PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN SUPLETORIO DE AGAETE
ADAPTACIÓN A LAS DIRECTRICES DE
ORDENACIÓN GENERAL Y DEL TURISMO
AVANCE
MEMORIA INFORME DE SOSTENIBILIDAD
AMBIENTAL
Agaete (Gran Canaria) y su informe de sostenibilidad. Expt.2013-1365. Fecha y hora: 02.10.2015 13:51:36
ÍNDICE
MEMORIA INFORME DE SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL ...1
1. JUSTIFICACIÓN DEL CONTENIDO AMBIENTAL ASUMIDO ...1
1.1 Introducción ...1
1.2 Marco legislativo de aplicación: Ley 9/2006 ...1
1.3 Papel del ISA en el proceso de ordenación del PGO de Agaete ...2
2. INVENTARIO AMBIENTAL...3
2.1 Geología ...3
2.2 Geomorfología ...7
2.3 Clima ... 11
2.4 Edafología ... 18
2.5 Red hidrográfica e hidrología ... 23
2.6 Flora y Vegetación ... 29
2.7 Fauna ... 40
2.8 Calidad visual del paisaje ... 48
2.9 Impactos preexistentes ... 50
2.10 Patrimonio cultural ... 52
2.11 Riesgos Naturales ... 58
3. OBJETIVOS Y CRITERIOS DE LA ORDENACIÓN ... 60
3.1 Objetivos y criterios generales ... 60
3.2 Objetivos y criterios del desarrollo del PGO ... 60
3.3 Diagnosis ambiental... 63
3.4 Características de la problemática ambiental ... 66
3.4.1 Diagnosis de potencialidad ... 69
3.4.2 Situación del medio ambiente en función del inventario y diagnóstico ambiental realizado ... 73
4. OBJETIVOS DE PROTECCIÓN AMBIENTAL Y CRITERIOS DE PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO NATURAL Y CULTURAL ... 73
4.1 Justificación de la adaptación de los objetivos ambientales de instrumentos de ámbito superior ... 75
4.2 Adaptación del PGO a los objetivos ambientales y criterios de los instrumentos de rango autonómico ... 78
4.2.1 Adaptación del PGO a los objetivos ambientales de las DOG ... 79
4.2.2 Adaptación del PGO a los objetivos ambientales de los Espacios Naturales Protegidos ... 81
4.2.3 Adaptación del PGO a los objetivos ambientales y criterios del Plan Insular de Gran Canaria . 81 5. EVALUACIÓN DE LAS CONSECUENCIAS AMBIENTALES DE LAS DETERMINACIONES DEL PLAN GENERAL DE ORDENACIÓN DE AGAETE ... 90
5.1 Síntesis de contenidos de la evaluación de las consecuencias ambientales de la clasificación de suelo propuesta por las diferentes alternativas ... 90
5.2 Identificación de las determinaciones de las diferentes alternativas potencialmente generadoras de impacto ... 91
5.3 Análisis del grado de adecuación entre las determinaciones del planeamiento y los objetivos ambientales, la calidad ambiental y capacidad de las unidades afectadas para acoger los diferentes usos propuestos... 100
5.4 Examen y análisis de las diferentes alternativas contempladas ... 101
5.4.1 Alternativa 0 ... 102
5.4.2 Alternativa 1 ... 106
5.4.3 Alternativa 2 ... 112
5.6 Valoración detallada y signos de los impactos de las determinaciones potencialmente generadoras de impacto de las diferentes alternativas ... 118 5.7 Viabilidad económica de las alternativas ... 122
6. MEDIDAS AMBIENTALES CORRECTORAS Y PROTECTORAS PARA REDUCIR LOS
EFECTOS DE LAS DETERMINACIONES DEL PLAN GENERAL SOBRE EL MEDIO AMBIENTE 122
7. ESQUEMA DE LA NORMATIVA BÁSICA APLICABLE EN SUELO URBANO,
URBANIZABLE Y RÚSTICO ... 136 8. RESUMEN NO TÉCNICO ... 136
MEMORIA INFORME DE SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL
1. JUSTIFICACIÓN DEL CONTENIDO AMBIENTAL ASUMIDO 1.1 Introducción
El análisis de la sostenibilidad debe ser el reflejo de la sostenibilidad establecida por los distintos elementos que conforman el Sistema de Planeamiento de Canarias, los cuales, como instrumentos de ordenación deben considerar la sostenibilidad como fin último de la ordenación propugnada en los mismos.
Así, el Modelo de Ordenación que plantea el presente documento, es el reflejo de una Ordenación Territorial y de los Recursos Naturales plasmada por el instrumento de ordenación territorial y coherente con la ordenación de los recursos naturales del ámbito insular dónde se inserta.
A su vez, este Modelo de Ordenación propugnado es el fruto de la plasmación de un Sistema Territorial y una Estrategia de Transformación Territorial planteada para el ámbito del municipio.
Estas piezas formadas por el Modelo de Ordenación, el Sistema y la Estrategia por el presente PGO se engloba dentro de la Estrategia planteada para la Isla de a nivel insular, por el Plan Insular de ordenación.
Con base a esto, se plantea un modelo de ordenación que no puede ser miope ante la realidad propiciada por las actuaciones de las distintas Administraciones Públicas y por aquella devenida a causa del movimiento internacional, comunitario, nacional y autonómico, todo ello bajo el prisma que nos lidera de la política sobre Ordenación del Territorio emanada de Europa por la propia Unión Europea, encauzamiento de los valores plasmados en este documento.
La sostenibilidad planteada, tiene su base en aspectos, connotaciones y determinaciones de aplicación en un territorio limitado pero lleno de valores a preservar y desarrollar, planteándose la ordenación sobre un desarrollo económico y social de sus habitantes sosteniblemente con el medioambiente que lo rodea.
1.2 Marco legislativo de aplicación: Ley 9/2006
Tal y como se ha expuesto anteriormente y en virtud de la Ley 9/2006, de 28 de abril, sobre evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medio ambiente, todo plan o programa que pueda tener efectos significativos sobre el medio ambiente, en los que se incluye aquellos relativos a la
“ordenación del territorio urbano y rural o del uso del suelo” (artículo 3.2.a. in fine) como el presente
Plan General de Ordenación, debe realizar una evaluación ambiental con el objeto de promover un
desarrollo sostenible, conseguir un elevado nivel de protección del medio ambiente y contribuir a la integración de los aspectos ambientales.
Esta evaluación ambiental es de aplicación específica a los instrumentos de ordenación, frente a la evaluación ambiental establecida por el Real Decreto Legislativo 1302/1986, de 28 de junio, de evaluación de impacto ambiental a nivel nacional, así como, por la Ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico, en el marco de la comunidad autónoma de Canarias.
Esta evaluación ambiental es considerada por la Ley 9/2006 (Artículo 2.d.) como “el proceso que
permite la integración de los aspectos ambientales en los planes y programas mediante la preparación del informe de sostenibilidad ambiental, de la celebración de consultas, de la consideración del informe de sostenibilidad ambiental, de los resultados de las consultas y de la memoria ambiental, y del suministro de información sobre la aprobación de los mismos”, por lo que el Informe de
Sostenibilidad es una pieza esencial del proceso, configurándose como “parte integrante de la
documentación del plan” debiendo ser “accesible e inteligible para el público y las administraciones
En el transcurso de la redacción de este Informe de Sostenibilidad Ambiental en desarrollo, entra en vigor la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de Evaluación Ambiental. En este sentido, la Disposición Final undécima de la citada Ley, dispone que las Comunidades Autónomas que dispongan de legislación propia en materia de evaluación ambiental deberán adaptarla en lo dispuesto en esta Ley, en el plazo de un año desde su entrada en vigor, momento en el que, en cualquier caso, serán aplicables los artículos de esta Ley, salvo los no básicos, a todas las Comunidades Autónomas.
Igualmente el apartado 1 de la Disposición transitoria 7ª de la Ley 14/2014, de 26 de diciembre, de Armonización y Simplificación en materia de Protección del Territorio y de los Recursos Naturales dispone que“ Los procedimientos de evaluación ambiental estratégica iniciados antes de la entrada en
vigor de esta Ley, como el presente, se regirán conforme al principio de unidad de procedimiento, por la normativa conforme a la cual comenzaron su tramitación, en concreto, Ley 9/2006, de 28 de abril, de Evaluación Ambiental Estratégica de Planes y Programas, y el Reglamento de Procedimiento de los Instrumentos de Ordenación del Sistema de Planeamiento de Canarias, aprobado por Decreto 55/2006, de 8 de mayo”
En definitiva, el único objetivo de este análisis, es dar cumplimiento e integrar en el presente Plan General de Ordenación, el Informe de Sostenibilidad Ambiental, en cumplimiento de las determinaciones de la Ley 9/2006.
1.3 Papel del ISA en el proceso de ordenación del PGO de Agaete
La Directiva 2001/42/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27 de junio, relativa a la evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medio ambiente, establece determinaciones para “conseguir un elevado nivel de protección del medio ambiente y contribuir a la integración de aspectos medioambientales en la preparación y adopción de planes y programas con el fin de promover un desarrollo sostenible, garantizando la realización, de conformidad con las disposiciones de la presente Directiva, de una evaluación medioambiental de determinados planes y programas que puedan tener efectos significativos en el medio ambiente”.
Esta normativa europea se traspuso al derecho interno con la promulgación de la Ley 9/2006, de 28 de abril, sobre evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medio ambiente, que se concreta en el derecho autonómico en el desarrollo reglamentario que hace el Reglamento de Procedimientos de los instrumentos de ordenación del sistema de planeamiento de Canaria, aprobado mediante Decreto 55/2006, de 9 de mayo.
Así, el referido Reglamento de Procedimientos establece en su artículo 24.1:
“Serán objeto de evaluación ambiental, de conformidad con lo establecido en la Ley 9/2006, de 28 de abril, sobre evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medio ambiente, la formulación, revisión o modificación sustancial, de la totalidad de los Planes que integran el Sistema de Planeamiento de Canarias.”
Por tanto, la Ley 9/2006, introduce en la legislación española la evaluación ambiental de planes y programas, también conocida como evaluación ambiental estratégica, en el proceso de ordenación, como un instrumento de prevención que permita integrar los aspectos ambientales en la toma de decisiones de planes y programas públicos, basándose en la larga experiencia en la evaluación de impacto ambiental de proyectos, tanto en el ámbito de la Administración General del Estado como en el ámbito autonómico, e incorpora a nuestro derecho interno la Directiva 2001/42/CE del Parlamento
Europeo y del Consejo, de 27 de junio de 2001, relativa a la evaluación de los efectos de determina dos planes y programas en el medio ambiente.
Los fundamentos que informan la Directiva son el principio de cautela y la necesidad de protección del medio ambiente, a través de la integración de esta componente en las políticas y actividades sectoriales. Y ello para garantizar que las repercusiones previsibles sobre el medio ambiente de las actuaciones inversoras sean tenidas en cuenta antes de la adopción y durante la preparación de los planes y programas en un proceso continuo, desde la fase preliminar de borrador, antes de las consultas, a la última fase de propuesta de plan o programa.
El proceso de evaluación ambiental acuñado por esta nueva Ley 9/2006, no ha de ser una mera justificación de los planes, sino un instrumento de integración del medio ambiente en las políticas sectoriales para garantizar un desarrollo sostenible más duradero, justo y saludable que permita afrontar los grandes retos de la sostenibilidad como son el uso racional de los recursos naturales, la prevención y reducción de la contaminación, la innovación tecnológica y la cohesión social.
2. INVENTARIO AMBIENTAL
Este epígrafe se encuentra ampliamente desarrollado en el capítulo 3 de la Memoria de Información Ambiental del presente Plan General, incluida en el Tomo I del Documento de Información. A continuación se desarrollan de forma sintética los contenidos correspondientes a las variables ambientales:
2.1 Geología
Esta variable ambiental se encuentra ampliamente desarrollada en el apartado 3.2 de la Memoria de Información Ambiental del presente Plan General, incluida en el Tomo I del Documento de Información.
El municipio de Agaete se enmarca entre las porciones insulares denominadas Neocanaria, término que alude a la presencia de la isla nueva, sobre la que han prevalecido los procesos constructivos del relieve, y Paleocanaria o Tamarán, expresiones referidas a la isla antigua donde se evidencia el desmantelamiento del sustrato rocoso. De este modo, la superficie del municipio muestra algunas manifestaciones del vulcanismo reciente, especialmente en su mitad Norte.
Sin embargo, la mayor parte del territorio municipal se ha visto afectado por prolongadísimos periodos erosivos que han determinado su condición marcadamente abrupta y han provocado la acumulación de algunos depósitos coluviales y aluviales.
La interacción de los procesos constructivos y erosivos a lo largo de los más de 14 millones de años de existencia de la isla emergida ha originado en el municipio un relieve extremadamente abrupto, incidido por una red hídrica marcadamente dendrítica, que converge en una amplia proporción en los valles de Agaete, Guayedra y El Risco.
Ciclo I Antiguo
En este ámbito y en sus inmediaciones se localiza buena parte de las rocas que han conformado el territorio insular a lo largo de una amplia secuencia volcanogeológica que se inició a mitad del Mioceno, hace 14,5 millones de años, cuando la isla emergió del mar, configurándose como un extenso escudo volcánico, ya desde entonces de planta circular, formado por el sucesivo apilamiento de multitud de flujos lávicos y piroclásticos, sin apenas interrupción. Las rocas emitidas durante este dilatado periodo se encuentran casi restringidas a la porción suroccidental de la Isla. No obstante, en el municipio de Agaete afloran masivamente en los escarpes de los macizos de Tamadaba y Tirma, hasta alcanzar el mar. También lo hacen, aunque de forma más discreta, en las vertientes septentrionales del Barranco de Agaete, desde Montaña Blanca, sobre la villa de Agaete, al entorno de Los Berrazales.
Así pues, en el municipio de Agaete y en su entorno inmediato, los sustratos geológicos generados a lo largo del primer ciclo geológico de la Isla son los que siguen:
- Diques básicos intrusivos. Aparecen con cierta frecuencia en las inmediaciones del Roque de
Cha Pina y en el entorno de Los Berrazales.
- Lavas basáltico–olivínicas. Constituyen el soporte sobre el que se asientan las restantes
formaciones geológicas. Su aspecto más característico es el apilamiento de coladas pahoehoe, bastante alteradas, con potencias que oscilan entre 1,5 y 3.5 metros, que alternan con coladas escoriáceas, de tipo “aa”. Se localizan en casi la totalidad de la mitad exterior del ámbito municipal desde Las Borriqueras hasta el Barranco de Agaete.
- Depósitos y sedimentos aluviales antiguos. Aparecen de forma dispersa en los cauces de los
barrancos y rellenando las concavidades del relieve previo del entorno de Aguadulce, de las inmediaciones de El Risco y de La Hoya de la Higuera. Su potencia oscila entre 50 y 70 metros.
- Domos fonolíticos-nefeliticos. Muestran disposición circular, siguiendo aproximadamente los
límites externos del área de influencia del «cone sheet». Estas intrusiones constituyen la última actividad ígnea del primer ciclo volcánico de la Isla. Se encuentran emplazados en el entorno de Punta Gorda. Su textura es traquítica, con presencia de muy escasos fenocristales aislados y microfenocristales cuadrangulares y hexagonales.
- Lavas basálticas, olivino–pirxénicas, ankaramíticas, basaníticas y tefríticas. Se encuentran
emplazadas en la porción nororiental del territorio municipal, ocupando en su mayor parte los grandes llanos del entorno de Piletas. Se disponen en forma de coladas, que contienen distintas proporciones de fenocristales olivínico-piroxénicos.
Las tobas ignimbríticas y las coladas riolítico–traquíticas, son los sustratos que aparecen con mayor
frecuencia en el ámbito territorial que ordena este Plan General. Ocupan una amplísima franja que recorre el espacio comprendido entre Los Reventones y Los Berrazales. Se trata de coladas masivas, con potencias visibles inferiores a los 200 metros. Se encuentran conformadas por rocas con grandes placas de feldespato y escasos fenocristales.
Ciclo II, o Roque Nublo
La actividad volcánica se reanudó hace unos 5 millones de años, durante el Plioceno inferior, con las primeras emisiones basálticas del ciclo Roque Nublo, procedentes de un estratovolcán que ocuparía, aproximadamente, el centro de la isla, que discurrieron por los barrancos tallados sobre el relieve previo. Estas lavas pueden ser observadas en los escarpes de la cabecera del Valle de Agaete, en torno a la Hoya de Las Tabaibas y a los barranquillos de Palomino y Las Zarzas, sobre la localidad de El Sao.
Las coladas basálticas, en resalte por la erosión diferencial, muestran, en sección, un aspecto bastante fresco. Adoptan una disposición fundamentalmente subhorizontal, con espesores que rondan el centenar de metros. Con frecuencia, además, presentan disyunción columnar. Se trata de rocas de textura muy masiva y de composición petroquímica francamente básica.
Durante el Plioceno, y a lo largo de 0,7 millones de años, la actividad efusiva coincidía con violentas explosiones que originaban avalanchas de nube ardiente que fluían por los valles, y que en la actualidad conforman una porción de las vertientes mencionadas en el párrafo anterior, en la cabecera del Barranco de Agaete.
Pertenecientes a este Ciclo, se consignan en Agaete los siguientes materiales:
- Facies deslizadas de la brecha Roque Nublo, emplazadas en los andenes que discurren entre
El Laderón y Las Zarzas. Se trata de brechas similares a las observadas en el sector central de la Isla, que han sufrido un deslizamiento del Este al Oeste. Se encuentran constituidas, fundamentalmente, por fragmentos tefríticos y fonolíticos de los ciclos I y Roque Nublo, dispuestos en depósitos cuya potencia oscila entre 5 y 60 metros.
- Depósitos epiclasticos, dispersos en el entorno de Las Zarzas. Están conformados por
depósitos disgregados de naturaleza heterogénea cuyo origen se encuentra en la erosión de edificios volcánicos del Ciclo I y de las coladas que emitieron.
- Edificio Roque Bermejo. Pequeño cono de tefra emplazado en las vertientes de Tamadaba,
próximo al límite con la caldera de Tejeda. Situado a una cota de 640 metros, de planta elipsoidal y con un diámetro en su eje mayor que alcanza 250 metros, se encuentra cosntituido por depósitos de lapilli semi compactados.
- Niveles fluvio–marinos. Aparecen de forma dispersa en el entorno del Barranco de Agaete, a una altitud que oscila entre los 80 y los 100 metros sobre el nivel del mar. Se trata de depósitos arrastrados por un tsunami provocado por un cataclismo que generó el deslizamiento en masa de las vertientes del Valle de Güimar, en la isla de Tenerife. Se ha constatado su presencia en las inmediaciones del cementerio de la Villa de Agaete, en el frente litoral de los Llanos de Turmán y en un talud generado por el trazado de la carretera que conduce a La Aldea de San Nicolás. La existencia de fósiles marinos de la fauna del Plioceno entre los conglomerados basálticos que los constituyen, le confieren un elevado interés palentológico. Estos depósitos se asientan sobre sustratos basálticos del primer ciclo y del ciclo post Roque Nublo Los restos faunísticos identificados corresponden a algo más de medio centenar de especies, indicadoras de unas circunstancias climáticas similares a las actuales.
Ciclo Reciente o Post Roque Nublo
Al finalizar el ciclo Roque Nublo comenzó un nuevo periodo erosivo que se prolongó a lo largo de 0,9 millones de años. La incisión de las aguas reexcavó los barrancos, seccionando los estratos volcánicos y los depósitos aluviales. Este proceso originó nuevos depósitos de deslizamientos gravitacionales, constituidos por brechas conformadas por cantos de muy distinta naturaleza.
Aún en el Plioceno, hace unos 2,8 millones de años, se iniciaron las emisiones fisurales cuaternarias del ciclo post Roque Nublo que se sucedieron a lo largo del Pleistoceno hasta hace alrededor de algo más de 2.000 años, cuando surgen los volcanes del entorno de Los Berrazales y sus respectivas y muy prolongadas coladas lávicas, que se encuentran entre las últimas manifestaciones volcánicas de la Isla. Durante ese intervalo, los vertidos masivos de lava procedentes de centros eruptivos de carácter estromboliano, que siguen un eje estructural de dirección NO.-SE., cubrieron con distinta potencia el relieve previo de la porción septentrional del municipio, homogeneizándolo. Se trata de lavas básicas, de composición fundamentalmente basanítica y, en menor medida, nefelinítica y basáltica.
La sucesión de coladas lávicas fueron adoptando una disposición subhorizontal, con buzamientos muy tendidos, hacia la costa. La posterior incisión de los barrancos de Agaete y del Juncal fue dejando en resalte sus restos apilados, a modo de testigos. De este modo, acabaron por delimitarse los llanos de Piletas y del Turmán.
A excepción de la Montaña de Las Moriscas, emplazada entre el Barranco del Juncal y el Barranquillo de La Caleta, en el extremo noroccidental del municipio, que se yergue desafiando el paso del tiempo, aunque muestra sus perfiles modificados por la erosión, los centros eruptivos plio-pleistocénicos que se encontraban dentro de los límites del término municipal han sido desmantelados por la acción erosiva de las aguas de escorrentía. Los restos del cono volcánico permiten contemplar los lapillis, las bombas y las escorias que lo conforman, aunque se hallan muy compactados y notablemente oxidados.
Los últimos eventos geológicos que han condicionado la fisiografía del término municipal fueron las erupciones estrombolianas que, durante el Holoceno, originaron los centros de emisión de las Cuevas de Bohodén, entre los barrancos de Los Berrazales y El Sao; de Los Berrazales-Caideros, constituido por dos bocas eruptivas abiertas en el mismo episodio volcánico, que se encuentran adosadas a la vertiente occidental del Barranco de los Berrazales, y de los Berrazales, constituido por escorias gruesas y bombas, de tonalidades rojizas, con un elevado grado de compactación. Su estado de conservación es precario, al encontrarse muy desmantelado. Sólo este último se encuentra en el municipio de Agaete. Los restantes se encuentran en Gáldar, aunque muy próximos al límite que separa sendos términos municipales.
Previamente, durante el pleistoceno superior, se produjo una erupción volcánica en el Valle de Agaete que dio lugar al cono de montaña de Berbique, apostada sobre la vertiente norte del macizo de Tamadaba.
Del conjunto Los Berrazales-Caideros se derramaron coladas muy escoriáceas, a modo de cascada, que descendieron por las vertientes hasta llegar al barranco, por donde se canalizaron hasta alcanzar el mar, junto al actual Puerto de Las Nieves.
Simultáneamente, la actividad erosiva ha dado lugar a la formación de terrazas aluviales, muy aisladas, en torno a los cauces y a las desembocaduras de los principales barrancos que surcan el municipio, donde, conformados por arcillas, limos, arenas y cantos heterométricos, alcanzan potencias de varios metros; a la disposición de depósitos sedimentarios detríticos sobre las vertientes labradas sobre sustratos del primer ciclo volcánico.
Los extensos tramos acantilados del litoral del municipio han sido esculpidos por los embates del océano sobre sustratos del primer ciclo volcánico de la Isla, creando en ocasiones paredones casi verticales. La existencia de cambios del nivel marino de naturaleza eustática y epirogénica ha provocado la regresión de la línea de costa respecto al lapso temporal en el que se originaron estos acantilados y su consiguiente inactividad.
Las playas que alberga el municipio están conformadas por acumulaciones de callaos y bloques de naturaleza basáltica y fonolítica, fundamentalmente, y redondeados por la erosión marina. La arena, siempre escasa, y de tonalidades negruzcas, es originada por la denudación de sustratos basálticos, preferentemente.
De este modo, en el territorio municipal y en su entorno inmediato, los sustratos generados a lo largo de este lapso temporal son los que siguen a continuación:
- Piroclastos de dispersión de naturaleza basanítica, emplazados en el norte del municipio, donde se acumulan lapillis y escorias, vinculados a la erupción, durante el Pleistoceno inferior, de la montaña de Las Moriscas.
- Los edificios volcánicos de montaña Berbique y del entorno de Los Berrazales, surgidos durante el Pleistoceno superior y el Holoceno, respectivamente. Las erupciones que les dieron origen fueron de naturaleza estromboliana. El segundo, a pesar de ser más reciente, se encuentra muy desmantelado por efecto de la erosión. Previamente, durante el pleistoceno superior, se produjo una erupción volcánica en el Valle de Agaete que dio lugar al cono de montaña de Berbique, apostada sobre la vertiente norte del macizo de Tamadaba.
- Lavas basaníticas holocenas, que ocupan, a modo de retales dispersos, el cauce del Barranco de Agaete, procedentes de las erupciones que se registraron en su cabecera, de las que solo la de Los Berrazales se encuentra emplazada en el municipio. Son coladas de composición basanítica con textura porfídica y matriz micro o criptocristalina, aunque también existen variedades de matriz hialopilítica. La presencia de fenocristales de olivino es muy abundante.
- Depósitos y terrazas aluviales, dispuestos en torno a los cauces y a las desembocaduras de los
principales barrancos que drenan el municipio, aunque se constata una mayor concentración en las inmediaciones de San Pedro, en la vertiente oriental del Valle de Agaete. Se encuentran seccionados aquí por el cauce actual del barranco. Presentan típicas estructuras sedimentarias de régimen fluvial. Las dimensiones de los cantos, de naturaleza basáltica, traquítica y sienítica que los conforman, oscilan entre 4 y 6 cm, a fondo de los depósitos, y del orden de 1 cm, a techo.
- Depósitos de ladera. Se encuentran apostados sobre vertientes labradas sobre sustratos del
primer ciclo geológico de la Isla. Adoptan morfologías alargadas -siguiendo la pendiente- y en abanico. Su potencia es escasa. La naturaleza geológica de los clastos que los conforman es muy heterogénea.
- Playas de arenas con cantos. Salpican de forma dispersa el litoral acantilado del municipio,
seccionado por barrancos en cuyas desembocaduras se han ido conformando. Están conformadas por acumulaciones de callaos y bloques de naturaleza basáltica y fonolítica, fundamentalmente, y redondeados por la erosión marina. La arena, siempre escasa, y de tonalidades negruzcas, es originada por la denudación de sustratos basálticos, preferentemente.
- Depósitos de barranco. La actividad erosiva ha dado lugar a la formación de terrazas aluviales, muy aisladas, en torno a los cauces y a las desembocaduras de los principales barrancos que surcan el municipio, donde, conformados por arcillas, limos, arenas y cantos heterométricos, alcanzan potencias de varios metros.
- Depósitos sedimentarios indiferenciados y suelos, alcanzan un gran desarrollo a causa del
elevado volumen de piroclastos que albergan algunos sectores del municipio.
Áreas de interés geológico
El municipio de Agaete exhibe una elevada singularidad geológica. A continuación se exponen los enclaves que muestran un mayor interés científico y didáctico, a causa de albergar sustratos distintivos, que contribuyen a dilucidar la génesis de la isla.
- El municipio alberga algunos domos de composición fonolítica haüynica, producto del incremento de la inyección magmática durante la última etapa de actividad del primer ciclo volcánico de la isla. El conjunto de domos, denominados pitones cuando en su ascenso emergen sobre la superficie del terreno, se extienden desde el entorno de las Tierras de Manuel, siguiendo una banda con dirección N-S, hasta el roque del Puerto, junto a la playa del Juncal, en el límite con el municipio de Gáldar. El que surgió junto a las Tierras de Manuel, en el tramo superior del Barranco de Agaete, emitió una colada de la que aun se conservan sus restos. En el entorno de Los Berrazales adoptan una disposición semicircular. Otro pitón, denominado Roque del Puerto, está parcialmente desmantelado por la erosión marina, junto a la playa del Juncal, en el límite con el municipio de Gáldar.
- El edificio volcánico estromboliano emplazado en el entorno de Los Berrazales es uno de los testimonios del vulcanismo más reciente de Gran Canaria. Previamente, durante el pleistoceno superior, se produjo una erupción volcánica en el Valle de Agaete que dio lugar al cono de montaña de Berbique, apostada sobre la vertiente norte del macizo de Tamadaba.
- Los afloramientos rocosos de naturaleza ácida, denominados “azulejos”. Se trata de tobas, ignimbritas y coladas riolítico-traquíticas peralcalinas, con niveles de alteración hidrotermal, que determinan la aparición de tonalidades azuladas, verdosas, rosáceas y amarillentas. Su origen remite al contacto de estas emisiones volcánicas, sometidas a elevadísimas temperaturas, con grandes acuíferos que que provocaron la modificación de su composición mineral.
- Los depósitos de tsunami del valle de Agaete, cuyo origen se encuentra en el gigantesco deslizamiento que, durante el Pleistoceno, tuvo lugar en el Valle de Güimar, en la vecina isla de Tenerife.
La plasmación cartográfica de esta variable ambiental se localiza en el Plano IA. 03 “Geología y áreas de Interés Geológico” de este Documento.
2.2 Geomorfología
Esta variable ambiental se encuentra ampliamente desarrollada en el apartado 3.3 de la Memoria de Información Ambiental del presente Plan General, incluida en el Tomo I del Documento de Información.
El relieve constituye el escenario en el que se desarrollan las sociedades humanas, que, condicionadas por su presencia, han adoptado mecanismos de adaptación ante las limitaciones y posibilidades que ha impuesto a lo largo de la historia.
El municipio de Agaete se ha visto condicionado en un grado muy elevado por la presencia de una orografía abrupta que se desarrolla en torno a dos valles fértiles que han acogido el poblamiento desde la primera ocupación humana del territorio, y que se han constituido en vías de penetración al interior del municipio. De los dos destaca por su amplitud el Valle de Agaete, que acoge a la capital municipal. Por consiguiente, el relieve no sólo dibuja los rasgos fundamentales del paisaje, sino que ha condicionado el devenir histórico de estos parajes.
Los factores que determinan el modelado del relieve son fundamentalmente la variedad litológica, la edad de los sustratos y los agentes geodinámicos que han venido actuando a lo largo de la historia geológica de la isla, de modo que a cada sustrato le corresponden formas concretas.
A pesar de la amplia variedad litológica que registra el municipio, la vasta superficie que ocupan los sustratos correspondientes a los basaltos miocénicos, que conformaron el basamento de la isla, y los pertenecientes a la formación traquítico-riolítica, ambos emitidos durante su primer ciclo volcánico, que cubren la mayor parte del territorio municipal, ha condicionado en un grado muy elevado sus geoformas. La naturaleza abrupta del relieve municipal se encuentra determinada por la marcada incisión de la red hídrica, encajada sobre las líneas de debilidad de aquéllos sustratos.
A grandes rasgos, han sido identificadas en el municipio tres grandes unidades de relieve:
- El macizo antiguo, correspondiente con la porción del de Tamadaba que se extiende sobre en término municipal. Incluye sus cotas más elevadas. Su formación se remite a la aparición de la isla emergida, durante el Mioceno.
- Los barrancos, que seccionan, fundamentalmente, una porción del edificio en escudo que conformó en un primer momento la isla emergida, de edad mio-pliocénica.
- Los escarpes, tallados por la marcada incisión de la red hídrica, encajada sobre las líneas de debilidad de los basaltos miocénicos y, especialmente, de los correspondientes a la formación traquítico-riolítica, ambos emitidos durante el primer ciclo volcánico de la isla, y por el desmantelamiento del macizo de Tamadaba, a causa de la acción erosiva del mar y de las alteraciones tectónicas.
En los dominios de cada una de estas tres macroformas se han identificado unidades geomorfológicas básicas, que se recogen en la cartográfica temática, y que son descritas a continuación.
Formas constructivas
Son las estructuras derivadas de los procesos volcánicos que ha experimentado este sector de la isla. El macizo de Tamadaba muestra rasgos morfológicos que se encuentran a medio camino entre los macizos basáticos y los traquifonolíticos. Desde una crestería que conforma el eje del macizo, que se alterna con algunas superficies de aplanamiento, de la que forman parte la cotas más elevadas del municipio, como los picos de La Bandera (1.444 metros sobre el nivel del mar) y de La Diferencia (1.224 metros de altitud) y el Roque Faneque (1.027 metros de altitud), que cae casi cortado sobre el océano, parte una profusa red de drenaje y abruptas vertientes que muestran paleovalles y superficies de arrasamiento, testigos de la evolución geomorfológica de la isla. Ambas morfologías son indicadoras de la existencia de diferentes fases del modelado erosivo. Los potentes escarpes que delimitan el macizo, cuya formación ha sido propiciada por la existencia de una intrincada de diques que lo flanquea, refuerzan su carácter montano. El macizo es un testigo subaéreo del basamento insular, muy accidentado, con marcadas pendientes y elevadas cimas.
El contacto con el mar se resuelve mediante espectaculares acantilados que, en Faneque, superan ampliamente los 500 metros de altitud. Desde el mar, y a través del cantil, se aprecia la estructura interna del primer escudo volcánico que dio origen a la isla, conformado por la superposición de una multitud de coladas de lava, alternadas con estratos piroclásticos y conos sepultados, salpicado todo de una densa malla de diques, que hicieron las veces de chimeneas del magma, en su ascenso. El paulatino retroceso del litoral acantilado ha ocasionado la aparición de barrancos colgados, a una notable altitud.
Montaña Blanca, en cuya vertiente meridional se encuentra emplazada la capital del municipio, es un relieve residual basáltico, correspondiente al primer basamento de la isla, de morfología suavizada, que ha quedado en resalte a consecuencia de la erosión diferencial.
Un interfluvio en rampa flanquea el límite septentrional del municipio, desde las inmediaciones del Roque de Maninidra, a una cota que supera los 600 metros de altitud, hasta el llano de las Moriscas, en la franja costera. Esta divisoria de aguas, que delimita los barrancos Hondo y de Agaete, se encuentra labrada sobre lavas basálticas pleistocénicas.
Los conos volcánicos salpican de forma muy dispersa la mitad septentrional del municipio. Su cronología se enmarca en el ciclo post-Roque Nublo. Los que tienen edad pleistocénica se encuentran desgastados por efecto de la erosión. Es el caso de la montaña de Las Moriscas, casi en el límite septentrional del municipio, en su litoral; de montaña de Berbique, apostada sobre la vertiente norte del macizo de Tamadaba y, especialmente, del emplazado en la punta del Turmán, que se encuentra completamente desmantelado.
Los últimos eventos que han modelado la fisiografía del término municipal fueron las erupciones estrombolianas que, durante el Holoceno, originaron los centros eruptivos de las Cuevas de Bohodén, entre los barrancos de Los Berrazales y El Sao; de Los Berrazales-Caideros, constituido por dos bocas de emisiones, abiertas en el mismo episodio volcánico, que se encuentran apostadas sobre la vertiente occidental del Barranco de los Berrazales, y de los Berrazales, constituido por escorias gruesas y bombas, de tonalidades rojizas, con un elevado grado de compactación. Este último, el único emplazado en el municipio de Agaete, se encuentra muy desmantelado.
El centro eruptivo de Caideros muestra planta circular. Su altura no supera los diez metros. Se encuentra conformado por escorias. Del conjunto Los Berrazales-Caideros se derramaron coladas muy escoriáceas, a modo de cascadas, que descendieron por las vertientes hasta llegar al barranco, por donde se canalizaron hasta alcanzar el mar, junto al actual Puerto de Las Nieves. De la emisión de las coladas, que discurrieron a lo largo de algo más de 7 kilómetros, por el lecho del barranco, permanecen como testigos algunos retazos de malpaís holoceno que salpican el fondo del valle. Los depósitos de sedimentos aluviales y las sucesivas sorribas del malpaís con tierra de préstamo con objeto de incrementar la superficie cultivada, han acabado por casi hacer desaparecer los vestigios de aquellas erupciones subhistóricas.
Formas erosivas
Son el producto del efecto del intemperismo sobre los diferentes sustratos emitidos durante la historia volcánica de la isla.
Los barrancos de Agaete y de El Risco, conforman sendos valles en artesa, de fondo plano, que facilitan el desague de ambas cuencas. Las terrazas aluviales, a modo de retazos, se han ido apostando en torno a los dos cauces. Sus sedimentos constituyen los suelos más fértiles del municipio. En las vertientes se han observado dos tipos de glacis, generados durante el Pleistoceno, con unas condiciones climáticas sensiblemente distintas de las actuales. Los glacis-coluviones, más escasos, adoptan desde una perspectiva cenital una planta triangular, con el vértice agudo apuntando hacia el sector superior del depósito. Se encuentran asociados a los escarpes generados sobre los sustratos basálticos del municipio, en la vertiente noroccidental del macizo de Tamadaba, y en la septentrional del Barranco de Agaete, en torno a Las Chobicenas. Los glacis traquitofonolíticos muestran mayor longitud. Están asociados a los grandes escarpes del macizo de Tamadaba-Tirma.
Desde el núcleo central del gran macizo de Tamadaba parte una profusa red de drenaje radial conformada por numerosos cursos hídricos, entre los que destacan los barrancos de La Palma, de Guayedra, de María y del Ingenio. Se trata de cursos encajados que, en su escaso recorrido, salvan una marcadísima pendiente.
Formas de acumulación
En torno a los cauces de los barrancos de Agaete, del Risco, y en menor medida, de los lechos de los cursos hídricos de La Palma, de Guayedra, del Juncal, y de los barrancos de María y del Ingenio, tributarios del curso de Agaete, se han ido acumulando depósitos aluviales que constituyen los suelos más fértiles del municipio.
Formas de origen marino
Un acantilado, labrado sobre sustratos traquibasálticos, producto del progresivo desmantelamiento del macizo de Tamadaba a causa de la acción erosiva del mar, de las alteraciones tectónicas y de la fuerza de la gravedad, se prolonga entre la playa de Las Nieves y El Cuervo, en el límite costero con el municipio de La Aldea de San Nicolás, y sólo se ve interrumpido por la presencia de algunas playas que se extienden sobre los desagues de los principales cursos hídricos que diseccionan este tramo del macizo. El imponente cantil permite contemplar los estratos de coladas lávicas superpuestas que lo conforman. Sus dimensiones, que en ocasiones superan los 500 metros sobre el nivel del mar, le confieren un elevado valor morfológico y paisajístico. Otro cantil de menores dimensiones recorre el litoral septentrional del municipio, desde el encuentro de los Llanos del Turmán con el mar hasta el Roque del Puerto, junto a la desembocadura del Barranco del Juncal. En este caso, el acantilado se encuentra esculpido sobre una amplia gama de sustratos pertenecientes a todos los ciclos volcánicos que han conformado la isla.
Áreas de interés geomorfológico
En este municipio, son espacios de singular valor por la peculiaridad de sus rasgos gemorfológicos los siguientes:
- La porción del macizo de Tamadaba inserta en el término municipal, que muestra rasgos morfológicos que se encuentran a medio camino entre los macizos basáticos y los traquifonolíticos. Desde una crestería, que se alterna con algunas superficies de aplanamiento, de la que forman parte las cotas más elevadas del municipio, parte una profusa red de drenaje y abruptas vertientes que muestran paleovalles y superficies de arrasamiento, testigos de la evolución geomorfológica de la isla. Los potentes escarpes que delimitan el macizo, cuya formación ha sido propiciada por la existencia de una intrincada red de diques que lo flanquean, refuerzan su carácter montano.
El macizo es un testigo subaéreo del basamento insular, muy accidentado, con marcadas pendientes y elevadas cimas.
- El acantilado, labrado sobre sustratos traquibasálticos, producto del progresivo desmantelamiento del macizo de Tamadaba a causa de la acción erosiva del mar, de las alteraciones tectónicas y de la fuerza de la gravedad, que se prolonga entre la playa de Las Nieves y el límite costero con el municipio de La Aldea de San Nicolás. El imponente cantil permite contemplar los estratos de coladas lávicas superpuestas que lo conforman. Sus dimensiones, que en ocasiones superan los 500 metros sobre el nivel del mar, le confieren un elevado valor morfológico y paisajístico.
- Los últimos eventos que han modelado la fisiografía del término municipal fueron las erupciones estrombolianas que, durante el Holoceno, originaron cuatro centros eruptivos, del que sólo el de los Berrazales se encuentra en Agaete. Se encuentra constituido por escorias gruesas y bombas, de tonalidades rojizas, con un elevado grado de compactación, aunque se encuentra muy desmantelado por efecto de la erosión.
Desde los cuatro centros de emisión se derramaron coladas muy escoriáceas, a modo de cascadas, que descendieron por las vertientes hasta llegar al Barranco de Agaete, por donde se canalizaron hasta alcanzar el mar, junto al actual Puerto de Las Nieves. Del transcurrir de las coladas, que recorrieron algo más de 7 kilómetros, por el lecho del barranco, permanecen como testigos algunos retazos de malpaís holoceno, que salpican el fondo del valle. Los depósitos de sedimentos aluviales y las sucesivas sorribas del malpaís con tierra de préstamo con objeto de incrementar la superficie cultivada, han acabado por casi hacer desaparecer los vestigios de aquellas erupciones subhistóricas.
- Los barrancos de Agaete y de El Risco, conforman sendos valles en artesa, de fondo plano, que facilitan el desague de ambas cuencas. En cualquier caso, todos los barrancos del municipio poseen un elevado interés geomorfológico, al vertebrar el territorio, especialmente (además de los dos grandes cursos mencionados), la densa red de drenaje que desde el núcleo central del gran macizo de Tamadaba se dispersa con disposición radial. Se trata de cursos encajados que, en su escaso recorrido, salvan una marcadísima pendiente.
- En torno a los cauces de los barrancos de Agaete, del Risco, y en menor medida, de los lechos de los cursos hídricos de La Palma, de Guayedra, del Juncal, y de los barrancos de María y del Ingenio, tributarios del curso de Agaete, se han ido depositando sedimentos que han acabado por configurar terrazas aluviales que albergan los suelos más fértiles del término municipal.
La expresión cartográfica de esta variable ambiental se encuentra en el Plano IA. 04 “Geomorfología y áreas de Interés Geomorfológico” de este Documento.
2.3 Clima
Esta variable ambiental se encuentra ampliamente desarrollada en el apartado 3.4 de la Memoria de Información Ambiental del presente Plan General, incluida en el Tomo I del Documento de Información.
El municipio de Agaete se localiza en la mitad septentrional de Gran Canaria, a caballo entre sus dos grandes dominios bioclimáticos, denominados Alisiocanaria, que se encuentra sometido a la influencia de los Alisios, en contraposición a Xerocanaria, que ocupa la mitad suroccidental de la isla. El término municipal se extiende con una disposición trapezoidal, desde el Atlántico hasta las cumbres del macizo de Tamadaba, donde se sitúa su vértice superior, en el pico de La Bandera (1.442 metros de altitud). La marcada oscilación altitudinal del municipio ha propiciado la existencia de una variabilidad climática muy notable, que incluye sectores muy áridos, en torno a la línea de costa, hasta enclaves que registran precipitaciones que rondan los 700 mm anuales.
Tipos de tiempo
El clima de Canarias es producto, a grandes rasgos, de la interacción de situación en el contacto de dos dominios climáticos: la circulación del Oeste de la latitud templada y las altas presiones subtropicales. La interacción de esta dinámica atmosférica con los condicionantes orográficos de las islas genera tres tipos de tiempo fundamentales en el archipiélago: el régimen de alisios, las situaciones de inestabilidad y las advecciones de aire sahariano.
Precipitaciones
La franja costera
Desde el nivel del mar hasta los 300 m. los registros pluviométricos son muy exiguos, aunque en el entorno que se extiende desde el Barranco de Guayedra hasta Faneroque rebasan ligeramente los 200 mm. de media anual, a causa de las lluvias orográficas propiciadas por las cercanas cumbres del macizo de Tamadaba A excepción de estos enclaves, el resto de los sectores costeros poseen un clima de evidentes rasgos desérticos. La humedad ambiental, tanto por su proximidad al mar como por el frecuente estancamiento en los sectores más elevados del macizo, es elevada, en torno al 71%; además, su posición expuesta a la incidencia de las grandes borrascas que alcanzan la isla con una componente meridional provoca que el macizo de Tamadaba, y el resto de la mitad sur del municipio se vean afectados por las precipitaciones que estas perturbaciones originan. En la Villa de Agaete, a sotavento de la influencia de estas borrascas, las lluvias son escasas (Agaete, con 188,7 mm. de precipitación media anual).
Las medianías y las cumbres del municipio
Por encima de los 400 metros de altitud, aproximadamente, las lluvias comienzan un incremento exponencial a medida que se asciende. Se entra, de este modo, en la franja altitudinal correspondiente a las medianías y cumbres.
Los rasgos climáticos de las medianías altas y de las cimas del municipio, como sucede con el territorio de la mitad norte de la isla, está condicionado por la orientación septentrional de una una apreciable porción de sus vertientes, que provoca su exposición al mar de nubes que arrastran los Alisios. Conforma la estampa húmeda del municipio.
La variada gama de registros pluviométricos viene determinada por las diferentes orientaciones de los enclaves y por la desigual altitud.
Las medianías altas y las cumbres del municipio ofrecen una exposición favorable a todas las situaciones de inestabilidad atmosférica que afectan al archipiélago, donde confluyen especialmente los efectos de la advección del frente polar y de las profundas borrascas que generan vientos del tercer cuadrante y que afectan preferentemente a los sectores suroccidentales y a las cumbres de las islas más montañosas, especialmente a las áreas más próximas a la gran divisoria de vertientes que delimita las dos grandes unidades ambientales de la isla: Xerocanaria y Alisiocanaria, provocando copiosas precipitaciones.
La mejor disposición orográfica de las cumbres occidentales ante la llegada de perturbaciones de componente norte y la incidencia del mar de nubes en la franja de máxima condensación determina una mayor regularidad de los registros pluviométricos. Sin embargo, ésta es una afirmación relativa que hay que enmarcar dentro de un contexto regional de acusada irregularidad. A un año lluvioso pueden antecederle o seguirle otros de marcada aridez. Así sucedió, en un caso extremo de discontinuidad interanual, entre los años 1952 y 1953. Durante el primero se recogieron en Tamadaba 438,1 mm, mientras que durante el año siguiente se registraron 1.158,9 mm, una cifra 116,3% superior.
La distribución mensual de las precipitaciones muestra también un comportamiento geográfico diferenciado, según sea la altitud de la localidad analizada. En los sectores de medianías, aquellos donde la influencia de los alisios y de las perturbaciones septentrionales es más relevante, el mes más lluvioso es Diciembre, seguido de Noviembre y Enero.
La irregularidad estacional muestra un comportamiento similar. Todas las estaciones señalan al invierno como el periodo más lluvioso; sin embargo, se observan diferencias. Los inviernos de las medianías no alcanzan el 50% de las precipitaciones, mientras que la cumbre y la franja litoral superan este porcentaje.
El otoño muestra valores, en todos los casos, en torno al 30%. Los porcentajes de la primavera son, como sucede con los invernales, superiores en las medianías -con cifras próximas al 20%- que en las cumbres y en la costa, con valores ligeramente superiores al 15%.
Durante el verano todas las estaciones pluviométricas registran una marcada sequía, rasgo este que confiere un carácter mediterráneo al clima del archipiélago; sin embargo, resulta más acusada en la costa, con cifras que en ningún caso alcanzan el 1% de la precipitación anual, mientras que en las cumbres del municipio, los porcentajes se aproximan al 3%.
De la exposición de estas cifras se deduce que los sectores de medianías muestran un régimen pluviométrico más regularizado; la causa habría que buscarla en la exposición favorable a la práctica totalidad de las situaciones que causan inestabilidad atmosférica en el archipiélago y a la óptima orientación frente a la incidencia de los Alisios, que confiere valores relativamente relevantes a las precipitaciones veraniegas. La franja comprendida entre los 700 metros y las cumbres del municipio registra la influencia directa del mar de nubes que queda patente tras observar los registros pluviométricos recogidos a lo largo del verano climatológico, con valores superiores a los 15 mm. Además, es preciso considerar que a diferencia de lo que sucede durante el verano, en los meses de otoño e invierno la inversión térmica asociada a los Alisios incrementa su cota, haciéndolo también, por tanto, la capa húmeda que, en su ascenso adiabático, puede generar precipitaciones de cierta entidad. Durante la mayor parte de los años, que se estima en torno al 80% de los de las series analizadas, se registran el las medianías altas y en las cumbres del municipio precipitaciones superiores a los 50 mm, considerada la cantidad mínima susceptible de causar dificultades de orden geomorfológico, social y económico, aunque la presencia de una significativa cubierta vegetal en Tamadaba provoca que la cifra establecida sea superior.
Las precipitaciones más copiosas se registran en los mismos sectores donde se alcanzan los valores pluviométricos medios anuales más elevados, esto es, en las medianías altas y en las cumbres del municipio, donde los valores máximos en 24 horas superiores a los 100 mm resultan frecuentes. La torrencialidad de las precipitaciones se pone de manifiesto al estimar la traducción porcentual mensual
y anual de los eventos pluviométricos diarios. En el pinar de Tamadaba, durante el año 1955, el 35% de las lluvias registradas lo hicieron en un solo día del mes de octubre; la cifra consignada (326 mm) supuso el 63,7% de las precipitaciones recogidas a lo largo del citado mes.
Aunque no se dispone de información recogida al efecto en las estación pluviométrica emplazada en el pinar de Tamadaba, las nevadas en sus cumbres pueden resgistrarse a lo largo del invierno, especialmente en los meses de Enero y Febrero, aunque la aparición de este meteoro resulta aquí sumamente inhabitual.
Ver en el anexo la Tabla 4.1. “Precipitaciones medias mensuales y anuales (mm.) (1981-2010)”.
Los efectos de las precipitaciones torrenciales
Un rasgo destacable de las precipitaciones que se registran en la isla es el de la gran intensidad horaria, de modo que en los casos más extremos pueden sobrepasarse los 300 mm en 24 horas, originando efectos negativos sobre los sectores afectados.
El municipio posee una red de barrancos que salvan importantes desniveles y actúan como canales de desagüe, por lo que pocas áreas presentan posibilidades de inundación. Sin embargo, esa pendiente facilita la pérdida de suelo, puesto que este tipo de precipitaciones posee un alto grado de capacidad erosiva que puede verse agravada por la acción del hombre de diversas formas:
Precipitación horizontal
Cuando las nubes son transportadas por los vientos Alisios, la interceptación de las gotitas que conforman la niebla puede producirse por la vegetación o por otras superficies. La vegetación se comporta como un obstáculo que provoca la condensación y la caída del agua. El grado de condensación depende del contenido de humedad de la nube, de la velocidad del viento que la transporta y de las propiedades físicas del obstáculo, de su localización y orientación. En un bosque el efecto de interceptación decrece a medida que la niebla penetra hacia el interior de éste.
Michaeli (1973) llevó a cabo un estudio sobre los efectos de la precipitación horizontal en el archipiélago, analizando el papel que desarrollan los bosques en este proceso.
En Tamadaba se realizó un estudio comparativo a través de medidas diarias de la precipitación registradas en un área descubierta y bajo un pino. El incremento de la precipitación obtenida bajo el árbol resultó tres veces superior al registrado en el área abierta. Esta diferencia podría ser aún mayor en sectores más expuestos.
Michaeli, aunque apunta la posibilidad de que podría consignarse un margen de error negativo a causa de la mala ubicación del pluviómetro bajo el árbol, no duda de la existencia del fenómeno descrito. Afirma, además, que la influencia de las criptoprecipitaciones en el ámbito potencial del monteverde y de los pinares húmedos en Gran Canaria, como el de Tamadaba, resulta muy notoria, puesto que su dominio coincide con el área de incidencia del mar de nubes que arrastran los alisios.
Este autor considera las criptoprecipitaciones de vital importancia en el balance hídrico de estos sectores de la isla, puesto que aportan un altísimo volumen de vapor de agua, atenúan la insolación y atemperan las temperaturas; todo ello influye de forma positiva en el mantenimiento y en la recuperación de los bosques.
Temperaturas
La escasez de registros termométricos y la distribución aleatoria de las estaciones de las medianías y cumbres del norte de la isla dificulta un análisis detallado de esta variable.
El comportamiento de las temperaturas en estos sectores responde fundamentalmente a factores de índole geográfico, como son la cota sobre el nivel del mar, la exposición con respecto a la incidencia de
la capa de estratocúmulos que arrastran los Alisios y a las perturbaciones que alcanzan la isla con una componente septentrional.
Siempre que las localidades se hallen en la misma fachada, la variable con mayor entidad que determina las fluctuaciones termométricas es la altura sobre el nivel del mar. Sin embargo, es necesario considerar otro factor que introduce variaciones en la regularidad del gradiente térmico vertical, se trata de la inversión térmica generada por la presencia de los Alisios, que queda situada en torno a los 1.300 metros, aunque con variaciones estaciónales. Las cimas de Tamadaba, se verían afectadas por ésta, especialmente durante los meses del verano. De este modo resulta comprensible la presencia de valores más elevados de las temperaturas mínimas medias de los meses más cálidos; además, es preciso considerar que las irregularidades térmicas provocadas por la aparición de movimientos diarios del aire, las denominadas brisas de valle, provocan que durante la noche el aire que desciende desde las montañas sea más frío que el circundante.
Las temperaturas máximas absolutas aparecen durante las invasiones de aire sahariano. Los elevados valores que se registran en el Valle de Agaete durante estos eventos están provocados por el calentamiento adiabático de la masa de aire que supera el macizo de Tamadaba. Estos valores afectan especialmente a los sectores de medianías orientados a sotavento de la dirección de estos vientos. Las heladas, en diferente grado, afectan durante los meses del invierno a los sectores emplazados por encima de los 1.000 metros de altitud.
Las temperaturas medias anuales no obedecen sólo a la elevación sobre el nivel del mar. A veces aparecen irregularidades térmicas que pueden ser interpretadas como resultado de la interferencia de factores de índole local, tales como la influencia de vientos periódicos, en concreto las brisas de valle y de montaña, y la presencia de nieblas ocasionales relacionadas con la llegada de perturbaciones oceánicas durante el invierno, que afectarían fundamentalmente a los enclaves más elevados.
La desaparición durante el periodo invernal de la inversión térmica incide en la irregularidad termométrica. Las máximas absolutas de las cumbres de Tamadaba oscilan entre los 18° C del mes más frío y los 32° C del mes de agosto. Todo ello incide directamente en la determinación de la amplitud térmica que confiere mayor grado de continentalidad a las estaciones situadas en la cumbre del municipio
Ver en el anexo la Tabla 4.2. “Régimen termométrico de Agaete (ºC) (1982-2012)”. Ver en el anexo la Tabla 4.2. “Régimen termométrico de Tamadaba (ºC) (1951-1970)”.
Vientos
El comportamiento de esta variable se halla condicionado por la inserción del archipiélago en una latitud subtropical afectada por la incidencia del régimen de los Alisios; sin embargo, el intrincado relieve del municipio, además del efecto de las brisas periódicas, modifica sustancialmente, en numerosos casos, la circulación general del régimen de vientos. Además, en las áreas de montaña el dominio a lo largo del año corresponde a los vientos de componente WNW, aunque se acentúa durante la primavera. Las elevadas cotas provocan, además, la intensificación de la velocidad que resulta especialmente evidente en las divisorias de vertiente y de modo más concreto en las degolladas (collados), aspecto éste que debe tenerse en consideración en el momento de planificar infraestructuras en localizaciones de este tipo. Aquí la velocidad puede superar sin dificultad los 100 Km/h. coincidiendo con la llegada de perturbaciones al archipiélago durante los meses invernales. La escasez de estaciones que recojan información del comportamiento de los vientos limita un análisis detallado de esta variable.
En la franja costera los vientos dominantes son del primer cuadrante. Éstos presentan un porcentaje mayoritario, que se aproxima al 70% de los registros totales. La mayor frecuencia en la aparición de vientos de esta componente se registra durante los meses de verano: junio, julio y agosto, por este orden, con el 83%, en los dos primeros y el 77% en el último mes. Las calmas representan el 5% de los
registros anuales, que se corresponde con algo menos de un mes de duración, especialmente durante el otoño climático; ésto es, septiembre y octubre, por este orden. Los vientos del segundo y tercer cuadrante suelen estar ausentes durante el periodo veraniego y presentan mayor frecuencia de aparición a lo largo del invierno, especialmente durante el mes de enero. El porcentaje anual de los vientos registrados con estas direcciones es del 3,8% en los vientos del tercer cuadrante y del 6,2% para los del cuarto. Éstos muestran una frecuencia de aparición superior en las medianías y las cumbres del municipio. Aunque poseen una distribución relativamente homogénea a lo largo del año, es especialmente durante el otoño y el invierno cuando lo hacen con más frecuencia. El porcentaje anual medio de aparición es del 21,4%.
Climas locales de medianías y cumbre
La presencia en el municipio de una intrincada red de barrancos origina la presencia de irregularidades térmicas provocadas por la aparición de movimientos diarios del aire. Durante la noche las brisas que descienden al fondo de los barrancos son más frías que las temperaturas circundantes y durante el invierno provocan el aumento del riesgo de heladas en el entorno de las cumbres de Tamadaba. Las brisas de valle provocan que el fondo de los barrancos registre valores mínimos nocturnos inferiores a los consignados en las cresterías y en las laderas altas colindantes. Este fenómeno ha de ser considerado en la planificación de ciertas actividades.
El riesgo de heladas se incrementa en los fondos de las depresiones de las cumbres de Tamadaba orientadas en dirección Norte-Sur, debido a que anochece antes y amanece más tarde, con lo que el periodo de embolsamiento del aire frío es más prolongado. Las laderas conforman un cinturón térmico donde el riesgo de heladas es menor.
Las áreas cubiertas de bosques sufren modificaciones en los parámetros climáticos generales. El bosque desempeña el papel de un islote frío que obliga a las corrientes de aire a desviarse en su trayectoria. En su interior, la humedad relativa es elevada a causa de la continua transpiración y a la disminución de las corrientes de aire. La temperatura media diurna desciende y con ella la oscilación térmica.
Índices climáticos
Índice de Lang
Lang estableció un índice climático general denominado Regen-faktor (1915) que se obtiene del cociente de la precipitación media anual en mm y de la temperatura en °C (P / T), en función del cual se establecen diferentes áreas climáticas, desde los desiertos a las zonas superhúmedas.
Para la estación de Agaete se obtiene la cifra:
Agaete P / T = 27,1
Valor que se inserta en el intervalo de los climas áridos (P / T entre 20 y 40) Para la estación de Tamadaba se obtiene el siguiente registro:
Tamadaba P / T = 56,7
Cifras que se insertan en el intervalo de los climas húmedos de estepas y sabanas (P / T entre 40 y 60), pero muy próximos al intervalo de los climas de zonas húmedas de bosque claro.
Índice de Martonne
Este parámetro conocido también como "Índice de Aridez", se utiliza para llevar a cabo estudios hidrológicos. Su expresión matemática es:
A = P/T + 10
Donde P es la precipitación media anual en mm y T la temperatura en °C.
El valor de A correspondiente a la estación de Agaete es de 4,7. Esta cifra se se encuentra dentro del intervalo de los climas hiperáridos.
El resultado obtenido para la estación de Tamadaba es de 20,3, que corresponde a climas con humedad suficiente, aunque próximo al umbral de los climas con tendencia a la sequedad.
Este índice se puede completar con otro mensual que se corresponde con la siguiente ecuación:
a= 12 p/t + 10
Donde p corresponde a la pluviometría mensual en mm y t a la temperatura media mensual en ºC. El análisis mensual pone de manifiesto la existencia de un periodo extremadamente seco que comienza en el mes de abril y se extiende durante los meses veraniegos, hasta bien avanzado el otoño. El resto del año, esto es, los meses del invierno climático, además de marzo y noviembre pertenecen a la categoría de áridos. Sólo diciembre, el mes más húmedo, corresponde a la categoría de mes con tendencia a la sequedad.
En la estación de Tamadaba, el periodo crítico (clima hiperárido), mucho más recortado que en la estación costera, se prolonga a lo largo de los meses del verano climátológico (desde junio hasta agosto). El final de la primavera y el comienzo del otoño (mayo y septiembre) muestra rasgos áridos. El resto de los meses; esto es, octubre, noviembre y los correspondientes al invierno y al comienzo de la primavera presentan humedad suficiente. Abril es el único mes con tendencia a la sequedad en Tamadaba.
Ver en el anexo la Tabla 4.3. “Índice de Martonne. Agaete”. Ver en el anexo la Tabla 4.3. “Índice de Martonne. Tamadaba”.
Índice de termicidad
Rivas-Martínez a través del Índice de Termicidad (It) relaciona el régimen térmico con la delimitación de los pisos bioclimáticos de la Macaronesia. El índice es el resultado de la suma de la temperatura media anual, de las medias del mes más frío y del más cálido, todo multiplicado por 10. La expresión matemática es:
It = (T+ m+ M) x10
Y los pisos bioclimáticos que propone son:
Ver en el anexo la Tabla 4.4. “Pisos bioclimáticos”.
El índice de termicidad adquiere para las estaciones consignadas los siguientes valores y horizontes: It (Agaete) = (20,6 + 14,6 + 20,6) x 10 = 558 Infracanario inferior
It (Tamadaba) = (17,35 + 9,5 + 14) x 10 = 408,5 Termocanario superior Tipo de invierno
Se establece a partir de un intervalo de la temperatura media de las mínimas del mes más frío. En el caso que nos ocupa quedan definidos como muy cálido (9 - 14° C), en el caso de Tamadaba, con un valor de 9,6° C. La villa de Agaete y el litoral del municipio se incluyen en el intervalo de inviernos
extremadamente cálidos (> 14° C) (14,6° C, en Agaete).
Tipos de ombroclimas
Dentro de cada piso bioclimático, en función de la precipitación media anual (P) registrada, se distinguen diferentes unidades ombroclimáticas que, en la región macaronésica, presentan los siguientes umbrales:
Ver en el anexo la Tabla 4.5. “Tipos de ombroclimas”.
En las estaciones analizadas los ombroclimas son los que siguen: Agaete: P = 145 mm Árido
El Risco: P = 168,3 Árido Tamadaba: P = 555,1 Subhúmedo
Balance hídrico
De la relación de los registros térmicos y pluviométricos se obtienen índices definitorios de las condiciones climáticas de las estaciones referidas.
En el análisis del balance hídrico se ha tomado como referente el concepto de Evapotranspiración Potencial que se define como la cantidad de agua que perderá una superficie de suelo completamente cubierta de vegetación en crecimiento activo si, en todo momento, existe humedad suficiente para su uso por las plantas. El cálculo de la evapotranspiración potencial se ha llevado a cabo aplicando el método de Thornthwaite, expresado en las fichas hídricas.
Las cifras obtenidas apuntan la presencia de un periodo deficitario de humedad que, en Agaete, se prolonga durante todo el año, mientras que en Tamadaba, además de a todos los meses del verano climatológico, afecta al último de la primavera y al primero del otoño.