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Iglesias e Integración

In document La Iglesia y la Migración (página 68-70)

Doctor en Teología, Universidad de Durham, Inglaterra. Profesor de Nuevo Testamento, Seminario Teológico UEBE, Alcobendas (Madrid). Pastor de la Iglesia Bautista ”Madrid, Barrio del Pilar”.

Introdución

La inmigración, más allá del hecho de ”llegar a otro [país] para establecerse en él”1, movimiento de gentes de un lugar a otro,

tiene su mayor expresión de complejidad en el intercambio humano, en la difícil interacción entre visiones y planteamientos de vida diferentes, que se desarrollan ahora en un nuevo con- texto y que, inevitablemente, van a dar lugar a una nueva reali- dad. La dificultad de adaptación, de aceptación de los cambios que necesariamente se han de dar en el proceso de adaptación, es lo que acarrea el conflicto propio de la inmigración, una difi- cultad que afecta tanto al grupo receptor, que ve su mundo ame- nazado, como al que llega, que intenta mantener la identidad propia en un contexto que ya no es el originario.

En la obra del evangelista Lucas, y en especial en el libro de los Hechos de los Apóstoles, encontramos un testimonio de cómo la iglesia primitiva vive su propio proceso de formación y creación de identidad, con grupos de gentes diversos y enfrentados, en un

É N F A S I S B Í B L I C O

dero en cualquier línea”. Ésta es la cuestión que tiene que con- frontar Lucas al escribir los relatos relacionados con la vida y obra de Jesús, y el comienzo del ya conocido como movimien- to cristiano, la legitimidad, la validez, la licitud de una comuni- dad que está siendo cuestionada desde dos frentes diferentes. Por un lado, la existencia de la comunidad es discutida desde la perspectiva de los valores y criterios predominantes en la socie- dad. Por otro lado, el cuestionamiento del grupo, de la comuni- dad cristiana, viene también de parte de sus miembros, que, reflejando o influenciados por los valores de la sociedad en la que viven, se debaten sobre su propio ser como colectividad.

Uno de los propósitos que motiva frecuentemente la legitima- ción es el de la integración. Por eso la institución adquiere sen- tido cuando cada individuo en el orden institucional siente que su vida, en sus diferentes estadios, tiene sentido; que su realidad vital tiene sentido en dicha institución. A través de este proceso de legitimación, la historia de la institución y la biografía del individuo discurren en paralelo.

A la luz de lo hasta ahora presentado, si miramos a las razones por las que Lucas escribió su obra, descubrimos que los especia- listas ofrecen diversas causas, que no resultan del todo satisfacto- rias. Por ejemplo, una teoría extendida es la de que Lucas quiere presentar al cristianismo como una religión lícita que no resulta una amenaza para el imperio romano4. Sin embargo, la razón que

aquí vamos a esgrimir es diferente. El criterio que vamos a defender, como motivación principal de Lucas, es el de legitimar, justificar, licitar el tipo de comunidad a la que dirige su obra, para conseguir la plena integración en la misma de aquellos que la componen. Pero, insistimos, una legitimación de cara a esa misma comunidad cristiana a la que se dirige y no hacia las autoridades romanas, a las que pretendería presentar al cristianismo como una religión lícita que no resulta una amenaza para el imperio. contexto en el que presiones externas e internas cuestionan la

razón de ser, la existencia misma, de la comunidad cristiana. Estas presiones, como veremos, son fruto, por un lado, del recha- zo social y, por otro, de las dudas internas que evoca un fenó- meno tan singular, la conjunción de visiones dispares de la vida y la convivencia de grupos socialmente desvinculados y, en oca- siones, antagónicos en una misma colectividad o comunidad.

La meta del presente trabajo es, por tanto, la de presentar y argumentar el razonamiento lucano en favor de la existencia de la iglesia cristiana, a pesar de que para ello ha de justificar su configuración heterodoxa, en un contexto basado en la homo- geneidad social.

Legitimación

Según los sociólogos Berger y Luckmann, a partir de las segun- das generaciones de cualquier institución social naciente se pro- duce un proceso en el cual la institución en cuestión debe expli- car y justificar su razón de ser. A este proceso lo denominan legitimación2. En el presente estudio, y en consonancia con la

tesis de Esler, proponemos que dicho proceso de legitimación se hace necesario desde la propia ingesta de la institución. Esto se debe a residuos de lealtad al viejo orden aún existentes, o como fruto de presiones surgidas por la nueva adscripción social3.

El diccionario define legitimación como la ”acción y efecto de legitimar”. A su vez, legitimar es definido como ”convertir algo en legítimo; probar o justificar la verdad de una cosa o la cali- dad de una persona o cosa conforme a las leyes.” Y legítimo es algo ”conforme a las leyes; lícito, justo; cierto, genuino y verda-

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también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros” (Colosenses 4:16).

La segunda característica a señalar, con respecto a la comuni- dad a la que Lucas dirige sus escritos, es que era una comunidad social y étnicamente heterogénea. Si bien hay tres posturas tra- dicionales con respecto a la composición y proporción de los grupos existentes en la misma, en el presente trabajo opto por una opción poco generalizada, pero que creo ampliamente jus- tificada: que entre los lectores de Lucas había judíos y gentiles en proporción semejante6. Este elemento pasa a ser fundamental

a la hora de comprender la problemática que afrontamos. Nos encontramos con un grupo dispar, con orígenes y tradiciones diferentes que coexiste con dificultad en el contexto de la comu- nidad de discípulos de Jesús.

La comunidad Lucana: Presiones

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