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III. EL MARCO DOCTRINAL DE LA REPRESENTACIÓN DE INTERESES

3.1. Las principales corrientes europeas favorables a la representación de

3.1.1. La propuesta de la Iglesia Católica y su Doctrina Social respecto a la

3.1.1.1. El pensamiento Católico antes de la encíclica Rerum Novarum

Desde San Pablo219 la Iglesia Católica ha reconocido el pluralismo de la sociedad llegando a distinguir y clasificar orgánicamente a la misma. Dicha posición se enfatizó más si cabe y se desveló con fecundidad durante la Edad Media, cuando los juristas de la Iglesia fraguaron y desarrollaron la teoría de los cuerpos intermedios que muy acertadamente valoró GIERKE cuando estipuló que en el Medievo “Una concepción organicista de la sociedad le es tan próxima como le resulta naturalmente ajena una construcción atomística y mecanicista”220.

De tal manera, la Iglesia ha defendido desde antaño que la sociedad se organiza por medio de los grupos humanos naturales, como son, por ejemplo, la familia, el municipio y los gremios.

Con la llegada de los desequilibrios socioeconómicos de la Edad Contemporánea, la Iglesia Católica no fue ajena a los grandes problemas sociales y a las clamorosas injusticias que propiciaron las revoluciones del XIX, de forma que teniendo muy presente los movimientos sociales y las nuevas

218 HEINZE, R.G. y VON ALEMANN, U., op.cit., pág. 147.

219 SAN PABLO, Epístola a los romanos, XII, 4-5:“Hermanos, así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros”.

220 GIERKE, O., Teorías políticas de la Edad Media, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1995, pág. 117.

reivindicaciones que iban apareciendo, se alejó de la doctrina marxista de la lucha de clases como también de las posiciones liberales e individualistas221.

Desde un principio la Iglesia se puso del lado de los trabajadores, defendiendo la necesidad de tomar medidas de carácter social desde los poderes públicos y no disimuló su verdadero interés por defender la aprobación de normas que paliaran la situación desfavorable de los trabajadores, por lo que se llegó a hacer hincapié en la posibilidad de constituir estructuras corporativas222 y de colaboración para que las organizaciones de intereses diversos mediaran en aras a lograr el bien común y como punto intermedio entre las exigencias de lo político y de lo económico223.

Bajo una tradición que comienza en Alemania con HUBER224, fundador de varias asociaciones de trabajadores y con el Arzobispo de Maguncia Monseñor KETTELER, inspirador de las cooperativas sindicales y autor del influyente libro titulado “La cuestión obrera y el cristianismo” de 1864, se fue construyendo la postura doctrinaria del movimiento social católico. En Francia los autores también se ocuparon de estas ideas, en particular de la mano de LE PLAY,225 HARMEL226,

221 Frente a la lucha de clases marxista, la Iglesia propuso la convivencia, la armonía, el diálogo entre patronos y obreros y la defensa de la propiedad privada con ciertos límites.

Frente a las tesis liberales, se promovió el asociacionismo y se rechazaron una inmensa mayoría de los postulados del liberalismo político. Para ello baste leer los siguientes documentos pontificios: “Mirari Vos” del Papa Gregorio XVI y publicada el 15 de agosto de 1832, “Quanta Cura” del Papa Pio IX de 8 de diciembre de 1864 o el “Syllabus Errorum”

de 1864, de este mismo Papa.

222 PERFECTO GARCÍA, M. A., “Panorama de la idea corporativa en Europa hasta los años 30 del Siglo XX”, en Studia historica. Historia Contemporánea, nº 2, 1984, pág. 160.

223 FERNÁNDEZ RIQUELME, S., “Breve historia del corporativismo católico”, en La Razón Histórica, nº 11, 2010, pág. 55.

224 FARRELL, G.T., “La Iglesia y la cuestión social en Europa (S.XIX): casusas, tendencias y soluciones”, en Teología: revista de la Facultad de teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, nº 74, 1999, pág. 18.

225 FERNÁNDEZ RIQUELME, S., “La reforma social de Frédéric Le Play. Presupuestos de una sociología conservadora”, en La razón histórica. Revista Hispanoamericana de Historia de las Ideas, nº 21, 2013, págs. 127-150.

226 Escribió en 1879 el “Manual de la Corporación Cristiana”.

del conde DE MUN227 y del marqués de LA TOUR DU PIN228. Estos dos últimos fundaron en 1871 una sociedad llamada “L'Oeuvre des cercles catholiques d'ouvriers” y un consejo de estudios favorable a la posición de representar intereses naturales y profesionales.

En Bélgica se constituyó la Unión Católica de Estudios Sociales y Económicos, en la que destaca el amparo y apoyo del cardenal suizo MERMILLOD. Son subrayables las propuestas en Austria de VOGELSANG que promovió una fuerte crítica al liberalismo capitalista y solicitó la vuelta a una organización corporativa de la sociedad por medio de los gremios229.

En Italia también surgió un movimiento católico de pensamiento favorable al organicismo social y a la representación de intereses. En este sentido, autores como SAMPERTICO, TONIOLO o LIBERATORE tienen escritos acerca de las soluciones a la cuestión social. En Roma se intentaron resucitar las corporaciones cristianas por medio de la “Primaria Associazione artisitica ed operaria” surgida en 1871. Posteriormente, el I Congreso Nacional de Católicos Italianos de 1874 maduró las ideas para la organización de corporaciones de obreros católicos230.

Pero es con la llegada a la sede de Pedro del Papa LEÓN XIII cuando se forjaron desde el magisterio pontificio soluciones por parte de la jerarquía de la Iglesia acerca de la llamada cuestión social, latente como consecuencia de unas preocupaciones serias sobre los efectos socioeconómicos que el proceso de industrialización generaba.

Así las cosas, apareció en el primer año de su pontificado y como primer documento a destacar, la encíclica “Quod Apostolici Muneris” de 28 de diciembre

227 FERNÁNDEZ RIQUELME, S., “Albert de Mun y la Historia del poder político del catolicismo francés en la III República”, en La Razón Histórica, nº 28, 2014, págs. 266-275.

228 Sobre Albert de Mun y el Marqués de La Tour du Pin detalla Jean Touchard que no fueron demócratas y que se posicionaron en favor de un corporativismo cristiano.

TOUCHARD, J., Historia de las ideas políticas, Tecnos, Madrid, 2008, pág. 523.

229 Fue Vogelsang un noble alemán que se convirtió al catolicismo por influjo de Ketteler. Se fue a vivir a Viena desde 1864 llegando a fundar en 1879 la revista

“Monatschrift für christliche sozialreform”.

230 MASSI, E., “El Corporativismo Católico”, en Razón Española: revista bimestral de pensamiento, nº 51, 1992, págs. 7-18.

de 1878. En ella se desaprobó la lucha de clases socialista y se defendió el asociacionismo bajo el amparo de la religión231.

De forma rápida se pudo palpar la influencia del nuevo pensamiento pontificio. En 1894 un grupo de expertos de distintos lugares de Europa que estaban preocupados por las respuestas intelectuales que el mundo católico debía dar al mundo industrial, fundaron la Unión de Friburgo que a su vez será mentora232 de las ideas corporativas contenidas en la encíclica “Rerum Novarum”.

Esta organización puso el foco de atención en los problemas sociales y ante ellos dio respuestas como la de impulsar organizaciones profesionales católicas y de esta forma servir de instrumento para la protección de los trabajadores.

La Unión se posicionó favorable a una representación de intereses en la que quedaran representados los intereses naturales y las funciones sociales de las personas233.