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SIN EMBARGO, BIEN PODÍA SENTIRSE TURBADO POR SUS PENSAMIENTOS

In document Apuntes de Sermones-Charles Spurgeon (página 125-129)

Sermón 65 EL ETIOPE

II. SIN EMBARGO, BIEN PODÍA SENTIRSE TURBADO POR SUS PENSAMIENTOS

1. Pues lo que vio era impresionante (vera. 5).

2. Lo que no podía ver era sugestivo. ¿Dónde estaba la mano? ¿Quién era el escritor? ¿Qué significaba el escrito?

3. Por lo que habla hecho, aquello era alarmante. Su propio pasado apareció como un relámpago delante de él: Sus guerras crueles, opresiones, blasfemias y vicios.

Lo que había fracasado en hacer vino ante él (vers. 23). Lo que estaba viendo en el acto mismo le hacía sobresaltarse.

III ¿NO ES POSIBLE QUE ALGUNOS DE VOSOTROS SEAN TURBADOS POR SUS PENSAMIENTOS?

1. Estáis en prosperidad. ¿No es cierto que el ganado es engordado para la matanza?

2. Estáis burlándoos de las cosas santas. Descuidáis, ridiculizáis o usáis sin seriedad las cosas de Dios.

3. Os mezcláis con los impuros, ¿no pereceréis con ellos? La historia puede enseñaros, o al menos haceros turbar.

4. El escrito sagrado sobre el candelero está contra vosotros. Leed la Sagrada Escritura y vedlo por vosotros mismos.

La conciencia, por falta de uso, es como un brazo seco en las almas de muchas personas. Pero el Señor de la conciencia dirá un día: «Extiéndete y haz tu obra.»

Como el avispero cuando es sacudido pone en movimiento a una multitud de insectos vivos en todas direcciones, así la conciencia del pecador, movida por el Espíritu, o los juicios de Dios, pone ante la vista del pecador millares de hechos que llenan su alma con agonía y terror. - McCosh.

El duque de Wellington dijo una vez que podía haber salvado las vidas de un millar de hombres cada año si hubiese tenido buenos capellanes o ministros de la religión en su ejército.

La angustia de sus mentes reaccionaba sobre sus cuerpos y les mantenía en continua fiebre. Es nuestro bendito oficio decir de Uno que puede «ministrar a las mentes de los enfermos», cuyas gracias puede librar «de mala conciencias y por quien todos los temores internos y turbaciones son quitados.

Carlos IX de Francia, en su juventud, era humano y sensible; el enemigo que le atentó fue la propia madre que le había criado. Cuando ella le propuso por primera vez la matanza de los hugonotes, él exclamó con horror: «No, no, señora; son mis amantes súbditos.» Entonces era la hora crítica de su vida. Si él hubiese mantenido esta sensibilidad natural contra el derramamiento

de sangre, la noche de S. Bartolomé no habría ensuciado la historia de su reino y él mismo se habría librado del terrible remordimiento que le hizo volver loco en su lecho de muerte.

A su médico le dijo en los últimos momentos: «Despierto o dormido, veo formas de cuerpos mutilados de hugonotes pasando delante de mí. Están chorreando sangre. Me hacen odiosas muecas. Me señalan sus heridas y se burlan de mí. ¡Oh, si hubiese hecho, por lo menos, preservar a los niños de pecho! Entonces rompió en gritos y gemidos de agonía; un sudor sanguinolento salía de los poros de su piel.

Es uno de los pocos casos de la historia que confirma la posibilidad del fenómeno que sufrió -pero en bien diferente sentido- nuestro Señor cuando padeció por nosotros las angustias de Getsemani. La angustia del cobarde rey era el fruto de haber resistido, durante años, los mejores sentimientos de su juvenil conciencia, hasta caer en el extremo de la culpa. - AUSTIN PHELPS.

Sermón 71 ***

ORACIÓN POR LA IGLESIA

Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, g sus ruegos; g haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor (Daniel 9:17).

Este hombre de corazón sincero no vivía para sí mismo. Daniel era un ferviente amante de su país.

Su oración es instructiva para nosotros.

Nos sugiere fervorosos esfuerzos para la iglesia de Dios en estos días.

I. EL LUGAR SANTO. «Tu santuario.»

EL templo era un tipo de la iglesia, la casa espiritual. Hay muchos puntos dignos de nota en este ejemplo, unos pocos bastarán:

1. El templo era único; y del mismo modo que sólo podía haber un templo para Jehová, así hay una sola iglesia de Cristo en el Universo.

2. El templo era el resultado de grande dispendio y trabajo; así es la iglesia edificada por el Señor Jesús, a un coste que no puede ser calculado.

3. El templo era el santuario donde Dios habitaba.

4. El templo era el lugar de su adoración.

5. El templo era el trono de su poder. Su palabra salía de Jerusalén; desde allí gobernaba a su pueblo y derrotaba a sus enemigos. (Véanselos Salmos.)

II. LA ARDIENTE ORACIÓN. «Haz brillar tu rostro sobre tu santuario que está desolado»

1. Se elevaba sobre todo egoísmo. Esta súplica era el centro de todas sus oraciones.

2. Se apoyaba sobre Dios mismo: «Oh nuestro Dios»

3. Era una confesión de que no podía hacer nada por sí mismo. Los hombres honestos no piden a Dios lo que ellos pueden hacer por sí mismos.

4. Pedía un beneficio muy extenso. «Haz brillar tu rostro.»

Esto significaba muchas cosas para la iglesia de Dios.

1. Los ministros cada uno en su logar, fieles en su servicio.

2. La verdad proclamada con toda claridad. El rostro de Dios brillando y haciendo notar cualquier falsedad o equivocación.

3. Deleite en la comunión.

4. Poder en el testimonio, cuando Dios se agrada, Su Palabra es poderosa.

II. LA CONSISTENTE CONDUCTA. Esto se desprende de semejante oración.

1. Que sea una oración ardiente de nuestros corazones. Ora para bien o para mal, que la condición de la iglesia nos afecte profundamente.

2. Hagamos todo lo que podamos por ella. 0 nuestra oración sería una burla.

3. No hagamos nada que desagrade al Señor, pues todo depende de su sonrisa. «Haz brillar tu rostro.»

4. Oremos mucho más que lo que hemos hecho hasta ahora; que cada uno de nosotros sea un Daniel.

Durante los turbulentos tiempos en Escocia, cuando la corte papista y la aristocracia se armaban para suprimir la Reforma en el país, y la causa del cristianismo evangélico estaba en inminente peligro, cierta noche Juan Knox fue visto que dejaba su oficina y se encerraba en un solitario aposento trasero.

Fue seguido por un amigo, quien después de unos momentos de silencio oyó su voz en oración; poco después su acento se hada más y más fuerte e inteligible y salió una ardiente petición de su alma en lucha con el Cielo: «¡Oh Señor, dame Escoda o me muero!» Hubo una pausa de silencio y otra vez sonó la ardiente petición: «¡Oh Señor, dame Escocia o me muero!»

Una vez más se hizo silencio y resonó la ardiente exclamación por tercera vez: «¡Oh Señor, dame Escocia o me muero!», y Dios le dio Escocia a pesar de Marta Estuardo y del cardenal 13eatoun. Un país y una iglesia que fue noble y leal a Cristo y a su Evangelio.

La iglesia puede estar enferma y, sin embargo, no morir. No puede morir, porque la sangre de un Rey eterno la compró, el poder de un Espíritu eterno la preserva y la misericordia de un Dios eterno la coronará. - TOMÁS ADAMS.

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Sermón 72

CAMINOS CERCADOS

«Por tanto, he aquí yo rodearé de espinos su camino, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos. Y seguirá a sus amantes y no los alcanzará; los buscará, y no los hallará. Entonces

dirá: Iré y me volveré a mi primer marido, porque mejor me iba entonces que ahora»

(Oseas 2:6, 7).

Este es un paréntesis de misericordia en un pasaje de amenaza.

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