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La Iglesia y la Migración

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Academic year: 2021

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Iglesia y Migración

Conferenciantes:

Dra. Ángeles Escribá Chordá Dr. Máximo García Ruiz D. Juan Medrano Cucurella Dr. Fernando Méndez Moratalla Dr. Samuel Escobar Aguirre D. Emmanuel Buch Camí

Otros participantes:

Estudios de caso

D. Félix González Moreno D. Gabriel Piedrahita Castaño Panel

D. José Luis Andavert Escriche D. Guillem Correa Caballé D. David Casado Cámara

(4)

Colabora:

Patrocina:

© de los textos: sus autores

© de esta edición: Consejo Evangélico de Madrid

Diseño: Imvisual Design (www.imvisual.com)

Impresión: Rivadeneyra, S. A. ISBN: 84-932411-4-8 D. Legal: M-43179-2003

Consejo Evangélico de Madrid Consejería de Educación y Cultura

C/ Pablo Serrano, 9 posterior 28043 Madrid • Tel.: 91 381 89 88

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Í N D I C E

Presentación

10

Conferencias

16

Énfasis Sociológico 16

Latinoamericanos en España, Iglesias e integración social 16

Dra. Ángeles Escrivá Chordá

Inmigración: ¿Un problema o una oportunidad? 56

Dr. Máximo García Ruiz

Énfasis Bíblico 80

Los inmigrantes en el Antiguo Testamento 80

D. Juan Medrano Cucurella

Iglesias e Integración 102

Dr. Fernando Méndez Moratalla

Énfasis Misionero 128

Las migraciones y la misión de la Iglesia Cristiana 128

Dr. Samuel Escobar Aguirre

Índice

(6)

Énfasis Pastoral 156

Pastoral de la emigración: Perspectiva y Acciones 156

D. Emmanuel Buch Camí

Estudios de Caso

178

Estudio de Caso 1 178

D. Gabriel Piedrahita Castaño

Estudio de Caso 2 184

D. Félix González Moreno

Panel

196

Misión Urbana 196

D. David Casado Cámara

Iniciativas Solidarias 210

D. Guillem Correa Caballé

Operación Tránsito (Sociedad Bíblica) 230

D. José Luis Andavert Escriche

Conclusiones de la Consulta

240

Las Iglesias y la Migración 240

Dña. Patricia Alsina y D. Joaquín Márquez

Reportaje Fotográfico de la Consulta

252

D. Manuel García Lafuente (CEM)

Material Legal Adicional

270

Apéndice: Disposiciones legales y formularios 270

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L A S I G L E S I A S Y L A M I G R A C I Ó N

11

Presentación

La reciente oleada de inmigrantes procedentes, principalmente, de Latinoamérica, Europa Oriental y el norte de África representa uno de los fenómenos de mayor repercusión social en España en los últimos años. Esta ola migratoria se convierte en uno de los mayores retos que nuestra sociedad afronta. El asunto se ha con-vertido en un problema de primer orden social, ya no solo en nues-tro país sino en toda Europa, al punto de que se han realizado encuentros interestatales al más alto nivel para analizar el fenóme-no y plantear estrategias y legislaciones alusivas a todos los niveles. Las iglesias protestantes, en su historica sensibilidad y compro-miso activo ante la necesidad de su prójimo, se han movilizado para paliar en la medida de lo posible, y en muchas ocasiones más allá de lo exigible, las carencias básicas que estos inmigrantes pre-sentan. Comenzando con la provisión de alimentos y ropa, pasan-do por alojamiento y gestiones burocráticas entre otras, las iglesias evangélicas han sido lugar de refugio, de apoyo moral, afectivo y espiritual de muchas personas que se encuentran desarraigadas de su realidad vital y alienadas en un contexto extraño para ellas.

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conjunto de iglesias que demanda e incardina los resultados de dicha reflexión en su contexto ministerial.

Consecuencia de esta necesidad, el CEM y el ST-UEBE organi-zan unas jornadas bajo el lema ”Las Iglesias y la Migración”, cele-bradas en el aula magna del ST-UEBE los días 25 y 26 de abril de 2003. Las jornadas plantearon la temática desde distintos ángulos. Se ofrecieron seis conferencias impartidas por cualificados espe-cialistas en sus áreas de competencia. Las dos primeras conferen-cias analizaron la realidad social del fenómeno migratorio en nuestro país, recurriendo a diversos y actualizados datos estadísti-cos alusivos al origen, composición y particularidad de los grupos recibidos, además de una exposición de la evolución y situación actual de la ley, otras dos conferencias analizaron las diferentes respuestas ofrecidas en las Escrituras ante los fenómenos migrato-rios particulares de cada época, además de exponer referentes bíblico-teológicos de actuación. Otra conferencia versó sobre las implicaciones que la nueva realidad de la inmigración brinda desde el punto de vista de la misión de la iglesia. La conferencia final enfatizó la labor pastoral que la iglesia debe ejercer entre los inmigrantes. Complementando el requerido planteamiento teóri-co-conceptual proporcionado por las conferencias, se realizaron estudios de caso en los que se analizaron experiencias tanto de españoles que inmigraron al extranjero como de inmigrantes que llegan a nuestro país, además de tener un panel en el que se pre-sentaron algunas de las respuestas que se están ofreciendo desde diferentes instituciones evangélicas.

Las diferentes y positivas contribuciones de los participantes enriquecieron las jornadas. La mayoría de los asistentes era profe-sionales cualificados y responsables de ministerios entre inmi-grantes en el ámbito de instituciones evangélicas y de las iglesias. El hecho de que, además de los esperados asistentes de las iglesias de la Comunidad de Madrid, asistieran personas provenientes de Probablemente, la referencia anterior a la movilización de las

iglesias no sea del todo precisa. En la inmensa mayoría de los casos, más que una movilización calculada y escalonada, lo que se ha vivido en muchas de nuestras comunidades es la afluencia, la avalancha masiva de inmigrantes que han llenado nuestras igle-sias y que no han dado margen a medir las respuestas, implica-ciones y consecuencias de la nueva realidad que se afronta. Esta realidad no ha permitido más que una acción ”de choque”, en ocasiones intermitente, guiada por las necesidades inmediatas a paliar. Se ha carecido de la distancia y tiempo suficientes para arti-cular una respuesta medida que tuviera en cuenta todos los aspec-tos y consecuencias que la situación creaba en nuestras iglesias.

No todo ha sido positivo y loable en este proceso. Lo impre-visto y desmesurado en cuanto al número de casos a atender; la carencia de medios y preparación para afrontar las distintas situaciones; el relativo conflicto social creado por la heteroge-neidad social y cultural que el fenómeno suscita, y, para qué negarlo, casos de abusos de la buena voluntad de las iglesias y particulares, han creado situaciones de confusión y respuestas muy dispares entre las iglesias evangélicas.

Ante la mencionada situación de generosa solidaridad, pero que en muchos casos desborda y desconcierta a las propias iglesias, el Seminario Teológico UEBE (ST-UEBE) y el Consejo Evangélico de Madrid (CEM) consideraron de interes priorita-rio aportar elementos de reflexión y critepriorita-rios madurados que fueran más allá de la propia espontaneidad y momentaneidad de la respuesta ofrecida. Dicho análisis y criterios deberían aportar un fundamento estable y justificado para la acción que redunde en beneficio de la misma. Ambas instituciones repre-sentan contextos complementarios en este proceso. Por un lado, el ST-UEBE ofrece el rigor y el nivel científico que pre-tende darse a la reflexión. Por otro lado, el CEM representa al

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P R E S E N T A C I Ó N

Andalucía, País Vasco y Comunidad Valenciana, refleja la perti-nencia y actualidad del tema, sin olvidar la abundante representa-ción de inmigrantes entre los participantes, lo que ayudó a ofrecer una panorámica más amplia de la situación. Todos los participan-tes coinciden en la necesidad de continuar analizando y actuali-zando modelos de actuación que nuestras iglesias requieren para realizar su ministerio entre inmigrantes. En este sentido, tanto el CEM como el ST-UEBE manifiestan su disposición y compromiso de continuar promoviendo iniciativas de reflexión y formación, consultas y foros de intercambio de experiencias concretas, que contribuyan de manera práctica a un mejor desarrollo del minis-terio cristiano que las iglesias evangélicas realizan en este ámbito. De hecho, las iglesias protestantes de Madrid cuentan con la ayuda y asistencia que la Consejería de Acción Social ”Diaconía-Madrid” que el CEM ofrece, tanto al nivel de información como al de ayuda práctica en las necesidades ministeriales de un pueblo que hace suyo el mandato recibido del Señor de hacer misericor-dia hacia su prójimo.

El presente volumen recoge el material ofrecido en las jorna-das ”Las Iglesias y la Migración”, además de otros materiales de utilidad para los lectores. No es, ni lo pretende, un trabajo que ofrezca la solución al problema, ni respuestas definitivas a las muchas interrogantes que se plantean. El propósito del CEM y del ST-UEBE es el de contribuir, ofrecer desde los ámbitos minis-teriales en los que trabajamos una aportación positiva y articu-lada al proceso continuado que el pueblo evangélico desarrolla a favor del inmigrante que convive con nosotros.

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Las Iglesias y la Migración

Manuel Garcia Lafuente Consejero de Educación y Cultura Julio Diaz Piñeiro

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Latinoamericanos en España.

Iglesias e integración social

Doctora en Sociología, Universidad Autónoma de Barcelona. Técnico de Investigación. Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (IESA). Becaria Posdoctoral. Proyecto: ”Familias Peruanas Transnacionales”.

Ministerio de Educación.

El contexto de la nueva inmigración

El análisis del reciente papel de España como país receptor de población –con ánimo de asentarse de manera más o menos tem-poral– procedente de países económicamente más pobres, requie-re poner atención a las diferequie-rentes condiciones sociales, económi-cas y polítieconómi-cas que se viven en los lugares de origen y llegada, y a las oportunidades que está generando la vida transnacional.

Antes de pasar a enumerar estas condiciones, cabe recordar varios aspectos. Entre ellos, que España fue hasta hace bien poco de manera importante un país de emigrantes y que lo sigue siendo en buena medida porque mantiene un elevado número de sus nacionales en países de Europa y América Latina, principalmente1, y porque siguen saliendo hombres y

mujeres –especialmente cualificados– a trabajar al extranjero a falta de puestos de trabajo aquí en sus respectivas áreas. De ese modo, no podemos concluir que la inmigración es el patrón único de los movimientos poblacionales en España, aunque sí que sus tendencias y potencial nos tiene alarmados.

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É N F A S I S S O C I O L Ó G I C O

cívica ha venido acompañada de formas antisociales de reacción como son, por un lado, el aumento de la delincuencia y crimi-nalidad callejera pero también la relacionada con el narcotráfico, y por otro, los movimientos guerrilleros de “liberación” junto con la respuesta abusiva de las fuerzas armadas.

Los latinoamericanos que llegan a España traen consigo un cúmulo de experiencias frustrantes en los diversos ámbitos men-cionados, por tanto, a pesar de ser generalmente considerados inmigrantes meramente económicos, su apremio por salir de su país está acompañado –cuando no expresamente fundamentado– por la inseguridad y la violencia social y política que allí viven.

El análisis de las causas de la emigración queda parcializado si no contemplamos otros factores de orden socio-cultural. La lite-ratura de investigación menciona el fenómeno de la “cultura de la emigración” como la expresión de la asunción para muchos de que, sean las condiciones que fueren, lo mejor es vivir en el Norte. El imperialismo cultural de los países desarrollados trans-mitido por las ondas televisivas e Internet ha pertrans-mitido a la vez que crear entre las poblaciones del sur el deseo y la necesidad por los productos que ellos venden, difundir la imagen de que sólo allí se está más cerca del “paraíso”. De esta suerte, aunque se intervenga y mejoren las condiciones de vida en los lugares de origen, los individuos siguen orientándose hacia el exterior que consideran símbolo de progreso y dador de prestigio social. Aunque esto sea en buena medida cierto debe ser matizado en función de las distintas pertenencias sociales a las que se vincu-lan los sujetos, entre las que incluimos la pertenencia familiar, étnica, de clase y género. Así, la emigración puede ser para la pauperizada clase media un recurso para el sostenimiento de sus estatus de clase, o para sectores indígenas la posibilidad de acceso al mercado y a servicios básicos inalcanzables en origen, o para las mujeres el modo de empoderarse dentro del grupo En segundo lugar, conviene tener en cuenta que, antes que

España, la mayoría de emigrantes de América Latina, África o Asia, se dirigía hacia países con más oportunidades en Norteamérica y Europa noroccidental. A pesar de que estos flu-jos no han cesado, han surgido a la par nuevos destinos de la emigración como España o Italia en Europa, o países vecinos como Chile en Sudamérica, o Costa Rica y Panamá en Centro-américa, por hablar tan solo de algunos de los actuales recepto-res americanos. La característica que reúne a muchos de estos países de nueva inmigración que limitan con otros más depau-perados es que mantienen dobles patrones migratorios, es decir, reciben inmigrantes a la vez que un porcentaje de su población sigue saliendo hacia el Norte2.

Las adversas condiciones socioeconómicas y políticas que viven los habitantes de los países latinoamericanos nos son de sobra conocidas. Si acaso a modo de resumen muy apurado recordar que, tras varios decenios de intentos de modernización de las sociedades a través de políticas desarrollistas comandadas por gobiernos alternamente democráticos y dictatoriales, en la década de los ochenta se vive un colapso general que agudiza, por un lado, la situación de pobreza de una creciente población urbana (fruto principalmente de las migraciones internas) y el empobrecimiento de las capas medias de la sociedad. En vez de mejorar, la situación ha ido perpetuándose, incluso empeorando hasta nuestros días, de modo que las previsiones sobre la región han dejado de ser tan optimistas como antaño. Si en lo económi-co hablamos de la falta de recursos para generar empleo y man-tener sistemas de protección social y servicios básicos de calidad, en lo político proliferan las revueltas, protestas y otras expresio-nes de la acción colectiva que buscan espacios de atención a sus demandas primordiales (más democratización, más recursos y servicios, etc.). En muchos de estos países además, la insurgencia

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Latinoamericanos en España. Iglesias e integración social

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mente se configura la presencia de nacionales no comunitarios en los mercados de trabajo.

A la par que ocurre todo ello en el ámbito político y econó-mico y aún habiendo todavía a mediados de los ochenta un muy reducido número de trabajadores extranjeros no-comunitarios, la presión de Europa lleva a que el Estado español ponga en mar-cha una ley y su correspondiente normativa sobre regulación de los flujos de entrada y permanencia de los no-nacionales. La pri-mera legislación, irónicamente titulada, “sobre derechos y liber-tades de los extranjeros en España” de 1986 que será seguida por numerosas regulaciones en los noventa, resulta en la creación de procesos y estructuras coactivas para aquellos que buscan opor-tunidades y refugio en este país de las que carecían antes. No obstante las absolutas restricciones para quienes llegan de países pobres, se mantienen ciertas ventajas comparativas hacia los nacionales de territorios ligados históricamente a España por el pasado colonial, como son, Iberoamérica, Filipinas y Guinea Ecuatorial. Los nacionales de estos países y regiones tienen acce-so al territorio con mayor facilidad –en algunos caacce-sos sin visado, aunque esta concesión ha ido perdiéndose paulatimamente– y consiguen los permisos de residencia y trabajo y su renovación, incluso la doble nacionalización, con mayor rapidez y posibili-dad de éxito que otros nacionales africanos o asiáticos.

El efecto llamada de estas medidas, como de otras que tendrán lugar en los años posteriores, al instaurarse la política de contin-gentes o cuotas con determinados países (muy principalmente latinoamericanos), y más recientemente el establecimiento de acuerdos bilaterales de migración con Ecuador, Colombia y República Dominicana, no debe ser menospreciado aunque tampoco magnificado. Generalmente, estas medidas han segui-do más que precedisegui-do los flujos, intentansegui-do controlar desde ins-tancias gubernamentales los movimientos poblacionales ya en social y doméstico, por ejemplo, al convertirse en las pioneras

de la cadena migratoria.

Sin pretender hablar de estrategias racional y firmemente pla-neadas, es cierto que los diferentes grupos sociales e individuos obtienen de la emigración ganancias en el plano material y sim-bólico que explican el poco peso de los retornos y la multipli-cación de las salidas gracias a la conformación de redes familia-res y de paisanaje de apoyo.

La referencia a las redes migratorias nos permite trasladar la atención a las condiciones sociales, económicas, políticas, y cul-turales de los lugares de recepción, en nuestro caso, España. Los años ochenta son aquí en cambio el periodo de la consumación del proceso de incorporación del país a la estructura económica y política de Europa a través del ingreso en la entonces llamada Comunidad Económica Europea. Los recursos monetarios de la nación provenientes de las exportaciones y el turismo se ven aumentados ahora con la serie de subsidios y fondos de com-pensación que Europa transfiere a las regiones menos favoreci-das de su dominio. Se produce un enorme crecimiento del apa-rato estatal y de los gastos del Estado en infraestructuras, equipamientos y servicios, que confiere al ciudadano español un nuevo estatus ante el mundo y que viene acompañado en lo inmediato por elaborar otras perspectivas y estrategias en el ámbito del trabajo. Por un lado, la creciente incorporación de las mujeres al empleo remunerado, por otro, la elevación del lis-tón en el grado de aceptabilidad y deseabilidad de los diferentes trabajos por la población nativa, soportado por la extensión de un estado mínimo de bienestar y protección social, conlleva que un número de puestos –los menos solicitados– queden disponi-bles para quienes estén dispuestos a ocuparlos. Si en un primer momento se incorporan los gitanos y portugueses en la agricul-tura, también estos últimos en el servicio doméstico,

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paralela-ciones – por un importante número de emigrantes que desean mantener vínculos estrechos y permanentes con los varios lugares en los que residen3.

Características socio-demográficas de los

residentes latinoamericanos

Los latinoamericanos (o iberoamericanos) residentes en España son 284.000 a 31 de diciembre del 2001 (DGEI, 2002), repre-sentando aproximadamente el 26% del total de la población extranjera residente, de la cual los nacionales de países pertene-cientes al Espacio Económico Europeo representan el 30% y los africanos el 27%. Sin embargo, al número de residentes cabe añadir, en el caso latinoamericano otras 14.000 personas con tarjetas de estancia por estudios (superiores), y unos 3.800 soli-citantes de asilo. Las cifras totales de población latinoamericana en España sólo pueden ser estimadas, ya que existe un número de individuos indocumentados y otros con visados de turismo con intención de permanecer durante más tiempo. Además, a todo ello cabe restar una porción que aún poseyendo permiso para residir ya no lo hacen de manera temporal o permanente. Pero las cifras y estimaciones hasta ahora expuestas muestran una imagen incompleta del peso de la inmigración latinoameri-cana en España por cuanto es necesario considerar también el caso de los nacionalizados españoles. Según nuestros propios cálculos, basados en los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior desde 1988 hasta el 2001, más de 50.000 personas de origen latinoamericano obtuvieron la nacionalidad española, principalmente por residencia en España –aunque hay que con-curso. Al contrario, los estudios realizados demuestran que con

o sin conocimiento de las políticas de inmigración, los emigran-tes han salido de sus lugares con la ayuda de las redes de fami-liares y paisanos, así como de otras redes de tráfico de personas, las cuales son las que verdaderamente han ido conformando la forma y contenido de los flujos al influir, entre otros, en la selec-tividad de los individuos disponibles para emigrar.

Para completar el contexto de la nueva inmigración es nece-sario añadir un nuevo elemento, generalmente ausente en los análisis que se acostumbran. Se propone observar la población extranjera en España dentro del continuo de relaciones que mantiene entre el lugar o los lugares de origen y de destino. La vida transnacional da cuenta de esta imbricación entre los varios espacios sociales en los que muchos migrantes viven. Bien porque mantienen fuertes sus lazos familiares con los parientes que dejaron en el país de origen o en otros países de destino y mandan dinero, intercambian ideas e intervienen en las decisiones domésticas, bien porque se convierten en empresarios transnacionales insertos en las economías étnicas, bien porque participan en actividades políticas y sociales del lugar de origen a través, por ejemplo, de proyectos de desarro-llo, campañas electorales, etcétera, la doble o múltiple asocia-ción del migrante actual, ayudado por el avance de los medios de transporte y comunicación, es innegable. Con todo, cual-quiera no tiene las posibilidades ni el afán por mantener estos fuertes vínculos con el lugar de origen, a falta de medios eco-nómicos, conocimientos, voluntad, y espacio físico (pensemos en aquellos que viven encerrados en el hogar del empleador o escondidos en fábricas y zonas rurales). La vida transnacional es hoy por hoy un lujo de empresarios y trabajadores cualifi-cados de empresas multinacionales, de famosos y diplomáti-cos, pero también es una realidad construida – con sus

limita-22 23

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que las mujeres han sido las mayores protagonistas de las migra-ciones del tipo a) –que se siguieron por las entradas clandestinas a través de la frontera cuando el requisito del visado de entrada se instaura– y que estando o no profesionalizadas han tenido que acceder en su mayoría a un mercado de trabajo secundario. Tabla 1. Nacionales latinoamericanos residentes en España, por sexo y grupos de edad (2001) tar adicionalmente con aquellos que la obtuvieron en el país de

origen antes de emigrar por ser hijos o nietos de españoles. Es sumamente importante resaltar que la mayoría de estos naciona-lizados puede mantener a su vez la nacionalidad de origen o la de sus padres - tal es el caso de los hijos de latinoamericanos nacidos y residentes en España– ya que existen convenios de doble nacionalidad firmados con muchos de estos países4.

Por países, el peso de la presencia de ciertas nacionalidades ha ido variando sustancialmente durante los años. Si en la década de los ochenta destacaban sobre todo argentinos y chilenos, la primera mitad de los noventa supuso el avance de las nacionali-dades dominicana y peruana, que de nuevo a final de siglo ha sido ampliamente superada por la fuerza de la presencia colom-biana y ecuatoriana. En cada una de estas nacionalidades halla-mos patrones socio-demográficos distintivos aunque también constantes que se repiten con los años.

El acceso a España de los primeros emigrantes de cada nacio-nalidad ha sido posible en una o varias de las siguientes situa-ciones: a) en ausencia del requisito de visado de entrada, b) como estudiantes y personal altamente cualificado que es inme-diatamente absorbido por las empresas, c) como solicitantes de asilo. Como resultado, estamos ante una población heterogénea, en términos de composición por sexo, edad, estado civil, estrato social, razones para emigrar, etcétera. Junto a colombianos muy calificados y solicitados por el mercado laboral conviven entre nosotros profesionales y población civil solicitante de asilo por razones de violencia social y política, y otros paisanos en busca del empleo que allí les falta o que no está suficientemente remu-nerado para cubrir sus necesidades básicas o satisfacer sus expectativas. Esta división –algo forzada– se ajusta al balance por sexos. Así, los hombres suelen ser mayoritarios en el tipo b) y c), es decir, como profesionales solicitados y asilados, mientras

Nacionalidad Total % Mujeres Grupos de edad

De 0 a 15 años De 16 a 64años Más de 64 años

IBEROAMÉRICA 283.778 57,68 22.051 254.686 7.041 Argentina 20.412 49,58 1.514 17.067 1.831 Bolivia 3.344 55 276 3.011 57 Brasil 10.910 71,79 916 9.837 157 Chile 6.900 52,12 460 6.002 438 Colombia 48.710* 61,56 4.146 43.947 617 Costa Rica 327 61,04 24 291 12 Cuba 21.467 59,03 1.908 18.773 786 Ecuador 84.699* 49,70 3.963 80.564 172 El Salvador 1.032 67,71 68 930 34 Guatemala 554 73,45 85 445 24 Honduras 1.559 67,68 205 1.319 35 México 5.173 64,08 313 4.615 245 Nicaragua 562 66,73 33 513 16 Panamá 375 56,57 23 323 29 Paraguay 634 71,18 28 579 27 Perú 33.758 59,63 2.646 29.880 1.232 Rep. Dominicana 29.314 70,72 4.239 24.654 421 Uruguay 4.754 49,49 229 4.108 417 Venezuela 9.067 60,86 951 7.640 476 Otros Iberoamérica 227 60,71 24 188 15 Fuente: DGEI (2002)

* Izquierdo (2002) sugiere que a fines del año 2002 habrá ya más de 125.000 residentes ecuatorianos y otros 75.000 colom-bianos en España, gracias a los procesos de regularización del año 2000 y de Documentación por Arraigo del año 2001.

(15)

Tras los y las pioneras se han sucedido las reagrupaciones familiares con la ayuda de los visados de turismo, las cuotas o contingentes anuales, y la propia normativa aplicable de la rea-grupación familiar (restringida a la concepción de la familia nuclear). Cabe mencionar que, al menos hasta la puesta en funcionamiento efectiva de los acuerdos bilaterales de migra-ción, las nuevas entradas se han estado sustentando de paisa-nos y familiares de los mismos lugares de origen dentro de cada país. Así, hallamos concentraciones de población oriun-da de una misma ciuoriun-dad o región de Perú o Colombia en deter-minadas ciudades y zonas de España, existiendo amplias redes sociales de parentela y paisanaje. A modo de ejemplo, en Andalucía residen legalmente en el 2001, tan sólo 1.068 peruanos, de los cuales, más de la mitad lo hace en la provin-cia de Sevilla, mientras que entre los 7.757 ecuatorianos resi-dentes en esa Comunidad en ese mismo año, casi la mitad se encuentra en Almería, y para los 4.453 colombianos la prime-ra provincia de residencia es Málaga.

26 27

Latinoamericanos en España. Iglesias e integración social É N F A S I S S O C I O L Ó G I C O

Tabla 2. Nacionales latinoamericanos residentes en España, según comunidad autónoma de residencia (2001) COMUNIDAD AUTÓNOMA Fuente: DGEI (2002)

NACIONALIDADES To tal Ar gentina Bolivia Brasil Chile Colombia Cuba Ecuador México Perú Rep. Uruguay V enezuela Iberoamérica Dominicana T O TA L 283.778 20.412 3.344 10.910 6.900 48.710 21.467 84.699 5.173 33.758 29.314 4.754 9.067 Andalucía 22.141 3.138 202 1.089 449 4.453 1.428 7.757 445 1.068 854 269 557 Aragón 6.928 324 25 298 86 1.295 591 2.816 100 370 663 89 136 Asturias 4.170 323 2 231 94 599 623 1.155 146 83 576 63 213 Baleares 4.988 945 37 336 221 580 707 956 72 319 428 219 106 Canarias 19.307 1.907 105 469 634 4.818 4.686 1.755 148 592 821 421 2.707 Cantabria 3.052 166 22 171 27 875 247 520 161 243 368 27 146 Castilla-La Mancha 7.635 294 237 134 82 1.759 370 3.212 107 387 761 62 91 Castilla y León 9.693 465 11 2 6 11 132 2.713 739 2.337 24 481 1.246 58 232 Cataluña 64.422 4.987 893 2.401 2.334 8.277 3.806 15.173 1.185 12.374 8.272 1.749 1.175 Comunidad V alenciana 1 7 .8 7 0 1 .7 0 2 1 8 7 8 6 2 3 5 5 3 .4 5 1 1 .3 9 8 7 .0 2 3 2 9 7 8 0 5 6 7 2 3 6 1 4 4 0 Extremadura 1.754 143 23 189 31 548 95 380 54 78 126 10 35 Galicia 9.755 1.318 44 945 135 2.530 1.246 372 202 346 877 505 1.102 Madrid 95.236 3.821 1.267 1.954 1.986 13.846 4.003 34.594 1.635 15.985 12.502 759 1.642 Mur cia 5.934 238 70 101 67 471 249 4.307 41 80 151 47 51 Navarra 3.218 133 15 185 68 573 245 1.120 66 221 473 21 68 País V asco 5.686 359 31 845 148 1.291 864 689 237 285 439 57 292 La Rioja 1.901 127 71 87 50 614 156 532 23 41 77 36 64 Ceuta 28 10 1 -1 6 2 -3 -1 3 Melilla 3 6 7 -1 -8 5 -6 -3 -6 No consta 24 5 -1 -3 7 1 -5 -1

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cialmente concebidos para el corto plazo hacia proyectos a largo plazo o permanentes. Y es que, no sólo son las oportuni-dades de empleo las que atraen a los inmigrados, sino que tam-bién las mejores condiciones de vida generales, los servicios educativos, médicos, de agua y luz, la seguridad y la planifi-cación ciudadanas, etcétera, ayudan a decidirse por el nuevo lugar de trabajo como el lugar donde asentarse y compartir con los seres queridos las todavía sobrevivientes facilidades del Estado del bienestar español.

El incremento y variación del número de miembros en los hogares inmigrantes no está sujeto únicamente a los procesos de reagrupación familiar sino además a la formación de nuevas familias tras la emigración. Esta formación presenta diferentes modalidades en la población latinoamericana. De forma más común se constituyen parejas de connacionales, aunque por lo que sabemos no es nada desdeñable el número de matrimonios constituidos por latinoamericanos de diferentes nacionalida-des, y los que se celebran entre latinoamericanos y nacionales de países europeos, muy especialmente españoles. La siguien-te tabla nos presenta cifras de los matrimonios acaecidos en 1999 dentro de territorio español, quedando ausentes los matrimonios realizados en el extranjero. Tampoco se refleja el sin duda mayor número de uniones libres. Un problema aña-dido de la tabla, es que desconocemos el porcentaje de con-trayentes nacionalizados españoles que celebran nupcias con nuevos inmigrantes latinoamericanos.

La migración familiar en cadena, que ha mostrado a menudo en sus principios tendencias al “jale” de parientes del mismo sexo, por los condicionantes de los enclaves laborales en que se insertan (por ejemplo, el servicio doméstico), ha devenido sin embargo en el tiempo en una mayor equiparación por sexos de los porcentajes de residentes. De forma ilustrativa, la inmigra-ción dominicana que comenzó siendo notablemente femenina y con signos manifiestos hacia la perpetuación de su feminización, ha pasado a estar más compensada a lo largo de los años, debi-do a que las mujeres han idebi-do modificandebi-do sus estrategias fami-liares de reagrupación y formación familiar al ir considerando este país como lugar de asentamiento.

Tabla 3. Porcentaje de feminización de las principales nacionalidades latinoamericanas en España, comparando 1996 con el año 2001.

Fuente: DGEI (1997 y 2002)

Además de la llegada de esposos y esposas y otros parientes en edad de trabajar, las diferentes vías utilizadas para la rea-grupación familiar han permitido aumentar el número de nacionales latinoamericanos menores de edad, jóvenes estu-diantes, amas de casa, discapacitados y enfermos, y mayores de 60 años, lo cual matiza la imagen predominante del inmi-grante como persona orientada de forma inmediata al mercado de trabajo. Todavía el número de miembros dependientes es pequeño relativamente, pero cabe esperar que aumente con-forme los primeros modifiquen sus proyectos migratorios

ini-Nacionalidades 1996 2001

TOTAL Iberoamérica 61,9 57,6

Argentina 49,8 49,58

Perú 62,2 59,63

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diversas condiciones y procedencias. Así, cuentan en su haber con informes sobre los trabajadores extranjeros en la construc-ción, en la hostelería, y en el servicio doméstico. En relación a este último sector, su estudio del 2001 nos proporciona una amplia imagen de la inmigración latinoamericana inserta en ese régimen laboral que tiene un importante peso para el colectivo. Tabla 5. Trabajadores extranjeros en alta laboral en la seguridad social, según continente y nacionalidad por régimen de seguridad social, a 11-1-2002

Tabla 4. Matrimonios en los que al menos uno de los cónyuges es extranjero, según conti-nente de la mujer por conticonti-nente del varón (1999)

Fuente: DGEI (2002)

Con todo, la primera y principal fuente de incrementos en el número de miembros en los hogares inmigrantes se debe al naci-miento de hijos en España. Careciendo de datos específicos sobre los hijos nacidos de mujeres latinoamericanas, al menos sabemos que en algunas provincias el porcentaje de nacidos de madre extranjera (cualquier nacionalidad) se acerca e incluso en ocasiones supera el 10% de todos los nacidos en el año en cóm-puto, en concreto en 1999. Estas provincias y regiones son Baleares, Cataluña y Madrid. Las ciudades africanas de Ceuta y sobre todo Melilla, por razones conocidas, presentan porcenta-jes de nacimientos de madres extranjeras mucho más elevados.

Los datos estadísticos oficiales nos ofrecen poca información adicional sobre las características socio-demográficas de los resi-dentes latinoamericanos. Para obtener más detalles sobre los niveles educativos alcanzados por los adultos y el nivel socio-económico así como la ocupación antes de emigrar –entre otras cuestiones– debemos aproximarnos a los estudios a tal fin reali-zados. Por ejemplo, el Colectivo IOÉ ha llevado a cabo en los últimos diez años una gran variedad de estudios en base a encuestas y entrevistas en profundidad a inmigrantes de las más

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Latinoamericanos en España. Iglesias e integración social É N F A S I S S O C I O L Ó G I C O

Mujer Varón

Total España Otros Resto África Iberoa- Norte Asia EEE Europa mérica América Total 11.259 5.137 2.635 441 1.342 1.117 265 293 España 4.924 - 2.128 327 1.123 893 231 198 Otros EEE 1.338 886 340 13 43 31 9 14 Resto Europa 721 578 37 86 11 6 1 2 África 881 689 27 3 149 2 2 8 Iberoamérica 2.990 2.701 80 10 9 184 3 3 América Norte 153 119 9 1 4 1 17 1 Asia 228 145 10 1 3 - 2 67 Nacionalidades Total

Régimen de Seguridad Social

Régimen R. E. Trab. R. E. R. E. Emp.

general Autónomos Agrario Hogar

Iberoamérica 176.921 119.205 9.115 14.299 34.027 Argentina 10.299 7.650 2.135 134 364 Bolivia 1.948 1.293 101 115 437 Brasil 4.738 3.293 659 78 706 Chile 3.801 2.951 407 39 394 Colombia 27.417 19.621 1.322 1.179 5.284 Costa Rica 139 113 14 3 8 Cuba 11.344 9.709 881 227 476 Dominica 366 199 16 3 148 Ecuador 68.476 42.751 582 11.920 13.205 El Salvador 512 347 27 2 136 Guatemala 177 102 22 4 49 Honduras 754 552 18 8 173 México 2.203 1.677 382 18 126 Nicaragua 289 190 29 6 64 Panamá 178 136 21 2 19 Paraguay 352 239 34 5 74 Perú 23.170 15.254 976 265 6.531 Rep. Dominicana 13.477 7.579 547 176 5.173 Uruguay 2.532 2.043 338 27 117 Venezuela 3.980 3.046 555 75 296 Otros Iberoamérica 771 460 49 13 247 Fuente: DGEI (2002)

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Gráfico 1. Latinoamericanas empleadas de hogar en España, según origen rural en relación con el peso del mundo rural en la sociedad de origen (2000)

El origen social de las inmigrantes latinoamericanas en el ser-vicio doméstico español es muy variable según se demuestra en la tabla 6. Mientras entre las peruanas y ecuatorianas hallamos una minoría cuyas familias se dedicaban a la agricultura antes de emigrar, las dominicanas provienen en mucha mayor medida del campo. De hecho, la población rural dominicana en España está sobrerrepresentada, como se demuestra en el gráfico 1, en con-traposición a las peruanas y ecuatorianas que provienen mayor-mente de otros estratos sociales – no campesinos. Por ello no debe extrañar que el nivel de estudios alcanzados sea tan desi-gual según este origen rural o urbano. Las dominicanas mayor-mente presentan estudios primarios o secundarios acabados. Las ecuatorianas tienen repartidos sus efectivos igualmente entre los estudios secundarios y los primarios, y las peruanas despuntan hacia una mayoría de licenciadas.

Los datos contenidos en el mencionado estudio del colectivo IOÉ (2001) se refieren a una encuesta realizada entre 1999 y 2000 a trabajadoras del hogar de varias nacionalidades –inclui-da la española– tres nacionali–inclui-dades latinoamericanas: Ecuador, República Dominicana y Perú; y nacionales de Marruecos y Filipinas. Como se comprueba en la tabla anterior, el servicio doméstico representa una proporción bastante elevada de la población de estas tres nacionalidades latinoamericanas –junto con la colombiana– en alta en la seguridad social en esas mis-mas fechas. No debe sorprendernos que consecuentemente estas sean nacionalidades feminizadas, en las que las mujeres tienen escasas alternativas laborales excepto la del trabajo doméstico en casa ajena. Sin embargo, según se desprende de los datos aportados por el trabajo del Colectivo IOÉ, el origen social, el nivel de estudios, el estado civil y número de hijos, etcétera, varía de forma importante entre las nacionalidades consideradas. Tabla 6. Latinoamericanas empleadas de hogar en España, según ocupación de la familia de origen (2000)

Ocupación de la familia Nacionalidades

de origen España Marruecos Filipinas Rep. Dominicana Ecuador Perú

Agricultura 22,2 25,2 43,1 66,4 28,4 22 Construcción 16,2 11 7,2 3,9 9,2 5,2 Servicios 35,7 52,7 34,6 21 53,2 50 Industria 18,6 12,2 9,2 4,6 10,2 13,2 No contesta 7,3 1,5 5,9 1,3 0,7 2 Cuenta propia 29,4 42,8 54,2 77,6 61,2 42,7 Asalariado 63,2 55,7 39,9 21 37,9 55,3

Fuente: Encuesta IOÉ a trabajadores de servicio doméstico 2000

España Marruecos Ecuador Filipinas Rep. Dominicana Perú 0 10 20 30 40 50 60 Inmigrantes Sociedad de origen

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Sobre la integración social

El concepto de integración social y su aplicación respecto a la población residente extranjera no comunitaria vienen siendo muy discutidos en España desde inicios de los años noventa. Es el concepto preferido para algunos autores y tradiciones europe-as, mientras que otros prefieren utilizar términos como los de “asimilación”, “acomodación”, ”inserción” etcétera, para referir-se poco más o menos a los mismos procesos aunque con varia-das connotaciones. No es éste el lugar para hacer disquisiciones sobre el concepto y discutir la vasta literatura que lo analiza. Para ello cabe dirigirse a otros ensayos, algunos citados en la bibliografía5. En el presente trabajo la ”integración social” es

entendida como un proceso por el cual idealmente los diferentes actores sociales (independientemente de su origen) interactúan y cohesionan en el entorno, social, político, económico y cultural, en el que viven. La integración social desde esta perspectiva está muy cerca de considerarse una utopía social puesto que la inte-racción en posición de igualdad y la cohesión sólo se consiguen en la medida que todos los participantes estén dispuestos a per-der parte de su bagaje y privilegios en el pacto, lo cual es alta-mente improbable en el caso de la población autóctona que per-cibe la inmigración como una ”invasión” de su espacio social y físico. Por reacción, parte de la población inmigrada se reafirma en su identidad previa a la emigración –incluso reconstruye una identidad más férreamente basada en la idea de un origen étni-co, como sucede entre muchos hijos y nietos de inmigrados musulmanes en Europa– con el propósito de protegerse de la exclusión a la que es objeto.

Más comúnmente la integración supone el esfuerzo del recién llegado, que se encuentra en peores condiciones sociales y eco-nómicas, por acercarse a la sociedad receptora y no a la inversa, Tabla 7. Latinoamericanas empleadas de hogar en España, según nivel de estudios alcanzado (2000)

Los porcentajes de casadas y solteras o divorciadas, viudas y sepa-radas, varían asimismo entre nacionalidades. Un 50% de las perua-nas estaba soltera en el momento de la entrevista frente a tan sólo un 36% de ecuatorianas y dominicanas en tal situación. En cuanto al número de hijos, vemos en la tabla 8 que existe una importante can-tidad de madres solteras, especialmente entre las dominicanas, ya que sólo el 20% manifiesta no tener ningún hijo, cuando el 36% alegó antes no estar casada. Aparte de este dato, se observa que el número de hijos es más elevado entre las dominicanas, se encuen-tra alrededor de dos en las peruanas y tendente al uno en las ecua-torianas, probablemente debido al hecho de la edad más que a patrones diferentes de fecundidad, ya que las ecuatorianas son por media más jóvenes que las peruanas residentes en España.

Tabla 8. Latinoamericanas empleadas de hogar en España, según número de hijos (2000)

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Latinoamericanos en España. Iglesias e integración social É N F A S I S S O C I O L Ó G I C O

Nivel de estudios Nacionalidades

España Marruecos Filipinas Rep. Dominicana Ecuador Perú

Ninguno 4,4 18,4 0,6 0,6 0 0

Primarios 49,6 41,2 12,4 41,9 7,1 5,8

Secundarios 30,3 29,4 41,9 40,6 52,9 31,1

Superiores 15,7 11 45 17 40 63,2

Nivel de hijos Nacionalidades

España Marruecos Filipinas Rep. Dominicana Ecuador Perú

Ninguno 50 60,3 44,8 19,9 34,2 44 Uno 14,1 15,4 18,4 18,7 32,3 17,8 Dos 21,4 9,6 13,5 17,5 16,1 23 Tres 9,4 6,6 12,3 25,3 11 12 Cuatro 3,4 2,9 6,1 12 4,5 0,5 Cinco o más 1,8 5,1 4,9 6,6 1,9 2,6

Fuente: Encuesta IOÉ a trabajadores de servicio doméstico 2000

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La exaltación de la similitud de lo español con lo latinoa-mericano viene acompañada de una posición ideológica domi-nante donde lo hispano (ibérico en su origen) se instala en la cúspide de la pirámide social y los sustratos indígenas –azte-cas, mayas, quechuas, etc.– ocupan las bases, que soportan el peso del sistema de relaciones étnicas que gobierna aún hoy las sociedades latinoamericanas. En medio de este sistema étnico jerárquico abunda la población que más ha crecido desde la ocupación europea de los territorios americanos, la mestiza y mulata –fruto de la mezcla de europeos, indígenas y africanos–, y algunas minorías asiáticas que crecen también de manera sostenida en el continente americano. Para esta pobla-ción mayoritariamente mestiza la situapobla-ción es desconcertante puesto que, a pesar de ideológicamente sentirse más cercana a las élites occidentales, el sustrato indígena manifiesto en cos-tumbres, rasgos fenotípicos, y otros, marca diferencias sociales que el sistema escolar con la promesa de la movilidad social de los ilustrados no logra borrar.

Como resultante, la población latinoamericana mestiza –así como la indígena– que sale crecientemente de su lugar de ori-gen a buscarse nuevos horizontes en América del Norte y Europa, lo hace desde posiciones de inferioridad no tan solo por poseer un bajo poder adquisitivo sino por pertenecer a grupos sociales discriminados que viven en una constante esquizofrenia entre el querer ser y el no reconocerse. En España, el latinoame-ricano es recibido como un ”hermano” pero al que se considera menos afortunado. Juliano (1994) nos recuerda los derroteros históricos de la construcción del ”indiano”, según la cual quien volvía de América lo hacía ”extranjerizado”, transubstanciado en otra cosa conceptualizada negativamente. Hoy por hoy, exis-ten tres ámbitos de inclusión-exclusión: el legal, que se apoya en el derecho de sangre y brinda ciertas posibilidades a los latinoa-despojándose de aquellos elementos que no son bien recibidos.

Los poderes públicos preocupados por el efecto de la exacerba-ción de las desigualdades actúan también en el ámbito de la inte-gración facilitando instrumentos legales y económicos, como son el acceso a bienes y servicios. Con todo, parece entenderse que los factores determinantes en el éxito de tal empresa están mayor-mente relacionados con la disposición o similitud cultural por parte del inmigrante, de tal suerte que, aquellos concebidos como más diferentes –por su religión, lengua, costumbres, vesti-menta– aparecen como sujetos de difícil integración. De esta concepción se nutren las políticas de inmigración más recientes que intentar sustituir la contratación de trabajadores africanos por latinoamericanos y europeos del Este en territorio español.

Tal y como reza el artículo de Izquierdo et alii (2002) la inmigración latinoamericana en España disfruta de relativa ventaja al convertirse en ”los preferidos del siglo XXI”. Ya vimos anteriormente al hablar del ”contexto de la nueva inmi-gración” que los nacionales de estos países conservan un tra-tamiento preferencial en materia de extranjería y naturaliza-ción en base a acuerdos bilaterales y de reciprocidad que se han establecido a raíz de experiencias históricas comunes, como por ejemplo, la emigración de españoles hacia aquellas tierras. Dichos acuerdos pronuncian con frecuencia frases solemnes en recordatorio de un pasado vinculante y un pre-sente en el que España sigue jugando la carta de ”buen her-mano” interlocutor de los países latinoamericanos ante Europa y el resto del Mundo. La lengua y la religión son elementos esenciales en la definición de esa bagaje común. No obstan-te, estos enunciados olvidan la variedad de lenguas, culturas, iglesias y religiones, incluso de formas de entender y expresar el fervor religioso entre los considerados católicos, que mar-can diferencias sustanciales en los pueblos latinos.

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detalles de las diversas interacciones, interdependencias y trans-vases que se producen entre los latinoamericanos (peruanos, en mi estudio) que residen entre nosotros y los autóctonos, a través de su acercamiento a las instituciones religiosas.

El papel de la Iglesia Católica y otras religiones

La Iglesia Católica lleva desempeñando desde hace mucho un papel principal en lo que llamaríamos ”la acogida” de personas desplazadas y extranjeras con evidentes carencias materiales. Desde la experiencia parroquial de atención a personas necesi-tadas, organizaciones como Cáritas desarrollan en muchos paí-ses, y más recientemente en España desde finales de los años ochenta y principios de los noventa, acciones y programas des-tinados a mejorar las condiciones de vida de los inmigrados, a la vez que a informar6y concienciar a la sociedad de la

problemá-tica que viven los sujetos que se desplazan motivados por impe-riosas necesidades económicas y/o turbulencias políticas. No obstante, Cáritas, como muchas otras organizaciones que surgen de determinadas orientaciones políticas, culturales, o religiosas, trabajan más comúnmente para y por colectivos con los que tie-nen afinidades o simpatía.

En mi primera experiencia personal con esta organización en una delegación periférica valenciana, en el año 1991, pude comprobar que en el caso de los inmigrados de origen norteafri-cano –los únicos extranjeros pobres que se hallaban por aquella fecha–, apenas se establecían contactos entre las poblaciones nativas e inmigradas más allá de los necesarios para solicitar y recibir donativos e informaciones concretas. La dificultad para mericanos de obtener la ciudadanía; el cultural, marcado por

semejanzas que facilitan la integración; y el social, donde se establecen los límites de pertenencia. De ellos, las estructuras sociales son más significativas y persistentes que los contenidos culturales a efectos de diseñar los límites étnicos.

Los aspectos sobre los que se sustenta el análisis de la integra-ción social de los inmigrados son varios, aunque fundamental-mente los estudios realizados hasta la fecha se centran en el empleo, la vivienda, la familia, la salud, y en menor medida, las relaciones sociales, y la participación ciudadana. En estos estu-dios, comúnmente se destaca la dificultad con la que se encuen-tran muchos latinoamericanos para conseguir condiciones de vida similares a las que gozan la mayor parte de los autóctonos. Entre estas condiciones destacan: la inserción laboral, sus condi-ciones, y las posibilidades de promoción (Anguiano 2002, Escrivá 1999); las condiciones de la vivienda (Labrador y Merino, 2002); las limitaciones a la reagrupación y la formación familiar; los pro-blemas de salud física y psíquica relacionados con la nueva dedi-cación laboral y las presiones sociales y culturales; el asociacio-nismo inmigrante, las relaciones sociales en el ocio; o la participación en sindicatos y actividades de tinte político.

Es evidente que el estudio del impacto de la emigración en las creencias y prácticas culturales y religiosas de los inmigrados y de las sociedades implicadas a ambos lados despierta mucho menor interés académico. La mayor parte de la literatura científica exis-tente en estas áreas está referida a colectivos africanos y asiáticos, por cuanto despiertan mayor perplejidad a la vez que temor, ya que se parte de la asunción de que las distancias culturales entre estos colectivos y el autóctono, el español, son muy grandes. Los latinoamericanos en España, en cambio, siguen despertando en este sentido poco interés investigador. No obstante, algunos estu-dios como el que yo misma realicé entre 1995 y 1999, muestran

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las vidas de muchas latinoamericanas que han ido llegando a España para insertarse –con o sin preaviso– como empleadas domésticas en las casas de familias con hijos y de ancianos. Un estudio europeo sobre la vinculación de determinadas órdenes religiosas con las recientes migraciones internacionales, com-prueba que monjas españolas, francesas e italianas, se cuentan como las promotoras de verdaderas cadenas migratorias femeni-nas al haber colocado, de forma pionera, a mujeres del ”Tercer Mundo” a servir en casa de los del ”primero”, quienes posterior-mente han ido trayendo a sus familiares. Los vínculos que estas Hermanas mantienen con sus distintas ”casas” en Latinoamérica, en las que no pocas de ellas han transcurrido parte de su servi-cio, les permiten conocer y aproximarse con acierto a las nece-sidades e idiosincrasia de las latinoamericanas católicas.

Los varios papeles y funciones que las Hermanas Religiosas cumplen en sus relaciones con la población inmigrada que acude a sus locales deben ser comentados, porque nos pre-sentan un mundo complejo de intereses y de maneras distin-tas de vivir la experiencia del catolicismo. Por un lado, las Hermanas cumplen con el objetivo de servicio a la comuni-dad que se entiende debe procurar cualquier orden religiosa. Pero la comunidad es grande, variada y las cuestiones sobre las que trabajar, muchas. Ellas se han especializado en la reso-lución de los aspectos de la vida doméstica y muchas desco-nocen, incluso rehúsan, cualquier interferencia en los aspec-tos públicos relacionados con la inmigración, como los reclamos legales o la participación social y política. No obs-tante, es cierto que frecuentemente median en la resolución de los conflictos que se producen en las casas donde las chi-cas trabajan y tienen voz en el establecimiento de las condi-ciones laborales que se estipulan a falta de contrato escrito. Sus servicios de atención y colocación de empleadas domés-establecer diálogos interculturales entre ambos pendía no sólo

de las barreras idiomáticas sino además del desconocimiento y temor ante el otro, imaginado como la antítesis de la verdad y de lo propio: desde la asunción ampliamente difundida de que ser musulmán es lo opuesto a ser cristiano y a la inversa. He aquí un reencuentro entre religiones cuyas históricas divergencias y dis-putas han sido resueltas tradicionalmente por la separación físi-ca de las comunidades de creyentes. En la actualidad, la inmi-gración musulmana en Europa conlleva de nuevo el reto de la convivencia de una sociedad plural, pacífica y cohesionada.

Lejos de ser esta desconfianza y temor ante el musulmán una apreciación particular de grupos católicos practicantes y cerca-nos a instituciones como Cáritas, el resto de la sociedad que se dice católica en su mayoría, pero que se mueve por otro tipo de pasiones e intereses en la vida, comparte este mismo sentimien-to anti-islámico y xenófobo de raíz histórica. En tan crítica situa-ción, aparecen en escena grupos de inmigrados latinoamerica-nos que dan un tinte nuevo a la expresión de las relaciones étnicas en España. Estaban aquí ya desde la década de los ochenta, pero no es hasta mediados de los noventa, sobre todo, con la expansión demográfica y geográfica de las nuevas entra-das de ecuatorianos y colombianos, que su presencia se eviden-cia en todas partes además de las grandes capitales. La reacción de muchos grupos que antes trabajaban con y para los recién lle-gados musulmanes es la de desviar sus recursos a la atención de población con la que pueden esperarse mayores afinidades, y por ende, mayores posibilidades de éxito, entre otros, de abrir diálogos de fe e intercambios espirituales. Así, la oficina de Cáritas que yo conocía dejó de recibir mayoritariamente resi-dentes marroquíes y argelinos para incorporar a los latinoameri-canos, en sus actividades benéficas, pero también en sus vigilias.

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en el caso peruano, las Hermandades del Señor de los Milagros y de otros Santos de la devoción popular. Las características y fun-ciones de estas Hermandades en la emigración están recogidas en diversos trabajos como los de Paerregaard (2001) y Merino (2002). Para el primer autor, estas Hermandades están creadas a iniciativa de los propios migrantes –sin prácticamente interven-ción de las iglesias tanto en Perú como en España. Su formainterven-ción y expresión responde a experiencias de discriminación y exclu-sión en los nuevos lugares de residencia. Pero a su vez, estas manifestaciones religiosas reproducen las divisiones existentes entre las Hermandades en Perú, en base a las relaciones sociales de desigualdad y dominación que allí perviven.

Las Hermanas Religiosas, además, sirven de vínculo de unión e intercambio entre las latinoamericanas y otras perso-nas nativas, principalmente mujeres, que se hallan muy cer-canas a estas Órdenes. Esta labor la realizan desde su función de educadoras y administradoras en los colegios primarios, secundarios, y residencias universitarias, y mediante la orga-nización periódica de reuniones lúdicas y espirituales con chi-cas jóvenes o con señoras mayores, principalmente. Los fines de semana son por norma el momento en que tienen lugar estas interacciones a través de la organización de excursiones y de fiestas y actividades en los propios locales de la casa. En estas ocasiones las relaciones extra-laborales que se estable-cen son posibles porque coinciden mujeres mayores que viven generalmente solas y que buscan en el convento un lugar de reunión, y chicas latinoamericanas empleadas de hogar que buscan también compañía y posibilidades de encuentro con la sociedad anfitriona.

Con todo, y a pesar del importante papel facilitador de la Iglesia Católica en su relación con la población latinoamerica-na recién llegada, la falta de compromiso social de las ticas son especialmente interesantes para las familias católicas

que los requieren con las garantías de una intermediación ética, pero además, evidentemente, son esenciales para las inmigradas católicas que confían en la piedad y perseverancia de las religiosas en la resolución de sus problemas, principal-mente de subsistencia física, pero también psíquica y espiri-tual, a diferencia de otras agencias de colocación.

Hemos de considerar que la emigración suele repercutir agu-damente en el equilibrio psíquico y emocional de los indivi-duos involucrados, sobre todo en aquellos que están más des-protegidos del entorno por la ausencia de familiares y de una ”comunidad”. Los ajustes físicos y culturales a los que los inmi-grantes se exponen en el transcurso de la primera etapa de su incorporación a la nueva sociedad, como, adaptarse a nuevas costumbres culinarias, a trabajos para los que no estaban acos-tumbrados, al clima, a maneras diferentes de ver y tratar la enfermedad, a situaciones de aislamiento o hacinamiento, a la persecución policial o las trabas legales en el caso de estar indocumentados, etc., hacen mella en los individuos y se expre-san de diversas formas. En nuestro estudio se observa que en las mujeres más que en los hombres estos sentimientos afloran en forma de depresiones, sentimientos de impotencia, autoagresio-nes, trastornos alimenticios. Los hombres que no logran superar el estrés, sin embargo, tienden más a externalizar sus problemas con el consumo de alcohol y otras sustancias, generación de violencia, alta demanda de servicios sexuales, incluso otros estudios hablan de crimen y delincuencia.

En este sentido, las organizaciones culturales y religiosas, algu-nas formadas principalmente por nativos, otras mayormente por población inmigrada, funcionan como reguladores de la conduc-ta individual y referentes éticos para sus acciones y aspiraciones. Entre estas organizaciones se encuentran, por lo que yo conozco

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religiosas que vinculan las vivencias pre y post-migratorias y los varios espacios geográficos.

A mi modo de ver, están teniendo lugar diversos procesos res-pecto a la relación entre las iglesias y la inmigración latinoame-ricana en España. Por un lado, su integración en los grupos cató-licos está permitiendo una revitalización de algunas órdenes y congregaciones, así como el surgimiento de grupos de católicos carismáticos, al aportar nuevos miembros entusiastas e inyectar dosis de juventud a la envejecida feligresía autóctona. Sin embargo, las manifestaciones públicas de esta incorporación son limitadas y pueden permanecer reprimidas, si se teme que com-pitan con la decadente religiosidad católica popular autóctona que se manifiesta ritualmente de forma más lúdica que devota. Por otro lado, se están generando nuevos y vigorosos espacios para la fe y la reflexión dentro del cristianismo no católico, que encuentra entre la población latinoamericana inmigrada una alta receptividad, dado que surgen deserciones de las filas de católi-cos, decepcionados por la baja, o falsa, religiosidad de la ”Madre Patria”, y además, existen antecedentes de contactos en el lugar de origen. El choque cultural y la iniciación de procesos psicopatológicos, producto de la confrontación con una nueva realidad vital, de los que hablábamos anteriormente, son asimis-mo el asimis-motivo para algunos de su aproximación hacia otras con-gregaciones. Pero sobre todo, los estudios inciden en observar que la relajación del control social y la descontextualización de las relaciones y tradiciones culturales tras la emigración, permi-ten que la afiliación religiosa se convierta en una opción perso-nal, pudiendo tener lugar cambios importantes en las orienta-ciones y prácticas religiosas individuales.

Hermanas en las causas que las inmigradas defienden –por ejemplo, en la defensa de condiciones más justas de trabajo en casa ajena, o de otras oportunidades laborales fuera del servicio doméstico– y su distanciamiento ideológico de las mujeres más jóvenes, que son quienes generalmente más apoyo necesitan, determina que las inmigradas terminen separándose de la con-gregación cuando consiguen condiciones laborales y de vida más estables, muy frecuentemente cuando la familia de la inmi-grada se reagrupa. Uno de los argumentos para justificar el pro-gresivo distanciamiento de las actividades y servicios de las Hermanas, aducido por las más jóvenes y solteras, es que, apar-te del estricto control sobre sus vidas que sentían cuando resi-dían con ellas, notaban que las Hermanas, a cambio, esperaban que alguna de ellas se ordenase.

La falta de compromiso humano y social de muchas parro-quias y órdenes, la ausencia de modelos de vida atractivos o alternativos entre los grupos católicos, y la incapacidad o indi-ferencia del clero autóctono para atraer a nuevos inmigrados, genera espacios abiertos a la expansión de las iglesias evan-gélicas y pentecostales. Cabe decir que, la relación no se agota con el protestantismo cristiano. Tenemos constancia del acercamiento de latinoamericanos a la ortodoxia a través de parejas y conocidos de las iglesias de Europa del Este, que también proliferan en España. Las relaciones sentimentales de las latinoamericanas con hombres musulmanes, por el contra-rio, no suelen acarrear el acercamiento de estas mujeres hacia las creencias y costumbres islámicas, porque en ello no perci-ben ventajas, según hemos observado. Mas bien, la existencia de experiencias anteriores con las iglesias protestantes en el lugar de origen parece estar determinando en buena medida el mayor grado de acercamiento hacia estas iglesias de los lati-noamericanos en España, como continuación de prácticas

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de investigación anglosajona remite, por ejemplo, a celebracio-nes religiosas que tienen lugar paralela o sucesivamente en las comunidades emigradas y en las comunidades de origen, las cuales se graban en vídeo y se intercambian, impactando de diversas maneras en las vidas de los sujetos que están física-mente separados.

Siendo así que quienes emigran viven conectados en mayor o menor medida a lo que acontece en sus lugares de origen, donde dejan familiares, pertenencias, y relaciones de amistad y obliga-ciones, debemos considerar que la adaptación de sus prácticas religiosas al nuevo entorno viene mediada por aquella realidad, que es recreada y reconstruida según la nueva experiencia que se adquiere. Pero además esta adaptación influye y modifica patrones en los lugares de origen a través de la información y otros recursos que se envían o difunden, y que están cargados del prestigio adquirido por el emigrante en términos simbólicos y económicos. De ahí que se compruebe que muchos de los más fervientes seguidores de determinadas congregaciones sean indi-viduos que han tenido una experiencia religiosa internacional que les imbuye de autoridad para difundir sus predicamentos. En este sentido, puede ser interesante conocer con mayor profundi-dad qué factores en el lugar de origen y en el contexto de la migración determinan el mayor o menor acercamiento a las igle-sias católicas y no católicas en el nuevo lugar de residencia, con-siderando el proceso en todas sus dimensiones.

A pesar de lo poco estudiada que está la temática en nuestro ámbito, los discursos sobre la integración social otorgan un papel principal a la orientación religiosa. Hasta en el discurso político aparece el ”catolicismo” latinoamericano como factor ventajoso en los procesos de su integración social en España, en contrapo-sición a las dificultades que, se dice, presenta la llegada de indi-viduos de religión musulmana u otras no cristianas. No obstante,

Líneas futuras de investigación y reflexión

Tras lo expuesto queda mucho por conocer y reflexionar sobre los múltiples aspectos de la relación entre las iglesias cristianas en España y la nueva inmigración latinoamericana. Este texto se centra en las conexiones entre las iglesias y los procesos de inte-gración social en la sociedad receptora, en este caso analizando las experiencias de las congregaciones de monjas católicas que ofrecen servicios de colocación a domésticas. Sin embargo, están abiertos los caminos para la profundización en esta vasta temática, en aspectos tales como el de los cambios en las afilia-ciones y manifestaafilia-ciones religiosas de los emigrantes, las trans-formaciones que acontecen en el panorama religioso-institucio-nal del lugar que recibe nuevos creyentes, las estrategias que utilizan las distintas congregaciones para incentivar la conver-sión y adheconver-sión a sus parroquias, y un largo etcétera.

Como científica social, debo hacer además mención a los contextos sociales en torno a los que se producen los movi-mientos migratorios. No olvidemos que se vive cada vez más en sociedades polarizadas pero enormemente dependientes y conectadas. Ello nos traslada a hablar de la transnacionalidad en la que viven insertos los individuos e instituciones. En la intro-ducción a esta ponencia hablé de la vida transnacional dando algunos ejemplos de su aplicación a los casos concretos que he ido encontrando en mis estudios. La religión es un elemento más presente en este transnacionalismo. Fundamentalmente visible en la labor de líderes religiosos que se mueven a través de espa-cios geográficos diversos, este intercambio material pero tam-bién ideológico entre el lugar o lugares de origen y el nuevo lugar o lugares de residencia aplica a las prácticas de muchos creyentes que piensan y actúan en función de condicionantes existentes en diferentes localizaciones geográficas. La literatura

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desarrollada en las parroquias católicas de nuestra geografía, puesto que escasean los recursos de todo tipo. Además, los esfuerzos, si es que existen, se dirigen en mucha mayor medida hacia el alimento espiritual que al alimento físico. A pesar de todo, vemos que la iglesia católica recoge un importante por-centaje de los ingresos del erario público y que parte de él es destinado a la acción social. Muchas organizaciones con carác-ter católico, si no impulsadas directamente por la acción de determinadas órdenes, consiguen financiamiento y ejecutan pro-yectos en beneficio de los inmigrados. En ocasiones, algunas parroquias se han convertido en refugio o lugares de encierro e impunidad para el reclamo de extranjeros indocumentados, con-virtiéndose así en actores políticos de intermediación con las autoridades civiles. También desde parroquias comprometidas se han impulsado campañas de información y formación como modo de llegar a los inmigrados y establecer vínculos con la sociedad receptora. Por medio de todas estas actividades, las iglesias se convierten en verdaderos agentes sociales de la inmi-gración en España.

Consecuentemente, parece fundamental que en este país de ”nueva inmigración” se profundice y conozca más lo que está sucediendo en torno al fenómeno cultural y religioso que viene aparejado a los procesos de inmigración latinoamericana. Profundizar y conocer qué papel están jugando y podrán jugar las iglesias católicas, protestantes, ortodoxas, en el apoyo mate-rial y espiritual de las nuevas poblaciones, sin perder de vista que el objetivo debe dirigirse hacia la cohesión de los grupos y no hacia su distanciamiento o encerramiento en sí mismos. ni el catolicismo latinoamericano, diverso como la misma

Latinoamérica, es identificable totalmente con el catolicismo español, ni todos los latinoamericanos son católicos o lo seguirán siendo tras la emigración. Sin olvidar que, tampoco España puede considerarse ya un país de católicos practicantes, puesto que la secularización y la penetración de otras religiones e iglesias cris-tianas es evidente. Por tanto, ¿qué puede esperarse que ocurra con la integración social de los latinoamericanos en el ámbito religioso? ¿Una mayoritaria secularización o un reforzamiento de la afiliación religiosa, bien con el catolicismo o bien con el pro-testantismo cristiano? ¿Conllevará este reforzamiento una bús-queda de alianzas con los sectores de creyentes de la sociedad autóctona o, por el contrario, se formarán comunidades cristianas étnicamente homogéneas y separadas de la línea oficial tanto del catolicismo como del protestantismo? Además hay que tener en el horizonte que, así como la integración social es un proceso largo que ve sus frutos, sobre todo, en las subsiguientes genera-ciones de hijos y nietos de antiguos inmigrantes nacidos ya en el nuevo país de instalación, lo que suceda hoy en el ámbito reli-gioso puede ser sustancialmente diferente de los comportamien-tos que se manifiesten en los que siguen.

Por último, aunque no menos importante entre los aspectos materiales de la existencia, es el papel de las iglesias en la mejo-ra de las condiciones de vida de los inmigmejo-rados, quienes a menudo buscan ayudas económicas en ellas. Las iglesias cuen-tan con una larga tradición de ayuda en la subsistencia de las poblaciones más desfavorecidas, a través de las históricamente establecidas prácticas de caridad. Pero el proceso de integración lleva a un paso más, es decir, a dotar a los individuos de instru-mentos con los que poder valerse para no tener que depender de los vaivenes de la caridad y adquirir niveles de vida semejantes a los de los demás ciudadanos. Esta dirección está mucho menos

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Referencias

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