacer instrumentos musicales a las reparaciones caseras de fontanería y de electricidad, y muchos empleos, que van desde chico de los recados en un periódico a mago u oficial de policía se abordan de modo ventajoso a través de las técnicas del aprendizaje artesanal. Aunque no se reconozca como tal, la participación en proyectos a gran escala, como por ejemplo representar una obra o acabar un trabajo contratado en la fecha acordada, equivalen a menudo a un aprendizaje; a veces los principiantes circunstanciales tienen la oportunidad de observar el espectro de ocupaciones y ponerse a trabajar con ellas donde y cuando sean más precisos. Y de modo revelador, algunas de las actividades con más demanda en la sociedad, desde el estudio universitario al médico residente, pasando por el papel de asistente en un medio político o financiero, equivalen a acuerdos de aprendizaje.
¿Por qué los aprendizajes funcionan de modo eficaz? Hay algunas ventajas. Proporcionan información rica, la cual pertenece casi toda, de un modo fácilmente reconocible, a realizaciones finales y productos de importancia demostrable dentro de una sociedad. Permiten que los más jóvenes aspiren a trabajar junto a profesionales realizados, estableciendo de este modo vínculos personales así como un sentido de progreso hacia un fin. Frecuentemente, también presentan de modo interino pasos intermedios, con trabajadores situados en diferentes niveles de la jerarquía, de modo que un aprendiz puede ver dónde ha estado y prever hacia dónde se dirige. Los
compañeros y otros con competencias un poco diferentes pueden a menudo ayudarse e instruirse entre sí. Los aprendizajes artesanales están con frecuencia fuertemente motivados; los más jóvenes entran directamente en la excitación que envuelve una tarea compleja, importante y, a menudo, misteriosa, en la que las apuestas por el éxito (y los costes del fracaso) pueden ser elevados. Finalmente, los aprendizajes incorporan siglos de tradición acerca del modo en que es mejor cumplir la labor que se tiene entre manos, y esta ciencia puede invocarse o ejemplificarse en el preciso momento en el que es requerida, en lugar de serlo en cierta localización arbitraria en una conferencia, un texto o un programa de estudios.
De hecho, los aprendizajes bien pueden ser los medios de instrucción que se basan de un modo más eficaz en los modos en que la mayoría de los jóvenes aprenden. Tales formas de instrucción están fuertemente salpicadas de experiencias sensoriomotrices y con el uso contextualizado de formas de simbolización de primer orden, tales como el lenguaje natural y sencillos dibujos y gestos. Hasta el punto que presentan notaciones más formales o conceptos, se presentan al aprendiz de un modo directo en el contexto en el que se las requiere, y el aprendiz ve por sí mismo de qué modo pueden aplicarse. Aquí las diferencias con respecto a la escolarización formal son más notables. Ciertamente, las concepciones erróneas y estereotipos del aprendiz pueden interferir con la maestría, pero quizás es menos probable que aparezcan, y más probable que sean contraindicadas al aparecer, porque el aprendiz trabaja estrechamente con un maestro que puede ser experimentado en encontrar y eliminar tales prácticas y creencias erróneas.
¿Por qué, entonces, son los aprendizajes artesanales mucho menos comunes, y mucho menos visibles de lo que fueron hace unas pocas generaciones?, y ¿por qué cuentan con una reputación decididamente mixta? El descrédito de la reputación del aprendizaje artesanal probablemente aparece de un modo importante a partir del hecho de que a menudo se lo consideró explotador de los jóvenes que estaban a cargo del maestro, a los que se les asignaban otras labores además de sus responsabilidades establecidas, y a veces se les golpeaba, castigaba o privaba de compensación prácticamente al antojo del maestro/amo. El abuso de una relación educativa de confianza es en cierto sentido poner en tela de juicio esa relación. Algunos
aprendizajes prácticos acentúan también la forma más reducida de imitación de un modelo, aunque está claro que se pueden poner en práctica formas más flexibles de adiestramiento dentro de un aprendizaje práctico.
Mi propia estimación es que los aprendizajes prácticos han sufrido también por el simple hecho de que han estado vigentes durante generaciones y de este modo parecen estar anticuados. Están estrechamente asociados a las adquisiciones de habilidades en los oficios y, ciertamente, los oficios han entrado en decadencia en nuestra sociedad altamente industrializada. Incluso en profesiones y oficios en las que parecerían todavía muy apropiados, se les ha sustituido a menudo por larguísimos regímenes escolares que culminan en cierta clase de procedimiento de certificado oficial que se cree que constituye un final positivo en sí mismo y puede parecer que proporciona la calidad de control que resulta difícil de documentar en un aprendizaje artesanal. Los aprendizajes de tipo artesanal pueden dar resultados en adultos que son competentes pero no hablan precisamente o no son reflexivos acerca de lo que pueden hacer, y en consecuencia, el aprendiz convertido en maestro puede parecer inculto o ingenuo. De modo similar, un aprendiz puede aparecer privado de esta amplia gama de conocimientos y de aquellas habilidades generales de resolución de problemas que las instituciones educativas formales creen suministrar. En resumen, puede que los aprendizajes prácticos sean simplemente los estragos causados por una intervención educativa extremadamente más poderosa: la institución que llamamos escuela.
Sin embargo, estos aprendizajes ofrecen de hecho al diseñador de nuestra utopía educativa una nueva y excitante opción. Aunque tradicionalmente se han reducido o incluso eliminado, en el contexto de la cultura escolar no hay necesidad de eliminarlos completamente. Los aprendizajes artesanales pueden albergar en su interior cualquier número de atributos educativos valorables, ninguno de los cuales debe necesariamente eliminarse. De hecho, en las secciones conclusivas del libro, sostengo que la mejor oportunidad para una educación que conduce a la comprensión se encuentra en fundir determinados rasgos de los aprendizajes con determinados aspectos de las escuelas y otras instituciones, como los museos infantiles. Tales fusiones vinculan entre sí formas de conocimiento dispares, cuya separación a menudo