I. UNA APROXIMACIÓN A LA REPRESENTACIÓN Y AL INTERÉS
1.2. La representación como concepto multidimensional y la representación
1.2.2. Antecedentes históricos de la moderna representación política: de la
existen de representación y que se puede relacionar con otras que de alguna forma se asemejan a ella, en tanto que, nacida en el campo del Derecho, más en particular en su vertiente iusprivatista. De esta forma, lo que llamamos actualmente representación política, arrancó en su configuración moderna con las revoluciones burguesas y se distingue de la representación del Antiguo Régimen por desprenderse de ese marcado carácter privado33. Es por ello, que con claridad y como ha destacado SARTORI, la representación política moderna está asociada de alguna manera a la representación jurídica porque aquélla florece de ésta34, lo que nos conduce ineludiblemente a un breve análisis histórico de la misma.
1.2.2. Antecedentes históricos de la moderna representación política: de la
es constitutiva, simplemente es declarativa de la politicidad del sujeto social que en el Antiguo Régimen estaba inscrito en un estamento o cuerpo concreto36.
Esta forma originaria de representación se caracterizó por ser grupal y colectiva. Cada uno de los cuerpos a representar participaba en las Cortes por medio de representantes que expresaban su voluntad de acuerdo con unas instrucciones recibidas (mandato) de los que no debían apartarse, porque en su caso, al representante se le exigirían responsabilidades, siendo incluso posible la revocación. Este fue el carácter principal de la representación pre-revolucionaria.
La representación se articulaba por medio del llamado mandato imperativo y vinculado, figura próxima a la iusprivatista del contrato de mandato.
En este tipo de representación, el mandatario actuaba en nombre de los intereses colectivos de su colectividad, como parte del cuerpo político, pero no lo era del pueblo en su conjunto, correspondiendo esa “universitas” exclusivamente al monarca o al señor, cuyo poder suponía entre él y su comunidad una alianza expresada en los juramentos o “paktum” que le convertían en “maior populo o maior príncipe”37.
Las funciones de las Cortes, Parlamentos como “instituciones representativas”
pasaban por la asistencia o “auxilium” al monarca, representando a las diferentes partes de la sociedad ante el poder que estaba depositado en la propia figura real, que, a su vez, era depositaria de la representación de toda la comunidad política.
Por cuanto antecede, durante la Edad Media y Edad Moderna y hasta el nacimiento del Estado constitucional, la representación partía de la prefiguración de una comunidad ordenada y estructurada en grupos, estamentos e intereses colectivos, implicando realmente un orden político corporativista sin asociar con el gobierno, en el que el representante (que representaba a un cuerpo social frente al soberano) era un mandatario y ese mandato era vinculado.
36 COSTA, P., “El problema de la representación política: una perspectiva histórica”, en Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, nº 8, Madrid, 2005, págs. 17-21. Ese número del anuario está dedicado a la representación en el Derecho.
37 DE VEGA, P., “Significado constitucional de la representación política”, en Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), nº 44, marzo-abril de 1985, pág. 26.
Examinado lo anterior conviene enumerar algunas de las características de las instituciones de tipo parlamentario antes de la aparición de Estado constitucional. De esta forma38:
- Fueron instrumentos institucionales de “representación” de la compleja realidad;
- La representación se construyó sobre estructuras institucionales ciertamente complejas que reflejaban la también compleja estructura de la sociedad política medieval. Por esta razón sería un reflejo de la pluralidad si bien ese pluralismo era estático;
- Fueron un fenómeno difundido en casi todos los países de la geografía europea;
- Pueden considerarse “imagen” en una escala reducida de la articulación sociopolítica del país;
- La frecuencia en las convocatorias varían según etapas y lugares.
También varían los mecanismos políticos en su formación y convocatoria.
Por el contrario, la formulación del contenido de la moderna representación política definirá sus notas con la eclosión de la Revolución Gloriosa de 1688, la Revolución Norteamericana de 1776 y la Revolución Francesa de 1789. A partir de ellas se estrena la representación política moderna, generando un modelo de representación política radicalmente diferente del precedente y que dio lugar al nacimiento de un paradigma político nuevo39. Esta transformación histórica de abandono de modelo y florecimiento de uno nuevo, entiende la representación
38 Seguimos a COTTA, M., “Parlamentos y representación”, en PASQUINO, G., (Comp.): Manual de Ciencia Política, Alianza, Madrid, 1988, págs. 273-275.
39 En esos términos lo califica DUSO, G., “Génesis y lógica de la representación política moderna” en La Representación política, (Bastida Freijedo, F. J.), Fundamentos: Cuadernos monográficos de Teoría del Estado, derecho público e historia constitucional, nº 3, Universidad de Oviedo, Oviedo, 2004, pág. 71. En efecto, es un concepto nuevo, pero en el que perduran algunos ingredientes. Por ejemplo, Maurizio Cotta se centra bastante en el continuismo, llegando incluso a afirmar que, “la imagen de la ruptura clara entre premoderno y moderno es en parte más ideológica que real”. COTTA, M., op. cit., pág. 278. También conviene conocer, MANIN, B., Los principios del gobierno representativo, Alianza Editorial, Madrid, 1998, pág. 111.
sobre el individuo y aparece la Nación como nuevo sujeto de unidad política, siendo ésta el titular de la soberanía. Igualmente, el representante lo será de la Nación y no de los estamentos y corporaciones, constituyéndose el mandato como representativo, es decir, sin estar vinculado imperativamente a sus electores. En esta representación no se da la relación trilateral de la representación de Derecho privado, pues falta el sujeto ante quien tiene lugar la representación40, y aparece el modelo de gobierno representativo en tanto que por el contrario en la pre- revolucionaria la representación no estaba asociada al Gobierno41.
Para llegar a la plasmación histórica concreta que hizo moderna la representación, fue obviamente necesario el surgimiento y consolidación de ideas políticas que generaron este cambio de paradigma filosófico-político. Entre esas ideas destacan dos: la libertad y la igualdad. En cuanto a la primera, será una nueva libertad las que los sujetos poseerán y que les permitirá la participación en los asuntos públicos a través del voto y de la representación. Esa libertad que es individual se contrapuso a la antigua que estuvo determinada por la pertenencia del sujeto a un cuerpo o grupo social42. La igualdad, por otro lado, será la base de la nueva organización social. A partir de entonces todos los hombres son iguales con los mismos derechos, anulándose los privilegios y las prerrogativas estamentales.
40 LUCAS VERDÚ, P., y LUCAS MURILLO DE LA CUEVA, P., op. cit., pág. 232.
41 SARTORI,G., op. cit., pág. 230. SARTORI, G., “Sistemas de representación”, en SILLS, D. L., (Dir.): Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales, vol. 9, Aguilar, Madrid, 1976, pág. 306. Señala con mucho sentido Garrorena, que en el moderno concepto de representación política se identifican representación y poder, mientras que en el Antiguo Régimen la representación era ante el poder (monarca) incidiendo en sus decisiones. El Parlamento será desde entonces el sucesor de ese mismo monarca al que desplaza y sustituye en la posición de poder. Será la consumación de la estrategia de la burguesía cuando su acceso al poder se plantea como una pugna entre Parlamento y Corona.
GARRORENA MORALES, A., Representación política y constitución democrática, Cuadernos Civitas, Madrid, 1991, págs. 48-54. NEGRO PAVÓN, D., Historia de las formas de Estado.
Una introducción, el Buey Mudo, Madrid, 2010, págs. 271-275.
42 CONSTANT, B., “De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos”
en Escritos Políticos, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1989. Ver igualmente GARRORENA MORALES, A., op. cit., pág. 29. COELLO DE PORTUGAL, J. M., “La libertad religiosa de los antiguos y la libertad religiosa de los modernos”, en Revista de Derecho UNED, nº 7, 2010, págs. 171-172.
La representación política moderna se fundamenta en la negación de la representación del Antiguo Régimen. En la moderna se asocia representación a Nación en su conjunto como pueblo, y no respecto a algunas agrupaciones de la comunidad, dándole por ello indudablemente un verdadero carácter político orientado a describir los intereses generales de la comunidad.
La construcción jurídica del mandato en la representación política moderna va acompañada de las notas de “nacional”, “general”, “libre” y “no responsable”, en definitiva, una representación desvinculada. De esta manera, la representación es de la Nación porque sus representantes lo son de la Nación en su totalidad y la voluntad de la Nación es el resultado de las voluntades individuales de los representantes. Desde entonces, la representación unificará a la Nación, acabándose con el modelo estamental.
La representación además es también general, no está circunscrito su mandato a unos asuntos determinados, concretos o definidos de antemano, más al contrario afecta a la generalidad de los temas de interés colectivo.
La representación que consagra el constitucionalismo es también una representación libre, en la que el representante no está ligado a instrucción alguna o mandato imperativo o vinculado43.
Por último, la moderna representación política será también una representación no sujeta a responsabilidad o, en otras palabras, exclusivamente reclamable mediante la no elección en las siguientes elecciones44.