• No se han encontrado resultados

ARREPENTIMIENTO

In document Apuntes de Sermones-Charles Spurgeon (página 107-115)

Ved como Cristo, cuya muerte fue tan amarga para El, viene a ser dulzura para nosotros. E1 fue rechazado, nosotros aceptados; E1 herido, nosotros curados; E1 recibió la herida, nosotros el bálsamo; El tuvo una corona de espinas, nosotros de gloria y de vida; El murió, nosotros vivimos; El pagó el precio, nosotros recibimos el regalo. Hay más poder en la sangre de Cristo para salvar que en nuestro pecado para destruir. Por tanto, cree en el Señor Jesucristo y tu curación será un hecho. - Adaptado de Química espiritual por Spurtow´s.

Los que vivís por esta medicina hablad en su favor. Decid a otros con quien tengáis oportunidad de hacerlo qué Salvador habéis encontrado. Si todas las personas que han experimentado la eficacia de las heridas del Salvador moribundo, impulsadas por la fe, fueran a publicar su caso,

¡cuán grande poder y gracia serían desplegados en el mundo. - Juan Newton.

E1 cura la mente de su ceguera; el corazón, de su dureza; la naturaleza de su perseverancia en el mal; la voluntad, de su tendencia perversa; la memoria, de sus olvidos; la conciencia, de sus desviaciones, y los afectos, de su desorden. Todo ello de acuerdo con sus magnánimas promesas (Ez. 36:26-27). - Juan Willison.

El Dr. McCheyne era un médico tan eminente como piadoso; pero se le consideraba severo en su régimen. Cuando él recetaba y el paciente empezaba a poner objeciones al tratamiento solía decir: «Si usted no lo necesita, ¿por qué viene a mí?»

Algunas personas no son bastante malas para Cristo -queremos decir en su propia estimación-, pero cuando encuentran y sienten que están, enteramente perdidos y no tienen otra esperanza o ayuda, aceptan de corazón sus prescripciones por misteriosas y humillantes que sean. - J. Jay.

***

Sermón 60

4. El bienestar del pecador mismo requiere que abandone el pecado, o sienta su castigo. Ser favorecido con un sentimiento de perdón divino mientras uno permanece obstinadamente en el pecado, confirmaría al hombre en su pecado, y el mismo pecado es peor que su castigo.

II. LA NATURALEZA DE LA CONVERSIÓN.

1. Se refiere a la vida y conducta. El «camino» del hombre. Su camino natural, aquel que sigue cuando es abandonado a sí mismo.

Su camino habitual; al cual está acostumbrado.

Su camino querido; donde ha encontrado placer.

El camino general: la amplia pista en la cual muchos corren.

Esto es lo que nuestro texto dice que debe «dejar». Tiene que terminar con el pecado, o el pecado terminará con él. No es suficiente reconocer su yerro.

Profesar que lo lamenta, pero seguirlo.

Tener el propósito de dejarlo y terminar la vida con tal propósito.

Andar despacio en el camino errado.

No, tiene que dejarlo todo de una vez y para siempre.

3. Lo más curioso del caso es que tiene que abandonar aún sus «pensamientos». El pecador arrepentido tiene que dejar olvidado:

Sus opiniones no escriturales y sus nociones o ideas propias: Acerca de Dios, su ley, su Evangelio, su pueblo. Acerca del pecado, el castigo, Cristo, y también sobre si mismo, etc.

4. Tiene que cambiar su actitud respecto a Dios: «vuélvase a Jehová».

Ordena cesar con el orgullo, el descuido, la oposición, la desconfianza, la desobediencia y todas las otras formas de separación del Señor. Debe dar media vuelta y regresar. No andar más descarriado, sino venir al hogar.

III. EL EVANGELIO DE LA CONVERSIÓN.

1. Una segura promesa: «tendrá de él misericordia».

2. El perdón que sigue es resultado de la plena redención que concede perdón abundante, justicia, salvación y alivio a la conciencia despertada.

¡Oh, que el pecador considerara la necesidad de un cambio total de pensamiento dentro de sí mismo, y de conducta fuera! Debe ser un cambio sincero y radical, o sería inútil.

Ruina total y terrible sería la consecuencia si continúa en el mal.

Que esta hora sea el punto decisivo en su curso de tu vida. Dios dice «vuélvase». ¿Qué te lo impide?

William Burns estaba predicando una tarde al aire libre a una vasta multitud. Apenas había terminado cuando uno se le acercó tímidamente y le dijo: «¡Oh, señor!, ¿quisiera usted venir a ver a mi esposa que está moribunda?» Burns aceptó, pero el hombre replicó inmediatamente.

«¡Oh, tengo miedo de que usted no vendrá cuando sepa dónde está!> «Yo iré a cualquier lugar que sea», replicó el predicador.

El hombre, tembloroso, le dijo que era arrendatario del prostíbulo de más baja nota, en uno de los peores distritos de la ciudad. «No importa. --dijo el misionero--. Vámonos.» Mientras andaban, el hombre, mirando el rostro del servidor de Dios, dijo: «Señor, también yo quiero abandonar todo esto cuando pueda.» Burns replicó: «No hay términos de dilación para Dios.

Cada vez que el tembloroso publicano trataba de reanudar la conversación respecto al estado de su alma y el camino de salvación, no conseguía sacarle otras palabras que éstas: «No hay términos de espera para Dios.»

Llegaron por fin al edificio y entraron hasta la habitación de la moribunda. Tras una breve conversación el servidor de Dios se puso a orar y, mientras oraba, el publicano se deslizó silenciosamente fuera del cuarto. Pero de repente se oyó el sonido de una rápida sucesión de fuertes golpes de martillo: parecía que el hombre se hubiese vuelto loco, tratando de perturbar aquel solemne momento. ¿Era así? De ningún modo.

Cuando Burns salió a la calle vio el letrero anunciador de la casa hecho pedazos en el suelo.

E1 hombre se había apresurado a dar fin a su nefando oficio y volvióse al Señor, quien tuvo de él misericordia, y al Dios nuestro, que abundantemente perdonó todos sus pecados. Nada ocurrió después de aquel día que desacreditara la realidad de su conversión. - WILLIA.M Brown en Joyf ul Sound.

***

Sermón 61

PERDON ABUNDANTE

«Y vuélvase al Señor, quien tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7).

I. CONSIDEREMOS LA ABUNDANCIA DEL PERDÓN DIVINO.

1. La abundancia de los objetos de tal perdón. Desde los días de Adán hasta ahora, Dios ha perdonado a multitudes de todas las naciones, clases y edades.

Nosotros rápidamente perdemos la paciencia cuando nos ofenden, pero no es así con Dios.

«Tú has perdonado a este pueblo desde su salida de Egipto hasta ahora» (Núm. 14:19).

2. La abundancia de los pecados perdonados. ¿Quién puede contar los malos pensamientos, palabras y hechos que han sido perdonados? Estos se repiten hasta causar náuseas (Is.

43:24; Apoc. 3:16).

3. Los abundantes medios de perdón.

La expiación de Su Hijo, y su justicia.

El mérito infinito del abogado que vive para siempre. El Espíritu Santo, siempre presente para aplicar el Evangelio provisto.

4. Las abundantes y generosas condiciones del perdón.

No hay duros sacrificios ni penas de purgatorio.

Solamente pide y tendrás perdón; arrepiéntete y confía.

Aun el arrepentimiento y la fe requeridos son también un don de Dios.

5. La abundante plenitud del perdón.

Cubre todos los pecados, pasados, presentes y futuros.

6. Las abundantes bendiciones que le siguen.

Libertad del poder imperativo del pecado, largamente alimentado.

Adopción en la familia celestial.

Aceptación tan plena que desafía a los acusadores.

Comunión con el Trino y santo Dios.

Admisión final en la misma gloria, con todos los perfectos.

II. CONSIDEREMOS SUS PROPIAS INFERENCIAS.

1. No hay lugar para el desaliento: Si el Señor perdonara los pecados raramente y de vez en cuando, valdría la pena buscar su favor como y donde fuera, aun a riesgo de no conseguirlo; pero ahora podemos volvernos a El con una segura y cierta esperanza de perdón.

2. Hay aquí un llamamiento especial a los más grandes pecadores, puesto que la misericordia abundante es la más propia de su caso; y con no menos confianza puede acudir al menos culpable, puesto que hay lugar para todos.

3. Si tal misericordia es tratada ligeramente, podemos estar seguros de que acarreará grande ira.

El pecado que no es demasiado grande para ser dejado, no es demasiado grande para ser perdonado.

¿Qué ocurre con una pequeña chispa de fuego si cae al mar? Lo mismo ocurre con los pecados de un pecador arrepentido, al tropezar con la misericordia de Dios. - Tomás Horton.

Uno de los prisioneros seguidores del duque de Monmouth fue presentado ante Jaime II.

«¿Sabes -le dijo el rey- que está en mi poder perdonarte?» «Sí -dijo el prisionero, que conocía el carácter cruel de su aprehensor-, pero sé que no está en su naturaleza.» A pesar de esta poco sabia respuesta le cayó en gracia la franqueza del hombre y le perdonó. Felizmente, nosotros sabemos que Dios no sólo tiene el poder sino la buena disposición a la clemencia. «Porque a ti solo, oh Señor, pertenece el tener misericordia. ¡Señor!, antes de cometer un pecado me parece tan ligero como el simple vadeo de un riachuelo; pero cuando lo he cometido me parece tan profundo que no puedo escapar sin ahogarme. Así ando siempre entre dos entremos: o bien mis pecados me parecen tan pequeños que no necesitan arrepentimiento, o tan grandes que no pueden obtener tu perdón. Préstame, ¡oh Señor!, una caña de tu santuario para medir con certeza la

dimensión de mis ofensas. Pero, ¡oh Señor!, en la medida que me revelas más mi miseria, revélame también más tu misericordia; de otro modo, si mis heridas fueran a mi opinión más anchas que tus vendas mi alma quedaría al descubierto. Si mi maldad me pareciera mayor que tu bondad en el ancho de un pelo, podría darme lugar y ocasión de correr el eterno desespero. - Tomás Fuller.

***

Sermón 62

¡VOLVEOS, VOLVEOS!

«Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová...; convertíos, hijos rebeldes, ... y sanaré vuestras rebeliones» (Jeremías 3:12, 14 y 22).

Es cosa terrible un creyente apóstata, porque:

¡Ha sido objeto de una tan grande misericordia! ¡Ha gozado de un amor tan grande!

¡Tiene un porvenir tan glorioso!

¡Ha sacrificado tantos bienes presentes y eternos por su apostasía!

I. LA MARAVILLA DEL LLAMAMIENTO.

Parece haber muchas razones por las cuales el Señor no debiera invitar al apóstata a volver...; pero sigamos la enseñanza del capítulo, pues vale bien la pena.

1. El celo propio del amor. Observad la expresiva imagen del versículo uno. Una impía adúltera es invitada a volver a su marido.

2. La abundancia de su pecado: «Has contaminado la tierra» (vers. 2). La misma tierra siente las consecuencias de la lepra del pecado (Rom. 8:21).

3. El abuso de la misericordia. Dios no guarda para siempre su enojo y ellos pecaron más a causa de su paciencia (vers. 5).

II. LOS RECUERDOS QUE LEVANTA EL LLAMAMIENTO.

¿No recordáis los días antiguos?

1. Cuando vinisteis por primera vez a Jesús.

2. Cuando erais felices con otros creyentes.

3. Cuando podíais enseñar y advertir a otros.

4. Cuando empezasteis a desviaros un poco.

III. INSTRUCCIONES PARA FACILITAR LA OBEDIENCIA AL LLAMAMIENTO.

2. Reconoce tan sólo tu iniquidad (vers. 13). ¡Cuán sencillo!

3. Lamenta el mal. «Los ruegos de los hijos de Israel (vers. 21).Lloras tus pecados de descarrío?

4. Unión renovada de todo corazón. «He aquí nosotros venimos a Ti, porque tú eres Jehová nuestro Dios» (versículo 22).

IV. PROMESAS A AQUELLOS QUE RESPONDAN AL LLAMAMIENTO.

Estos obtendrán:

1. Guía especial: «Os introduciré en Sión» (vers. 14).

2. Alimento apropiado: «Yo os daré pastores según mi corazón que os apacienten con ciencia y con inteligencia (vers. 15).

3. Visión espiritual. (Ver vers. 16 y 17. )

Notad en el capítulo la triple exhortación: «¡Volveos!» «¡Convertíos!» «¡Retornad!

Yo estaba frío de corazón respecto a Cristo, a su sacrificio y a la obra del Espíritu Santo.

Tenía un corazón frío en el púlpito, para orar en secreto y cuando estudiaba mis sermones. Por quince años en tiempos pasados había sentido mi corazón arder como si andara con Jesucristo en el camino de Emaús.

Un día, de eterna memoria para mi, iba yo de Dolgelly a Machynlletz y, subiendo la pendiente hacia Cadair Idris, consideré que debía orar, a pesar de lo duro y frío que tenía mi corazón y lo mundano de los sentimientos de mi espíritu. Habiendo empezado mi oración en el nombre de Jesús, sentí pronto como si las cadenas de mi espíritu hubiesen sido aflojadas, y ablandada la dureza de mi corazón, y como si montañas de hielo y nieve estuvieran disolviéndose y derritiéndose dentro de mí. Esto engendró confianza en mi alma y en la promesa del Espíritu Santo. Sentí mi mente aliviada de un gran peso; lágrimas corrieron copiosamente por mis mejillas y fui constreñido a clamar por la grata visita de Dios en mi corazón que restauraba mi alma al gozo de su salvación. - Christmas Evans.

A veces me siento anonadado por las excesivas riquezas de su gracia. Como Cristo puede perdonarme día tras día y hora tras hora, a veces me siento casi temeroso y avergonzado de pedir. - A. L. Newton.

Es propio del hombre caer en pecado, Es propio del diablo permanecer en él,

Es propio del cristiano sentir dolor por sus culpas

Y es propio de Dios perdonar por completo. (LONGFELLOW)

***

Sermón 63

DETERMINACION A LA IMPIEDAD

«No quisieron convertirse» (Jeremías 5:3).

I. ¿QUIÉNES NO QUISIERON CONVERTIRSE?

1. Les que se han decidido a declararlo. Con poco acostumbrada sinceridad o por presunción, han hecho decla ración pública de que no dejarán sus malos caminos.

Los que han hecho promesa de arrepentirse, pero no la han cumplido.

3. Los que han ofrecido otras cosas en vez de un retorno práctico a Dios. Ceremonias, religiosidad, moralidad y otras cosas semejantes.

4. Los que han vuelto sólo en apariencia: Formalistas, meros profesantes, e hipócritas.

lI. LO QUE ESTE RECHAZO DESCUBRE.

1. Un intenso amor al pecado.

2. Falta de amor al gran Padre celestial que les manda volver.

3. Un desprecio de Dios: rehusaron su consejo, su mandato y aun a El mismo.

4. Una resolución a continuar en el mal. Es su orgulloso ultimátum. «No quisieron convertirse.»

5. Un burlarse de las cosas más serias. Están demasiado ocupados, demasiado entusiasmados con las vanidades, etcétera; sin embargo, es tiempo ya de volver.

III. ¿CUÁL ES LA VERDADERA RAZÓN DE ESTE RECHAZO?

1. Puede ser auto-engaño: Quizá suponen que están ya en el buen camino.

2. A veces es descuido. Las personas rehúsan considerar sus mejores intereses. Prefieren burlarse de todo; la muerte, el infierno y el cielo son para ellos juguetes para divertirse.

3. Es una falta de gusto por la santidad. Esto está a la vista. Los hombres no pueden soportar la humillación, la negación de sí mismos y la obediencia a Dios.

4. Es una preferencia de lo presente por encima del futuro eterno.

Desde la cruz del Calvario, Jesús os invita a volver. Apresuraos a regresar al hogar. La puerta del cielo se cierra desde abajo, no desde arriba. «Vuestras iniquidades han hecho separación», dijo el Señor. - William De Wern.

Se oyó a Lord Byron decir poco antes de su muerte: «¿Rogaré misericordia?» Después de una larga pausa añadió: «Ven, ven, no seas débil; sé un hombre al fin.»

La razón por que el impío no vuelve a Dios no es porque no puede (como él piensa), sino porque no quiere. El no podrá decir el día del juicio: «Señor, tú sabes que yo hice lo mejor que pude para ser santo, pero no lo conseguís E1 hombre que no tenía el vestido de boda no podía decir: «Señor, no pude obtenerlo», sino que se quedó callado. - W. Fenner.

***

Sermón 64

LA PRUEBA DEL DESCANSO

«Así dijo Jehová: Piraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen canino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra almas» (Jeremías 6:16).

La señal distintiva del camino antiguo y bueno es que en él hallamos descanso para nuestras almas.

Nunca se puede encontrar descanso aparte del Evangelio y la fe en Jesús.

El descanso no viene de la riqueza, de la salud, los honores o cualquier otro bien material.

I. «EN EL BUEN CAMINO» HALLAMOS DESCANSO SI ANDAMOS POR ÉL.

1. El camino del perdón mediante una expiación, es lo que da descanso a la conciencia.

2. El camino de una fe infantil y sincera en la Palabra de Dios, da descanso al entendimiento.

3. El camino de la confianza en Dios para nuestros asuntos, da descanso a la mente.

4. El camino de la obediencia a los divinos mandatos, es lo que da descanso al alma.

5. El camino de la comunión con Cristo da descanso al corazón.

II. EL DESCANSO HALLADO POR ANDAR EN EL BUEN CAMINO» ES LO MEJOR PARA EL ALMA.

1. Trae satisfacción, pero no satisfacción propia.

2. Trae un sentido de seguridad, pero no apoyándose presuntuosamente en el pecado.

3. Crea contentamiento, pero existe también el deseo de progreso.

III. EL DESCANSO DE ESTA CLASE DEBE SER GOZADO .AHORA.

1. Deberías estar en el camino, saber que estáis en él y tratar de andar exactamente por en medio de tal camino. Creed verdaderamente en Jesús y vendrá a vosotros un descanso perfecto. «Justificados, pues, por la fe. tenemos paz para con Dios» (Rom. 5:1).

2. No deberíais tener dudas acerca del buen camino, y que éste es el camino del Señor.

3. Deberíais sentir una intensa satisfacción en Jesús. Así será a menos que viváis a distancia de él, perdiendo de ese modo su presencia y su sonrisa. Un Cristo presente es una fuente de deleite.

Invitamos a todos los trabajados y cargados a venir y probar al Señor Jesús y ver si El no les da descanso en seguida y para Siempre.

Con frecuencia tenemos ocasión de oír testimonios acerca de la dulzura, la seguridad y la confianza perpetua de millares de verdaderos creyentes.

Es llamado «el buen caminos. No es un camino fácil; las personas ligeras y necias piden un camino así; pero no vale la pena buscar tal camino, puesto que conduce a miseria y perdición.

Tampoco es un camino popular, pues pocos son los que lo hallan; pero es el buen camino, hecho por el buen Dios en su infinita bondad para sus criaturas; pavimentado por nuestro buen Señor Jesús con dolores y trabajos, y revelado por el Espíritu Santo a aquellos que buscan el bien eterno. - C. H. S.

Aquí hay un camino bien pisado por muchos a través de los siglos. Mantengámonos en él.

Puede ser el camino más corto, pues no nos lleva a través de todas las grandezas y sublimidades que los que andan por el camino ancho pueden ver. Podemos perdernos cuando una pintoresca catarata, un glaciar remarcable o una vista encantadora nos seducen, pero lo importante es que este camino nos lleva con seguridad a nuestro descanso para la noche que se acerca. - Dr. R.

Dale.

***

Sermón 65

In document Apuntes de Sermones-Charles Spurgeon (página 107-115)