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En busca de claves bíblicas

In document La Iglesia y la Migración (página 88-95)

España enfrenta hoy una ola migratoria desde el mundo nor- africano, América Latina y Europa oriental. Para los evangélicos españoles la presencia de emigrantes se ha constituido precisa- mente en una avenida de servicio misionero y también en un desafío que irrumpe en el curso normal de la vida de las iglesias y presenta problemas inéditos hasta hoy. Hace falta un marco de referencia misionero para responder a este fenómeno y para poder educar a los creyentes de las iglesias españolas en lo que debiera ser una respuesta apropiada desde la fe. A continuación bosquejamos algunas ideas, si bien hay dos capítulos de este libro dedicados al tema bíblico por especialistas en la materia.

Misión como migración en el Antiguo Testamento

Podemos ubicar las raíces más lejanas de la misión cristiana en el llamado de Dios a Abraham (Gn. 12). Fue un llamado a emi- grar, a dejar su tierra y su ámbito familiar para ir hacia una tierra nueva. Así en la raíz del llamado divino a la acción misionera tenemos este elemento migratorio. Puede decirse que esta con- dición de migrante iba a llegar a ser parte del sentido de identi- dad del hebreo común y corriente de la época del Deuteronomio. Lo refleja la confesión que debía repetirse cuan- do ya establecidos en la tierra trajeran sus ofrendas a Dios: ”un hebreo a punto de perecer fue mi padre” (Dt. 26:5). Basada en esta memoria colectiva, podemos entender una de las admoni- ciones más notables y originales del Antiguo Testamento, la que enseñaba al judío a tratar bien a los extranjeros afincados en su tierra y no perder la memoria de su propia historia de migrante por el mundo. Se ha dicho que una de las leyes de extranjería más antiguas es la que encontramos en pasajes del Antiguo Testamento como éste: ”Al extranjero no engañarás ni angustia- Hay dos formas más de migración misionera que vale la pena

mencionar. Una de las denominaciones evangélicas que se extendió notablemente en Argentina es la de los llamados ”Hermanos Libres” o ”Asambleas de Hermanos” (como se les conoce en España). Estas iglesias han puesto mucho énfasis en el papel de los laicos en la vida de la Iglesia en una postura crí- tica del clericalismo. Su introducción en Argentina fue resulta- do de la labor de laicos que llegaron desde Gran Bretaña como empleados de la compañía británica que construyó el ferroca- rril. Fueron avanzando al interior del país conforme avanzaba la vía férrea. Sólo cuando ya existían varias asambleas en Buenos Aires y en el interior, solicitaron la venida de misione- ros como maestros y discipuladores21.

El otro caso digno de mención es el de las colonias menonitas en el Paraguay. Originarios del movimiento anabautista del siglo dieciséis en Suiza, peregrinaron debido a la persecución yendo hacia Alemania y Holanda. Su convicción de que seguir a Jesucristo implica una práctica de pacifismo radical y la negativa a tomar las armas, los llevó a formar comunidades que emigraron a países que les permitían mantener sus colonias agrícolas y los eximían del servicio militar. En el siglo diecinueve fueron prime- ro hacia Rusia y más tarde hacia Canadá, Estados Unidos, México y Paraguay. Posiblemente el caso más notable es el de Paraguay, país que los recibió en 1927 y les asignó para colonizar algunas áreas del Chaco, una de las zonas más inhóspitas y áridas del país. La vida comunitaria, el trabajo organizado y una firme ética protestante (según fórmula weberiana) los llevaron a transformar esa área en un vergel. Hoy los menonitas ocupan el primer lugar en la producción de lácteos y en agricultura. Aunque mantuvie- ron sus colonias un tanto aisladas en las primeras décadas, hoy hacen su valiosa contribución con aportes distintivos al Protestantismo paraguayo y a la vida nacional22.

Misión y migración en el Nuevo Testamento

No hay que olvidar que, en su niñez, Jesús es un hijo de emi- grantes que van a refugiarse en Egipto para huir de la persecu- ción. Cuando surge la misión cristiana porque Jesús resucitado envía a sus discípulos, la evangelización del mundo se da por dos vías: por una migración intencional semejante a la de Abraham que va donde Dios le mande, y también por una migración forzosa debido a la persecución o debido a otras razo- nes. Algunos estudiosos del Nuevo Testamento nos dicen que el famoso versículo de Mt. 28:18 que las versiones comunes han traducido como un imperativo ”Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”, podría traducirse más bien diciendo: ”Conforme vais, predicad el Evangelio…” es decir, un desplazamiento como parte de una actividad secular que incluiría los viajes.

Cuando el mensaje del Evangelio empieza a salir del ámbito judío hacia el ámbito grecorromano se puede ver que la diáspo- ra había sido una tarea preparatoria, que dentro de la soberanía de Dios se había dado para hacer posible que el mensaje de Jesucristo llegara a los confines de la tierra. En muchos lugares el primer contacto de los evangelistas de Jesucristo es la sinago- ga, donde hay judíos fieles que estaban esperando la llegada del Mesías, y gentiles piadosos que se habían hecho prosélitos del judaísmo, lo cual vino a ser un primer paso en su camino a la fe en Jesucristo como Salvador y Señor.

En otras palabras, la migración, forzosa o voluntaria, es parte del trasfondo social histórico y cultural del Nuevo Testamento, es decir, es un medio que Dios usa para la extensión del Evangelio. En la soberanía de Dios, el movimiento migratorio de personas y pueblos resulta un vehículo que Dios usa para sus propósitos. Por ello nos interesa ver más de cerca algunas de las cosas que pasan en la iglesia del Nuevo Testamento, en relación con la migración de personas y pueblos.

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rás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”. (Éx. 2:21. Ver también Éx. 23:9; Lv. 19:33-34).

Cuando según el relato bíblico la desobediencia de Israel lleva a ese pueblo al exilio, es esparcido por el mundo. En determi- nado momento esa diáspora puede llegar a verse como parte de un propósito divino de sembrar a su pueblo por el mundo, como parte del designio misionero expresado a Abraham. Los judíos de la diáspora enfrentan la problemática del migrante desarrai- gado de su medio natural que tiene que establecerse en tierra extraña y criar a su familia lejos de la tradición y el ámbito geo- gráfico y cultural propio. En medio del desarraigo y el exilio el pueblo mantiene su sentido de vocación y llamado. Las figuras como Nehemías, Daniel o Ester son personajes que reflejan esa voluntad del migrante de no perder su identidad.

La sinagoga es creación de la diáspora judía para mantener la vida espiritual lejos del templo y de Jerusalén con toda su sim- bología y fuerza de significación. Cuando las nuevas generacio- nes surgidas de esta experiencia de diáspora se olvidan de su lengua materna y aprenden el griego, la lengua extranjera domi- nante, se hace necesario traducir la Biblia a ese idioma, la Septuaginta. Así en el periodo inter-testamentario nos encontra- mos con un propósito misionero de Dios que toma las peripecias de su propio pueblo como un camino por medio del cual va a cumplir su promesa de bendecir a todas las naciones. El bello libro de Rut es una historia que muestra la forma en que extran- jeros atraídos por la fe en el Dios de Israel fueron acogidos en medio del pueblo de Dios. Algunos intérpretes ven este libro como un contrapeso a las medidas un tanto crueles que se encuentran en el tiempo de Esdras y Nehemías. Junto con Rahab, Rut es una de esas mujeres extranjeras que aparecen en la genealogía de Jesús según Mateo.

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ble reconstruir la historia de esta iglesia, tan importante más tarde, como una iglesia formada por emigrantes que habrían ido a la famosa ciudad por una variedad de razones.

El análisis de la carta permite ver que había problemas de rela- ciones entre creyentes judíos y creyentes gentiles. Desde el punto de vista misionológico me parece plausible la hipótesis de Paul Minear, quien ha identificado cinco iglesias en casas men- cionadas en el capítulo 16 y sostiene que éstas corresponden a cinco tipos diferentes de cristianos que no se llevaban bien entre sí. Con esta carta, Pablo no solamente procuraría explicar en detalle la riqueza del Evangelio sino conseguir también que se superasen las barreras que separaban a estos hermanos y her- manas. Minear piensa que el plan de Pablo de evangelizar España requería de una iglesia que sirviera de base más cercana geográficamente que las iglesias de Macedonia (Filipos y Tesalónica) o Acaya (Corinto), que él había fundado y que ya habían crecido. Así la epístola resulta interesante para nosotros porque muestra los problemas pastorales causados en iglesias como la de Roma por las diferencias culturales de origen de esta amalgama de migrantes venidos de diferentes partes del imperio.

La recepción al ”otro” como centro de la misión

Varias veces en el texto de Romanos nos encontramos con la palabra recibir como descripción de una actitud que está en la raíz de la vida cristiana. El contexto, recordemos, es el del encuentro entre personas de razas, nacionalidades y culturas diferentes. En el capítulo 15 está la exhortación: ”Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Ro. 15:7). El contexto inmediato anterior es el de las relaciones entre personas espiritualmente fuertes y personas débiles, y lo que tenemos es el consejo pastoral del apóstol respecto a la aceptación de quienes son diferentes a nosotros, Iglesias y migraciones en el Nuevo Testamento

En el ministerio de Pablo en Corinto juega un papel valioso el matrimonio que conocemos por los nombres de Aquila y Priscila. Entran en el relato de Hechos con una explicación acer- ca de su peripecia de emigrantes. ”Pablo salió de Atenas y fue a Corinto, y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila, su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos salieran de Roma. Fue a ellos, y como eran del mismo oficio, se quedó con ellos y traba- jaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas” (Hch. 18: 1-3). En el relato que sigue se ve qué valiosos fueron la presencia y el trabajo de este matrimonio para el surgimiento de la iglesia de Corinto, y para el posterior ministerio del elo- cuente predicador Apolos. Esta pareja no había salido de Roma por voluntad propia sino como parte de un exilio forzoso deter- minado por la política imperial del momento. En medio de su condición de exilados hicieron de su hogar una base de trabajo misionero para la tarea de Pablo.

Volvemos a encontrar a esta pareja en el capitulo 16 de Romanos en el cual Pablo se refiere a ellos en tono altamente elogioso llamándolos ”mis colaboradores en Cristo Jesús que expusieron su vida por mí, a los cuales no solo yo les doy las gracias sino todas las iglesias de los gentiles” (Ro. 16:3-4). El pasaje nos muestra que en la casa de estos colegas de Pablo había una iglesia. Hay algo notable en este capitulo 16 de Romanos, escrito cuando el apóstol todavía no había visitado a los creyentes de la capital imperial sino que estaba anun- ciando su visita. Casi todo el capítulo lo ocupa una larga lista de saludos para amigos y colaboradores de Pablo que eviden- temente éste había conocido en otras partes del imperio, durante sus viajes, pero que en ese momento habían emigra- do hacia Roma, la capital del Imperio. Es decir, que era posi-

Creo que es importante destacar que esta manera de compren- der la iglesia y su misión por Pablo, como en el resto del Nuevo Testamento, muestra que los apóstoles no adoptaron el recurso de resolver la crisis de la migración y el multiculturalismo acon- sejando la creación de lo que algunos misionólogos llaman ”uni- dades homogéneas”23. De ser así, el consejo del apóstol habría

sido: ”separaos para que no os enfrentéis y formad iglesias dife- rentes, una para migrantes judíos y otra para gentiles”. De una u otra manera en la variedad y el encuentro de personas muy dife- rentes dentro de su experiencia común de haber sido aceptadas por Cristo, en la convivencia mútua y la receptividad recíproca, hay un testimonio del poder de Dios para crear una nueva humanidad. Este tema Pablo lo desarrolla de manera más explí- cita en la epístola a los Efesios.

Claves para nuestro tiempo

A la luz de estas indicaciones de la práctica apostólica, me atrevo a decir que el movimiento migratorio que hoy ha llegado a España puede interpretarse como una oportunidad y un desa- fío misionero que Dios ha puesto frente a las iglesias evangélicas de España hoy en día. La observación de lo que está sucediendo en estos momentos me lleva a pensar que entre los miles de migrantes que han llegado y siguen llegando a este país hay per- sonas como las que llegaron a Roma en los tiempos del apóstol Pablo, o como los españoles que fueron a la Argentina a fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte.

Habrá algunos que pasando por la crisis del desarraigo y la libertad buscarán en las iglesias un refugio y un apoyo no sólo espiritual sino también material y social. Ellos constituyen un desafío a la compasión cristiana y al sentido de solidaridad humana que acompaña la profesión de fe en Jesucristo. Estas personas pondrán a prueba la voluntad de las iglesias de no limi-

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en el seno de la iglesia de Cristo. El tono general del capítulo 14 es lo que podríamos llamar una pastoral de la receptividad o de la aceptación mútua, y lo que encontramos en las líneas citadas del capítulo 15 es el fundamento teológico en que se basa el consejo pastoral. Que Cristo nos haya recibido a todos, judíos y gentiles por igual, ha sido dicho de muchas otras maneras en la epístola. Dios nos ha hecho hijos, nos ha justificado, nos ha adoptado, nos ha dado la seguridad de la relación con él y hemos recibido como anticipo de la plenitud de sus dones la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Así que la práctica de recibir al otro y aceptarlo se fundamen- ta en verdades centrales del Evangelio.

Este recibir al otro no se queda en lo que podríamos llamar un lirismo teológico idealista. La pastoral de Pablo en su carta apa- rece como consejo concreto y práctico con toda claridad en el comienzo del capítulo 16: ”Os recomiendo además a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea. Recibidla en el Señor, como es digno de los santos, y ayudadla en cualquier cosa en que necesite de vosotros, porque ella ha ayudado a muchos y a mí mismo” (Ro. 16:1-2).

Así pues, esta epístola que siempre ha sido considerada la explicación más clara y detenida de la buena noticia del Evangelio, tiene como trasfondo una situación pastoral determi- nada por los movimientos migratorios que han llevado a judíos y gentiles, creyentes en Cristo, desde diferentes rincones del imperio hasta la capital. Dios en su misericordia y su designio salvador ha querido usar esas corrientes migratorias de personas y de pueblos para darles el encuentro a personas de trasfondos muy variados y la tarea apostólica es explicar lo que es el núcleo central de la fe evangélica y al mismo tiempo responder a las situaciones pastorales que crea la convivencia de personas muy diferentes entre sí.

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punto más se refiere a la cuestión de diversidad cultural. No todos los latinoamericanos son iguales y poco a poco se apren- derán, por ejemplo, las diferencias entre quienes vienen de un trasfondo indígena con sentido comunitario y una ética confu- ciana de trabajo duro y ahorro, y quienes vienen de un trasfon- do más español, más individualista, más dado al buen vivir.

Un factor importante a tener en cuenta es que quienes migran son personas que por el hecho mismo de haber dado el paso de migrar demuestran que son emprendedores y capaces de tomar iniciativas. Ello significa un potencial para el bien y tam- bién para el mal que se debe manejar con sabiduría pastoral. Estas personas tienen capacidad de liderazgo y pueden llegar a ser miembros activos de sus iglesias y tomar un papel impor- tante como laicos. Quizás el Señor termine llamando a algunos al servicio misionero integral en España misma o desde España en otras partes del mundo.

La migración ofrece también a las iglesias españolas la oportu- nidad de hacerse presente en la escena pública ya que las polí- ticas del gobierno por sí solas nunca podrán solucionar todos los problemas y tienden a ser burocráticas. Como puede verse en otros trabajos de este libro, las iglesias ya están respondiendo de muchas maneras a este desafío. El aporte evangélico puede sumarse a los esfuerzos de diversas entidades que se han consti- tuido para interpretar el fenómeno de la migración a los ciuda- danos y para responder a las necesidades de todo orden que han ido surgiendo. Las iglesias ofrecen redes naturales de ayuda y acogida; también proveen un cuerpo de voluntarios que es indis- pensable para un uso adecuado de recursos del estado para ser- vir a la comunidad ante la magnitud del problema. La acción organizada de los evangélicos podría con el tiempo ofrecer pau- tas que afecten positivamente la legislación y un protagonismo de ese tipo es parte integral de su testimonio cristiano.

tarse a un nominalismo evangélico formal sino proceder a una práctica de la fe con los riesgos y costos que ello implica. Como cualquier persona desplazada y marginada, estas personas traen su necesidad y traen también sus problemas a las iglesias. Nos desafían a ser como fue Jesús y a recordar las palabras del maes- tro en Mt. 25 ”en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis herma- nos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Para poder responder a este desafío hará falta que las iglesias, además de escarbar en los cofres de sus recursos materiales, recurran a la oración y a la revisión de vida para fortalecerse en su identidad y disponerse a responder al desafío. Dependiendo de la sabiduría y espíritu de apertura con que las iglesias actúen algunas de estas personas llegaran a engrosar las filas de nuestras iglesias.

Habrá otros inmigrantes que traerán consigo una experiencia cristiana y una formación bíblica que pueden ser una valiosa contribución al cumplimiento de la misión en la España de hoy. Viniendo de América Latina vienen de un continente en el cual hay crecimiento numérico vigoroso y poblaciones receptivas al evangelio, iglesias vivas y capaces de responder a su contexto. Algunos de estos hermanos y hermanas traerán su entusiasmo y su deseo de hacer obra misionera tal como lo han hecho o visto hacer en sus países de origen. Su presencia en las iglesias de España puede ser como un catalizador de nuevas empresas y

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