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Plan Regional para la Inmigración de la C.A.M.

In document La Iglesia y la Migración (página 49-53)

En este caso, se trata de la respuesta de la C.A.M. al fenómeno creciente de la inmigración en una comunidad con una progre- siva afluencia de extranjeros en busca de trabajo.

Con este plan, la Comunidad de Madrid pretende coordinar y racionalizar el conjunto de esfuerzos que se hacen en rela- ción con los inmigrantes extranjeros, tratando de propiciar la integración social.

Dice la Comunidad tomar en consideración tanto las iniciativas públicas como los aportes del movimiento asociativo, fomentan- do iniciativas y tratando de hacer más visible la aportación que hacen los inmigrantes extranjeros a la sociedad madrileña.

Por otra parte, afirma tener presente en sus fines no solamente la atención inmediata de necesidades mediante medidas opera- tivas, sino el prevenir posibles dificultades con las que suelen encontrarse todas las sociedades que experimentan un proceso intenso de impactos o choques culturales.

El impulso de este plan corresponde a la Consejería de Servicios Sociales. Repárese en el contraste diferencial con el programa homónimo a nivel nacional, que se hace depender del Ministerio del Interior.

Este plan comunitario dice dirigirse de forma especial a los

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España. Otros focos importantes son: 1) Cataluña, la Comunidad que ha venido recibiendo el mayor número de inmigrantes; 2) Andalucía, especialmente en la zona de El Ejido; y 3) Murcia a causa del auge de la huerta con los nuevos apoyos al regadío.

A finales de 2000 la ”tasa de presión” puede estimarse en un 3% a nivel estatal. Se ha pasado de tener 500.000 extranjeros a finales de 1990 a un mínimo de 1,5 millones a finales de 2001. Esta cifra comienza a superar el número de emigrantes españo- les fuera de nuestro territorio, con lo que, en estos momentos se ha logrado una situación de equilibrio.

¿Y de dónde proceden los inmigrantes? Los datos analizados nos indican que, en su conjunto, Latinoamérica arroja un total de 691.365; le sigue la Unión Europea con 384.660, África con 319.286 y la Europa extracomunitaria con 158.764.

Estas cifras habría que matizarlas si las comparamos con las del padrón municipal, que suma un millón de habitantes más que el censo. Por otra parte, en el segundo semestre del año 2002, por primera vez en diez años, se produjo un descenso de inmigra- ción legal, a causa de los procesos de regulación que el Gobierno puso en marcha, si bien la inmigración irregular siguió creciendo, según demuestra, entre otros indicadores, el aumen- to de las expulsiones ejecutadas por el Ministerio del Interior.

Con todo, y a pesar de que la fiabilidad no es absoluta, espe- cialmente en lo que a inmigrantes sin papeles se refiere, y no olvidando que estamos hablando de cifras referidas a enero de 2001, los datos de que disponemos son importantes para cual- quier tipo de análisis y desarrollo de proyectos o acciones con- cretas que deseemos realizar.

En cualquier caso, para obtener una visión global de las cau- sas que han provocado el significativo aumento de la inmigra- ción, es preciso delimitar tres fenómenos sociales que se han producido de manera simultánea.

En los últimos meses, tal y como recoge la Exposición de Motivos de la Reforma de la ”Ley de Extranjería”, se han detec- tado ”aspectos en los que la realidad del fenómeno supera las previsiones de la norma”. Y esto ha alarmado en gran medida a los órganos del Gobierno.

Ahora bien, cuando hablamos de inmigrantes en España ¿de qué cifras estamos hablando realmente? Apoyándose en datos del INE, del Ministerio del Interior y otros propios, El País (18.03.2003 y 24.03.2003) nos ofrece los datos referidos al año 2001. Según esta información, en esa fecha residían en España 1.572.017 extranjeros de los que únicamente 1.109.060 estaban regularizados, a juzgar por el balance 2001 de la Delegación del Gobierno para la Inmigración. Tomando esos datos como refe- rencia, se deduce que en esa fecha había en España 462.957 inmigrantes ”sin papeles”.

Siguiendo los datos de El País, observamos que la comuni- dad autónoma con mayor número de inmigrantes es Madrid (366.099) seguida muy de cerca por Cataluña (310.307) y, algo más distante, la Comunidad Valenciana (217.673) y Andalucía (178.130).

En lo que se refiere a porcentaje de inmigración no registrada, o inmigración ilegal, destaca Murcia (42.044 de 69.556) donde la inmigración ilegal representa el 60,45% de su población extranjera, seguida de la Comunidad Valenciana con el 53,43% y Madrid con el 35,82%.

El porcentaje de inmigrantes censados sobre la población total (lo que se ha denominado la ”tasa de presión”), sigue siendo muy inferior al de otros países de la Unión Europea. En la Comunidad de Madrid, de los datos referidos al 2001 se des- prende que era de un 4,26%, siendo superior la presencia de mujeres a la de hombres. La presencia de inmigrantes en Madrid supone un 20,85% de toda la población extranjera residente en

tes de la geografía española.

Esta es una variable, dentro del campo de la Sociología de la Religión que sin duda nos afecta muy directamente, de la que apenas se hace mención en los medios de comunicación, y sobre la que deberíamos estar prevenidos. Merecería, por sí sola, la celebración de un coloquio o una consulta que permi- tiera un debate serio.

Y otro aspecto en el área religiosa a tener en cuenta, especial- mente en las iglesias evangélicas, es la afluencia, en algunos casos masiva, de inmigrantes a los cultos y su progresiva inte- gración en las congregaciones. Este fenómeno está sometiendo a prueba a muchas iglesias que ven cómo se modifican paulatina- mente sus programas y sus tradiciones, provocando sentimientos contrapuestos. Por una parte, de euforia, debido al crecimiento numérico de muchas congregaciones; por otra, de inseguridad, al tener que convivir con formas de vida y manifestaciones espi- rituales diferentes.

Una fase, aún en proceso de implantación, es la de sustitución del liderazgo autóctono (incluidos pastores) por hombres y mujeres procedentes de la inmigración, que no estará ausente de tensiones.

3. Mercado de trabajo

No perdamos de vista que en el fenómeno migratorio que nos ocupa la causa esencial que lo provoca, si excluimos el contin- gente de inmigrantes comunitarios en buena medida jubilados, es de índole económica. El inmigrante, empujado por la pobre- za y la falta de oportunidades en sus países de origen y atraído por un proceso de desarrollo económico, acude a España en res- puesta a una demanda cierta del mercado de trabajo. Y el fenó- meno es imparable, entre tanto se sigan dando las condiciones de enorme desequilibrio económico que lo provoca.

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Inmigración: ¿Un problema o una oportunidad?

1. El ciclo de bonanza económica producido en España al socai- re de su incorporación a la Unión Europea.

2. La progresiva situación de deterioro económico sufrido en el subcontinente latinoamericano y en el continente africano, así como en diferentes zonas de Asia.

3. El ”efecto llamada” que la situación de España ejerce:

a) Sobre África (especialmente el norte magrebí), por su inme- diatez geográfica.

b) Sobre Latinoamérica, por su identidad idiomática y su fra- ternidad histórica.

Es decir, España se ha convertido en un país doblemente fronte- rizo: con la Unión Europea con respecto al continente africano mantiene una frontera geográfica, y frontera cultural con Latinoamérica.

La confluencia de estos tres fenómenos ha provocado que los flu- jos migratorios hacia nuestro territorio hayan experimentado un cre- cimiento geométrico que ha producido, internamente, un síndrome de sorpresa, en primer lugar, y de temor, a continuación, ante un fenómeno desconocido en la historia inmediata de nuestro país.

2. Dimensión religiosa

Desde la perspectiva religiosa no debe perderse de vista un dato muy significativo, y es la afluencia significativa de africanos (mayoritariamente marroquíes), aproximadamente un 35% de la población total de inmigrantes, con lo que la implantación de una religión diferente al cristianismo cobra una fuerte relevancia social, y promete protagonizar situaciones conflictivas en un futuro no muy lejano. La creciente implantación de mezquitas en territorio español, algo inaudito hace unas décadas, es ya un hecho que puede constatarse por la ciudadanía en muchas par-

Pero se da un efecto pernicioso. No hay permiso de trabajo si no hay un trabajo efectivo, y no hay contrato de trabajo si no hay permiso, si los papeles no están en regla. Surge así el fenómeno de los ”ilegales”. Algunos empresarios se aprovechan de la situa- ción de ilegalidad para abaratar el coste de la mano de obra y ahorrarse el importe de la Seguridad Social, cuando no se añade a este ahorro el abaratamiento de la hora de trabajo. Y, entre tanto, la Administración se enreda en legalismos para justificar su política represiva y obstruccionista, y continúa actuando bajo la inercia de los hechos consumados.

Ahora bien, cuando se produce algún acontecimiento dramá- tico, como la muerte de los 12 ecuatorianos en Lorca, de cuyo hecho hace unos días que se conoció la sentencia que condena a los imputados como responsables, todo el mundo se rasga las vestiduras y se busca urgentemente algún chivo expiatorio para justificar la mala conciencia, pero sigue sin ofrecerse soluciones creativas, ajustadas a la realidad y a la demanda social.

4. Efecto de los flujos migratorios

Estados Unidos es el país paradigmático a la hora de valorar los efectos de los flujos migratorios en el desarrollo económico y social. Canadá y Australia pueden ser tomados igualmente como referentes. Y también, dentro del territorio europeo, Alemania, Francia y otros países de Europa.

La población de los EE.UU. en 1790 no alcanzaba los 4 millo- nes; actualmente está en torno a los 300 millones. Solamente en los últimos 10 años ha alcanzado un 13,78% de crecimiento. Y sigue siendo un país de acogida y un país en desarrollo creciente. La inmigración ha sido, y parece que así va a continuar siendo en el futuro, la vía de crecimiento más significativa en este país.

A lo largo de la historia, el intercambio de bienes, de personas

y de descubrimientos ha constituido la principal fuente del pro- greso humano. Tal y como demuestran los estudios realizados, los emigrantes tienen unas capacidades superiores a la media de sus paisanos en los lugares de origen. Y, además, se trata de un colectivo mayoritariamente en edad activa, cuya contribución a los servicios sociales es superior a lo que reciben (costes educa- tivos, sanitarios, de vivienda y protección social), generando con su presencia y actividad puestos de trabajo en sectores como la educación y la sanidad, entre otros, que serán ocupados por los ciudadanos autóctonos.

Así es que, en este marco social, la pregunta del título de esta conferencia entendemos que es del todo pertinente, ya que es contemplada desde ambas posturas tanto por la Administración como por la población autóctona. Entonces, seguimos pregun- tando, la inmigración, ¿es un problema o una oportunidad para los países receptores?

El País (21.02.2003, p. 25) hacía referencia a unas declaracio- nes de Jordi Pujol, el presidente de la Generalitat de Cataluña en las que decía: ”La gente sabe que [la inmigración] es un proble- ma, a diferencia de algunos sabios que lo niegan y que hablan sin saber de qué hablan”. Pujol, como tantos otros políticos, al igual que la gente de la calle, hace referencia a la integración de los extranjeros en el país receptor y las dificultades que un pro- ceso de esta envergadura ha de afrontar; aspecto que no cabe duda que hay tomar en consideración, dada su enorme relevan- cia. Pero hay otros aspectos que no deben perderse de vista, por ejemplo, la pérdida de habitantes que muchas provincias están experimentando, aún a pesar de los flujos migratorios y de la creciente demanda de mano de obra que se produce en deter- minados sectores de la economía (la agricultura y los servicios, especialmente) y que, sin la aportación de mano de obra de los inmigrantes, quedarían progresivamente desasistidos.

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Inmigración: ¿Un problema o una oportunidad?

parece posible frenar la inmigración, al menos mientras perma- nezca la ruptura del equilibrio entre economía y demografía que se da entre países ricos y pobres. Los inmigrantes, con controles o sin ellos, seguirán viniendo a nuestro país mientras las condi- ciones económicas así lo justifiquen.

Debe servirnos de ejemplo la experiencia del fenómeno en otros países europeos, pero especialmente en el país con mayor experiencia inmigratoria al que ya hemos hecho refe- rencia, los EE.UU. Y aun la nuestra: el esfuerzo de impermea- bilizar la frontera sur a través de los filtros de Ceuta y Melilla y el enorme costo económico que produce, no consiguen más que aumentar la presencia de las mafias y con ellas un cre- ciente aumento de la delincuencia, pero sin reducir el núme- ro de inmigrantes irregulares.

Pero hay más. Tanto el informe del Libro Blanco hecho público por el C.E.A.R. acerca de la inserción laboral de refu- giados e inmigrantes, como otros informes coincidentes de entidades tan poco sospechosas de populismo o demagogia social como el BBVA, insisten en que en España es necesario un contingente anual entre 240.000 y 300.000 inmigrantes. Sin este aumento no es posible mantener el ritmo de desarro- llo y el estado de bienestar actual.

La O.C.D.E., en su análisis de la economía española, hace algu- nas propuestas a España, entre las que se encuentra una referida a la inmigración; recomienda flexibilidad para permitir que los inmigrantes ilegales puedan obtener permisos de trabajo.

2. Pues bien, a partir de esta premisa, creemos que la regu- larización de las migraciones debería recaer bajo la responsa- bilidad del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y no bajo el Ministerio de Interior. Es decir, cambiar el concepto de ”represión” por el de ”colaboración”. Comenzar a analizar el Apoyándose en datos del I.N.E., a partir del censo de 2001,

Charo Nogueira presenta ”una radiografía de la población espa- ñola” (El País, 30.03.2003, p. 32) en la que muestra que en los últimos diez años 17 provincias españolas han descendido en el número de habitantes y otras 15 están por debajo del 5% de cre- cimiento de la población española en ese período, produciendo una despoblación de numerosas zonas, especialmente en la España interior, sobre todo la del noroeste. Y si bien es cierto que esto tiene que ver con el menor nivel de desarrollo de esas pro- vincias con respecto al resto de España, significa igualmente que la progresiva despoblación va a contribuir a acrecentar esas dife- rencias. La modernización de los sistemas de explotación del campo, y el despegue del turismo rural y otras políticas seme- jantes, deben equilibrar y acrecentar una mayor demanda de tra- bajadores en los sectores más despoblados.

Por otra parte, debemos tener presente que la inmigración con- tribuye de forma decisiva a rejuvenecer la población y al aumen- to de la natalidad.

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