A. Servicios de crédito
3. Instituciones de crédito representativas
3.1. La banca de desarrollo
3.1.1. Banco Nacional de Crédito Rural ( BANRURAL )
3.1.1.1. Antecedentes
Aunque la creación en 1909 de la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura puede considerarse como el pri- mer intento oficial formal para el desarrollo del crédito agrícola en Méxi- co, lo cierto es que debido a la acentuada concentración de sus présta- mos en pocos prestatarios, esta institución tuvo muy poca trascendencia e impacto. Así por ejemplo, para 1914 sólo doce créditos hipotecarios absorbían casi 60% de los créditos otorgados por la caja (Reyes, 1974).
El estallido de la Revolución Mexicana de 1910 vino a complicar aún más la operación de la Caja toda vez que el país en su conjunto se convulsionó por completo. Dado el carácter eminentemente agrario de la Revolución, uno de los resultados más trascendentes de dicho movimiento fue el cambio radical que sufriera la estructura agraria del país. Así, mediante la restitución, dotación y ampliación de tierras, los latifundios fueron desmantelados paulatinamente y
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la tierra fue quedando en manos de miles de agricultores que asumían el esta- tus de ejidatarios, pequeños propietarios y comuneros.
Sin embargo, la distribución de la tierra entre los campesinos que carecí- an de ella y por tanto la pacificación que con ello se logró, fue solamente la primera fase de lo que se dio en llamar la reforma agraria. La segunda fase se denominó reforma agraria integral y consistió en la provisión de servicios de crédito, infraestructura de comunicaciones y riego, educación y capacitación, entre otros. Ambas fases de la reforma son resultado de la concepción original que se tuvo del ejido mismo: ser un recurso destinado a servir simultáneamen- te de instrumento de apaciguamiento político al mismo tiempo que servía para la organización de la producción agropecuaria y forestal.
En lo que respecta a la provisión de servicios financieros que planteaba la reforma agraria integral, para ese entonces sólo se contaba con la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura que fuera creada en el régimen porfirista. Dicha Caja, sin embargo, enfrentaba serios problemas financieros ante la dificultad que tenía para administrar, fraccio- nar y vender las fincas en su poder confiscadas a los deudores morosos, si- tuación que finalmente provocó que se decidiera su liquidación en 1926.
En este mismo año, durante el régimen del Presidente Calles, se expide la primera ley de crédito agrícola y con ella se funda el primer banco de gran al- cance: el Banco Nacional de Crédito Agrícola, SA (BANGRÍCOLA), además de nueve bancos regionales ejidales. Esta ley y las instituciones que de ella surgie- ron estuvieron muy influidas por las doctrinas cooperativistas de moda en esa época, especialmente de las sociedades Schultze–Raiffeisen en Alemania. De hecho, en la ley del 2 de enero de 19315, además de que se liquidaron los bancos ejidales y las sociedades de crédito, se establecía la prohibición para operar con individuos no asociados en sociedades cooperativas agrícolas. Da- do que esta ley ponía a los agricultores privados en una situación difícil debido a su resistencia a agruparse para recibir créditos colectivos, se dio lugar a una serie de movimientos a favor de la modificación de la mencionada ley y tres años después, el 24 de enero de 1934, es derogada y se revive la ley de 1926 al establecer nuevamente las sociedades de crédito y facultar al BANGRÍCOLA a ex- tender el beneficio del crédito al agricultor individual.
Durante todo este período el crédito se concentró en los grandes lati- fundistas y poco beneficio recibieron los ejidatarios. Hasta 1934, sólo la fun- ción social del ejido había sido aceptada dejando en un plano secundario su
5 Aunque ya para este año no figuraba como Presidente el Gral. Calles, lo cierto es que una vez que éste deja formalmente el poder (en 1928), durante todo el período que va de 1928 a 1934 permane- ció como la figura predominante en la vida política y constituía el verdadero “poder detrás del poder”, que solamente anuló Cárdenas cuando llegó a la Presidencia en 1934.
contribución material a la economía nacional. El ejido había sido colocado en lo más bajo de la escala rural. Con la llegada de Cárdenas al poder, el eji- do se convirtió en el sistema básico de producción agrícola, reemplazando a las haciendas casi por completo y predominando hasta por encima de la pe- queña propiedad6. Esto quedaría también demostrado en 1936 cuando se creó el Banco Nacional de Crédito Ejidal, SA (BANJIDAL), el cual fue inmedia- tamente colocado en un nivel superior en relación con el BANGRÍCOLA, mis- mo que se dedicaría a servir únicamente a los propietarios privados.
Al igual que en el caso del BANGRÍCOLA en que el crédito debería distri- buirse preferentemente a través de las Sociedades Locales de Crédito, tam- bién en el caso del BANJIDAL, técnicamente el crédito debería suministrarse mediante las Sociedades Locales de Crédito Ejidal, las cuales estaban inte- gradas por lo menos con 51% de los ejidatarios de cada ejido con derechos debidamente reconocidos, sin que en ningún caso el número de ejidatarios organizados fuera menor de 15. Estas sociedades eran consideradas por la ley como instituciones auxiliares de crédito en la medida en que obtenían préstamos del BANJIDAL y a su vez los proporcionaban a sus miembros sin mayor garantía que la cosecha esperada. Sin embargo, este procedimiento rara vez se llevó a la práctica, por lo que generalmente se operó directamen- te con los miembros de las sociedades en forma individual, dejando a la so- ciedad una función de vigilancia de la administración y de las recuperacio- nes y para los efectos de garantía y responsabilidad mancomunada.7 A la larga este sistema de operación resultó muy ineficiente, pues el Banco no podía supervisar a todos los ejidatarios, además de que les anulaba la inicia- tiva y contribuía al encarecimiento de la administración bancaria.
Durante el período de 1940–1960 se expidieron por lo menos cin- co nuevas leyes de crédito agrícola que en muy poco modificaron la dualidad institucional instaurada desde la época cardenista. Quizá lo más relevante fue la menor importancia dada al ejido comparado con la época cardenista. En efecto, mientras que en el quinquenio 1936–
1940 por cada peso que prestaba el BANGRÍCOLA, el BANJIDAL prestaba más de cinco, durante los dos sexenios siguientes esta relación dismi- nuyó a 1.08 y 1.29 pesos, respectivamente (Fernández, 1974).
Fue hasta la ley del 22 de diciembre de 1960 cuando se dio cabida a una nueva institución y se crearon los Bancos Agrarios, los cuales tenían la
6 Mientras que durante los 18 años transcurridos entre 1916 y 1934 se repartieron 10.6 mi- llones de hectáreas, tan sólo durante el período 1935–1940 se distribuyeron 20 millones de hectáreas (Eckstein, 1978).
7 Por ejemplo, entre 1926 y 1930 el Bangrícola prestó el 83% de su cartera a productores individuales (Reyes, 1974).
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encomienda de llevar a cabo un proceso total de descentralización del crédito agrícola para que, a diferencia del BANJIDAL y del BANGRÍCOLA, este servicio fuera otorgado en forma expedita y oportuna. Posteriormente, en 1965 se crea el Banco Nacional Agropecuario, SA de CV. (BANAGRO) como institución de segundo piso orientada a coordinar los esfuerzos del
BANJIDAL, BANGRÍCOLA y los Bancos Agrarios Regionales.
La creación del BANAGRO no era más que un reconocimiento de la inefi- cacia con la que operaban los dos bancos existentes. Así, durante el período 1936–1964, el BANJIDAL registró recuperaciones promedio de 75% y gastos de administración equivalentes a 11% de la cartera de crédito, lo que significa que para prestar un peso por lo menos se gastaban 36 centavos adicionales. Por su parte, el BANGRÍCOLA registró recuperaciones del orden de 81% y gastos de 15%, por lo que de cada peso prestado se gastaban 34 centavos.
No obstante la misión encomendada al BANAGRO, éste terminó por crear su propia estructura y brindó servicios directamente a los solici- tantes de crédito a través de sus propias filiales. Cada uno de estos tres bancos coexistió durante más de diez años hasta que en 1975 se deci- dió su fusión en uno solo: el Banco Nacional de Crédito Rural (BANRURAL), integrado por doce bancos regionales.