Sermón 38 Sermón 38
III. NUESTRO SERVICIO NOS TRAERÁ HONOR
1. Entre nuestros compañeros de servicio.
2. Aun entre nuestros enemigos, que serán forzados a admirar la sinceridad y la felicidad.
3. De nuestro Señor, que nos dará un dulce sentimiento de su aceptación aun aquí abajo.
4. En el día del Juicio ante la asamblea del Universo.
5. Por toda la eternidad, entre ángeles y espíritus glorificados.
Entonces nos arrepentiremos de no haberle servido enteramente.
Pidámosle que nos reciba en su servicio desde hoy.
Dos pastores ancianos se encontraron un sábado en una estación de Gales cuando iban a predicar a sus respectivos lugares de culto el domingo. «Yo espero -dijo el señor Harris de Merthyr al señor Powell de Cardiff- que nuestro gran Amo hará resplandecer su rostro sobre mí mañanas “Bien -respondió el pastor Powell-; pues, en cuanto a mí, si no lo hace, hablaré, sin embargo, bien de El a sus espaldas.”
Un perro que sigue a todo el mundo y no pertenece a nadie, nadie cuida de él. Cuanto más muestra su afecto a su amo, mayor es el afecto del amo hacia él. En el servicio doméstico no mantendríamos a un servidor que empleara la mitad de su tiempo en el servicio de otro.
Los criados viejos y fieles miran a la propiedad de sus amos como propia. Uno solía decir:
“Mi coches,” “Aquí están nuestros queridos niños que vienen a casa, de la escuelas, etc. A nuestro Señor Jesús le gusta que sintamos una estrecha comunión de intereses con El. Esto hace que el tal servicio sea ya a nosotros mismos una recompensa, por la satisfacción que nos produce; y además añade la recompensa del cielo. No arroja fuera a los servidores ancianos, sino que les garantiza tenerles con El en Su gloria por toda la eternidad, así como ellos han estado con El en su humillación.”
Sermón 48 ***
EL TEMORDEL HOMBRE QUITADO POR LA CONFIANZA DE DIOS
“El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado” (Proverbios 29:25).
Aquí tenemos un proverbio doble, cada parte del cual es verdad en sí mismo, y, puestas juntas, nos proveen una completa enseñanza. El que teme al hombre está en gran peligro por esta misma causa; el que confía en el Señor no tiene ninguna clase de peligro. Confiar en el Señor es el gran antídoto contra el temor del hombre.
I. UN PELIGRO MUY COMÚN.«El temor del hombre pondrá lazos»
1. A veces conduce a los hombres a grandes pecados, manteniéndolos como pájaros prendidos en una trampa. Aarón cedió al clamor popular e hizo un becerro de oro. Saúl tuvo más cuidado de ser honrado por el pueblo que de agradar al Señor. Pilato temió que se presentara una queja de él al César y por ello hizo traición a su conciencia. Pedro negó a su Maestro por temor a una simple criada.
2. Mantiene a los hombres apartados de la conversión. Sus compañeros les ridiculizarían;
sus amigos se enojarían; podrían ser perseguidos; y así entran muchos en la categoría de dos temerosos e incrédulos> que sufrirán condenación (Apoc. 21:8).
3. Impide a otros confesar su fe. Tratan de ir al cielo por una puerta escondida. Recordad que dice: «Con la boca se confiesa para salvación» (Rom. 10:10).
4. Reduce la dignidad aun de hombres buenos. David era una pobre criatura ante Achis; y aun Abraham, el padre de los creyentes, hizo un pobre papel cuando por temor negó que Sara fuera su esposa.
5. Impide muchos deberes que requieren valor. Jonás no fue a Nínive por temor de ser tomado como un falso profeta si Dios perdonaba la ciudad. Los predicadores de Galacia se descarriaron a falsas doctrinas para ser considerados sabios, etc.
II. UNA PRECIOSA PROMESA. «El que confía en el Señor será exaltado.»
No es el pusilánime temor del hombre lo que exalta, sino la confianza infantil del creyente en su Señor.
1. El que confía está libre de temor del hombre.
Dioses con nosotros; por lo tanto, somos fuertes y no necesitamos temer.
Estamos determinados, y no temeremos.
Oramos, y al hacerlo perdemos nuestro temor.
Nos preparamos para lo peor, y el temor se desvanece.
2. Después de todo, ¿qué hay que temer?, ¿qué puede el hombre hacernos? Si Dios es con nosotros, nuestra seguridad es perfecta, continua y eterna, aun cuando toda la raza humana nos asediara y persiguiera kRom. 8:31).
III. UNA GLORIOSA DOCTRINA. Consideremos el significado de la segunda frase: «El que pone su confianza en el Señor será exaltado»:
Por encima de las mezquindades humanas. Por encima del poder del pecado.
Por encima de la fuerza de la tentación.
Por encima de los efectos perniciosos del temor. Por encima de la muerte, el infierno y todo mal. ¿Temeremos como un gusano, o confiaremos en nuestro Dios?
Rompamos la trampa en que el temor nos ha cogido.
Entramos en el palacio de la exaltación y la honra por la puerta de la confianza.
El alma que no puede confiar enteramente en Dios, tanto si agrada o no a los hombres, no le será fiel por mucho tiempo; cuando miras a los hombres estás perdiendo a Dios e impidiendo el cristianismo en tu propio corazón. - Manton.
«El temor del hombreo ¡Qué terrible ídolo! Muchas almas han sido engañadas por él y llevadas al infierno. Sus ojos están llenos de odio a los discípulos de Cristo; se mofa de ellos en su cara; la risa del burlador suena en su garganta. ¡Arroja de ti semejante ídolo! El temor del hombre impide a algunos la oración secreta; el adorar a Dios en familia; presentar un problema a sus pastores; confesar abiertamente a Cristo. ¡Vosotros los que habéis sentido el amor del Espíritu de Dios, haced pedazos a semejante ídolo! «¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre mortal?» «No temas, gusano de Jacob.» «¿Qué tengo yo que hacer con los ídolos?» - Robert McCheyne.
Un fuego apaga al otro. Nada mata tan efectivamente el temor del hombre como la abundancia del temor de Dios. La fe es una armadura para el alma y vestidos con ella los hombres entran en lo más recio de la batalla sin temor de ser heridos. El temor del hombre mata la conciencia; distrae la meditación; impide las actividades santas; cierra las bocas para que no den testimonio, y paraliza el poder cristiano. Es un peligro astuto que algunos no perciben a pesar de que estén ya prendidos en él.
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Sermón 49
LA PALABRA DE UN REY
“Pues la palabra del rey es con potestad” (Eclesiastés 8:4).
Tan sólo Dios es el verdadero soberano sin límites. Es Rey en el sentido más absoluto, y así debe ser, pues es supremamente bueno, sabio, justo, santo, etc.; como es el Hacedor de todo, su dominio sobre sus criaturas es de derecho natural.
Tiene infinito poder para cumplir su voluntad real.
Aun en lo más íntimo es Omnipotente; consideremos esto: